Septiembre 25, 2006
Finales Felices
La rutina es una máquina ruidosa. Tubos oxidados expulsan gases malolientes, engranajes insidiosos que nunca se detienen aplastan cualquier atisbo de esperanza. Durante años aquella máquina había moldeado su vida, construida a base de pedazos de un metal gris y maleable.
[implacable]
La imaginaba como una gran picadora de carne que iba devorando con sus horribles fauces todo lo que quedaba de lo que un día había sido su vida.
Solía posar su cabeza entre dos barrotes y mirar con ojos enrojecidos lo que se extendía más allá de su celda de metal.
Las cárceles nunca tienen vistas al mar.
Su imaginación era lo único que aún conservaba algo de libertad. Podía pasar hora reclinado sobre la minúscula ventana con vistas a ninguna parte mientras su mente volaba hacia parajes más cálidos. Dejaba que su mente se desprendiera del cuerpo inservible (prisionero de su destino) y emprendiera el vuelo.
En el libro de su vida los renglones escritos en primera persona estaban tan torcidos que era imposible encontrar nada bueno.
[ni siquiera entre líneas]
¬ Los finales felices, hijo mío, sólo existen en los libros... y en las películas.
Cuánta razón tenía su madre, enterrada a varios metros bajo tierra.
¬ Caven un hoyo bien profundo, no se le ocurra salir...
El sacerdote le había mirado en aquel momento como si fuese el mismísimo Ángel Caído pero su conciencia estaba tranquila. El mundo no estaba preparado para tanto odio.
Ahora, desde la humedad de su celda, inmerso en una particular experiencia extracorpórea, supo que su madre no podía tener más razón. En toda historia real siempre hay matices que empañan el supuesto (y esperado) final feliz. Y lo que es bueno para unos es irremediablemente fatal para otros. Su historia, sin ir más lejos, había tenido una feliz conclusión...
[relativa]
... pero no para él. Un epílogo políticamente correcto: Cadena perpétua es algo que siempre queda bien en los libros.
[en cursiva y bien centrado]
La sociedad puede estar tranquila: otro monstruo que se pudrirá en la cárcel. El mal de uno por el bien de muchos. Todo por estar en el lugar equivocado y en un momento en que al destino le pareció gracioso hacer de rey Salomón. La sociedad no puede permitir que nada ni nadie se interponga en su camino.
En su mente se dibujó, con trazos borrosos, una obra de un artista contemporáneo. Varias personas, vestidas con trajes de personal de limpieza recogían con escobas figuras humanas de papel. La sociedad necesita que alguien se ocupe de recoger todos los deshechos que bloquean su camino. Esos hombres de uniformes rojos (el color del odio) eran parias a los que se les había dado una segunda oportunidad.
A menudo soñaba que él era uno de aquellos monigotes sin personalidad y que era arrastrado por una escoba gigantesca hacia una celda oscura en el país de Nunca Jamás. Al despertar se veía en su prisión, el punto de partida y el final de un viaje sin sentido por los confines de su imaginación.
Comprobaba entonces que, efectivamente, las historias nunca tienen un final feliz.
[para todos]
Realismo ficticio
No lo puedo creeer!! Has aparecido!! Me he leido buena parte de tu blog, y sólo paso a decirte que me ha gustado mucho. Tienes pasta para escribir, eh? Saludos!
by: Angel y Demonio el día Septiembre 26, 2006 10:35 PMMe alegra leerte de nuevo.
Besos
caray por fin apareciste... que agradable sorpresa abrir tu página y no ver los chorizos de la foto!!! jajajajaja
by: Ácida S el día Septiembre 30, 2006 01:19 AM




