Septiembre 29, 2003
Porque tú lo vales
// y sólo tú //
Tú, que eres especial y no te conformas con poco. A ti, que no has hecho absolutamente nada por nosotros. Amig@ que ni siquiera nos conoces, potencial fuente de financiación. A ti, que eres imbécil, te vamos a hacer un regalo.
¬ ¿Por qué? ¿Porque tú lo vales!
No apagues aún el televisor, esto no es un anuncio de compresas. Nosotros no queremos venderte nada, no queremos hipotecar tu vida con lazos innecesarios. No queremos crear una necesidad que antes no existía. No te prometeremos orgasmos al probar nuestra nueva mahonesa, no te diremos que con nuestro coche vas a ligarte a una moza como la del anuncio. No, no te venderemos la moto ni te diremos que, para triunfar en la vida, tienes que pasar nuestros caramelos de generación en generación.
[hasta el fin de los tiempos]
Jamás te diremos que con nuestras compresas con alas podrás volar gratis a Londres. Nadie intentará convencerte de que si compras nuestro desodorante podrás manejar a las féminas como si fueran ganado.
[marcándoles el camino]
¿Que ya no te crees nada? ¿Que no te fias ni un pelo? No te preocupes, no te venderemos brebajes para reforestar tu incipiente calva. Nunca pensamos prometerte que perderás esos kilitos de más comiendo exactamente el doble.
Veo que vas comprendiendo, amig@. No queremos venderte nada, nosotros hacemos regalos.
La voz en mi cabeza seguía entonando una lastimera letanía. Era yo representando una situación imaginaria, evocada por lo que tenía entre manos. A saber: un papel que se puede confundir con un aviso de entrega de paquetes de una empresa de transportes. Todo muy profesional, incluso el aspecto de salir de una impresora matricial modelo escriba de Napoleón, colores llamativos y un teléfono sobredimensionado y teñido de rojo.
[el color de las deudas]
Si bien el panfleto no tiene desperdicio, transcribiré sólo lo más significativo. A la izquierda, con letra de impresora matricial se puede leer lo siguiente:
AVISO:
Siguen pendientes de entrega los artículos de regalo indicados que ******** ****** le remite con nota de agradecimiento por su inestimable participación en su programa promocional...
[¡¿que yo hice qué?!]
... Por tratarse de un segundo aviso y de artículos de considerable valor, rogamos se ponga en contacto con nuestra central de entregas antes de 48 horas para concertar su entrega. Muchas gracias.
[timo de la estampita versión 2.0]
Si bien el mensaje no tiene desperdicio, la lista de artículos es digna de verse (hay que elegir cuatro):
¤ Sistema de Cine en Casa LG Dolby Surround.
¤ Ordenador portátil Apple Macintosh.
¤ 300 euros cheques gasolina.
¤ TV color Sony Dolby Estéreo Teletexto.
[el teletexto es lo que la encarece]
¤ Discman Sony Megabass.
¤ Solarium Portátil Hogar Philips
[ponte moren@ y reduce la sensación de ridículo por sentirte estafad@]
¤ Fin de semana romántico en Parador Nacional (2 Pax).
[te proporcionamos pareja si no la tienes]
¤ Mini Cadena musical Sanyo cib CD.
¤ Teléfono móvil Ericsson.
¤ Telefóno hogar inalámbrico Philips.
¤ Juego de maletas Troley + Neceser de viaje.
¤ Cadena chapada en oro 18K.
[menos que un módem]
¤ Complemento señora o caballero (Colección Exclusiva).
[¿es así como llaman a l@s muñec@s hinchables?]
¤ Microondas Sanyo.
¤ Freidora Hogar 61.
¤ 1 año gratis Canal Satélite Digital.
¤ Mini radio portátil autoscan con auricular.
[como las que usan en la NASA]
¤ Semana de Relax en hotel de lujo a elegir (4 Pax).
¤ Cafetera express ufesa.
¤ Batería acero cocina inoxidable 12 pz.
¤ Fin de semana relax en Caldea Andorra para 2 Pax..
¤ Pasaje para Disneyland París 2 Adultos + 2 Niños.
[te proporcionamos la familia si no la tienes]
¤ Minirobot cocina ufesa.
¤ Cubertería acero inoxidable 24 piezas.
Me imagino a los cuatro infelices llamando al teléfono de captación, pletóricos en su buena suerte.
¬ A mí que nunca me ha tocado nada en esta vida... Ya era hora Manoli, ya era hora. ¡Benditas promociones!
¬ ¿Qué promociones?
¬ No sé, no recuerdo haber colaborado en ninguna... Pero da igual. ¡Somos ricos Manoli!
Yo aún estoy decidiéndome entre la miniradio y la semana de relax en un hotel de lujo a elegir...
[benditas promociones]
Septiembre 28, 2003
La cultura del miedo
Esta tarde, viendo un documental sobre los Neonazis estadounidenses de la década de los ochenta: Años 80: Neonazis en Estados Unidos, me he quedado literalmente boquiabierto.
[del estupor a la carcajada y de la carcajada a la preocupación]
El fanatismo llevado al último extremo, la ignorancia como bandera y las citas bíblicas interpretadas con una dudosa subjetividad. Es curioso, pero en la mayor parte de este documental, uno se da cuenta de que muchos de los que esgrimen estas ideas se consideran profundamente religiosos y justifican sus ideas en citas de la Biblia. La fé, en ocasiones, sufre desvíos enfermizos y absurdos.
Estados Unidos de América, con sus barras, con sus estrellas. Con su hipocresía, con su consumismo. El ombligo del mundo, el blanco de muchos odios, demasiadas envidias y unas pocas esperanzas buscando una vida mejor. El sueño americano que nos transmiten películas teñidas de rojo, blanco y azul. Sentimientos de prospertidad transmitidos por palabras en el idioma del dólar, el petróleo y los misiles. Pero... hay algo más. Algo que no vemos a no ser que miremos más detenidamente, que observemos, que sometamos la muestra a un estudio más profundo: el miedo, y todo lo que representa.
Ya lo avisaba Michael Moore en su película-documental Bowlibg For Columbine. El miedo es el verdadero combustible del motor de destrucción americano.
A medida que avanzaba el documental me quedaba más y más perplejo. Convencido de que lo que estaba viendo sería inconcebible en un país menos militarizado, en un país donde cada ciudadano no tuviera un arma, en cualquier lugar donde la gente no se preparara para la guerra y el asedio cada vez que los medios de comunicación alarmaban estúpidamente a una población confundida por el miedo endémico.
