Abril 30, 2003
Cúmulo de Sucedidos
Hoy me tocaba visita mañanera a un cliente. Siempre es bueno no ir directamente a la oficina por las mañanas, porque así puedes escaquearte y dormir media hora más. Lástima que hoy, como siempre, las cosas se torcieran.
Me levanto, desenfundo la radial para quitarme las legañas, se resisten y saco el cincel y el martillo...
[dejad que las legañas vengan a mí]
Después de una ducha reparadora, salgo de casa. Al llegar a la parada de autobús veo que hay mucha gente, signo inequívoco de que falta poco para que venga...
[infeliz...]
Pero no, tarda veinte minutos. Y tú no te vas porque piensas:
¬ ¿Y si me voy y justo viene? Habré esperado para nada...
Así que no te decides y esperas. Coges el bus que te deja en el metro, y coges el metro que te deja en otro metro. Y al hacer el transbordo, la debacle. Dos trenes en el mismo andén, ambos parados, ambos bloqueados, mientras la gente ya no sabe dónde mirar. Esperas porque, ¿y si te vas y justo se arregla? Esperar para nada...
[te resulta familiar]
Y esperas, y esperas... Y al final tienes que coger un taxi (que te pagará la empresa en un futuro muy muy lejano...). En el taxi mantienes una conversación estúpida y sin sentido, un mero intercambio de palabras y de silencios incómodos. Además, te cobran dieciocho euros, que es la tarifa especial de psicoanálisis más viaje, todo un chollo.
Y a la hora de comer coges otra vez el metro (otra línea), mientras escuchas por megafonía que faltan dos horas para que arreglen el problema.
Comes con una amiga, vuelves al trabajo y, milagro, siguen quedando dos horas.
[acabas de viajar en el tiempo muchacho]
Pasas una tarde agobiante en el trabajo, perdido entre ceros, unos y pilas de papel, documentos que intentan decir mucho pero que no dicen nada, un dolor de cuello aderezado con una pequeña jaqueca, y algún que otro comentario gracioso.
Y al salir, otra vez en el metro, escuchas que siguen quedando dos horas. Es decir, siguen siendo las dos de la tarde. te parece curiosa la forma de medir el tiempo que tiene la gente del metro, al menos te hacen pensar que no has perdido todo el día entre cuatro paredes.
[un psicólogo te cobraría una pasta por lo mismo]
¿Y la noche? Una incógnita.
Infiernos laborales
Abril 29, 2003
Not An Addict
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que vio la luz? Demasiado. No recordaba el día en que sus ojos comenzaron a nublarse, cuando todo empezó a confundirse, cuando las cosas dejaron de importarle.
Sus músculos ya no responden, su mirada está vacía mientras sus ojos intentan enfocar la aguja. Las venas demasiado castigadas, los ojos demasiado cansados, pero busca, nunca ha dejado de buscar...
[una vena donde penetrar]
Perforando como lo ha hecho siempre, introduciendo en su cuerpo un agente hostil, forzando la máquina al máximo. Ya no le importa nada, sólo busca conseguir una dosis que le haga el viaje más llevadero hasta que llegue la siguiente. Ya no disfruta con la droga, simplemente la necesita.
[no puede vivir sin ella]
Recuerdos le quedan pocos. Las paredes de su memoria cedieron un buen día y todos sus recuerdos se confundieron, se mezclaron en una masa informe. Un cuerpo de niño con mirada de viejo, una jeringuilla con alas de ángel, prometiendo el cielo, una dama blanca de mirada irresistible.
Sentado en un banco de la plaza que recordaba como su único hogar, dejando pasar el tiempo mientras los fluidos se mezclaban en su sangre, preparado para comenzar el viaje que tantas veces había experimentado. Mirando sin ver, tocando sin sentir. Cada vez necesitaba más, ella cada ver era más exigente.
[más que ayer, menos que mañana]
Uno sabía cuándo partía, pero nunca si regresaría o no.
¬ A este viaje hay que llevar la conciencia tranquila, despedirse de quien lo merezca y nunca, nunca, ir con cuentas pendientes. Nunca sabes si volverás, amigo.
Le decía su único amigo, muerto por sobredosis dos semanas antes. Despedirse, sí, pero... ¿de quién? No tenía amigos, no tenía familia, todo habitaba ya en las regiones del olvido.
El mundo seguía su camino, indiferente, agresivo, rechazando cada intento de volver a la vida. Una pieza que no encaja. La gente pasa y no le mira, se cambian de acera. Si por casualidad, se dirige a ellos, puede ver el miedo en sus ojos. Así que ella es su única compañera, atenazándole para siempre en un abrazo infinito, cortándole las alas al menor desliz.
Y un buen día, en la estación de los sueños rotos, compró un billete de no retorno. Montó en el tren como siempre lo había hecho y, cuando subió, supo que nunca iba a regresar.
¬ Adiós a los que me recordéis, porque yo no os recuerdo.
Realismo ficticio
Abril 28, 2003
Cifras
Cifras. Una cifra puede ser un simple número borroso en cualquier cuaderno olvidado, o puede representar naciones enteras. Usadas convenientemente pueden hacer mucho daño.
Cuando todo el mundo hablaba de la guerra, cuando los objetivos de las cámaras estaban orientados hacia Irak, se desviaron. Se manejan números, los que cuentan practican su pericia con la calculadora...
[bienaventurados los que cuentan porque ellos controlarán los medios]
... devastando a los países afectados. Los viajes bajan estrepitosamente, las convenciones se cancelan, las pérdidas se cuentan por millones, las empresas farmacéuticas multiplican sus beneficios... y todo porque la noticia está de moda. Y lo mejor de todo es que ya nadie parece acordarse de Irak.
Comienza la psicosis colectiva, aumentan las ventas de mascarillas y es probable que más de un estadounidense haya comprado su kit de Fabrica tu primer Búnker de Playskool (convivir con el miedo).
Ya nadie habla de las muertes en la carretera, ya nadie se acuerda de los mil niños que mueren al día en Argentina...
[por inanición]
Ya nadie se acuerda de países africanos donde la gente no tiene qué comer... No, hablamos de Neumonía Atípica, con su nombre rimbonbante, como exige una noticia de su calibre, tan exótico que no sabemos ni lo que es.
Alarmismo, el infierno para los hipocondríacos. Muere más gente por la Meningitis (que ya hemos olvidado) que por esta exótica enfermedad...
Pero nos da igual, sólo tenemos ojos para lo que nos quieren hacer ver. La realidad distorsionada, oligada a pasar por el prisma que más conviene en cada momento.
Cuando los medios se cansen de la Neumonía Atípica, nos lanzarán otra exclusiva, otra película para que veamos antes de que termine la anterior.
[no sin antes ver la publicidad]
Cosas que pasan
Hubo un tiempo
A las puertas de Mayo, en plena primavera, me da por pensar. Siempre estoy dándole vueltas a la cabeza...
[mareándome]
Ando por las calles y huelo a primavera (yo no, el ambiente). Todo parece perfecto, todo emana felicidad...
[aparente]
Pero las cosas no son así. Nunca los cuadros fueron como nos los pintaban, nunca me dejé llevar por las apariencias (porque engañan). Un sabio dijo una vez que no valoramos las cosas mientras las tenemos, y que cuando carecemos de ellas es cuando las echamos de menos. En todas partes veo parejas, dos enamorados perdidos en una sinfonía de besos interminable, en una danza sinuosa, ajenos a lo que pasa en el exterior.
Te sientas en el metro y, justo enfrente, tienes a la líbido personificada. Quieres desviar la mirada y enfocas otro plano (de la misma película), pero ahí lo tienes: otra pareja. Entras en cualquier cafetería de cualquier barrio en una ciudad al azar y, mires donde mires, las ves. Se reproducen (en todos los sentidos de la palabra). A veces pìenso que las parejas son como los osos, hibernan. Están en estado de letargo hasta que, en el momento más inoportuno, despiertan (todas a la vez).
Parece la típica película donde el protagonista es un paranoico (al que podemos añadirle un poco de manía persecutoria para que venda más) y piensa que el mundo está contra él, que existe una conspiración mundial que intenta hacerle la vida imposible. Paranoico no es un adjetivo que pueda definirme (al menos, no más que a cualquier persona), pero sí me pasa que a veces aparece un personaje de la historia de mi vida para decirme:
¬ ¿Estás sólo? Sí, lo veo en tus ojos.
