Abril 22, 2004
Fobias
¬ Ese maldito resplandor que me persigue dondequiera que vaya. Esa luz infernal que distorsiona mi visión, que nubla mis sentidos, que anula mi orientación. Y todas aquellas miradas que buscan en mí algo que nunca van a encontrar.
[mi secreto]
>>Miles de ojos que me observan, palabras que no entiendo y que me sugieren mensajes que nunca querré comprender. Voces, gestos, mensajes perdidos en una nebulosa de mentiras y falsas promesas. Ecos del presente que me llegan como fantasmas del pasado, reminiscencias de un futuro que a cada momento se convierte en presente. Bucles que se cierran precipitadamente, antes de completar un recorrido medianamente lógico.
[caos]
>>Mi habitación, mi reino, mis dominios. Todo es blanco y el blanco me mata, no soporto tanta claridad. No soporto los rayos que se cuelan por los huecos que un desaprensivo colocó en la persiana. Mis pasos siguen una línea imaginaria de curvas caóticas pero bellas mientras mis ojos comprueban que siempre hay alguna escapatoria posible de aquella cárcel esterilizada.
[opresiva]
>>Mi cuerpo descansa ahora sobre el marco de la puerta. Observo a la enfermera con el mismo desdén que ella pone en sus palabras cuando habla de mí. El de las fobias, me llama. Guío mis dedos hacia la mascarilla con sumo cuidado, intentando colocarla en su lugar, asegurándome de que me aísle de los millones de parásitos invisibles para el ojo humano y que amenazan mi vida a cada segundo. Río por dentro, controlando mis músculos faciales para que no dejen entrever el menor signo de jocosidad. ¿Cómo será la cara de aquella desdeñosa enfermera cuando, exhalando su último suspiro, me diga que se había equivocado? Que todas aquellas medidas de protección que yo uso contra el ambiente asesino no eran absurdas, que yo no estoy loco y que la perdone. Me pedirá perdón por todos y cada uno de los comentarios que hacía a las demás enfermeras mientras me atendía, pensando que yo estaba sumido en el sueño.
[superioridad]
>>La enfermera me mira durante unos instantes, antes de bajar la cabeza avergonzada, como si yo pudiera leer sus pensamientos. La situación ya no me divierte, así que opto por dar media vuelta y volver a mis dominios. Un lugar del que hace mucho, demasiado, que no salgo.
>>La vida es una toma constante de decisiones donde lo importante no es decidir correctamente, sino hacerlo rápido. Mi abuelo siempre me lo decía: "Ya tendrás tiempo para rectificar, lo importante es no quedarse estancado". ¿Loco? No, yo no estoy loco, simplemente estoy rectificando todas aquellas decisiones que un día tomé y que ahora me pasan factura.
[al mismo tiempo]
>>Mira a esa anciana a la que llevan de un lado a otro en su silla de ruedas. En sus ojos está el reflejo mismo de la locura, en sus actos el caos que se instaló (para quedarse) cuando la cordura se marchó. ¿Acaso no ven la diferencia? Yo no estoy loco. Pero se empeñan en meterme en esta cárcel blanca, jodidamente blanca, enterrarme bajo toneladas de sábanas que huelen a muerte embotellada bajo un eslogan pegadizo de producto de limpieza. Ahora ya no soy una persona, soy simplemente un objeto de estudio, una muestra, una parte más del mobiliario de este siniestro hospital.
>>No quiero vivir más.
El sol se escondía tras un manto de nubarrones ennegrecidos. Unos pocos rayos de luz conseguían atravesar el telón de acero para iluminar, moribundos, una ciudad que aún despertaba. La realidad aún no se había instalado completamente en su trono, aún se podían apreciar los toques irreales de un amanecer en la ciudad, del nacimiento de un nuevo día en un hospital donde la desesperación ocupaba cada rincón. Médicos, enfermeras, albañiles, camareras y el resto de la fauna del entorno comenzaban a interaccionar sirviéndose de cafés calientes, informes de primera hora, revisiones rutinarias y un poco de azúcar o sacarina.
Una de esas revisiones rutinarias llevaba a la enfermera a recorrer los pasillos de la cuarta planta, hacia la habitación de las fobias. Se preparaba mentalmente para el reto de convencer al paciente de que esa enfermedad que acababa de inventar no existía y que los síntomas que parecían manifestarse sólo eran reales en su imaginación.
[trastornada]
Sus zapatos, que se asemejaban a unos zuecos de goma porosos, se deslizaban por el piso emitiendo un sonido característico y fácilmente reconocible. No le gustaba pasar desapercibida, prefería que sus pacientes supieran que se acercaba, que estuvieran preparados. Y más cuando se trataba de ese paciente en concreto, al que detestaba. Le inquietaba esa forma que tenía de mirarle y casi podía notar como un rayo de odio salía de sus ojos cuando dirigía su mirada hacia ella. Abrió la puerta de la habitación 433, ubicada en la planta de los pacientes poco peligrosos, y se dispuso a ejecutar un saludo casi ritual.
El paciente estaba tumbado en la cama, dándole la espalda. Una chispa de inteligencia brilló en su mente, le parecía raro que una persona con tantas fobias le diera la espalda al mundo en lugar de dársela a la pared, pero no podía asociar esta idea a nada coherente.
Si inclinó sobre la cama para despertarle. En el mismo momento en que iba a posar una mano sobre su hombro él se giró rápidamente, blandiendo algo que no pudo identificar. No hubo tiempo de reacción, ni siquiera una fracción de segundo para gritar. Un instante después tenía clavado un cristal alargado y afilado en la boca del estómago. Levantó las manos intentando detenerle mientras se tambaleaba. Él se lanzó sobre ella otra vez, la tiró en la cama y la apuñaló hasta la muerte, una y otra vez, arriba y abajo. Y con cada pinchazo un chorro de sangre, sangre que se mezclaba con la de sus propias manos, dolor que había sido desterrado de su mente.
[aniquilación]
La enfermera había conseguido emitir una serie de gritos burbujeantes, le quedaba poco tiempo. Se quitó cuidadosamente la mascarilla y se la puso a la enfermera ya muerta. Extrajo el improvisado puñal cristalino del pecho de su víctima. Sin vacilar ni un sólo instante y ya escuchando los pasos que venían a la carrera por el pasillo, se cortó las venas y se clavó el puñal lo más hondo que pudo, cerca del corazón.
Su vida ahora valía menos que antes
[menos que nada]
Realismo ficticio
Brillante y sorprendente historia.
by: KiFo el día Abril 23, 2004 10:10 AM