Un orador que aparecía en dicho documental decía que debían estar preparados para la guerra pues había treinta y seis mil camboyanos ocultos en los bosques, otros tantos mil norcoreanos danzando en una montaña cualquiera y unos miles más de otra procedencia que no recuerdo. Además, argumentaba que poseían caballos veloces y entrenados. ¡Que iba a estallar la tercera guerra mundial! Es decir, este hombre pensaba que un ejército similar podía ocultarse en Estados Unidos sin levantar sospechas y que, además, conquistarían el país con caballos... El pobre hombre se aburría mucho en su casa y, cansado de jugar al Risk (aquel geinal juego de estrategia en el que uno podía dominar el mundo con sus fichas de color), decidió inventarse una teoría apocalíptica. Juntó enemigos de su país (no tenía que buscar mucho) y, aunque no supiera situarlos en el mapa, se inventó una trama internacional.
[surrealista]
El título original del documental, Blood in the Face (como veis, es una traducción literal), no es gratuito. Una de las teorías de estos geniales oradores al servicio de la sinrazón era que el nombre del primer hombre no era Adán, sino otro que no recuerdo, de fonética parecida y que significaba sangre en la cara o algo así. Pues bien, según estas lumbreras del pensamiento universal eso indicaba que la única raza pura, la única con permiso divino para vivir, era la blanca. ¿Y por qué llegaban a esta conclusión digna de un premio? Porque, según ellos, son los únicos capaces de sonrojarse realmente.
[!!!]
Lo peor no es que a alguien se le ocurran estas ideas... lo peor es que la gente se las crea.
Miembros del Ku Klux Klan son sus flamantes capuchas estilo estalagmita posando orgullosos. ¿Alguien imagina que, por un momento, un estraterrestre eligiera a un sujeto de este calibre para el estudio de la raza humana? Puede que nos aniquilaran sin pensarlo o que, por el contrario, nos aislaran por nuestro bajo coeficiente de civilización.
[el hazmereir del universo]
En el fondo de todo, el miedo. Siempre ese miedo creado por la inseguridad, ese miedo enfermizo y esquizofrénico. Esa epidemia extendida por todo el país. Constante amenaza, preparación contínua.
Y al final del documental las palabras que uno de los oradores le dirige al cámara:
¬ ¿Le hemos convencido de nuestras ideas después de lo que ha escuchado? ¿Comparte nuestras creencias?
Como respuesta un silencio, un plano vacío donde el negro lo llena todo. El negro que estos personajes odian, el mismo negro de la incomprensión, el color de la congoja.
[yo también respondí con un silencio]
Cosas que pasan
Septiembre 26, 2003
Comerse el mundo
De su infancia le quedaban aquellas fotos viejas, arrugadas por los años y con los bordes amarillentos. Aquella sonrisa no desaparecería con el paso de los años. Aún podía verse en el cuerpo de aquella niña, sentir cosas que había olvidado. Fotos dispersas en una mesa llena de recuerdos. Imágenes cuyo nexo se encontraba en un recóndito lugar llamado olvido.
[ancladas al pasado, presente y futuro]
Contaban los que la conocían que el destino se había enamorado de su sonrisa y, por eso, la trataba tan bien. Aunque las cosas siempre se ven de distinta forma desde la lejanía. La vida le hizo una proposición: te trataré bien si me regalas una sonrisa de vez en cuando.
Ahora, al recordar aquellos tiempos, se sentía como un peón viviendo en su mundo bicolor, esclavo de un tablero de ajedrez donde se le permitía un único movimiento: hacia delante. Viendo pasar por su lado sensaciones que quiso, pero no pudo, recoger.
Las clasificaciones no estaban hechas para ella, pues rompía todos los moldes. Nadie podía meterla en un cajón pues bebía de varias fuentes. Nadie podía encasillarla porque aún buscaba la libertad.
[era una paloma]
En su cabeza, una cámara grababa continuamente. Directora de su propia vida. Una película donde todo se hacía al revés. El guionista, lejos de inventar, se convertía en el cronista de una historia que se reinventaba a cada instante; los actores no aprendían textos, improvisaban. Ella había nacido para contar historias, transmitir sensaciones impresas en una película.
[cámara en mano, ciento volando]
La música formaba parte de su vida, pues no concebía una existencia sin su melodía. Canciones para cada momento y situaciones para cada canción. Siempre encontraba una letra que describiera lo que estaba viviendo. A veces, cuando las cosas no iban bien, enchufaba su discman y se dejaba llevar por las notas, adentrándose en un mundo de sensaciones conocidas pero brillantes. Era en esos momentos cuando su imaginación volaba lejos del mundo que conocemos y se adentraba en el universo de los sueños. El único momento en el que dejaba de sonreír.
Cuentan las leyendas que cuando su sonrisa desaparecía, en el mundo reinaban las tormentas.
Un día se dio cuenta de que estaba harta de vivir para los demás y decidió mirar por ella.
[empezó a vivir]
Cogió su coche como cada mañana, encendió el cassette con una cinta que alguien rotuló con letras apresuradas como Varios y encontró su canción: My Sharona. Se puso sus gafas de sol y repitió un pensamiento en voz alta:
¬ Voy a comerme el mundo.
[nunca más volvieron las tormentas]
Septiembre 24, 2003
Arrugas
Su mano es como un mapa donde alguien hizo resaltar cada camino. Intento tranquilizar sus temblores mientras leo el contenido de una vida.
Mis dedos recorren cada surco, cada vena, cada arruga. Veo alegría en blanco y negro, veo llantos en color. Creo que soy capaz de sentir lo que ella una vez experimentó.
[hace muchos años]
Soy joven y feliz. Mi vida es sencilla pero alegre. Me veo arrancando una hoja del calendario donde alguien escribió el año con letras interminables: mil novecientos treinta. Letras doradas sobre un fondo negro, el oro dominándolo todo. Tengo hambre pero soy capaz de sonreir.
[vivo]
Pasan los años, llegan las guerras. Por mi cabeza pasa un horrible sentimiento de incertidumbre, no puedo entender cómo aquellos que ayer eran vecinos hoy se matan.
Las calles antes estaban limpias, hoy rezuman odio. El odio es verde, es un gas pestilente que se cuela por cada ventana, que busca los ojos para cegarlos, que ansía las mentes para corromperlas.