¬ ¿Tú otra vez? Eres una oportunista...
¬ Sólo venía a recordarte que estás sólo y no quieres estarlo. ¿Me equivoco?
Menos mal que siempre puedo apartar a mis fantasmas con relativa facilidad. Todos tenemos fantasmas, lo malo de los míos es que se conocen entre sí y atacan en grupo.
[los muy cabrones]
No es la ausencia de una persona en concreto, quizá sea la ausencia de una figura y el rol que representa. Somos animales de costumbres, cuando tenemos una pareja durante un tiempo nos acostumbramos y, cuando nos falta, se crea un vacío. Un hueco que podemos intentar llenar con otras cosas, pero que siempre estará ahí.
[complementarse]
Y en el momento menos pensado emergen los recuerdos en pequeñas dosis, y nos atormentan. Un lugar, una situación, un anuncio, un perfume... todo vale.
Será la primavera, que la sangre altera.
Yo, me, mí, conmigo
Abril 26, 2003
Bowling For Columbine
Desde que me hablaron de este documental esta película las ganas por verla se hacían más y más grandes. Por un cúmulo de sucedidos más o menos aleatorios he acabado yendo al cine sólo y a la sesión de la una, la llamada sesión golfa. Nunca había ido al cine sólo, siempre he intentado ir acompañado por, al menos, una persona.
[alguien que me aguante]
No me gusta la soledad en ninguna de sus variantes.
El miedo. La dosis de miedo que cada americano recibe al día, esa dosis que se distribuye en cualquier cadena de televisión del país de las oportunidades, es el causante de tantas muertes. Su historia es la historia del miedo.
Los comentarios que salen de la boca de algún personaje interlocutor te hacen reír a carcajadas (por lo ridículos que son). Te das cuenta de que es un país tan diferente... Y te alegras de no vivir allí, no en la cultura del miedo.
Un país donde la gente compra armas porque se toma la justicia por su mano, un país donde se teme al vecino, el país más rico del mundo.
Un país donde la gente, después del trabajo, se dedica a practicar su puntería con sus armas preferidas, dónde puedes encontrar una pistola debajo de cualquier almohada. Allí tu vida no vale nada.
[bienvenido al país de las oportunidades]
Mientras ellos se matan, su presidente lanza bombas en cuanquier lugar fuera de sus fronteras. Lugares que el americano medio no sería capaz de situar en un mapa con al menos diez mil kilómetros de margen. El país de los telepredicadores, la teletienda, el telemarketing, la telebomba....
[el teleesperpento]
Yo me quedo con lo que tengo, porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Miradas de cine
Abril 25, 2003
Amena Strikes Back
Hace dos días aproximadamente, mi móvil se puso en huelga. Intentaba llamar y no tenía línea, aunque recibir, recibía.
[se volvió sumiso]
En ese momento temes lo peor. Considerando que mi cuenta bancaria está bajo mínimos, temí que me hubieran intentado pasar la factura y, al no tener dinero, me cortaran la línea.
[por moroso]
Así que, ni corto ni perezoso, decido llamar a Amena.
¬ Me puede decir su número de abonado por favor?
[el del plus?]
Y se lo dices. El interrogatorio se prolonga hasta el infinito...
¬ Su grupo sanguíneo? Es usted virgen? Tiene enfermedades de transmisión sexual? Antecedentes de enfermedades coronarias? Cáncer quizá?...
Típico telefonista que ha recibido entrenamiento de la Gestapo...
¬ Verá, desde hace dos días no puedo realizar llamadas. Me suena como si llamara a un fax.
¬ A ver, usted dice que no puede llamar a faxes?
[me explico mal?]
¬ No, que no tengo línea.
¬ Espere que haga una consulta...
Debe haber ido a otro edificio, porque tarda más de cinco minutos, una espera interminable escuchando la canción de Libre
[que odiaré a partir de hoy]
¬ Verá, es que tengo dos cuentas bancarias y a principio de mes hago una transferencia de una a la otra para pagar las domiciliaciones...
[menudo farol...]
¬... y he pensado que quizá me hayan pasado la factura antes de tiempo.
[muy profesional]
¬ No, en principio está todo bien. Debe haber bloqueado las llamadas salientes por error.
Es decir, haber hecho una combinación de diez teclas y, misteriosamente, dar con la secuencia que bloquea las llamadas. ¿No es increible hasta dónde pueden llegar las casualidades?
¬ Introduzca este código en el teléfono y pruebe en un rato: almohadilla, tres treinta....
Y lo pruebo y funciona. Qué apasionante es el mundo de los códigos del móvil, para escribir una novela: Perdido entre almohadillas (y no es una película porno).
¬ Que pase usted una buena tarde y muchas gracias por su llamada.
Qué poco cuesta hacer feliz a un teleoperador de Amena, ya he hecho la buena obra del día.
Technology victim
Abril 24, 2003
Paralelismo
Miles de personas al día cruzan su mirada en el metro. A veces pienso cómo será la vida de toda esa gente. Entro en el vagón, intento coger un sitio...
[si no hay alimañas a la vista]
... y, simplemente, observo. Robo las miradas de la gente y las hago mías por un momento, lo suficiente para divagar sobre su vida. Algunos acumulan tristeza en sus ojos, puedo verlo en su mirada. La tristeza de la rutina, el peso de una vida que cada día se hace más difícil de soportar. Caras marcadas por los surcos que hace el paso del tiempo con su cincel.
[del que todos huímos]
Es curioso sentirse sólo en medio de una masa de cuerpos que intentan correr más que las manecillas de su reloj, pero yo siempre me siento aislado. Demasiadas historias para ser contadas en tan poco tiempo, demasiados recuerdos, demasiadas vidas.
La mirada cansada del obrero que cumplió sus doce horas de trabajo, la chispa que enciende los ojos del enamorado, la nube que nubla la vista del frustrado, las lágrimas que luchan por salir en los ojos del que acaba de ser engañado.
Conversaciones vacías, diálogos por compromiso, apasionados debates. La concentración del que lee, el concierto del que escucha música, la cara de circunstancias del que se ha pasado de parada.
El sueño de la bella durmiente, que cerró los ojos porque su cuerpo se lo pedía después de una noche de estudio, dejándose llevar hacia su destino, confiando en que su organismo despierte tres paradas más adelante. Las preguntas y respuestas que se plantea el estudiante nervioso ante un examen. El que disecciona el plano para encontrar el camino más rápido a su destino, meticuloso en todo lo que hace, buscando un camino en el metro que nunca encontró en la vida.
[la línea recta]
El turista despistado, atado a su cámara réflex que mira inquieto a todas partes, enfocando con sus ojos lo que su cámara no quiere captar. La risa nerviosa del que acaba de hacer el ridículo, buscando el suelo con su mirada con la esperanza de que éste le engulla. La banda sonora que proporciona el que siempre lleva la música demasiado alta, buscando que alguien se identifique con él por sus gustos musicales. La mirada sin expresión del que está drogado, mimetizándose con su asiento hasta desaparecer.
[muriendo en vida]
El ruego lastimero del que pide limosna, recitando mil estrofas que todos conocemos, gritando o con un hilo de voz, con un niño en brazos o con un cartel. Y las distintas sensaciones que produce: lástima, rechazo, solidaridad, odio, superioridad...
Las estrofas raídas por el uso del espontáneo cantautor. Las notas metálicas de un viejo amplificador, el sonido melancólico de una armónica o las vibraciones del acordeón. Los sonidos exóticos de instrumentos con nombres impronunciables, el rasgar de las cuerdas de una guitarra, la voz desgarrada de un solista aburrido. Muchas monedas (demasiadas de cobre) y ningún billete. Y al terminar, una carrera al siguiente vagón.
La mirada perdida de un loco que piensa en alto cosas sin sentido. El asombro, las risas, el rechazo de los que le rodean. Pero él sigue en su mundo, ajeno a todo lo que pase en el exterior, inmune a las intenciones de la gente.
La mirada inocente de un niño ajeno a todo este mundo de aislamiento, inmerso en sus juegos, captando toda la atención.
La mirada anónima del ciudadano desconocido, el que quiere pasar desapercibido en el vagón como siempre ha hecho en su vida. El espía que no puede desengancharse de su trabajo y lee el periódico más cercano con disimulo. El que te mira fijamente, luchando por que esquives su mirada. Los ojos que miran tu reflejo en el cristal, practicando sus conocimientos de geometría...
