Abril 11, 2004

Bloqueos periglaciares

Me acerqué con cautela a aquel cajero con la cabeza repleta de escenas de películas cuyo nombre no recuerdo. Secuencias en las que el protagonista pasa por algún tipo de trance que provoca emociones encontradas en el afortunado espectador. Es como ese sexto sentido que te avisa de que algo va a pasar. Pero tú no quieres creer en una posible clarividencia, en un sexto sentido que no haría más que complicar la vida con más decisiones de las que estás dispuesto a afrontar. No, mejor no fiarse de unas premoniciones que rozan casi un déjà vu.
[reiterativo]
Introduzco la tarjeta y tecleo el código, cerciorándome (toda mi vida pensando que cerciorar se escribía con n, y resulta que no) antes de que no hay instalado ningún dispositivo que grabe lo que yo tecleo. Pienso entonces que, si mis sentidos estuvieran alterados por alguna bebida alcohólica (lo de alguna es retórico, mejor decir cierta cantidad, también retórico) o sustancia psicotrópica, estaría buscando la tecla asterisco (*) mientras me reía de mi gracia.
Me río.
[poco]
Miro hacia todas partes, esperando que nadie haya observado mi comportamiento extraño y un tanto estrafalario. Sonrío, no hay nadie cerca.
[me avergüenzo]
Respondo a las preguntas que sistemáticamente formula la máquina tonta y codiciosa que tengo ante mí. Miro mi cartera y cuando sólo veo un billete de cinco, busco más.
[no hay]
Sin echar muchas cuentas tecleo veinte euros y le digo al cajero que sí, que quiero sacar sólo veinte. A lo que él me contesta (un tanto borde), que saque mi tarjeta, el dinero y que me pierda, que no tiene todo el día. El mecanismo de extracción de la tarjeta chirría y yo, interpretando la señal, coloco la mano en la posición justa para coger, diestramente, cualquier cosa que se ese agujero saliera.
[automatismo]
No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que algo iba mal: la tarjeta no salía, el mecanismo no paraba de chirriar y hacía un frío polar. Estudio el mecanismo y me doy cuenta de que algún timador gracioso y un tanto chapucero había ideado (y puesto en práctica) un dispositivo para afanar las tarjetas de los confiados usuarios. Aumento la presión que mi mano derecha ejerce sobre una botella de whisky escrupulosamente envuelta en unas bolsas (de plástico). Pienso por un momento hacer como en las películas: abrir la botella y pegarle un trago largo mientras imito la expresión de Clint Eastwood (ya que la de El Fary es bastante menos glamourosa aunque, en el fono, diga lo mismo).
[descarto la idea de inmediato]
Sin embargo, la forma de agarrar la botella se me antoja bastante práctica en caso de que se personara el timador en cuestión en el lugar de los hechos. Hurgo en mi cartera y saco una tarjeta de visita con mi nombre impreso, pensando que nunca le daría mejor uso. Manipulo la tarjeta intentado que mi Visa (no es platino, ni oro, ni siquiera hojalata: es Electrón) consiga superar el obstáculo que la retiene ahí por la fuerza.
La gente se aparta cuando pasa cerca. Los perros me ladran. Las cámaras de seguridad me graban.
Viendo que la primera estrategia no da resultado, me dispongo a afrontar el plan B. Le doy una serie de golpes secos, rítmicos y con grandes dosis de cabreo al cajero, que empieza a pitar como pidiendo socorro.
Las mujeres se cambian el bolso de mano. Los perros me muerden. Los conductores me miran como el que mira un siniestro en la M-30. El De Arriba se descojona.
Me giro esperando encontrarme al señor estafador con una sonrisa en los labios. Pero no, no hay más que un puesto de la Once cerrado hace varias horas. Llamo al teléfono de atención al cliente para anular mi tarjeta mientras me acuerdo de Murphy, sus leyes y de la respetable familia del señor timador.
[no son buenos pensamientos]

Clasificado en:
Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Abril 11, 2004 02:02 AM
Comentarios

Qué putada,¿no? Misma sensación que tuve yo el día que me rompieron la ventanilla del 600 que tenía para robar unas gafas de sol DE PLÁSTICO que había dejado en el asiento de atrás.
Yo no llevaba una botella de whisky en la mano, pero si llego a ver al gracioso, le doy con la esterilla en un ojo.
Biquiño.

by: maRia el día Abril 12, 2004 05:06 PM

maRía: y tan putada. Iba a ir a cenar con unos amigos y tuve que pedirle dinero prestado a uno de ellos porque no tenía, literalmente, ni un duro... Que sepas que me encantan los 600, desde pequeño me fascinan (he oído que van a sacar un remake como hicieron con el Escarabajo).
Aclararé que no iba bebiendo ni bebido, la botella era para una reunión después de la cena :P.
:*

by: milio el día Abril 12, 2004 11:25 PM