[que mata]
Los tiros, las malditas balas, los cuchillos infernales. Puntas, filos, muerte. Cada semana llegan viajantes contando sus historias. Ambos bandos ganan, todos pierden. Así es la guerra y así la estoy viendo.
[en mi viaje al pasado]
Entonces, cuando la vida está comenzando a perder su alegría apareció la persona con la que pasaría el resto de mi vida. Miradas capaces de matar, cercenadas por la censura social que nos habían impuesto. Sentimientos, anhelos, que la santa iglesia tiñió con el color de la heregía, del pecado, del rojo más intenso entre los tonos del infierno. Me casé de blanco, por la santa iglesia. Tres hijos en no muchos más intentos. La represión mirando por cada ventana, espiando en cada cerradura, oculta en cada esquina. La maldita represión que todo lo veía.
En mi vida conocí una República, una Dictadura y una Democracia. Nunca me importó el sistema político mientras tuviera algo que llevar a la boca de mis hijos. Distintos poderes, la misma vida.
Envejecí dignamente, recogiendo los frutos que fui sembrando durante toda mi vida. Unas semillas que fueron creciendo y acabaron formando un vergel de experiencias. Una infinidad de huevos que fueron eclosionando poco a poco. Mi vida, nuestras vidas, creciendo como una enredadera milenaria cuyas raíces no somos capaces de recordar.
Me dediqué a vivir como me enseñaron, como aprendí poco a poco, tal y como transmití a mis descendientes. Y el tiempo pasó.
[lentamente]
El tiempo es caprichoso y, mientras que en la juventud se acelera, cuando llega la madurez estabiliza su ritmo. Parece como si la edad disfrutara más en la madurez y quisiera alargar este período hasta la saciedad.
Entonces, como es ley de vida, llegó la muerte con su guadaña a sembrar el terror entre los ancianos del lugar. Vi morir a muchos amigos, no pude despedirme de ellos, sólo llorar su muerte. Un día la muerte llamó a mi puerta:
¬ No vengo a por ti, vengo a por él.
Y se lo llevó. Se llevó parte de mi alma, se llevó un pilar de mi vida, que aún cojea renqueante. Lloré como no lo había hecho nunca, sentí rabia, insulté a ese Dios que, según nos enseñaron, era todopoderoso. Grité por dentro porque, por fuera, no podía. Recibí el pésame hipócrita de algunos y el silencio sincero de otros. Odié al párroco el día del entierro pero, aún así, volvería a la iglesia cada día. Al fin y al cabo, sólo me quedaba Dios.
Aprendí a vivir con la soledad. La senté a mi mesa, a tomar un café, a hablar de las horas perdidas.
Y ahora, justo en este momento en que la caprichosa salud hace que mi cuerpo tiemble y mi estómago se retuerza, estoy agarrando la mano de mi nieto.
Veo el futuro en sus ojos porque, en los míos, sólo queda pasado.
Yo, me, mí, conmigo
Septiembre 22, 2003
Estafado
No hay nada peor que sentirse estafado. Engañado completamente por unos señores que deben pensar que el resto de los mortales nacimos con un defecto en nuestro cerebro que nos hace parecer estúpidos.
[aún más]
Anoche, entre dolor de cabeza y palpitaciones en los ojos (fruto de un cansancio que ya pasó, por suerte), tuve que hacer una factura e imprimirla. Tecleas a tu ritmo las tres o cuatro líneas de rigor, compruebas que las cantidades estén bien puestas y te decides a imprimirla. Hasta aquí, todo normal.
Es entonces cuando aparece el diablillo que siempre sale en las películas escenificando la parte mala de nuestra conciencia.
¬ ¿Te crees que va a ser tan fácil?
No haces caso a esta visión y le das al botón de imprimir. Se lo piensa y, entonces, te aparece un mensaje en la pantalla. Dice que no tienes tinta de color y no te deja darle a otro botón distinto a detener. Empiezas a pensar que no puede ser normal que una impresora no te deje imprimir en blanco y negro si no tienes cartuchos de color.
[impensable]
Pero no, amigo. Por muy sagaz que te consideres, por mucho sentido común que creas tener, te equivocas. Tu impresosa Epson C42UX no es capaz. Buscas en internet, la base del conocimiento cibernético, una solución. Y encuentras esto:
"Las impresoras Epson incluyen un chip que limita el número de impresiones". Es decir, que los chicos de Epson velan por la seguridad de tu impresora impidiendo que gastes toda la tinta de un cartucho que tú pagaste (hasta la última gota, a precio de oro).
Aunque estás bastante cabreado decides probar una utilidad que te sitúa esos contadores a cero para engañar a la impresora. Al final no sacas nada en claro y decides mandar un mail a Epson pidiendo explicaciones de por qué no imprime la impresora en blanco y negro si no tienes tinta de color. Esto es lo que me contestan:
Estimado/a. Sr/a.
Agradecemos de antemano la confianza depositada en nuestro servicio.
Las impresoras EPSON de inyección necesitan que en ambos cartuchos haya tinta disponible para evitar que entre aire en los conductos inyectores, esto es necesario ya que en las limpiezas de cabezal se inyecta tinta para realizar el mantenimiento correspondiente. Cuando se agota uno de los dos cartuchos se enciende la luz roja de error quedando esta inoperativa a expensas de que se reponga uno de los cartuchos agotados.
Esperamos que esta informacion le sea de utilidad. Aprovechamos la ocasion para saludarle atentamente,
Centro de Atencion al Cliente
EPSON IBERICA, S.A.U.
Ahora, cada cual, que opine como quiera. Yo, por mi parte, no pienso comprar una impresora Epson en mi vida.
[el que tenga oidos, que oiga]
Y además, el proceso de combustión espontánea al que me vi sometido al leer dicho mail aún dura.
Technology victim
Septiembre 21, 2003
La calle del olvido
El cartel del hotel chillaba con su chasquido eléctrico. Luces azules que buscaban las miradas casuales de cualquier curioso que, a esas horas tan intempestivas, caminara por una calle cuyo nombre ya nadie recuerda. Cuando murieron los ancianos del lugar, aquellos que guardaban sus vidas en las bolsas de sus ojos, el nombre de la calle desapareció del recuerdo. La llamaban la calle del Olvido. Un día el letrero cayó al suelo y, desde entonces, nadie se preocupó de ponerlo.
Ella, después de una de las noches más extrañas de su vida, se encontraba bajo aquel cartel presuntuoso, de tamaño desproporcionado y brillo deslumbrante. Hotel Olvido, rezaba el luminoso. Después de todo lo que había experimentado aquella noche le parecía el lugar idóneo para pasar lo que le quedaba de vida.
