Febrero 13, 2005

Favores

El Príncipe de las Tinieblas me miraba nervioso desde su trono de obsidiana. Reflexionando sobre la petición que acababa de hacerle.
¬ No puedo aceptar tu trato. Nadie vende su alma por terminar la carrera.
¬ Ya, pero tú me debes un favor...
Me había envalentonado y quise recordarle aquella ocasión en que solicitó mi ayuda.
¬ Verás, no te creas todo lo que cuentan. Los humanos, dentro de vuestra infinita estupidez, pensáis que vuestra alma vale mucho y que podéis pedir lo que queráis. Y no es así. No pienso aceptar el trato. Lo que tú pides te costaría tu alma y la de todos tus descendientes...
¬ Vaya, no puedo hipotecar la vida de mis futuros hijos...
El macho cabrío estalló en carcajadas. Yo me mantuve en silencio mientras observaba como su cuerpo se convulsionaba entre espasmos durante lo que me pareció una eternidad.
¬ Tus hijos... ¿Creéis que soy tan estúpido como vosotros? ¿Piensas que no sé que muchos harían ese trato y luego no tendrían descendencia?
Su voz se había convertido en un estruendo, de su boca salían llamas y una fina columna de humo ascendía desde la mediatriz de su cornamenta. Olía a pelo chamuscado.
¬ Y ahora vete de aquí antes de que me arrepienta de dejarte con vida...
Comencé a caminar hacia atrás sobre mis talones mientras la estupidez congénita de la raza humana me empujaba a hacer una última pregunta.
¬ ¿Y el favor?
Se levantó de su trono y, me lanzó una mirada que a punto estuvo de pararme el corazón.
¬ Considéralo devuelto. Te dejaré vivir. Ahora vete... ¡y no vuelvas!

Me desperté sobresaltado. Me había quedado dormido y ahora mis apuntes estaban diseminados por el suelo, como las semillas que un agricultor esparciría por el campo con la esperanza de recoger sus frutos unos meses después. Yo llevaba esparciendo semillas desde las siete de la tarde del día anterior pero sospechaba que más que cosechas iba a recoger tempestades. Me maldije por dejarlo todo siempre para el final y por tener que estudiarme una asignatura entera en una noche o, lo que es lo mismo, el tiempo que tarda un humano medio en beberse un termo de café con garantías de que no afectará a su buen mal juicio.
[o inexistente]
Y además, estaba ese maldito sueño que no podía ser más absurdo. Seguí engullendo temario a la misma velocidad a la que olvidaba lo que había estudiado unas horas antes. Los conceptos flotaban como pompas por mi mente, unidas por una fragil red llena de remiendos. Cada rotura en la malla significaba perder unos cientos de palabras en el océano de lo ilógico, datos inconexos que acabarían en la papelera mental que era mi memoria.
Fui al examen, vomité mis conocimientos recién adquiridos sobre unos folios inmaculados con el correspondiente sello de autenticidad, y me esfumé cuando hube terminado.

Y ayer, cuando me comunicaron la nota de aquel examen, me dominó la risa histérica y tontorrona. Había sacado un maldito seis, casi no me lo podía creer... Y entonces retumbó en mi mente una voz cavernosa que, de haber persistido unos segundos más, habría acabado con mi lucidez.
¬ Ya estamos en paz -dijo la voz.
Abrí los ojos hasta que casi se escaparon de sus cuencas, sin entender muy bien lo que pasaba.
¬ ¿Estás bien?
¬ Sí, estaba soñando despierto.
[o no]

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Febrero 13, 2005 11:48 PM
Comentarios

Buen día... Que tengas un hermoso día de San Valentín... Un abrazo y un beso.

by: Berny el día Febrero 14, 2005 02:03 PM