[un pitágoras en nuestros días]
El sueño de un antropólogo.
Metafísica
Abril 23, 2003
Un día de fútbol
Recuerdo que mi padre me solía decir: "algún día te llevaré al fútbol". Yo no le daba demasiada importancia a este comentario. Alguna vez había intentado ver un partido por televisión, siguiendo una tradición muy arraigada en mi familia, pero no lograba estar delante de aquella caja luminosa más de quince minutos seguidos. No entendía como la gente podía aficionarse a un deporte que, a mi parecer, no tenía el más mínimo interés...
[pero un día lo comprendí]
Tendría alrededor once años cuando mi padre cumplió su promesa. Él era del Real Madrid hasta la médula y tenía pensado llevarme a ver a su idolatrado equipo, pero optó por ahorrarse el dinero de la entrada y me llevó a ver un partido amistoso del atleti con el carnet de socio de un amigo suyo.
Según nos íbamos acercando al estadio pude ir conociendo la fauna de este mundillo: hombres que, pese al sol castigador de Agosto, iban enfundados en sus bufandas (todas prácticamente iguales). Hombres que, una vez en el campo, saltarían como un resorte y, en un alarde de coordinación, moverían la bufanda en círculos entonando una especie de cánticos folclóricos (ahí pude ver al único hombre del mundo capaz de saltar hacia abajo), hecho que producía en ellos una leve sonrisa. No podía entender cómo había alguien capaz de llevar bufanda en Agosto.
Ya casi en el campo, era imposible no ver a estos individuos, estaban por todas partes. Y yo, siguiendo mi vena antropológica, pude distinguir otro tipo de individuo menos numeroso: los hinchas del otro equipo que llevaban una bufanda distinta y entonaban otros cánticos.
[extraño mundo el del fútbol]
Nos detuvimos ante la puerta y mi padre se acercó a mí para decirme: "Hijo, ha llegado el momento, ya iba siendo hora de que siguieras los pasos de tus antepasados, entre ellos, yo. Mi padre me trajo a mí al fútbol y ahora soy yo el que te ha traído, y tú traerás a tus hijos, espero."
[adaptación del anuncio de los caramelos y el abuelo]
Era extraño, mi padre parecía más feliz que el día de su boda, en su cara brillaba una sonrisa inmensa y no pude más que corresponderle.
No íbamos solos, también venía un amigo de mi padre con su hija. Ante mi sorpresa, el padre no le dijo nada a su hija tal y como mi padre había hecho conmigo, ¿sería ésta una costumbre reservada especialmente a los hombres?. Desgraciadamente parecía que sí, apenas vi mujeres en el barullo.
Ocupamos unos asientos de piedra que se encontraban en un lateral del campo, que no estaba muy lleno, aunque el colorido era notable. El partido tardó aún en comenzar. Yo, mientras tanto conversaba con mi nueva amiga de asuntos trascendentales:
¬ ¿Por qué llevaban esos hombres bufandas en verano si hace un calor de mil demonios?
¬ ¿Qué les hace sentirse tan felices?.
[¿a qué huelen las nubes?]
No hace falta decir que no obtuve contestación alguna.
De repente, le gente empezó a gritar y a aplaudir, salían en ese momento los jugadores, el árbitro sopló su silbato y comenzó el partido. Para no perder las buenas costumbres, me aburrí a los quince minutos. A mi compañera debió ocurrirle lo mismo, porque acabamos correteando sobre los asientos de un lado a otro de la banda. Mientras corría iba escuchando unas exclamaciones que me hacen recordar qué bonita es la infancia y el no saber aún que significan cosas como: "¡Niño, apártate de una puta vez!" y expresiones de ese calibre. Empezaba a comprender la grandeza del fútbol, por qué levantaba pasiones. Me lo pasé en grande.
Pero yo no era el único que hacía ejercicio, el público se levantaba una y otra vez mientras ejercitaban su garganta recordándole al árbitro que conocían a su familia, un dato curioso. Los árbitros tendrían que ser personas dicharacheras y con don de gentes, porque conocer a tanta gente tiene su mérito. Los culpables de la histeria general eran los jugadores. Parecía mentira que apenas veinte personas pudieran hacer saltar a veinte mil, quizás fuera esta cualidad la causa de su escandaloso salario.
Yo, me, mí, conmigo
Abril 22, 2003
Fé
Cuestión de fé. Creer o no creer. Pero, ¿en qué? Nací agnóstico y mis padres me bautizaron (como no podía ser de otra forma) y, a partir de ese momento, fui uno más en las filas de una religión que yo no había elegido.
Colegio de monjas, mis queridísimas monjitas...
[sarcasmo]
Una educación en un colegio de monjas nunca te deja indiferente: te hace agnóstico o fervoroso creyente. Es difícil quedarse en el término medio. Aún recuerdo las misas (por dar un nombre) en una capilla que no era mucho más grande que el salón de mi casa. Las canciones, las oraciones, el himno del colegio.
"Colegio de nosotros tan querííííííídoooo..."
[manda huevos, con perdón]
Reclutamiento de futuros misioneros desde una edad temprana y escuela de creación de repreimid@s como no he visto otra igual. Convivencias con curas casposos que se las daban de progresistas y que reprimían deseos inconfesables, charlas dudosamente educativas donde se nos exponía una visión castrada de la realidad. Nos dieron prismáticos trucados, no querían que viéramos dónde pisábamos. ¿Para qué? Si ellas indicaban el camino....
[su camino, su verdad y su vida]
Y creces y te asaltan las dudas, las preguntas, el ansia de conocimiento en la escuela de la vida... pero había cosas que no podías preguntar. Uno tenía que buscarse sus fuentes por otros medios (arriesgándose a que te excomulgaran o, peor aún, al exorcismo).
[vade retro alma impía!]
Fue en esa época en la que desarrollé una habilidad innata para desaparecer de las clases. Cuando sabía que se iba a celebrar oficiar una misa (a veces no avisaban las muy pícaras) hablaba con mi madre:
¬ Mamá, hoy hay misa, no voy a clase. Hazme un justificante...
[evasión o victoria]
Y así, de paso, encontré la excusa perfecta para no ir a clase. Mi madre debía pensar que el colegio era lo más parecido a una iglesia. Y las pocas misas sorpresa las aguantaba estoicamente, perfeccionando mi estilo de playback con los sagrados cantos, recitando mis pensamientos en lugar de los rezos, aguantando el asedio cristiano.
Y la comunión se acerca y tú, como niño que eres, quieres celebrar esa fiesta, quieres regalos, quieres jolgorio, quieres protagonismo. Ese día tus profesoras (aquellas a las que había que llamar hermanas aún siendo las esposas de cristo, ¿no era más apropiado cuñadas?) se mostraban radiantes y posaban en todas las fotos que podían, y te repetían los salmos, y te limpiaban el rosario...
Dejas el colegio, no sin antes recibir una charla sobre sexualidad impartida por dos tertulianos lobotomizados que, seguro, no eran de este planeta (quizá raelianos?). Ver a una pareja jóven defendiendo la más absoluta castidad (los genitales como adorno) me pareció tremendamente triste. Pero lo respeto, cada cual que haga con su vida lo que quiera. ¿A cuántos infelices convencerían?
Y sales del colegio y la religión te persigue, aunque tú corres más.
¬ ¿Quieres confirmarte?
¬ Sí, te confirmo que soy ateo y, si me apuras, agnóstico.
Tengo Fé. Fé en que cumpliré mis sueños...
[soñador]
... Fé en que viviré el tiempo suficiente ...
[apurando la vida al máximo]
... Fé en que encontraré la felicidad.
[iluso]
Todos necesitamos creer en algo, algo que para muchos es el motor de una vida entera. Cada uno que crea en lo que quiera, yo sé muy bien en qué debo creer.
Metafísica
Abril 19, 2003
Vivir es una ilusión
Este mundo no tenía sitio para él. Nació por cesárea una tarde nublada de Mayo, cuando el sol ya agonizaba. Abrió los ojos y vio a su madre, exhausta y pletórica. Su padre estaba demasiado ocupado surcando los cielos en primera clase de algún avión. ¿Cuál sería su destino esta vez? Tokio, Pekín, Sao Paulo, Nueva York, Londres... Cualquier sitio a miles de kilómetros. Su madre compensó con su calor todo lo que su padre fue incapaz de darle.
