Marzo 04, 2005
Spiderman de los baños
Lo peor de hacer reformas en casa es que, automáticamente, te conviertes en un refugiado en tu propio hogar. Los escombros, dotados de vida propia, se reproducen como conejos, trayendo consigo montañas de polvo blanquecino y molesto por definición.
Había un dicho que rezaba algo así como: "No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos". Quizá sea un poco grotesco utilizar este dicho para un cuarto de baño, pero en este caso se ajusta como un guante. El hecho de no poder darse una ducha en tu propia casa hace que recuerdes con melancolía aquellos tiempos pasados donde, cada mañana, te ponías bajo el chorro de la ducha y, de pura felicidad, cantabas lo que se te pasara por la cabeza (con mayor no menor fortuna).
[pasado]
Y miras el amasijo de escombros en que se está convirtiendo aquel antiguo santuario y, cuando menos, te dan ganas de suspirar. Ahí empieza verdaderamente la vida del refugiado por obras, en el momento en que tienes que pedir una ducha donde poder quitarte ese mal olor imaginario que, si no lidias con él, acabará haciéndose realidad.
Los albañiles, impasibles, son los dueños de la situación. En su mano está que todo llegue a buen término. De los dos dicharacheros trabajadores, el que más me impactaba era el que bauticé como Spiderman de los baños, con su sempiterno puro entre los dientes. El día en que decidí darle un apodo tan pintoresco fue, precisamente, el día en que tenían que pasar un tubo por el patio de luces. Yo dormía, y mi madre me llamó con una mezcla de horror, histeria e indignación, pidiéndome que fuera a ver algo que, en ese momento, se mezclaba con un sueño que no podía recordar. Me desperté del todo y seguí los pasos de mi madre hasta la cocina. Y, al mirar por la ventana, me quedé blanco (aún más). Vi a aquel haciendo equilibrios en el vacío mientras colocaba la tubería. Tenía un pie apoyado en la ventana de la cocina del piso de abajo y otro pie en la ventana del baño de ese piso, que formaban un ángulo de noventa grados. Con una mano ponía la tubería y con la otra... ¡el puro! Por supuesto, sin ningún tipo de arnés o sujeción. Un paso en falso y su cuerpo desde una altura volaría cuatro pisos hasta estrellarse en el suelo con un ruido sordo.
[y breve]
Pero, contra todo pronóstico, él aparentaba tranquilidad. Afortunadamente al final salió todo bien y no hubo que lamentar ninguna catástrofe, aunque a mi madre aún le dure el susto. No es la primera vez que observo conductas de inseguridad (por usar el término más suave) laboral y, por suerte, nunca ha pasado nada. Una vez, hace algunos años, se mató un albañil en mi barrio cuando cayó desde un tercer piso. Por lo visto, la red de seguridad estaba mal instalada y el pobre hombre acabó atravesándola. Unos chicos del barrio se jactaban de haberlo visto con sus propios ojos. Seguramente mentían.
[lo decían sus ojos]
Después del episodio del baño, todo transcurrió con normalidad. Y, por fin, ayer acabaron con las obras.
Así que, desde hoy, mi casa y el blog están nuevamente operativos (justo a tiempo para Umbralis). Esperemos que no haya ninguna gotera.
[en ninguno de los dos]
Debe ser delicioso eso de estrenar baño.
by: Golfo el día Marzo 7, 2005 10:11 AM...Milio..Fascinante!
a ver si ayudas a tu madre, q siempre q plantas un pino dejas raspas en el wc, mamón!
by: Sastre el día Marzo 8, 2005 07:03 PMGolfo: Es delicioso. Y más cuando has estado dos semanas sin él. Ducharse en casa es todo un placer ;).
Melissa: eres fácilmente impresionable ;). Gracias.
Sastre: Jajajaja. ¿Raspas? Qué es eso... :P Supongo que te refieres a las del pescado xD.
by: milio el día Marzo 9, 2005 02:17 AM




