Junio 13, 2004
Líneas
Lo que tenía delante de sus ojos, aquellas líneas que trazaban un curioso dibujo de trazos paralelos, era quizá lo último tangible que le quedaba en su vida. El único asidero al que agarrarse, un tronco en el curso de un río que no sabes por dónde te llevará, que puede lanzarte contra unas rocas o depositarse mansamente en el lecho del mar.
[incertidumbre]
El cristal de la mesa estaba bastante sucio, todo excepto aquel rectángulo que acababa de limpiar en ese mismo momento. Por el resto de la mesa aparecían los arañazos que la fiesta, un animal moribundo, había dejado en la superficie transparente. Cercos alcohólicos de vasos exhaustos, ceniza desprendida indistintamente por cigarrillos o por algún porro furtivo. Cajetillas de tabaco vacías, mecheros pegajosos y un panfleto de la iglesia enrollado. A alguien le había parecido graciosa la idea de esnifar y blasfemar al mismo tiempo.
[dos pájaros de un tiro]
Se sentía torpe y a la vez tan activa que podría volar si movía los brazos con la suficiente rapidez. El resto de la estancia estaba poblada por un cúmulo de errores, pasos en falso que dormían o parecían inconscientes. Al fondo una pareja que se creía apasionada tanteaba con manos de trapo el cuerpo de su compañero, montando una escena bastante patética. En el mismo sofá que ella descansaba su pareja ocasional, el afortunado que había compartido esa noche con ella y que, por alguna razón desconocida, se había quedado dormido antes de la culminación, con el brazo extendido como queriendo llegar a tocarla, un esfuerzo que le había dejado, al parecer, exhausto.
Cogió delicadamente el canuto de papel con consignas sacras y lo tensó para adaptarlo a su gusto. Cuando comenzó a preparar las rayas blanquecinas su pareja circunstancias aún balbuceaba, por lo que habia decidido añadir otra para él con la esperanza de que despertara. Ahora, una vez que el desdichado había caído inconsciente, dos voces le decían que era inútil despertarle: la cordura y la avaricia. Intentó calcular qué orificio de su maltrecha nariz había esnifado más durante toda la noche pero no llegó a ninguna conclusión.
¬ Qué más dará con cuál empezar... ¡Si son dos!
Con gestos automáticos hizo desaparecer los dos trazos de la mesa, con tanta rapidez que olvidó cambiar de orificio. Aprovechando el segundo impulso se dejó caer en el respaldo del sofá, sintiendo cómo aquellos polvos se mezclaban con algo dentro de ella. Aspiró sonoramente los restos que quedaban en su nariz y se dedicó a esperar. En breves momentos bajaría aquel torrente psicotrópico, que iría adormeciéndolo todo a su paso. El corazón se revolucionaría y todo, la realidad y su vida, cambiaría de color. El techo no le permitía ver las estrellas pero, de igual modo, orientó su mirada hacia el infinito con el misticismo del que se cree en el Nirvana.
[el cielo en la tierra]
La cocaína nunca le había parecido una buena droga para pensar, para reflexionar sobre cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. Pero, ¿lo era alguna? Echó una mirada de soslayo a su acompañante, que emitía pequeños ronquidos en el sofá. La vida era injusta, de eso estaba segura. Ese chico llevaba mucho tiempo intentando salir con ella, estaba completamente segura de que era amor lo que él sentía. Cuántas veces habría soñado con ella desde el día en que, por azar, se conocieron. Ese mismo azar, quizá en distintos términos, había sido el causante de que aquella noche hubieran acabado juntos. Quizá fue la emoción lo que le había llevado a beber compulsivamente, ingiriendo tal cantidad de alcohol que ni la cocaína podía atenuar. Culpabilidad era una palabra que hacía tiempo se borró de su diccionario. Si la hubiera recordado, en ese preciso instante estaría utilizándola para describir lo que sentía.
[oscuridad]
Era ese extraña generosidad del que consume drogas la que le había llevado a ofrecérsela a aquel chico. Él, que nunca la había probado, seguramente lo hizo por ella, por demostrarle algo inexplicable, por ganarse una metafórica chapa metálica que le acreditaba como miembro del clan. Y ahora dormía un tronco...
Sí, la vida era injusta. Quizá a ese chico le habría dado un dulce esa noche, pero ese mismo azucarillo se transformaría en algo nauseabundo cuando se enterara de la verdad. Un vínculo que para ella nunca había existido se rompería en unas horas dentro de la mente de aquel infeliz. Infeliz por querer a alguien que jamás le corresponderá. Curiosas cadenas las que se forman caprichosamente en esta vida que nos ha tocado vivir, a su juicio la vida no sólo era injusta, era mucho peor: cruel. Conocía perfectamente aquellos vínculos que hacían que quisieras a una persona que nunca te querría, al mismo tiempo que tú serías el amor platónico de alguien a quién, quizá, nunca te dignarías a mirar. El despecho por el despecho, cadenas de anhelos y despechos inconfesables, medias tintas un tanto borrosas y súplicas disfrazadas de falsas intenciones.
[la vida]
Notó como su garganta comenzaba a dormirse y como esa sensación de falsa libertad la invadía lentamente, la petite mort, como algunos llamaban al orgasmo. Cerró los ojos y se abandonó a los designios de una conciencia podrida, sin intención de dormirse. Sabía que el sueño y la cocaína eran amantes despechados e irreconciliables, cuando aparecía una el otro se esfumaba. Después, cuando la dama blanca durmiera, el sueño se acercaría a su lecho para asesinarla.
A su lado se produjo un leve movimiento y una mano aterrizó en su pecho. No se molestó en apartarla, su dueño estaba tan dormido que ni siquiera recordaría que su subconsciente estaba intentando consumar una relación que, de tan efímera, no existía.
[lapsos]
Su cerebro procesó un sonido que su mente habría querido escuchar. Una canción que no sonaba más que en su cabeza:
[...]
How many times must a man look up
Before he can see the sky
[...]
The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind
Bob Dylan - Blowin' in the wind
Realismo ficticio
Uf, solo ver la foto y me da un nosequé.
Un abrazo, milio
Odio la coca con toda mi alma, será por eso que mientras leía estaba deseando que ella muriera (seré cabrón hijoputa). Claro que en la realidad no querría eso, pero me hubiera gustado en el texto ;). ¿Qué será ahora del pobre chiquillo?
by: seare el día Junio 17, 2004 12:31 PMEstaba buscando un título para mi poesía... viendo si es que alguno de mis versos estaban ya usados, y ¡ sas ¡ me encuentro con tu "Falsa libertad" qué distintos los contextos en que los estamos usando... y qué coincidencia leer tus cartas... Es entrete... primera vez que te leo, y me gustaría hacerte un montón de preguntas. Divertido lo encuentro, quedé algo inquieta... jaja
Saludos, Berny.
by: Berny el día Septiembre 6, 2004 10:46 PM




