Noviembre 13, 2007

La elasticidad del tiempo

Hay una ley no escrita que habla de la elasticidad del tiempo. Como casi todas las leyes que se me ocurren y que seguramente hayan pasado más de una vez por la cabeza de la mente-colmena de la sociedad, los términos en que se enuncia varían dependiendo del momento en que las pienso. Como muchas otras cosas en mi mente-chistera, depende del azar.
[caprichoso]
Y hoy, por la mañana, mi estado de ánimo era un tanto borrascoso, con pocos claros y una probabilidad de precipitaciones del ochenta por ciento. El vagón de metro estaba casi vacío, como cualquier día a media mañana en Madrid. Yo iba con prisas, como siempre (o tarde, también como siempre). A cada minuto miraba el reloj esperando que hubiera pasado medio, intentando estirar la línea del tiempo más de lo aconsejable. Le daba vueltas, en silencio, al primer postulado de la ley de elasticidad del tiempo: "cuanta más prisa tengas, más tarde llegarás".
[si es que llegas]
Me imaginaba como uno de esos forzudos de las películas en blanco y negro, con sus bigotes puntiagudos y su torso desarrollado hasta el absurdo, en contraste con una cintura de avispa. Y así, de esa guisa, tiraba de una cuerda con todas mis fuerzas intentando vencer el empuje de un enorme reloj de cuco.
[cu cu]
Había abierto la caja de Pandora y ahora era capaz de ver la auténtica realidad que subyace tras la que captan nuestros ojos.

Al fondo del vagón había una pareja. Él miraba con ojos vacíos su reflejo en el cristal y ella acariciaba con gesto desvalido la mano de su chico, siguiendo con su índice todas las líneas de la palma, buscando quizá dónde sus vidas confluían y en qué punto debían separarse. Pero yo, con mi clarividencia recién adquirida, podía ver mucho más. Me dí cuenta de que la mirada vacía del chico escondía un mar de dudas y que se revolvía entre la incertidumbre y la paciencia autoimpuesta, de índole bíblica y proverbial. Ella era tan transparente como un cristal de bohemia y sus ojos, como en un libro abierto, proclamaban a gritos amor desinteresado. Pero él no podía verlo.
[sonreí]
No muy lejos de la joven pareja un hombre anciano se sentaba hundido en su asiento. Pantalones y chaqueta de pana, ropa limpia pero raída, vestigio de tiempos pasados. Un sombrero a juego que parecía estar en precario equilibrio y una mano arrugada pero firme mesando su barba blanca y descuidada. En su interior pude ver resignación y autocomplacencia. La serenidad de una vida que había dado para mucho y el orgullo de conservar los recuerdos que debían definirle, los que se van forjando a lo largo de toda una existencia. El tiempo había dejado de ser una preocupación para convertirse en una mera anécdota, porque la paciencia era su forma de vida. Vivir sin esperar nada más a cambio.
[asentí]
Un chico con gafas leía un enorme libro de anatomía aunque, en realidad, era el libro el que lo devoraba a él con sus fauces de papel que sólo dejaban ver la montura de las gafas. Entré en su mente con cuidado, sin hacer el menor ruido que pudiera perturbar la concentración del estudiante, y me encontré en un acantilado donde rompían las olas de un océano de conocimiento inabarcable. Las gaviotas graznaban frases inconexas de las que sólo se entendían palabras sueltas. Eran palabras que hablaban de miedo al fracaso y responsabilidades titánicas. A lo lejos, en la costa, cascos partidos de barcos hundidos arañaban las playas con restos de podredumbre y, en ellos, se podían leer siglas malditas.
[suspiré]
Un bebé, apenas recién nacido, lo miraba todo con curiosidad. Sus ojos atrapaban la esencia de las cosas mientras en su interior iba tomando forma el gran rompecabezas que es el mundo. Su madre le miraba con ojos cansados y una débil sonrisa atenuada por las horas en vela. En sus ojos había alegría y cansancio, una pizca de tristeza y mucha determinación. No opuso resistencia a mi escrutinio místico y me dejó bucear en sus recuerdos y anhelos, manipular las manecillas del reloj de sus recuerdos. Vi una sala de partos y noté una ausencia. Se hizo la luz y lo llenó todo con su llanto primerizo. Y ella supo que su universo acababa de cambiar de eje, que ahora debía girar alrededor de esa estrella recién nacida.
[lloré]
La corbata le traía por el camino de la amargura, como la soga que se ajusta al cuello de los ahorcados. Gotitas de sudor perlaban su frente y él, siguiendo una coreografía muchas veces ensayada, se secaba el sudor con un pañuelo de cuadros. Como un limpiaparabrisas. Sujetaba su maletín con pulso firme y una fuerza desproporcionada que denotaban sus nudillos blanquecinos. Su vida estaba en ese maletín porque un día decidió que su trabajo era más importante que su propia felicidad o que, quizá, era el mejor medio para lograrla. Y hoy, justamente hacía unas horas, se había dado cuenta de lo equivocado que estaba. Alguien con más poder, a quién su conciencia me había dibujado como una criatura con cuerpo deforme y cabeza de caja registradora, le había despedido. Toda una vida de dedicación a su trabajo fulminada por unas palabras llenas de odio. Años de automatismos que, aún cuando ya nada importaba, seguían rigiendo su conducta y apretando, más si cabe, el nudo de su corbata.
[rabié]