Su padre, figura distante y autoritaria. Esclavo de su trabajo, el número uno en su profesión, farolillo rojo en la vida. La cuenta del banco crecía a la misma velocidad que desaparecían sus recuerdos. Nunca estaba seguro de conocerle. Y cuando volvía, en un paréntesis de sus infinitos viajes, no tenía tiempo para nadie. Sentado en su trono, observándolo todo, cerca y lejos a la vez.
Su madre siempre compensando, siempre disculpando.
¬ Papá está muy ocupado. Pero vendrá, siempre viene. Está cerrando tratos con gente importante hijo.
[algún día seré como él]
Compensó la ausencia de su padre con la imaginación. Se veía vestido como él, sentado en la cabecera de una mesa infinita. En una sala suntuosa que se alargaba más allá de donde llegaba la vista. Cientos, miles de personas escuchándole. Todos con sus plumas estilográficas a punto de estampar una firma en un papel que hipotecaría sus vidas para siempre pero que les haría más ricos aún.
[vender su alma al diablo]
¿Eso es lo que quieres ser? Entonces su imaginación le llevaba por otra senda. Recordaba aquellos documentales sobre los años sesenta y el movimiento hippie. Amor libre, despreocupación, música, la mochila como única compañera. Escribiría su futuro con las letras de la psicodelia.
Su cuerpo se desarrolló, su voz cambió, le creció la barba. Iba a comenzar una carrera.
¬ Quiero ser artista, aún no sé de que tipo, pero dedicaré mi vida al arte.
¬ ¿Artista? ¿Mi hijo un artista? No. Tú estudiarás algo serio.
[tú serás como yo]
Por primera vez algo fue más importante que sus multimillonarios contrartos, por primera vez escuchaba la voz de su hijo, aunque sólo fuera para contestarle.
¬ Hazle caso a tu padre. Mira lo que ha conseguido con su esfuerzo.
¿El qué? Una familia rota que guarda las apariencias, una mujer amargada en la sombra, un hijo solitario, una casa kilométrica. Pero, ¿para qué? La felicidad es una de las pocas cosas que no puedes comprar.
[y que nadie te venderá]
Recogió sus cosas, juntó el poco dinero que tenía y salió de aquella mansión vacía. Trabajó de lo que pudo, ganó poco dinero a costa de la más cruel explotación. Empleo basura, vida apestosa. Aprendió a valorar lo poco que tenía y descubrió que la felicidad no entiende de clases.
No tuvo suerte y, aunque terminó la carrera, nunca pudo tener su estudio propio. Algún trabajillo mal pagado, alguna portada para una casposa revista, algún logotipo para una empresa familiar (y condenada al fracaso). Pintar le relajaba, diseñar le emocionaba. Su modesto ordenador (su mísero sueldo no daba para más), un piso compartido y su imaginación cada vez más carcomida por el fracaso.
Pero ya era gorra roja. Ya no tendría que conformarse con cobrar en una caja y sonreir a los clientes cada vez que pedían un sandwich de pollo. Ahora tenía más responsabilidad.
[con el mismo sueldo]
En todos esos años nunca supo de su padre. Su madre le había llamado alguna vez, le había enviado dinero.
¬ Vuelve a casa hijo, tu padre te acojerá otra vez. No seas tan orgulloso como él.
El tiempo no perdona y la muerte no se deja sobornar. Su padre tenía cánder y, en su lecho de muerte, le había llamado. ¿Para qué? Quizá quería recordarle que no había sido nada en esta vida, para decirle que se equivocó, para restregarle su fracaso.
Buscó un hueco sin querer encontrarlo, se entretuvo en cosas que podían esperar, retrasó su visita. Hasta que fue demasiado tarde...
En el entierro muchos llantos, demasiado dolor fingido, demasiada hipocresía. Él fue el único que no lloró.
[tenías algún amigo?]
Su madre fue la única que lloró de verdad, sentimientos verdaderos en un océano de mentiras. Él no podía, no sentía la necesidad de hacerlo, estaba vacío. Lo peor de todo es que no le echaría de menos.
¬ Papá, has conseguido que sea como tú.
Realismo ficticio
Abril 18, 2003
Unplugged
Desconectado, así es como me encuentro. Mientras que en todo el país se escucha el redoble de los tambores en procesiones centenarias, los santos se pasean por las ciudades aclamados por la multitud, mientras que muchos se abandonan a dónde les lleve el viento, cuando algunos se desesperan en un atasco que no entiende de conflictos humanos, yo estoy sólo.
Llevo todo el día en estado de letargo, me cuesta mucho hacer cualquier cosa, por poco esfuerzo que requiera. La pereza me ha picado con su aguijón y no tengo fuerzas ni para buscar el antídoto. Menos mal que mis recuerdos quedan cerca y puedo navegar por el océano que es mi mente sin apenas moverme de la silla. La música me acompaña en tan singular travesía.
"I'm on my way down now,
I'd like to take you with me
I'm on my way down"
Minute Of Decay (Marilyn Manson)
Poco a poco, despacito y con buena letra, voy saliendo del letargo. Los recuerdos nunca fueron un buen refugio. Salgo de la estancia donde se almacenan los vídeos de toda mi vida, dónde se apilan millones de cintas, un montoncito siempre cerca de la pantalla. Pocos son los felices, pero los tengo muy bien guardados. A mi derecha el armario negro donde se almacenan todas las cosas malas que me han pasado y que me pasarán, mi Caja de Pandora particular que, curiosamente, no tiene cerradura. Revoloteo por la estancia, pensando en no pensar, intentando poner la mente en blanco...
[es imposible]
... y silenciando mi voz por un momento. Miro el dichoso armario como siempre lo he hecho: como una tremenda tentación, un mortífero placer. De vez en cuando deja escapar alguna cosa, algo del pasado. Lo suficiente para que siempre tenga la cabeza ocupada. Cuando te has olvidado de todo lo malo, cuando te parece que no tienes preocupaciones, siempre hay algo que se filtra. Un recuerdo que te asalta y que intenta quitarte el sueño.
Intento no mirar nunca atrás, pero es imposible. Me quedo con mis errores para intentar no repetirlos.
[nunca]
Aquel que quiera presentir su futuro deberá comprender primero su pasado.
Siempre he pensado que el ser humano es masoquista por naturaleza (por obra y omisión) y que siempre se refugia en sus malos recuerdos (a veces con premeditación y alevosía, como le gusta tanto decir a los forenses) aunque las cosas no vayan mal. Yo me refugio lo justito.
"I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that's real"
Hurt (Nine Inch Nails)
Vuelvo a conectar todos los cables en su sitio y salgo de mi letargo...
[lentamente]
Yo, me, mí, conmigo
Abril 17, 2003
La Caja de Pandora
Ayer estuve cenando en casa de un amigo. Comida rápida cocinada con mucho cariño y unas patatas con una salsa (brava?) de sabor indescriptible. Un placer para los sentidos.
Inmersos en conversaciones y risas, narrando historias y alguna que otra estupidez. Dejando que la televisión nos hiciera compañía sin prestarle la más mínima atención...
[narradores de sueños]
En un momento indeterminado de la noche llamé a un antiguo compañero de trabajo con el que hacía tiempo que no hablaba.
¬ Estoy en Alemania!
Sudores fríos inundaron mi frente, pensando que tenía que pagar una llamada a Alemania, me harán cliente preferente de Amena.
¬ Tranquilo, tú sólo pagas hasta los pirineos...
[lectura de pensamientos]
Me cuenta que seguramente se encuentre con un despido improcedente a su vuelta de vacaciones. El director general (niño con apariencia de hombre, caprichoso compulsivo, la soberbia personificada, el más tonto de los mortales) vuelve a las andadas. No parará hasta que no acabe con todos.
Me cuenta los motivos y me sorprenden tanto o más que los que me impulsaron a mí a buscar otro trabajo. Negarse a ir a un cliente a dos horas y media de su casa. Si toda España protestó por el famoso decretazo y los cincuenta kilómetros, por esto montarían una revolución.
Una jugada maestra del director, forzar la máquina y buscar una excusa para justificar un nuevo despido.
[Abriendo la caja de Pandora]
La Semana Santa nunca me ha entusiasmado. Cuando era pequeño la esperaba ansiosamente porque significaba viajar al pueblo (a dónde si no?) y ver a todos mis amigos. Pero ahora lo único que deseo es que me dejen sólo en casa.