[huyendo del recuerdo]
Eran las doce de la noche, una hora bastante extraña para recibir visitas. Su trabajo, si podía llamarse de alguna forma, era adivinar el futuro. Ella lo consideraba un don, pues podía asomarse al futuro por la puerta de atrás y sin llamar. Podía, además, bucear en el pasado sin necesidad de respirar bajo el agua.
[se encontraba en su medio]
Desde que era una niña había aprendido a leer en las mentes de la gente, a descifrar aquella retorcida escritura con tinta trasparente.
[las líneas del destino]
Llovía en la calle, con tanta intensidad que los cristales vibraban con cada impacto. El timbre sonó tímidamente, sin intención de molestar, con el tono entrecortado y sin producir eco. Abrió la puerta y se encontró a una mujer joven y completamente mojada.
¬ Quiero que me lea el futuro. Le pagaré lo que me pida, sólo busco respuestas.
Sintió un impulso muy fuerte de cerrar aquella puerta, algo en aquella mujer le transmitía malas vibraciones.
[pero permitió que pasara]
Cogió su mano y cerró los ojos, como hacía siempre. Sumergió su cabeza en las aguas del pasado, pero sólo vio oscuridad. Nunca había visto nada similar. Se dio la vuelta y abrió, tímidamente, la puerta del destino. No vio nada, sólo la misma oscuridad que lo llenaba todo. Asustada, abrió los ojos y la miró fijamente.
¬ ¿Qué ve?
¬ Oscuridad, olvido... muerte. Nunca digo esto a mis clientes, pero con usted es una sensación demasiado fuerte. Quizá, en el fondo, no exista.
No necesitaba más detalles. Sus sospechas eran ciertas. Había pasado por la vida sin ser nada, la gente no la recordaba, no aparecía en ningún papel, no era ni un recuerdo. No era nadie.
¬ O quizá... quizá usted misma haya olvidado lo que fue.
Comprendió en ese momento que su vida se acababa y se marchó sin despedirse, dejando casi todo el dinero que llevaba sobre la mesa.
¬ Vaya a la calle del Olvido, quizá allí recupere sus recuerdos o se es esfume para siempre...
Y se dirigió a la calle del Olvido, dispuesta a terminar con aquella farsa.
Aquella noche, cuando una vida que la naturaleza se olvidó de contabilizar expiró para siempre, media ciudad perdió sus recuerdos más lejanos. Cerca del epicentro el olvido fue total, hasta tal punto que los vecinos de esa calle olvidaron la mitad de su vida. No era la primera vez que pasaba y pasaría muchas más.
[en la calle del Olvido].
Septiembre 17, 2003
Out of this world
Desde la lejanía, más allá de los límites que marca la imaginación en sus dominios, llega un sonido. Parece el soplido del viento.
Los tallos se curvan, las flores intentan sincronizar su movimiento con lo que les pareció, sería, el viento. Las hojas pensaron que se les venía encima un rayo de luz y se abalanzaron en su busca.
El paraje, antes muerto, recuperaba la vida cada vez que comenzaba la canción. Aquella sinfonía que se repetía una y otra vez y que recordaba a todos que la vida empezaba con la primera nota y acaba con un silencio duradero.
[i wonder...]
En poco más de seis minutos cada criatura debía crecer, reproducirse y morir. Una vida concentrada, una vida que no podemos concebir, demasiado corto y tan intenso que no lo soportaríamos.
Los recuerdos se fueron un día, quizá para no volver nunca más. Se retiraron a este mundo de leyenda donde nacen, viven y mueren. Un ciclo infinito que sólo interrumpe la muerte total, el silencio perpétuo.
[where we belong]
El sonido se acerca, como el viento, haciendo que la hierba húmeda postre sus rodillas a su paso. Levantando la cabeza para aspirar un poco de vida. Animales imposibles crecen con cada nota, envejecen un poco más con cada acorde. La vida se abre paso entre tanta oscuridad. El sol se transformará en luna y la luna hará el requiem por todos los caídos.
Así es y así ha sido siempre.
Este es un mundo sin preámbulos, las miradas nunca se cruzan con falsos objetivos, aquí cada par de ojos encuentra los complementarios. Parejas que crecen mientras se besan y envejecen cuando ríen, porque el tiempo no perdona y, aquí, los besos duran lo mismo que en la vida real.
[where we belong]
Las carcajadas son siempre sinceras y el brillo de unos ojos dura tanto como una vida. En este plano los recuerdos pasados y futuros se difrazan de personas y se buscan entre ellos, buscando al complementario. Así, la vida acaba encontrando a la muerte, el desengaño travestido de amor busca incesante al amor disfrazado de desengaño, la cordura observa con sus ojos objetivos cómo la locura ejecuta su baile. Todo sentimiento tiene su opuesto, todos nacerán, todos dejarán de existir. Una y otra vez.
[will we forget the way it really is]
Cuando una voz rasgada y melancólica entona la letanía que da nombre a la canción, todo se paraliza. Por un instante todos son uno y cada uno es un poco de todos. No hay distinciones, sólo palabras, sólo música, simplemente emociones.
[why it feels like this and how?]
Sólo un personaje sobrevive a cada ciclo, a todos los cambios. Es él quién ve con sus ojos al mundo cambiar. Recuerda todos y cada uno de los despertares, posee el secreto de la explosión de vida. En cierta forma él es el responsable: él gira las manecillas del reloj, es el tiempo.
Ha visto cómo todo desaparecía...
[yeah another time]
...para volver a emerger de sus cenizas
[to feel another time...]
Una y otra vez, un millón de vidas. Consciente de su destino, saboreando el placer y el castigo de la inmortalidad, el único filósofo entre tanta agitación.
Y un ojo que todo lo mira, observando a través de un descosido en el cielo con forma de triángulo. En un mundo sin tiempo para religiones, él es el único Dios.
Él, yo... Somos la misma persona. Me gusta rasgar la cubierta de este pequeño universo para asomarme a mirar. Dejar que la música fluya y que se inicie la eclosión. Mi pequeño reino, el mundo de mis recuerdos. Puedo identificar perfectamente a cada personaje, puedo ver las imágenes que yo mismo almacené.
Cuando la canción acaba, la oscuridad sustituye al mundo.
[always have to go back to real lives]
Y entonces, sólo entonces, me doy cuenta de que estaba mirando dentro de mí mismo.
