Mayo 31, 2004

El baúl de los recuerdos

Todos los años, cuando llega el verano, abrimos el maletero del armario para sacar la ropa de temporada. Hoy tocaba guardar los malos pensamientos que se han ido fijando en la ropa durante todo el invierno y sacar vestiduras aún vírgenes de malos recuerdos.
[no por mucho tiempo]
El maletero es como una ventana al pasado, puedo recordar casi toda mi vida viendo la ropa vieja que se amontona en bolsas aislantes con su olor a productos químicos. Hoy tocaba día de descubrimientos. Mi madre se ha puesto a buscar en el fondo del maletero, tocando bolsas que llevaban ahí más de veinte años.
Los humanos tenemos la costumbre de pensar que aquellos que son mayores que nosotros, nacieron siendo así, que nunca tuvieron infancia. Eso es lo que me estaba pasando hoy por la cabeza cuando mi madre ha encontrado una bolsa con postales y cartas que le mandaba mi padre cuando estaban saliendo. Mientras me enseñaba alguna postal he visto en sus ojos un brillo especial que, quizá, llevaría muchos años sin manifestarse. La verdad es que mi padre le ponía mucha dedicación, pues muchas postales las dibujaba con sus propias manos, verdaderas obras de arte (modestas, pero originales). Postales aliñadas con palabras que, si no estuvieran escritas, jamás habría imaginado en los labios de mi padre.
[normalmente seco]
Después mi madre me ha sorprendido con la ropa que me ponían cuando apenas era un bebé. He sentido, entonces, una sensación de vértigo, intentando imaginar cómo era mi vida en aquellos días, sin tener en cuenta que esos recuerdos se borraron en su inmensa mayoría. Es lo más parecido que he tenido a una regresión.
¬ Mira, esta es la cruz que te regalamos en tu comunión. Cuando saliste de la iglesia, lo primero que hiciste fue quitártela.
[me quemaba]
Entonces recordé que un día, cuando estaba entrando en el trance crucial de la adolescencia, en plena efervescencia de ideas mezcladas con pensamientos absurdos, le dije a mi tía (que trabaja en una joyería):
¬ ¿Por qué no me haces un agujero en el otro lado de la cruz? Así la puedo invertir...
Mi madre, aunque nunca fue muy creyente ni, mucho menos, practicante, se puso blanca. Le debió parecer que se había equivocado en algún punto de mi encauzamiento hacia la normalidad.
[invertir la realidad]
¬ Ni se te ocurra —fue lo único que dijo.
Y hoy, cuando me ha enseñado la cruz he recordado por un momento aquella magnífica idea, y he sonreído. Hay tantas cosas que quiero invertir que no sé si me dará tiempo en esta vida.

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Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Mayo 31, 2004 09:49 PM
Comentarios

Me ha gustado mucho esto.

by: maRia el día Junio 1, 2004 02:52 PM

Los recuerdos si que deben ser guardados en esos baules, a buen recaudo.

by: KiFo el día Junio 2, 2004 09:20 AM