[imposible]
Hoy tengo otra cena (y no es de negocios) en una casa. Me encantan las cenas entre amigos, las tertulias, las bromas, las palabras. Esas cosas que luego, con el paso del tiempo, se recuerdan con nostalgia. Escribiré un poco más en mis recuerdos.
Y mientras tanto, dejaré que mi peluche cuide bien de que nadie abra mi caja de pandora.
Yo, me, mí, conmigo
Abril 15, 2003
El Sol
Cuando he salido de casa aún dormía el sol. Hoy me tocaba viaje de negocios curro a Valencia. El móvil y sus incansables alarmas han sonado puntuales a las cinco y media. Hacía años que no me despertaba tan pronto. Abres los ojos y casi te mareas. Si tuvieras que hablar con alguien no podrías, tus cuerdas vocales están aún pegadas.
[sonidos guturales]
Coges el teléfono y marcas el número de Radio Taxi.
¬ Independiente buenos días?
Independiente? Desde cuándo son independientes? Mueves la cabeza en una negación demasiado torpe.
¬ Quería un taxi para las seis y media...
Sabrá llegar el taxista?
Poco a poco vas saliendo del letargo en el que te encuentras sumido. Lentamente, siguiendo alguna extraña (y ridícula) coreografía vas preparándote. Una ducha, un café mal hecho, una galleta integral que sabe a rayos y que absorve medio café...
[como la ballerina]
Son las seis y veinticinco y ya está llamando el taxista. Quizá no te hayan entendido bien cuando has dicho que a las seis y media. Menos mal que paga la empresa.
Y del taxi al coche. Y en el coche trescientos kilómetros.
La mañana pasa y, enfundado en tu traje estilo mafioso, degustas un maravilloso kebap...
[comida de empresa?]
... y vuelves al tajo.
La carretera es perfecta para pensar en lo que quieres echar de tu mente. Ves el atardecer, disfrutas del campo y deseas llegar cuanto antes a la ciudad. Las líneas, a veces contínuas, a veces discontínuas, parecen decir algo. Es como tu vida. Cuando te encuentras agusto en una línea contínua, cuando todo parece estabilizado, llega la maldita discontinuidad. Algo se rompe, algo deja de existir, muchas cosas cambian. Y, durante un tiempo, se suceden las discontinuidades. Empezar algo para no acabarlo. Tiempos de vacío o de vivir intensamente. Piensas y piensas. Tres horas de psicoanálisis no le vienen bien a nadie.
Y mientras tú piensas en cómo el destino juega contigo siempre que quiere, en que las cosas nunca son lo que parecen y que, aunque lo sean, siempre desconfiaremos de ellas. Y mientras tú reflexionas el sol se esconde, lenta pero inexorablemente. No te esperará despierto, no hoy.
Mañana te buscaré.
[no te escondas]
Infiernos laborales
Abril 14, 2003
Stairway to Heaven
Alguna vez me he preguntado qué se siente al volar. Verlo todo desde otra perspectiva, sentirse totalmente libre. Hubo un tiempo en el que realmente creí volar, creí poder elevarme por encima de todo y de todos. Planear, volar sobre las nubes o, simplemente, hacer un vuelo rasante.
[vivir]
La vida, las circunstancias, el destino... me devolvieron de una patada al mundo real. Ese mundo donde las alas se atrofian, donde las distancias son, a veces, insalvables. Los dominios de la rutina.
[morir en vida]
La vida da muchas vueltas. Lo que ayer fue blanco hoy quizá sea negro. Lo que nunca sabremos es qué color empleará el destino para pintar nuestro futuro próximo.
[incertidumbre]
Siempre confío en que después de la tempestad llega la calma, los nubarrones se apartan y las nubes se levantan.
[el corro de la patata]
Poco a poco, despacito y con buena letra, las cosas se normalizaron. Volar aún no podía, demasiadas cosas me engancharon contra el suelo (el maldito suelo). El tiempo pasa y las cosas cambian. Conoces a gente, cambias de aires. Tus amigos, los de siempre, siguen ahí.
[nunca se fueron]
Comienzas a disfrutar esas pequeñas cosas que, durante mucho tiempo, pasaron desapercibidas, dejaron de existir. Las locuras te embargan, y las buscas. Experimentar otra vez, dejarte guiar por las corazonadas. No planear el futuro más allá de mañana. Lanzarse a la piscina.
[improvisar]
Esto es lo que me ha guiado durante este fin de semana. Lo que me ha llevado a un lugar totalmente desconocido.
Ciudadano del mundo, nunca lo suficientemente cosmopolita pero con muchas ganas de conocer cosas nuevas. Me monté en un tren con la mochila rebosante de ilusiones y la cabeza hecha un lío por sentimientos encontrados. Nervios, anhelos y expectación se unieron para formar un todo: ilusión.
En Madrid el primer percance: línea diez de metro cortada (la Ley de Murphy siempre se cumple), menos mal que podía ir en tren.
[típico en mi vida]
El viaje se hizo interminable. Casi al final del trayecto leí en el periódico que el día anterior un tren había descarrilado en el mismo trayecto... Esta vez Murphy no tuvo razón y llegué sano y entero a mi destino.
Me encantan las ciudades, soy un animal urbano (y nocturno). Esas calles que podrían parecer iguales para un hipotético observador, para mí escondían miles de secretos. Cuantas cosas habrían visto esas paredes? Algunos llantos, muchas sonrisas, todos los besos y demasiadas sensaciones, todo ello impreso con tinta transparente.
[jeroglíficos urbanos]
Olvidar por unas horas los Cien Años de Soledad. Escribir una historia sin imaginar un final, vivir cada momento sin esperar lo que venga después. Inmerso en conversaciones inconclusas que retomar, sintiendo cómo las horas se convertían en minutos y los minutos en segundos. Intentando atrapar un tiempo que se me escapaba por momentos.
[jugar con el tiempo]
Las cosas no suelen ser como parecen y el hotel no iba a ser una excepción. Vista en su página web, la habitación parecía hasta buena pero, en realidad, no era más que un zulo con pretensiones. Lo importante estaba dentro, cuando salíamos sólo quedaba la tristeza.
Y el sábado la ciudad se transformó. Aquí y allá se escuchaban los tambores, gente disfrazada con sus mejores galas...
[la ropa de los domingos]
... y otros ataviados con sus capuchas de cuerpo entero (los capuchinos). Y yo, corvertido en reportero del periódico de mi vida, guardando todo en mi memoria.
La imponente catedral dominaba la plaza y yo preparaba mi cámara mientras huía de una gitana empeñada en endosarme una rama de olivo (de olivo?). Me cogió una mano, después la otra. Recitó una amalgama de frases genéricas que, se supone, eran mi futuro y puso la mano para recibir la donación: un euro y un adiós para comprar sus mentiras.
¬ Tendrás tres hijos muy bonitos.
[compré mi futuro por un euro]
En la catedral unas fotos a escondidas (todas desenfocadas y sin flash) y más sonrisas robadas a quién me las regalaba.
[transgresor]
Comimos lo que pudimos, fumamos poco y nos entendimos demasiado. Buscamos sin saber qué encontaríamos, encontramos cosas que quizá no buscábamos y vivimos al límite, sin pensar en lo que nos depararía un futuro que no quisimos escrutar. Sólo aquella gitana se atrevió a mirar donde nosotros no quisimos.
[visionaria]
Deambular sin rumbo, perderse en una calle para encontrarse en la siguiente, aprenderse un camino para descubrir que siempre hay uno más corto. Andar sin un destino fijado, guiados por una conversación interminable. Cruzar un puente y dejar que nos acaricie el viento...
[caminante no hay camino...]
...volar por un fin de semana.
Pero la realidad, siempre la puta realidad, consigue devolverme de una patada a sus dominios. La vida vista a través de un prisma que nunca entenderé pero que no tengo más remedio que aceptar. La rutina me espera en la estación.
[la evitaré?]
Mientras tanto sigo mirando el presente y evito pensar en lo que pasará mañana. El tiempo lo pone todo en su sitio, para bien o para mal.
[juez y parte]
El fin de semana en el que vivimos peligrosamente sin mirar hacia delante, disfrutando de un tiempo que quizá no se vuelva a repetir.
