Julio 09, 2004
Sucesos extraños
Después de que Cronos, el dios del tiempo, se hubiera entretenido durante los dos últimos días a jugar con el reloj de vida, hoy llegaba la normalidad.
[aparente]
Aún así, mis caprichosos biorritmos seguían comportándose de forma caótica, sin conseguir ajustarse a lo que se considera una existencia normal. Más bien todo lo contrario: están empeñados en convertirme en una criatura nocturna. Es por eso que mi cuerpo y mi mente salen de su embotamiento cuando cae el sol.
Después de una pequeña velada en casa de un amigo, me disponía a volver a casa en metro. El reloj marcaba la una menos diez, lo que me daba el tiempo más que suficiente para llegar a mi destino (casi en la otra punta de Madrid) antes de que me cerraran en Metro. El Metro de Madrid por la noche es un hervidero de actividad concentrada (en grajeas, pastillas o supositorios), un ambiente radicalmente opuesto al que se palpa cualquier día a las siete de la mañana. Por la noche puedes encontrar de todo. Personalidades amplificadas y/o distorsionadas por los efluvios del alcohol, personalidades durmientes y hasta algún alter ego maximizado.
[fauna]
Más de una noche me he dedicado a observar ese pequeño mundo como lo haría un antropólogo: sin intervenir en él para no influir en el desarrollo de los acontecimientos. Es en esas noches en las que una falta de planificación acaba con las pilas de tu discman o el ansia de conocimientos engulle las últimas páginas de tu libro. Entonces no te queda más remedio que observar la fauna del tren.
Hoy había tomado precauciones contra el aburrimiento y llevaba los dos primeros volúmenes de "Los Caballeros de la Mesa Del Comedor" (Knights Of The Dinner Table) que me había dejado un amigo. En el trasbordo entré en un vagón medio vacío de la línea 6 y me sumergí en la lectura del primer volumen. Guiado por no-sé-qué instinto (que me lleva a levantar la vista hacia las puertas del metro en cada estación, aún a sabiendas de que no es la mía) me fijé en que entraba en el tren un grupo de personas en distintos estados de borrachera. En mi banco había tres asientos libres y, en el de enfrente, otros cuatro. Volví a sumergirme en la lectura mientras el grupo se sentaba en torno a mi asiento.
Aunque tenía la vista fija en el cómic, mi visión periférica captaba unos movimientos sutiles a mi derecha y mi oído unas risillas que me envolvían como una niebla de estupidez. Es entonces cuando emergí al mundo de la realidad y, mientras simulaba mirar el cómic, prestaba más atención al grupo. La chica que tenía a mi derecha estaba haciendo amagos de tocarme mientras las otras la animaban, y alguna decía:
¬ Guapo.
Hasta entonces no supe que venían de Estados Unidos. Un piloto rojo se encendió en algún lugar de mi mente en desuso, avisándome de que las cosas no eran exactamente como parecían ser. Ante el fingido piropo no pude hacer más que poner cara de ciscunstancias estupidez y ensayar una sonrisa de punzante hipocresía. Seguí fingiendo estar absorto en la lectura del comic mientras la chica seguí haciendo amagos, animada porque me había dado cuenta de lo que pasaba. Entonces una chica del grupo me dijo:
¬ ¿No quieres mi amiga novia?
[hao]
Me tomé mi tiempo para contestar, sabiendo que no me iban a pillar en renuncio. Mientras levantaba la vista lentamente, otra tomó la palabra.
¬ Seguro tiene novia.
Esa chica, sin saberlo, me acababa de dar la clave para salir de la situación de forma elegante. Así que contesté.
¬ Sí, es que tengo novia.
La chica rubia que tenía frente a mí (y con la que quizá habría ensayado otra respuesta de ser ella la supuesta novia) insistió:
¬ ¿Y preferir mi amiga? Ella guapa cachonda.
[Cervantes no lo habría dicho mejor]
Y yo, siguiendo el juego, di por zanjada la conversación:
¬ A mi novia no le gustaría.
Y esta vez, sin fingir, me adentré nuevamente en el mundo de las viñetas. Tenía la duda de que en realidad no estuvieran intentando quedarse conmigo, pero la situación era demasiado forzada para que fuera algo real. Al final mis sospechas se confirmaron porque, al dejar de prestarles atención, se lanzaron a por dos chicos que acababan de entrar en el vagón con la misma cantinela. Estos dos chicos, para su desgracia, estaban bastante bebidos, así que eran presa fácil. Sucumbieron tanto al engaño que uno de ellos hasta lanzaba besos al vacío cuando las chicas salieron en la siguiente estación.
[pobre truhán]
Esto me confirma que mi intuición no está tan podrida como pensaba.
Yo, me, mí, conmigo
Ey me encantan los caballeros de la mesa del comedor, tengo los 3 primeros volúmenes en castellano ! y ya he visto que venden hasta el 5 o 6
by: Juampe el día Julio 9, 2004 09:28 PMJuampe: a mí me los ha dejado un amigo que es, curiosamente, nuestro máster (es como B.A.). Es increible, pero he dos personajes del cómic son exactemente como dos amigos míos. Sobre todo Brian, que es igual que nuestro powergamer. Nosotros tenemos del 1 al 5 y el 9. Son geniales.
by: milio el día Julio 12, 2004 11:49 PMDe hecho, ya tenemos del 6 al 8, es decir, del 1 al 9 :P
by: B. A. Felton el día Julio 16, 2004 02:09 PMB. A. Felton: hmmm, tu mail me resulta familiar :P. A ver cuándo me los pasáis ;).
by: milio el día Julio 17, 2004 10:52 PM