Aún resuenan en mi mente las últimas palabras de la canción:
one last time before it's over
one last time before the end
one last time before it's time to go again...
The Cure - Out Of This World
// un mundo //
Metafísica
Septiembre 16, 2003
Las avispas del surrealismo
Sueño...
Ojos cerrados inmersos en una fase de movimientos rápidos, espasmódicos, involuntarios. Actividad frenética en el cerebro, la fabrica de sueños a pleno funcionamiento. Detrás del caldero donde se cuecen, a fuego lento, los sueños, se encuentra la mazmorra de las pesadillas. Dentro un encapuchado farfulla incoherencias. Él es el miedo.
Miedo busca en su zurrón el calendario laboral de lo verdugos y se da cuenta de que hoy le toca a él actual en el circo de los horrores. Los carceleros que le custodian le dejan salir. Con decisión, sin ninguna duda, se acerca al caldero. Sus pasos retumban en toda la estancia, los demás operarios se alejan temerosos.
¬ Dicen que es capaz de matar con la mirada.
¬ Cuentan que fabrica odio y pavor en su celda.
Examina el libro de los recuerdos y busca todo aquello que esté marcado en rojo.
¬ ¿Fracaso? No, con esto ya fabriqué varias pesadillas, aunque este lerdo no las recordara...
¬ ¿Muerte? Muy tópico...
¬ Un momento... Insectos voladores. Me gusta, original a la par que estúpido. Se adaptará como un guante a una mente tan simple.
Se escucha una risa ahogada de un operario. Miedo se da la vuelta y le fulmina con la mirada.
[otro sueño perdido]
Miedo empezó con su trabajo, lo que mejor sabía hacer. Creó en mi mente una película inverosimil, sin preocuparse de que pareciera verídico. No le importaban los medios, buscaba el fin por el camino más rápido, el horror como centro de la película.
Las imágenes comenzaron a dibujarse en mi mente. Me encontraba en un barco, yo era pequeño y estaba jugando con los demás niños. Todo parecía feliz, todo emanaba alegría.
[la felicidad que se va a romper]
Miedo escogió el momento justo para lanzar su zarpa contra mí. Comenzó a escucharse un zumbido demasiado audible como para provenir de un solo insecto. Entonces giro la cabeza y veo una nuve de avispas precipitarse contra mí. Siempre les he tenido mucho miedo. Empiezo a llorar pero no me sirve de nada. Los demás niños no corren, siguen jugando, ajenos a lo que está apunto de pasarme.
Intento gritar pero no puedo, temo que se me metan en la boca. Zumbidos y más zumbidos. Creo que, incluso, puedo percibir el aleteo de aquellos pequeños monstruos. Me rodean, se meten por dentro de mi ropa. Siento punzadas en todo el cuerpo, lloro, me duele. Me duele demasiado. Miles de avispas, no caben ni en mi ropa. Se apelotonan para picarme.
Miedo emite una sonora carcajada. Disfruta con el terror, se siente realizado al crear pesadillas. Suena el gong y, maldiciendo, vuelve a su celda.
Entonces, cuando ya casi no podía más, despierto sobresaltado. Me incorporo de un salto y siento dolor por todo el cuerpo. Mi subconsciente es cruel. Mi corazón late demasiado fuerte y miro a todas partes buscando avispas o algún bicho volador semejante, algún insecto al que mi subconsciente ha otorgado la capacidad humana de odiar, y me ha puesto como objetivo.
Ha sido una noche horrible, jamás me había despertado a causa de una pesadilla. Espero que Miedo se tome unas vacaciones.
[me pica todo el cuerpo al recordarlo]
Locuras
Septiembre 14, 2003
Yo-me-mí-conmigo
Vueltas y más vueltas en la ruleta de la vida. Recuerdo lo que un día pensé para no olvidar mis recuerdos. Intento cambiar el prisma colocado en mi ventana, desde donde veo la vida pasar. Mirar la vida sin artificios, con una lente sin aumentos, la cruda realidad antes de pasarla por la plancha del hastío.
[vuelta y vuelta: una vida]
Levanto la vista y fijo la mirada en mí mismo cuando contaba la edad de la inocencia. Una inocencia condenada a la destrucción progresiva, lenta pero inminente. Un niño jugando, una chispa en la mirada. Mi mira, me sonríe de esa forma que sólo conoce un niño: con el alma.
Nos sentamos en un banco de la avenida de los recuerdos. Sus ojos, ansiosos de conocimiento, se fijan en los míos.
¬ Señor, yo a usted le conozco, ¿verdad?
[demasiado]
Le miro atónito, sin contestar. Conteniendo un flujo de palabras en el cielo de mi boca. ¿Acaso tenía yo tanta fuerza? ¿Podía mi mirada atravesar otras? Quizá este inventando a mi antiguo yo a partir de retales de mi niñez, añadiendo cosas que yo nunca tuve y quizá siempre deseé tener.
Me miró, observándome como nadie lo había hecho jamás, rompiendo todas mis defensas con una mirada. Si le hubiera dejado habría hablado con mi alma.
Él tenía una imagen mental de cómo sería cuando pasaran los años y yo intentaba recordar mis orígenes. Los dos nos estábamos reinventando mutuamente.
¬ Nunca seas como yo.
¬ ¿Y quién eres tú?
¬ Nadie.
Septiembre 12, 2003
Miradas
A veces pienso que las cosas no son siempre iguales. Que los objetos, inanimados por su propia condición, despiertan cuando ninguna mirada se encuentra con ellos y, perezosos, cambian su apariencia. Basta un pequeño detalle para que el todo parezca distinto.
Edificios que parecen estar guiñando un ojo cuando te miran. Carreteras que modifican sus curvas como queriendo expresar su estado de ánimo. Luces que ajustan su intensidad según su conveniencia. Sonidos que aparecen en el momento justo y desaparecen al instante siguiente.
[expresión estática]
He pasado miles de veces por las calles cercanas a mi casa y siempre me transmiten una sensación distinta. Un atardecer que trasfiere tonos dorados a las fachadas, como si estuvieran en un gigantesco horno, gratinándose poco a poco. El sol reflejando sus rayos en las blancas paredes, cegándome con su resplandor blanquecino.
[la luz del cambio]
Luego me paro a pensar. Obligo a mis neuronas a que se sienten, se relajen y vean las cosas como son, sin prisa, observando cada detalle. Entonces me doy cuenta de que todo lo que pasa por mi retina se transforma sutilmente al llegar al área de mis sentimientos.