[símplemente genial]
// escrito en mitad de ninguna parte, inmerso en el viaje de vuelta a la realidad //
Yo, me, mí, conmigo
Abril 10, 2003
Comercial de sueños
Duerme...
Comencemos el viaje por el mundo de tus sueños. Yo te guiaré, no tienes nada que temer. Símplemente déjate llevar.
Has cerrado los ojos? Bien, ese es el primer paso. Abandónate poco a poco, siente cómo tus párpados pesan cada vez más, deja que tu respiración se estabilice.
Buscaremos en tu subconsciente, recorreremos el pasillo de tus anhelos, huiremos de tus temores. Yo te guiaré, aunque tus ojos no puedan ver donde pisas, confía en mí.
[siempre]
Qué tenemos aquí? Una puerta. La abriremos despacito, no hay prisa, el tiempo aquí es infinito.
Bien, abre los ojos, aquí comenzamos nuestra andadura. Estamos en la antesala de los sueños. Dónde quieres ir primero?
Me dejas elegir a mí...
El primer beso, uh, veo que lo guardas en una cajita de cristal, cerca de una ventana donde siempre le dé la luz. Aún lo recuerdas verdad? Ahora experiméntalo otra vez como si fuera hoy aquel día. Lo sientes? Esto no es nada, nos queda aún mucho camino por recorrer.
Cierra los ojos otra vez, deja que te guíe, entremos en una viaje recursivo. Pon la mano aquí y empuja suavemente.
Abre los ojos otra vez. Ves todas esas camas? En todas duermes tú, son todos los sueños que has tenido en tu vida, de algunos te acuerdas, de otros no, pero aquí están todos.
Para repetir el sueño no tienes más que acostarte en la cama, en la que quieras. No, no sigas por ahí, no ves cómo se agita? Eso es una pesadilla. Que no tienes miedo? Entonces entra, te despertaré en un momento, no quiero que sufras, no aquí, en tus sueños.
[nunca]
Ves a esa niña? Esa eres tú con cinco años. Observa cómo esa sonrisa no se borra de su rostro, fuiste feliz. Quieres saber con qué está soñando? Sí? Sólo tienes que desearlo y tumbarte con ella en la cama.
Las paredes no existen en esta habitación, las camas llegan más allá de lo que puede abarcar la vista, el cielo es el único techo y bajo tus pies hay una nube. Mira quién está en esa cama, eres tú esta misma noche, soñando que entras en tus sueños. No es increible? Ese es el único sitio que no puedes pisar de esta habitación. Ya, ya sé que te encantaría entrar, lo veo en tu sonrisa.
No podemos estar más tiempo en la habitación de tus sueños, es demasiado arriesgado. Dónde quieres ir? Podemos navegar por tus recuerdos, por todo aquello que creías olvidado. Veo que te entusiasma la idea. Dame la mano y cierra los ojos. Por qué? Porque no debes conocer el camino, es peligroso que entres tú sóla. Pero no te preocupes, siempre que me llames vendré.
Abre la puerta suavemente. Eso es, ahora puedes abrir los ojos. Sí, hace tiempo que no entra nadie aquí verdad? Está todo lleno de polvo. Aquí se almacenan los primeros años de tu vida. Mira, esta es la primera vez que viste la luz y, ahora, puedes sentir lo mismo que experimentaste en ese instante. Sorprendida eh? Esto no es nada.
Gira un poco la manivela, pero no mucho, adelanta apenas unos meses. Ves? Son tus primeros pasos. Es increible poder experimentar lo mismo otra vez. Te sentías feliz, pletórica, viva. Observa la cara de tus padres, casi están llorando de la emoción.
Aquí está impreso tu pasado, tu presente e, incluso, tu futuro. Sí, has oído bien, tu futuro. Qué? Que quieres verlo?! No te dejaría nunca. Si ves tu futuro ya no será tu futuro, será una historia que querrás cambiar y, entonces, se desmoronará. Y no, no te dejaré ver el día de tu muerte. Ya sé que no me lo has preguntado, pero lo hacen siempre, todo el mundo tiene curiosidad por saber cómo será el día en que deje este mundo. Ni siquiera yo lo he visto, y no lo quiero ver, porque ese día una parte de mí morirá contigo y nunca podré volver a velar tus sueños.
Ves estas alas? Sólo puedo usarlas aquí dentro, fuera no soy nadie. Fuera de esta mente soy una persona anónima, alguien con quien quizá nunca llegues a cruzarte. Además, tengo otra forma, no me reconocerías. Y yo no podría decirte nada, son las reglas.
Creo que hemos tenido suficiente por hoy. Además, va a sonar tu despertador en un momento. Es más, seguramente no recuerdes este sueño, nunca lo recordáis.
Volveré por aquí otro día, nos queda mucho por ver. No me esperes, aparezco de improvisto y me voy antes de lo que desearía. Aunque no me veas, siempre cuido de ti mientras duermes.
Quién soy?
Nada y todo a la vez. Un viejo amigo anónimo, el hijo que nunca tuviste, la madre que nunca te engendró, el hermano nonato que siempre quisiste tener, la media naranja que murió antes de que tú nacieras.
Soy tu Comercial de Sueños.
Metafísica
El Final
Llevo todo el día saltando de nube en nube, uniendo pequeñas cabezadas para simular que sueño despierto. He dormido poco y mal, aunque parece que no me ha pasado factura...
[ya lo veremos mañana]
Aunque me gusta mi trabajo, siento como poco a poco intenta absorver el poco tiempo libre que me queda, como si fuera una inmensa balleta de esas que no dejan ni gota. Asumo esto como transitorio y lo veo casi como parte de mi profesión.
[vivir para trabajar...]
Soy joven y, por el momento, lo llevo bien. Pero no me imagino dentro de unos años, cuando tenga una familia, viendo a los míos el tiempo justo, perdiéndome los primeros pasos de mi hipotétic@ hij@, ignorando (y no por voluntad propia) las inquietudes de mi pareja, pagando con mi sudor una hipoteca que no puedo disfrutar, viviendo en una oficina. Prefiero buscar la felicidad que esperar a que venga a por mí (porque nunca llega). Buscar el equilibrio perfecto, el punto de inflexión, el centro de gravedad. Sólo busco encontrar la fórmula de la felicidad.
[...trabajar para vivir]
Hoy ha sido uno de esos días extraños, en los que a veces me parece estar un bucle espacio-temporal. El reloj me juega malas pasadas: cuando el tiempo me sobra hace que todo trancurra tan
l e n t a m e n t e . . .
Pero cuando el trabajo me asalta, cuando se me acumulan las cosas, los minutos parecen volar y desaparecer ante mis ojos, el Sol se esconde oponiendo resistencia, pero la Luna es más fuerte. Oscurece y yo sigo aún sentado frente a una pantalla. Me faltan las horas, me sobran los números.
Y es entonces cuando los engranajes de mi cerebro comienzan a chirriar, se atascan y se me nubla la vista. Descuelgo el teléfono, marco, y me evado durante unos minutos. Recargo las pilas lo suficiente para dar el acelerón final.
Y llego a casa tan cansado y tan bloqueado que no soy yo mismo, soy una sombra, una burda copia.
[autómata]
No llego a tiempo de poner las noticias (ultimamente vivo en la completa desinformación) pero ya sé que la guerra se ha acabado. Todo en esta vida tiene un principio y, a veces por desgracia, un final. No sé cómo ha sido, pero me lo imagino. He visto la foto del soldado americano colocando una bandera de su país sobre una estatua de Sadam y casi me ha dado vergüenza. Parecía estar diciendo:
¬ Os hemos conquistado.
Cuando tenía que haber dicho, para ser consecuente con lo que proclamaba el señor Arbusto:
¬ Os hemos liberado -mientras colocaba una bandera de Irak sobre la estatua.
O también, para recordar el motivo de la guerra:
¬ Os hemos quitado el petróleo, infelices -mientras colocaba el logotipo de la petrolera sobre la estatua.
Las cosas nunca son como nos las quieren hacer ver.
Infiernos laborales
Abril 08, 2003
Bombas inteligentes
Esta guerra es surrealista (alguna no lo es?). Una guerra a la que se opone la gran mayoría de la población, una guerra materialista (cuál no lo es?), prepotente y soberbia.
Cada día mueren demasiadas personas en el campo de batalla, en las calles de cualquier ciudad iraquí, en sus casas, bajo un techo supuestamente protector.
