Abril 18, 2004
El efecto mariposa
En el mismo momento en que yo dejaba mi copa cuidadosamente sobre la barra, quizá en otra parte del mundo se estaba produciendo un terremoto. El alcohol no había hecho mella en mi percepción de la realidad, no hacía ni una hora que había salido de casa de forma inesperada y sorprendente.
[sin haberlo planeado]
Mientras intentaba fundirme con la música que llegaba de todas partes y de ninguna en particular y encendía un cigarrillo, pensé que quizá esa pequeña colisión entre el vaso de tubo y la barra de algún tipo de madera podría ser la causante del terremoto en aquel lugar que se me antojaba desconocido. Era mi particular efecto mariposa. Obviamente, era una soberana gilipollez, pero dibujó una sonrisa en mis labios.
A mi derecha, subido en una palestra, bailaba un travesti, ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Todas las miradas que podía haber recibido habían sido robadas por la otra gogó: una chica semidesnuda que bailaba mucho peor. Más tarde, una amiga me diría los nombres (el masculino y el femenino) del travesti, pero los olvidé antes siquiera de haberlos asimilado. Observé las reacciones de todos los parroquianos que allí se reunían, incluyéndome a mí mismo en el estudio. Todos, aunque bailábamos, dirigíamos de vez en cuando una mirada furtiva a la otra gogó. Pocas veces mirábamos al travesti que, además, estaba en un lugar marginal, cediendo todo el protagonismo (no merecido) a su compañera.
Me acordé que tan sólo una hora antes yo estaba en mi casa tranquilamente. Era la una y media de la madrugada cuando una amiga me mandó un mensaje al móvil. Había sido una tarde normal de sábado, un tanto apagada. Cena en un Kebap, sesión de cine con Starsky y Hutch y vuelta a casa. Me lo pensé un par de veces pero cuando me dijeron que no me preocupara por los transportes que me irían a buscar a casa, desaparecieron todos los impedimentos.
[no había excusa]
Y ahí me encontraba yo, yendo de un bar a otro de Alcorcón con una sonrisa en los labios (cuyo tamaño es directamente proporcional a la cantidad de alcohol ingerida) y comenzando mi noche cuando otr@s la acababan. Adoro los planes que no se planean...
[las contradicciones]
... porque siempre suelen salir bien.
Espero que en el beers&blogs salga todo tan bien como la última vez. Y si no, no será porque no lo hayamos intentado.
Yo, me, mí, conmigo
Las noches que no planeas tienden a ser mitologicas, no asi como las que planeas que tienden a ser una mierda.
by: FuZ NeviroS el día Abril 21, 2004 12:22 PM