[alterando la realidad]
Cuando rezumo alegría todo es blanco, todo refleja la luz del sol. Las paredes me hablan, las farolas me susurran cuando leo por la calle.
¬ Ten cuidado, no vayas a chocarte conmigo.
Pero, cuando estoy triste...
Cuando las cosas no van bien la oscuridad que se adueña de mí traspasa el plano de lo ficticio y se mezcla con mi realidad. Las fachadas me amenazan, se vuelven oblícuas y me siguen con su mirada. Las plantas se apartan de mi camino temiendo que les robe la luz que es su vida. Incluso el sol se esconde tras una nube de humo, espesa como los malos recuerdos, impenetrable como una midada de odio. El teclado se mueve imperceptiblemente, confundiendo mis palabras y creando vocablos que no existen ni en la imaginación del más osado.
Por mucho que queramos, nunca podremos mirar las cosas sin cambiar un poco su esencia, sin hacerlas nuestras y obligarlas a pasar por el prisma de nuestros sentimientos. El día que vea las cosas como son, sin alerarlas, será porque haya perdido la capacidad de sentir.
[la ceguera del alma]
Metafísica
Septiembre 10, 2003
Cómo vivir más
Hoy, mientras veía el Zapping de Lo+Plus (uno de los pocos programas que veo), ha salido una noticia de una mujer china que cumplía ciento dieciséis años, ahí es nada.
Decían que el secreto de su longevidad era su peculiar estilo de vida: dormía durante dos días seguidos y luego se mantenía despierta otros dos. Deben ser como una especio de microhibernaciones.
Entonces he pensado que yo sería feliz haciendo eso. Si lo pensamos bien, nuestros horarios están mal diseñados. El ingeniero celestial que nos diseñó se dejó un fleco suelto. Necesitamos dormir una media de ocho horas todos los días. Esto nos obliga a elegir una parte del día que nos saltaremos porque no tenemos más remedio. Sin embargo, si durmiéramos un día entero y al siguiente nos mantuviéramos despiertos, disfrutaríamos del ciclo entero. Veríamos salir el sol, y contemplaríamos cómo la luna ocupa su lugar cuando llega la noche, para ocultarse cuando las estrellas se cansen de alumbrar.
[cerrando el ciclo]
Estaba yo en estas cavilaciones cuando me he dado cuenta de que no tenía tabaco. Mi cerebro ha encendido la luz de falta de nicotina y ha activado el mecanismo de sometimiento a necesidades imperiosas impuestas por terceros. He pensado que, ya que iba de camino, podía comprar un par de helados (uno de los pocos productos capaces de superar su precio año a año sin que nadie lo advierta).
Entro en el bar y los camareros están comiendo. Me miran indecisos...
¬ No se levante, que tengo que elegir aún el helado.
Observo el cartel y hago mi elección. Me acerco a la barra y espero pacientemente...
... les miro ...
[y sigo esperando]
... carraspeo ...
[ni me miran]
¬ ¿Hola? Que ya he elegido los helados.
La camarera me mira con odio contenido y una bola de carne en la boca. No disimula que tiene la boca llena y me sostiene la mirada.
¬ Cógelos tú.
[esto es un autoservicio o qué?]
Y se concentra en su plato como si fuera lo más importante en su vida. Así que me acerco a la nevera, busco con la vista el traje de heladero para la ocasión, y buceo entre las cajas de helados. Saco unas y meto otras, busco aquí y allá y, al final, cansado de tanta vuelta, cojo dos al azar.
Vuelvo a la barra...
[paso desapercibido]
... carraspeo ...
[aún a riesgo de estropearme la garganta]
¬ ¿H-O-L-A? ¿Puedes cobrarme los jodidos helados?
La camarera se levanta ceremoniosamente. Traga lo que tiene en la boca y se acerca mirando al suelo. La doy los helados y un billete de cinco euros.
Se da la vuelta y empieza a hacer sus cuentas. Pasa un minuto y la mujer no reacciona, empiezo a temer por su salud. Finalmente me dice:
¬ ¿Cuánto valen?
[!!]
¬ Este vale uno con veinticinco y este uno con cincuenta.
Se da la vuelta y empieza a sumar. No sé si estaría llamando a la Nasa para que le resolvieran una cuenta tan complicada. Pasa un minuto...
¬ Dos con setenta.
Me siento tentado a decirle que se está equivocando pero el final lo dejo estar. Cojos mis helados, mi vuelta y me voy por donde había entrado.
[por primera y última vez]
Ahora empiezo a comprender por qué hay gente que llega a los ciento dieciséis años.
[así cualquiera]
Cosas que pasan
Septiembre 09, 2003
Borrosa
No conservaba ninguna foto en la que no apareciera sola, sujetando cinturas imaginarias, mirando hacia el infinito o besando al vacío. Desde muy pequeña, sus padres se dieron cuenta de que todo el que aparecía en una foto con ella acababa borrándose del retrato como si nunca hubiera estado allí. Desde aquellos días, nunca había entrado una cámara fotográfica en su casa.
Si la enfocaban en un vídeo casero se convertía siempre en el centro del encuadre y, todo lo demás, aparecía desenfocado. La cámara sólo tenía ojos para ella.
De la niñez pasó a la adolescencia. Floreció como la flor más bella jamás vista, irradiando un aura de belleza que la acompañaría hasta el fin de sus días.
Ninguna mirada podía seguir sus pasos sin deslumbrarse. Emitía tanta luz como un sol cercano. No importaba la cantidad de ropa que llevara puesta, o que intentara cubrir su rostro con un velo. El aura de belleza era tan intensa que las calles perdían su color a su paso, para recuperarlo agonizantes cuando ella ya no estaba.
Un día conoció el amor. Él era uno de los pocos privilegiados capaces de resistir su poderosa presencia. Un don que el resto consideraba un defecto congénito: era ciego.
Cuenta la leyenda que, la primera vez que se desnudó ante él, la ciudad entera se iluminó. Los ojos de aquel infeliz, incapaces de captar una imagen durante demasiados años, recuperaron por un momento la visión.
[murió al instante]
Desde entonces, algunas noches se puede ver a una figura deambulando por las calles oscuras de la tristeza. Un foco de luz entre tanta oscuridad, una pequeña estrella que cayó del cielo y no sabe cómo volver. La peligrosa perfección.
Realismo ficticio
Septiembre 07, 2003
God is in the TV
La caja tonta ocupa un lugar privilegiado en el salón. El centro de atención en cualquier reunión familiar porque siempre hay un integrante que se opone a apagarla. Nos ve crecer mientras siembra la semilla de sus enseñanzas. Dios, desde su cajón mediático, predica y vigila al mismo tiempo.