Cuando oigo expresiones como Fuego Amigo, me entra la risa. Quién se inventó esa expresión? Sí, fuego amigo, el que mata a tu aliado en vez de al malvado enemigo. Ese enemigo invisible, con el rostro manchado de sangre y que quiere matar a nuestros marines... Ese tirano que tiene tanto petróleo y que me dará todo el poder...
[fuego amigo?]
Y ya, lo de misiles inteligentes, es increible. Si esas bombas, si esos misiles, fueran realmente inteligentes, cambiarían su rumbo e impactarían de lleno en la cara del que los tiró. Si esos misiles fueran inteligentes no serían misiles, no elegirían un destino tan cruel. No matarían en nombre de otros.
[inteligentes?]
Mientras tanto seguirá muriendo gente, seguirán cayendo bombas, seguiremos llorando por nuestros muertos. Y lo peor de todo es que ni siquiera se salvan de morir aquellos que luchan por contarnos, por filmar lo que los ojos no quien ver. Por estar ahí.
Siempre he oído decir que No hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Salgamos de ahí y dejémosles que hagan su guerra, que jueguen a los soldaitos, a ser Dios. Olvidemos sus caras y luchemos por los que allí mueren cada día, por gritar más alto que nadie para que esto se acabe, pero sin pronunciar su nombre. Borrémosles de nuestras memorias, multipliquemos por cero sus recuerdos, hagamos que dejen de existir en nuestra historia.
El mundo sería mejor si gente así no existiera.
Prefiero no estar informado a estar manipulado.
Cosas que pasan
Nuevos amigos
Hoy era día de estreno. Al despertar he sacado de su caja los relucientes zapatos que me compré ayer (esos que no me hubiera comprado si no tuviera que llevar traje y corbata al trabajo). Al salir una sonrisa:
¬ Nos vamos a llevar bien.
¬ Eso espero.
Te los calzas y, al principio, todo parece ir bien. Los zapatos se adaptan a tu pie y tú te adaptas a ellos. Simbiosis, la relación perfecta...
[pobre iluso]
Poco a poco comienzar a rozarte, lo notas. Sabes que va a ser un día infernal. Andas despacito, como un viejecito, teniendo cuidado de dónde pisas. Un paso, dos pasos, tres pasos... bien, sabes andar.
Llegas al trabajo y la mañana comienza ajetreada, aunque promete una grata sorpresa. A media mañana te la presentan. Está radiante, tan blanquita, tan perfecta, tan acabada: tu tarjeta.
¬ Hola!, soy tu nueva tarjeta.
¬ Hala!
¬ Con la que podrás vacilar delante de tus amigos, la que darás a todos tus conocidos, la que endosarás a toda tu familia. Además, podrás hacer eso que ves siempre en las películas y que ves hacer a tus jefes: dar tu tarjeta a un cliente.
La vida de una persona está marcada por dos sucesos significativos. Uno es el día que puedes decirle a alguien: habla con mi abogado. Y la otra, cuando le dices: toma mi tarjeta. Y yo ya he pasado por eso, estoy preparado para la vida moderna.
[tremenda estupidez]
Así que seguiré arrancando días del calendario mientras reflexiono sobre cuestiones tan estúpidas como esta. ¿Cómo sería la vida sin estas pequeñas cosas?
[aburrida]
Yo, me, mí, conmigo
Abril 06, 2003
Amenápolis
Ayer cerré los ojos a las seis. No tuve que hacer esfuerzos para dormirme, símplemente entré en el mundo de los sueños como el que cae por un pozo. Me encanta dar vueltas en la cama sabiendo que al día siguiente no tendré que madrugar. Abrir los ojos pronto y pensar que puedes dormir unas horas más, burlarte del despertador que te mira resignado desde la mesa y decirle:
¬ No me esperes despierto.
A las doce recibo una llamada. Mi madre me pasa el teléfono como el que pasa una patata caliente: quema.
¬ Buenos días, le llamamos del departamento comercial de Amena.
[un domingo a las doce?]
Gruño un poco y emito una serie de sonidos guturales con el fin de auyentarla, pero es imposible, sigue ahí.
¬ Le llamamos para confirmar sus facturas y decirle que hasta la fecha ha gastado usted ochenta y nueve euros.
¬ Sí.
[que vas a decir si no?]
¬ Y queríamos saber si esto va a ser una situación normal o no. Ya que a este ritmo usted gastará doscientos euros en este mes.
[!?]
Vuelves a la realidad de una patada y piensas que no es nada normal gastar doscientos euros en la factura del móvil. Tú, que estabas acostumbrado a las tarjetas prepago, que no gastabas ni un duro. Hay que recortar gastos.
¬ Sí, es algo excepcional.
[en todos los sentidos]
¬ Perfecto, era sólo por consultarlo.
Y se despide. Y yo me quedo pensando en el motivo de esa llamada. Me parece que ha sido para asegurarse de que soy solvente y puedo pagar la factura. Cierro los ojos y vuelvo al territorio de los sueños, donde puedo hablar con el móvil (también literalmente) sin que nadie me cobre nada, dónde puedo hacer que sea viernes en lugar de lunes, dónde puedo volar a cualquier lugar del mundo sólo con imaginarlo.
Technology victim
Abril 05, 2003
Viaje en el tiempo
Aún sigo buscando las horas que se me perdieron ayer. Busco en mi memoria pero no las encuentro. Es como si hubiera llegado a casa antes de salir.
Anoche estuve con los compañeros de la antigua empresa, juntos por un bien común. Llegué tarde (como dos horas).Habíamos quedado en un pub irlandés. Me recibieron con una pinta de cerveza y muchas sonrisas. Vaciles varios, y mucha camaradería. Un compañero cubano nos invitó a unos mojitos y consiguió unos gorros (en plan pescador).
[el mío se fusionó con mi cabeza]
Y después a otro bar...
¬ Que nos invitan a la primera ronda, que luego son baratas, que la música no es mala...
[suficientes argumentos?]
¬ El bar es de un amigo...
[haber empezado por ahí]
Y una vez allí empezó la debacle. No sé lo que tenía la bebida, no sé con qué estaba mezclada, pero estaba dispuesta a robarme unas horas de mi vida.
Intento hacerle ver a mi compañero cubano que esto no es como Cuba, que aquí las mujeres son distintas, que aquí no es llegar y besar el santo, pero no me hace caso. Se queda parado cual poste cerca de la barra, con una pose sugerente y quemando a la gente con su mirada, estrategia muy buena si eres una estatua.
¬ Joder, mira a esas.
¬ A quién?
¬ A esas joder, las que tienes detrás...
¬ Pero si cualquiera podría ser mi madre...
[y no ser el hijo mayor]
¬ Además, yo paso.
Mi compañero se acerca dando tumbos y se presenta a todas, que no ponen muy buena cara.
¬ Hazle cobertura joder.
¬ Qué?! Yo paso joder, habría un conflicto generacional...
... y me río ...
Así que al final me acerco con el fin de hacer bulto. Me presento a todas (eran ocho pero me parecieron mil, eso no acababa nunca). Hago un par de comentarios mientras pongo en práctica las maniobras de evasión.
[otra copa]
A una hora indeterminada decidimos irnos, no sabemos dónde, pero irnos. Poco a poco los demás se van marchando a casa y yo acabo cogiendo un taxi.
El trayecto a mi casa es infernal. Mi estómago baila, da vueltas y salta, está loco. Cuando yo ya he acabado la fiesta la empieza él.
¬ Ya nos podíamos sincronizar alguna vez joder, que siempre me haces lo mismo...
Una calle, una curva, un frenazo (frenazos no por dios). Pienso que como no llegue pronto a mi casa me va a matar, mi estómago acabará saliendo por mi boca y será libre por fin. El muy perro se revela siempre en estos momentos, cuando no puedo ofrecer resistencia. Al final llega a casa, pago y balbuceo un "buenas noches". No miro el reloj y me acuesto en la cama, entrando por la puerta de atrás en una gran discoteca.
Baja una bola reflectante del techo, se enciende la música, las paredes se llenan de brillantina, la cama da vueltas (y vueltas y más vueltas) y mi estómago hace de gogó. Las cosas no son lo que parecen y yo cada vez me mareo más. Y lo mejor es que no he bebido apenas.
[garrafón?]