Las puertas del metro, al abrirse, me sacaron de mi viaje astral. No importaba que se hubiera cumplido el primer postulado de la ley de la elasticidad del tiempo, no importaba que me hubiera pasado de parada. Me dí cuenta de que, durante unos minutos, el tiempo se había distorsionado y me había enseñado que mi vida era una parte de todo lo que había visto: la incertidumbre del amante y la transparencia de la amada, la resignación del anciano, el miedo del estudiante, la curiosidad del bebé y la determinación de la madre, el hastío del ahorcado.
[caleidoscopio]
Y entonces supe quién era... pero lo olvidé cuando las puertas se cerraron tras de mí y me encontré, desorientado, en mitad de ninguna parte.

by milio el día Noviembre 13, 2007 11:55 PM
Comentarios

Ingenioso! Incertidumbre, transparencia, resignacion, miedo, curiosidad, determinacion y hastio, todos hemos sentido eso alguna vez... y es cierto que cuando llegamos a saber quienes somos, a los segundos lo olvidamos para volver a empezar a sentir todas esas cosas y muchas más....
hasta otra. y... no pares de escribir!

by: skaylla el día Noviembre 14, 2007 07:17 PM

Buenas!

Sisi, definitivamente es mejor de la forma tradicional, no te voy a discutir eso... perotambien es una buena alternativa hacerlo por la red.

En cuanto al post, me hizo acordar a algo que vengo escribiendo desde hace bastante, pero que nunca termina de gustarme... Tal vez algundia lo suba a mi blog si lo termino xD
Sin embargo, hay cosas que nunca se me habian pasado por la cabeza jaja... linda reflexion igual... y comparto eso de que mientras mas apurado estas mas tarde llegas ¬¬


Besos!

by: Flor el día Noviembre 15, 2007 12:44 AM

Siempre pienso que esta va a ser la ultima...pero una vez mas me vuelves a sorprender viejo amigo...

by: Un viejo amigo el día Noviembre 15, 2007 01:51 PM

skaylla: son los ciclos. Aprendemos para olvidar, olvidamos aprender y así siempre. Hasta pronto.

Flor: es la ley de elasticidad del tiempo. Quizá algún día la publique en una revista científica ;).

Un viejo amigo: espero sorprenderte muchas veces más, viejo amigo. Si perdemos la capacidad de sorprendernos, ¿qué nos queda?

by: milio el día Noviembre 21, 2007 10:05 PM