Cualquiera puede ser un apóstol. Miliky y Fofito nos hicieron reír, Barrio Sésamo nos mostró el portón que conducía al camino que guiaría nuestras vidas. Los telediarios se dedicaron a informarnos cuando les convenía, otras veces practicaron la desinformación.
[según convenga al encargado de convenir]
Asistimos al nacimiento de los Reality Shows púramente americanos, que nos contagiaron la cultura del miedo y la casquería. Nos horrorizamos al ver de lo que era capaz un individuo con las mismas piezas que nosotros. Los mismos órganos, una mente similar y unos pensamientos que podían haber transmitido perfectamente nuestras neuronas.
[la arquitectura del odio]
Presenciamos el auge de la prensa desinformación rosa, que nos transmitía un modo de vida mejor y menos sacrificado. Convertimos el fútbol en una religión y el destape en una costumbre.
Armamos a los protagonistas de nuestras películas favoritas con armas automáticas e hicimos héroes de personajes sanguinarios.
Hicimos que Dios habitara en la televisión.
Ayer, después del cine y la cena de rigor, volví a casa más pronto de lo acostumbrado. Encendí la televisión y busque algún documental interesante, que es lo único que puedo ver ultimamente entre tanta mierda basura disfrazada de glamour. Había uno que prometía: "El enigma CJ, una enfermedad anunciada".
[no apto para hipocondríacos]
Un escalofrío recorrió mi espalda cuando pude comprobar la desinformación que el gobierno ha practicado con el caso de la Encefalopatía Esponjiforme Bobina, es decir, el mal de las vacas locas. Familias que luchaban para que se realizara la autopsia de sus familiares queridos porque nadie les había dicho el porqué de su muerte.
Personas que poco a poco se desmoronan en una nuve de desinformación, pruebas amañadas y notas que dicen lo que nadie debe oír.
En el historial médico de un afectado se podía leer una nota que decía algo así como: "nos dicen desde el CESID que debemos comunicar que el resultado de la prueba es negativo", cuando el análisis decía que el sujeto padecía la enfermedad de Creutzfeldt Jakob. Éste habría sido el primer caso español del mal de las vacas locas.
¬ Si escupimos hacia arriba acabará cayéndonos en la cara.
Era la frase de un filósofo que aparecía en dicho documental. Exponía que durante años habíamos tratado a los animales como si fueran máquinas de convertir pienso en carne. No nos preocupamos de su cuidado e, incluso, no nos importó romper las reglas de la naturaleza que tan sabiamente había trazado la evolución.
El caso es que durante la década de los ochenta se incineró a ovejas enfermas sometiéndolas a altísimas temperaturas para fabricar harina animal. Entonces llegó la crisis económica y, para reducir gastos, se redujo la temperatura de la incineración, lo que hizo posible que el agente patógeno causante de la enfermedad CJ sobreviviera. El resto ya lo sabemos. Cuando la pantalla se tornó negra y aparecieron los créditos me incorporé lentamente, encendí un cigarrillo y dije en voz baja:
¬ ¿Qué estamos haciendo?
[esta noche no he dormido nada bien]
Me imagino como Dios, desde su caja tonta, diría: os lo merecéis.
[amén]
If you die when there's no one watching
and your ratings drop and you're forgotten
If they kill you on their TV
You're a martyr and the lamb of God
Marilyn Manson - Lamb Of God
Cosas que pasan
El buen samaritano
El viernes, después de una agitada semana entre sueños y despertares, activé el interruptor de desconexión de la rutina.
¬ ¿Qué planes tenemos para hoy?
¬ Me ayudas a montar el ordenador y luego jugamos al Póker...
Como en una película del medio oeste americano. Pero una donde no se pierde la casa, ni la parienta ni uno se apuesta a su mismísima madre. No, en ésta sólo se pierden diez euros...
[o se ganan]
Fuimos a un supermercado con la hora justa para comprar algo de beber que nos animara la noche. Ya se sabe que por esta jodida inoportuna ley, uno no puede comprar alcohol a partir de las diez de la noche. Estaba en la cola de una caja y yo era el siguiente. El reloj decía que faltaban dos minutos. Entonces se acerca una chica (muy guapa, por cierto) y, con un aire de inocencia, me dice:
¬ ¿Nos puedes pasar la bebida por favor? Es que si no, no podremos sacarla.
Sonríes como un estúpido hasta que te das cuenta que ese acercamiento ha sido por mero interés. Entonces intentas borrar ese rictus de estupidez de tu cara y asientes.
¬ Claro. Pásamela por aquí.
Tu amigo te mira como reprochándote algo.
Entonces se acerca otra chica (más guapa aún) y, con su radiante sonrisa, te dice:
¬ Perdona, ¿me pasas mi botella también?
La amplitud de tu sonrisa es directamente proporcional a la belleza de su rostro.
[se te va a desencajar la mandíbula]
¬ Claro, para eso estamos.
[¿no se te ocurre otra contestación?]
Entonces se te ocurre mirar atrás y puedes ver en los ojos de medio supermercado que están apunto de comenzar un proceso de lapidación contra ti. Cogerán lo que lleven en la mano y te lo tirararán a la cabeza sin miramientos. A la gente no le sienta muy bien que se le cuelen tan descaradamente. Me doy la vuelta como si nada hubiera pasado.
Intentamos pasarlo en tickets separados pero, cuando llevamos dos, comienza a funcionar la cadena antialcohol. Me sorprendo al ver la precisión de los cajeros.
A las diez en punto el encargado de turno avisa a las cajas de que "la venta de alcohol se ha cerrado". La chica cuya botella no estaba aún cobrada me mira como un corderito degollado y el cajero nos echa un cable: cobrará todo en el mismo ticket que tiene una hora anterior a las diez y aún no está cerrado.
Salimos del supermercado con una risa contenida y pregunta en los labios: ¿alguien entiende esta ley?
Yo, me, mí, conmigo
Wanadoo
Harto ya de ver cómo mi adsl caía una y otra vez en los terrenos de la desconexión decidí llamar una vez más a Wanadoo.
Después de intentarlo durante todo el fin de semana y tener que colgar el teléfono porque el We can be heros estaba taladrando mis oídos, hoy he conseguido contactar con un telefonista.