Yo, me, mí, conmigo
Abril 04, 2003
El mundo lo rige una corbata
Para bien o para mal, el mundo lo rigen las corbatas. Hombres (por suerte, cada vez hay más mujeres) encorbatados, ceñidos en su traje, ajenos a todo lo demás. Criaturas del asfalto, engendros de la gran cuidad. Lejos de ser un complemento inocente, la corbata intenta controlar tu mente. Por la mañana te mira con su sonrisa burlona y cuando te la pones te estrangula. Si ella quisiera te dejaría sin respiración en un instante.
Maletines, bolsas de piel, mochilas de diseño, todo vale. Las preocupaciones en la cabeza, el stress en el bolsillo, el móvil sufriendo ataques epilépticos continuos, vivir la vida como una carrera donde lo más importante no parece ser participar.
¬ Tenemos que dar una imagen.
... y después podremos apuñalar por la espalda, porque no nos ven venir...
y te fijas, reflexionas, y te das cuenta de que la gran mayoría de los presidentes, reyes, cónsules, emperadores, dictadores y demás, llevan corbata. Ya sé que es una estupidez pensarlo, pero, y si el mundo lo dominaran las corbatas?
[estupidez]
¬ Yo al mío le tengo dominado, no dice ni mu.
¬ Eso no es nada, yo cuando el mío se encabrona, le aprieto la nuez y no veas que suave se queda.
¬ Bah, yo conseguí que el mío iniciara una guerra sólo porque un día me desperté encabronada.
¬ Sí, y el mío te siguió, gracias a mí, como un perrito faldero. Hasta ha adoptado tu acento.
[sí, es una estupidez]
Miro hacia atrás inquieto, buscando con la vista mi corbata para comprobar que no se mueve, que no habla. Ahí está, impasible en su percha de metal. Suspiro, al menos la mía aún no se ha vuelto loca. Y cada mañana todas se exhiben para mí, quieren salir a la calle. Lo que no saben es que no tengo gusto para las corbatas y que si las conjunto bien es fruto del puro azar...
Vuelvo a mirar a la pantalla mientras pienso que debería poder volar y transportarme instantáneamente a cualquier parte del mundo, jugar con las distancias, con el espacio. Moldear el planeta como si fuera plastilina. Cambiaría muchas cosas.
Metafísica
Abril 02, 2003
Si amanece nos vamos
Amanece en Madrid. Los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana, la luz lucha por iluminar mi habitación. Y yo, sigo durmiendo. Una alarma, dos alarmas... mil alarmas. Pero yo sigo en mis trece.
[marmotilla]
Una fuerza tremenda une mís párpados, como una legaña descomunal. Lucho por abrirlos pero no puedo. Poco a poco, voy viendo la habitación. Rutina duerme (lleva así desde el miércoles pasado, está hibernando con un cartel que dice No molestar). Sueño (que siempre ha sido grande) ha crecido y anda encorvado por mi habitación, con sus ojeras permanentes.
¬ No quieres un poco más? -su voz me quiere hipnotizar.
[gruñido]
¬ Estoy caliente... vente conmigo a la cama. No pasarás frío... Duerme un poco más.
¬ ... trabajar ... hetero&sexual...
¬ Si lo estás deseando...
¬ ... trabajo ...
[no pasarán]
Consigo apartarle de un manotazo y me dirijo al cuarto de baño. Entonces, fugaz como un rayo de luz, flotando como una nube, aparece otra figura a la que creo reconocer...
¬ Tú?
[no contesta]
¬ Eh, no te vayas, quién eres!
[ha desaparecido]
¬ No puede ser, hace tanto que no se presenta por aquí... Creo que estoy dormido aún. Será Felicidad?, puede que Temores, pero se parecía tanto... Hipoteca no puede ser, no tengo el gusto... Paranoia? No...
[ya se dejará ver]
Tengo demasiado sueño.
¬ Un café?
¬ Vale. Capuccino.
[y así hasta tres]
A media mañana, estoy fumando un cigarro en el rincón del vicio, la narcosala, y llega el operario de la máquina de café. La saludo, me saluda.
¬ Joder todo lo que lleva eso dentro!
[lo primero que se te pasa por la cabeza]
Pasan treinta segundos, quizá un minuto. Le miro esperando un comentario, pero parece que este hombre sigue aún en su cama...
¬ Ah, que me decías a mí?
[joder, a quién si no?]
¬ Pues no está mal este café, en mi antigua empresa tuvimos una que era tomarlo y tenías treinta segundos para ir al baño. No he conocido mejor laxante...
¬ Ah, pues este dentro de lo que cabe no está tan mal...
[el mejor comercial de la historia]
La puerta del baño está atrancada y, cada vez que alguien tiene que entrar le toca bajar al bar y pedirse un café. A no ser que cumplas unos horarios. Probamos todos esos trucos que aprendimos en nuestra etapa de delincuencia juvenil: carnets, tarjetas, radiografías, la danza del viento... Pero nada funciona, no se quiere abrir. Llamamos al cerrajero.
Si no tuviera vocación por lo que hago, si no fuera un soñador, si alguien me hubiera enseñado, sería cerrajero. Es imresionante. Aparece un señor con una caja de herramientas minúscula, aplica el truco de la radiografía (pero con una radiografía profesional, debe ser de Marilyn Monroe por lo menos) y abre la puerta en cinco minutos.
¬ Son ciento cincuenta euros... -y sin despeinarse, que tiene su mérito.
[te mareas]
Y echas cuentas. Si este hombre cobra ciento cincuenta euros por diez minutos, qué cobraría yo por ocho horas? Pues cobraría siete mil doscientos euros al día... Vamos, que se podría ir preparando Bill Gates.
¬ Mamá, yo de mayor quiero ser cerrajero...
Y recuerda, si amanece nos vamos.
Yo, me, mí, conmigo
Abril 01, 2003
Blanco Humano
Nunca llegaría a acostrumbrarse a la maldita arena. No entiende de rangos, no entiende de uniformes, símplemente campa a sus anchas.
La gorra bien calada, el uniforme sin una arruga, la ilusión intacta. Ilusión por vivir.
Aún no ha amanecido pero ya se puede adivinar el rumbo del sol tras las colinas, será un amanecer más. Aquí todos son iguales, la maldita arena lo cubre todo. Ha perdido la cuenta de los días que lleva atravesando el inhóspito desierto, no recuerda cuántas veces han mentido en su nombre, ni cuántas vidas habían segado para siempre. Recuerda la sonrisa de aquel niño comido por la sarna, aquel pequeño hombre que no perdía su sonrisa mientras le miraba desafiante. Moriría, si no de hambre por una bala perdida. Y si no, viviría para odiarle.
[¿que os hemos hecho?]
Y en su casa le espera su madre.
¬ Tranquila mamá, somos marines, llegaré a tiempo para tu cumpleaños.
Católica convencida, estaría rezando por él a estas horas. Su padre, veterano de la guerra de Vietnam estaría contando anécdotas en la barra de un bar y se enorgullecería de él.
[nunca la quisiste]
Su hermana, pacifista de nacimiento, le odiaría hasta la muerte, nunca le perdonaría colaborar en esta guerra. Pero estaba ella, su chica. Planes de futuro, los hijos que tendrían juntos, aquella loca escapada a Las Vegas cuando nunca se habían conocido... Hacía cinco años de todo aquello.
¬ No te alistes cariño, no lo hagas ahora, no soportaría perderte.
Y se alistó. Y ahora está en este desolado paraje, harto de hacer guardias y que no pase nada... Nunca pasa nada... Los días se confunden, las noches pasan despacio, el fusil pesa cada vez más y la nostalgia es una gran bola metálica encadenada a su cuello.
¬ Esta es mi última guerra. No estoy hecho para esto.
La bocina retumba en todo el perímetro y se empiezan a ver los primeros atisbos de actividad, por fin se acababa la maldita guardia.
Un ruido, un silvido que crece y crece, el estruendo de un motor.
¬ Alto!
Más ruido....
¬ Fuego!
Y las balas silbaron, gritaron cortando el aire, ansiosas de llegar a su objetivo. Golpearon, explotaron, agujerearon, pero no pudieron la convicción del piloto. Los últimos segundos fueron eternos, tanto que pensó que se salvaría. Pero una explosión se lo llevó todo.
¬ Adios.
[su último pensamiento]
Realismo ficticio





