Marzo 08, 2008

Inmersión

(1)Se me acaba el tiempo. Los días en Londres terminan antes que un suspiro y, por mucho que intento prolongarlos, se me escapan entre los dedos. Como un puñado de arena.
Hoy me había prupuesto madrugar aún más y comenzar el día con un típico desayuno inglés. El tiempo apremiaba y no he podido encontrar nigún pub medianamente tradicional y, al final, me he tenido que conformar con un Wetherspoons que no deja de ser una franquicia de una cadena de pubs.
[uno de tantos]
Mientras esperaba el desayuno y los camareros dejaban en evidencia la presupuesta puntualidad inglesa he ido marcando en el plano del metro las dos estaciones que utilizaría para llegar al Tate Modern (London Bridge) y al National Gallery (Green Park). Hoy me esperaba un día de museos.
[mis pies se resentían]
Encontrar el Tate Modern ha sido relativamente sencillo... sin mapa. En cuestión de viajes (y otras cosas que no vienen al caso) soy un auténtico desastre: no planifico ni un ápice las cosas y, en lugar de ello, me dejo llevar por la bendita improvisación.
[y así me va]
El Tate Modern me ha gustado y, o mi memoria me juega una mala pasada o lo he visto tan distinto que las obras parecían nuevas. Ni siquiera he sido capaz de encontrar The Oak Tree, esa obra que tan bien define el arte contemporáneo para alguien tan profano en la materia como yo. He recorrido el museo de forma un tanto apresurada y errática y he sacado un par de fotos a escondidas...
[spanish picaresca]
... y no me ha dado tiempo a mucho más. Mis pies y mi estómago se han sublevado y han tomado el control. Mis pasos me han llevado a Southwark, al Borough Market (un mercadillo de alimentos de todo tipo y procedencia que abre los viernes -o eso creo-) donde, después de dar una vuelta, he acabado comprando un vasito de gambas a un tipo con el acento más cerrado que he escuchado en mi vida. He seguido callejeando al azar, buceando en cada esquina, mientras buscaba un sitio barato donde terminar de saciar el hambre.

(2)

Encontrar el National Gallery ha sido un poco más complicado. Bajé del metro (técnicamente subí) en Green Park y al preguntar a un policía me ha mandado en otra dirección. No creo que mi inglés sea tan malo como para que no me haya entendido, quizá se le ha ocurrido que sería divertido ver a un español errante...
[humor inglés]
(3)Al final he conseguido rescatar recuerdos de hace un par de años y llegar más o menos sano y salvo... pero tarde. Tenía una hora para ver el museo y casi lo consigo, sólo me faltaron dos salas. El National Gallery no me ha disgustado, supongo que necesito saber apreciar un poco más el arte y poder verlo con más calma para llevarme una impresión distinta.
[quizá la próxima vez]
Era casi de noche cuando salí del museo. Debía coger el metro pero antes paré a fumar un cigarro. Liando el tabaco en Trafalgar Square se acercó un chico a pedirme tabaco. Me dijo que no le importaba que fuera de liar y rápido entablamos una conversación. Al principio en inglés y luego, al ver que él era también español, en castellano. Si algo te enseña Londres es que no nos podemos fiar de las apariencias y ahí estaba Mauricio, que tenía muy poca pinta de ser español y menos aún de llamarse Mauricio. Me contó que llevaba seis años en Londres, que era percusionista en un grupo (The Upfrom Band) y que esta ciudad está podrida por dentro. Hablamos de capitalismo, de mujeres, de los ingleses y de muchas cosas más mientras un tipo le cogía prestado el djembé (creo que se llama así) y nos deleitaba con un rítmico soniquete. Quizá estas cosas pueden pasar en cualquier lugar del planeta pero a mí, en ese momento, me pareció que sólo podía ocurrir en Londres. Me despedí con un adiós y me llevé, de regalo, un CD que, supongo, tendrá canciones de su banda.
El día podía haber acabado ahí y ya habría tenido experiencias para llenar tres o cuatro de mi vida en Madrid. Pero no, aún quedaba una cena en casa de una amiga con muchas risas, algo de alcohol y tabaco, un gato y varios idiomas. En la cena se me ha ido el santo al cielo y se me ha pasado la hora de irme para llegar al último tren así que me he resignado a coger los autobuses nocturnos sin saber qué trayecto hacía el que llega hasta el barrio de mi hermana. Tras un viaje en tensión porque es típico de mí acabar perdido en mitad de ninguna parte por haberme pasado (una o varias veces) de parada y un par de compañeras de asiento que no veían ni su sombra...
[ceguera etílica]
... he conseguido llegar sano y salvo. Mañana me espera un día largo que, seguramente, se fusione con el siguiente. Y después habrá que volver a la rutina. Pero hasta entonces intentaré no pensar mucho en ello, Camden me espera.


Las pinturas que adornan este post:
(1) Arnulf Rainer, Whine-Crucifix (Tate Modern)
(2) Emil Nolde, The Sea B (Tate Modern)
(3) Quinten Massys, Grotesque Old Woman (National Gallery)
Clasificado en:
Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Marzo 8, 2008 03:58 AM