Septiembre 27, 2004

Prisas

Mientras el Fórum daba sus últimos coletazos mediáticos yo buceaba entre montañas de papel. Folios que contenían cuentas y borrones a partes iguales. El toro que dicen que te pilla cuando lo dejas todo para el final estaba sentado al otro lado de la mesa, haciendo un solitario con mis apuntes (míos retóricamente, eran fotocopias). El transistor susurraba con voz ronca, manteniéndose en un segundo plano. Las palabras revoloteaban por la habitación sin llegar a formar frases, ronroneando como un gato enjaulado. Faltaban unas pocas horas para aquel fatídico examen y los conocimientos seguían resistiendo en su barricada. Una y otra vez embestía contra aquellas malditas hojas, agazapado en una esquina del papel para coger a aquel maldito teorema o a aquella maldita demostración por sorpresa. Pero resistían. Y mi cerebro no tenía hambre, estaba sentado con la espalda apoyada en el hueso occipital, rascándose la barriga con aire somnoliento.
[saturado]
Mi mente comenzó a volar por un mundo sin sentido, preguntándose cuál sería el caudal de información que es capaz de asimilar un cerebro en una noche, por qué el humo del cigarro creaba aquellas formas tan caóticas o qué provocaba que el agua al irse por el desagüe girara en un sentido o en otro. Sin ser consciente de ello ya había adoptado la posición de desvarío: mirada perdida en el infinito, puño izquierdo en la barbilla y bolígrafo golpeando rítmicamente el cristal de la mesa. Sentido Común me gritó al oído que todo aquello no era importante y que lo que tenía que hacer era estudiar un poco más. Acostumbrado a no hacerle caso casi no le presté atención, pero aún así me sacó de mis cavilaciones. El reloj marcaba las seis y media de la madrugada, el tiempo había pasado volando.
[relativo]
La universidad estaba aún desierta cuando llegué. El tiempo, tan loco como siempre, nos azotaba con un frío seco que luego cambiaría por un calor sofocante. Los que teníamos que presentarnos a aquella prueba nos íbamos congregando en la puerta del aula, después de pasar por la cafetería a por un café-laxante. Algunos engullían frenéticos sus apuntes, otros cambiaban opiniones sobre la materia del examen, intentando hacer un análisis previo de sus conocimientos. Yo apuraba un cigarro apoyado en la pared, deseando que aquello se acabara pronto. A ser posible antes de que todos los datos que llevaba prendidos con alfileres se desprendieran y dejaran mi mente en blanco.
[su estado natural]
Los profesores entraron en el aula y nosotros los seguimos como los prisioneros que acompañan a sus verdugos. Cerrando la comitiva entró Fracaso, dispuesto a hacer su agosto. Iba vestido con ropas harapientas, ocultando su mirada tras unas gafas de sol que habían perdido un cristal. Parecía un payaso sin maquillar. Luego, una vez el examen hubo empezado, le vi revolotear por el aula, tocando suavemente a aquellos que escribían menos y alejándose despavorido de los que aparentaban seguridad. Pasó un par de veces por mi lado pero no de detuvo, quizá porque yo no necesitaba nadie que me gafara para suspender por méritos propios.
El bolígrafo parecía pesar una tonelada y los folios estar hechos con papel de lija. Las ideas no fluían y yo me maldecía por haber pasado la noche sin dormir, aunque ya fuera demasiado tarde. No hay nada peor que ver que un examen es asequible que no sabes si aprobarás.
Después de pelearme durante una hora con un ejercicio y dar con una solución cuando ya lo daba por perdido, decido entregar el examen. Me acerco a la profesora (supongo que es ella, pues no la conozco).
¬ ¿Tengo que entregarle la ficha? Es que no he venido a clase y no se la entregué en su día.
Es un farol, no tengo ni fichas ni fotos para pegarlas...
¬ No te preocupes, pero enséñame el carnet de la facultad que no te conozco.
Algo normal cuando no me ha visto en su vida.
¬ Bueno, yo a usted tampoco.
Me maldigo por haber hecho un comentario tan estúpido, acompañado de una sonrisa de circunstancias (igualmente estúpida).
¬ Si quieres te enseño también mi carnet.
Y se ríe. Y en ese momento no sé si está riendo de mí o conmigo, lo que me hace parecer más estúpido aún. Decido dar por terminado el espectáculo del circo de los horrores.
¬ No hace falta.
Y salgo del aula haciendo balance del examen. Mi parte optimista dice que tengo posibilidades de aprobar y la pesimista... a la pesimista prefiero no escucharla.
[ahora queda esperar]

Clasificado en:
Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Septiembre 27, 2004 11:47 PM
Comentarios

Deja a Fracaso y a Sentido Común en casa el jueves, y prepara las cariocas, que tenemos que visitar otro mundo por unos días x)

by: Vasili Quasimov el día Septiembre 28, 2004 11:52 PM

Jajajaja... me imagino tu posición, y mre recuerda a mi grupo (incluída yo) hace unos días... Creo que mejor nos calificaban las en blanco, y anulaban las respondidas xDDD
Esperemos que te haya ido bien en el exámen.

by: Imadia el día Octubre 2, 2004 10:24 PM