Noviembre 26, 2007
Cobaya
Entré en el ambulatorio con prisas, como una exhalación. No necesité mirar el reloj para saber que era muy tarde y que la hora de mi visita se había pasado hacía rato. Me senté en una silla y al rato me llamaron.
La enfermera me mira por encima de sus gafas, en precario equilibrio sobre su nariz.
¬ ¿Usted a qué hora tiene?
¬ A las once menos veinte...
Ahora me fulmina con su mirada:
¬ Llega un poco tarde. Pase.
Dentro de la consulta, desde su sillón que parece un trono, el médico me observa con curiosidad. En su dedo luce un sello con el emblema de alguna universidad que se me antoja casi tan grande como la mano entera. Flanqueando la mesa dos estudiantes en prácticas me observan con aire profesional, intentando imitar los gestos de su maestro.
[qué bien...]
El médico disfruta con toda la parafernalia y, cuando cree que ha llegado su momento, comienza a actuar. Me pregunta y le cuento que, a parte de tener una alergia en la piel, venía porque tengo la uña del pulgar derecho un poco maltrecha. Pero no me deja acabar la frase y, como en un libro de texto, se pone a recitar ante los dos estudiantes en qué consiste mi alergia. Su anillo refulge. Y me señala.
¬ Pueden apreciar como la piel del sujeto se seca en algunas zonas como por ejemplo aquí. Observen la textura de la piel bajo el ojo derecho.
¿Me había llamado sujeto? Pestañeé.
¬ Siéntese en la camilla.
[sujeto!]
Estuve tentado de preguntarle que si para una uña era necesario. Temí que me pidiera que me desnudara.
¬ Y lo de la uña. Vean que es un... (palabra técnica que no he podido descifrar aún)... Se requiere una extracción.
Los dos estudiantes no emitían palabra alguna y se dedicaban a mirar mi uña.
El médico dio por concluida la clase magistral y a mí me faltó poco para aplaudirle.
[y pedir un bis]
Una vez fuera me tomé un café mientras recordaba la escena. Intenté acordarme de la última vez que me habían llamado sujeto pero no fui capaz, quizá fuese la primera.
Un rato después, en el gimnasio, mientras corría sobre la maldita cinta, se me cayó el mp3 y me olvidé de donde estaba. Me agaché a cogerlo como si estuviera corriendo por la calle y acabé revolcándome en el suelo ante la atónita mirada de todos los presentes.
[recluta patoso]
Y entonces me dí cuenta de que en la consulta del médico me habían quitado algo: el sentido común.
¬ Como pueden apreciar, esa glándula que este sujeto en cuestión tiene tan pequeña, es la que controla el sentido común.
Los becarios asienten. El anillo vuelve a refulgir.
¬ Extraigámosla para observarla mejor.
[horreur!]
Yo, me, mí, conmigo
Muy buen final :P
by: Flor el día Noviembre 30, 2007 05:49 PMUna amiga ya fallecida me lo enseñó: a la consulta del médico siempre con ropa interior limpia, aunque sea para recoger una radiografía.
Suerte con la uña.