[encuentros en la tercera fase]
Después de narrar la incidencia y de que comprobara que en mi ficha hay mas anotaciones en rojo que en un matadero, ha intentado tranquilizarme. Le he comentado que estaba pensdando en darme de baja del servicio. En ese momento se ha debido encender un piloto rojo en su monitor con un cartel que dijera: "retén al cliente". Me ha ofrecido un més gratis como compensación por las molestias causadas.
Además, se ha centrado más en mi caso y he podido coger un par de pistas sobre cómo arreglar mi adsl yo mismo, sin esperar a que aparezca un técnico de telefónica.
Me he dedicado a destripar el splitter, pelar un par de cables y echarle un poco de teatro de ingeniería. Me ha faltado poco para pedirle un bisturí a mi hermana, que me miraba con una atónita expresión en los ojos.
Al final he conseguido que mi adsl vuelva a funcionar. Pero, ¿por cuánto tiempo?.
[eso nadie lo sabe]
Moraleja: si quieres que te hagan caso amenaza con darte de baja. Es mano de santo.
Technology victim
Septiembre 05, 2003
Eye toy
En un centro comercial de corte inglés (como siempre, los nombres reales se han omitido para no dar publicidad) situado en los bajos de Azca han puesto una consola PlayStation2 con su último juguetito: el Eye Toy.
El Eye Toy no es más que un dispositivo que detecta el movimiento gracias a una pequeña cámara y te permite interactuar con un juego sin utilizar los mandos. Un invento en el que no me gastaría la salvajada que, seguro, piden. Además, no tengo ninguna videoconsola en casa.
El caso es que lo han puesto de tal forma que puedes jugar desde fuera del centro comercial, a través de un grueso cristal que delimira el escaparate. Yo iba con dos amigos, después de comer, y decidimos pasar por ahí a reirnos un rato. Nos pusimos delante de la pantalla y empezamos interactuar con aquel elemento infernal.
Para un hipotético observador no éramos más que tres idiotas haciendo aspavientos a un escaparate. La gente se quedaba mirando mientras un pensamiento de "qué se habrán tomado estos chicos" pasaba por sus cabezas.
Para más Inri, yo estaba fumando tabaco de liar, lo que le daba a todo aquello un aire más psicodélico y psicotrópico.
Creo que ese fue el momento en que la gente empezó a apartarse de nosotros como si estuviéramos infectados con el mismísimo ébola.
[¿a quién no le gusta el ridículo en dosis pequeñas?]
Locuras
Septiembre 03, 2003
Porque te puede pasar a ti
Tú, que viajas en tu coche mirando el asiento del copiloto, donde descansa tu flamante maletín lleno de billetes. Tú, que te ríes de los mafiosos de las películas porque su dinero no es de verdad. Tú, que traficaste, malversaste fondos, robaste lo que te dejaron y hurtaste lo demás.
Acostumbrado al uso de un revólver o una semiautomática, porque siempre te gustaron las armas ruidosas.
[tú, mi querido criminal]
¿Y si fueras tú? Sí, tú que ahorraste hasta la última peseta y, cuando llegó el euro, ahorraste céntimos. Amasando una pequeña fortuna fruto de tu trabajo y sacrificio. Camino de casa observas ese maletín de cuero donde están todos tus ahorros. Miras nervioso cada cosa que se mueve, no vaya a ser que salga un ladrón con su antifaz y sus malas intenciones tras aquel arbusto sospechoso o aquella roca sombría.
[tú, mi envidiado nuevo rico]
Seas quién seas, decidiste parar a mitad de camino por alguna razón desconocida. Saliste del coche ceremoniosamente mientras tu mano se quedaba sin circulación de aplicarle tanta fuerza al maletín. En un momento indeterminado pusiste el maletín sobre el techo del coche y te olvidaste de él.
El motor comenzó a rugir con rabia, giraste el volante. Poco a poco el vehículo se incorporó a la autopista. Te gusta tu coche y te gusta exhibir su velocidad. Si pisas el acelerador a fondo se convierte en una sombra. El aire golpea tu cara casi violentamente mientras el maletín inicia su vuelo.
[billetes de muchos ceros experimentan su libertad]
Tú, trabajador explotado hasta la saciedad, tanto que la evolución colocó una mecha donde tu espalda pierde su noble nombre. Tú, que has trabajado intensamente (porque para ti no existe la jornada intensiva). Acusas la depresión postvacacional, que dejará paso a la depresión laboral y acabará en un lento proceso de combustión que se prolongará hasta las siguientes vacaciones. Circulas por una autopista cualquiera, perdido entre tanta línea discontínua.
[adorable currante]
Algo pasa volando sobre ti dejando una estela de papelillos. Espera... ¡son billetes! ¡y de los grandes!
Es entonces cuando te acuerdas de la religión:
¬ ¡Dios!.
Frenas en seco, imitando el gesto de los que te rodean. Bajas del coche y comienzas a recoger cuantos billetes puedes. No te preguntas de quién serán, prefieres creer en la hipótesis del regalo divino. Miras a tu alrededor y ves la misma expresión en todas las miradas: codicia. Dejas el suelo límpio de billetes y vuelves a tu coche, no vaya a ser que alguien pregunte.
Y te permites una última reflexión, acompañada por una amplia sonrisa:
¬ Quién habrá sido el gilipollas...
¿Ésto es real? Totalmente.
Sospecho que éste señor tiene cara de haberle pasado algo parecido:

Cosas que pasan
Septiembre 02, 2003
Dentro de veinte años
La historia se empeña en demostrarnos que es un ciclo lleno de pequeños bucles. Todos los imperios han tenido su nacimiento, apogeo y muerte. Aquello que llamamos orden mundial y que, muchas veces, es más un desorden, no cambiará mucho.
Los ricos serán más ricos y los pobres seguirán igual, porque no se puede tener menos que nada.
Mientras unos estemos en nuestras casas disfrutando de nuestro último juguete de tecnología punta, capaz de hacer la casa, la compra y suplir el papel higiénico, otros seguirán muriendo de hambre y enfermedades que nosotros, los amos del mundo, consideramos medievales.
Las guerras no pararán porque las llevamos dentro y ya nadie recordará el significado de la palabra holocausto. Fabricaremos más armas porque nos inventaremos nuevos conflictos. Investigaremos lo que nos interese porque lo demás da mucho dinero. Los calvos seguirán sin un pelo, nacerá un revolucionario producto dietético cada día y el Sida será sólo un recuerdo.
Fabricaremos nuevos virus que nos contagiaremos y se descontrolarán. Moriremos de estupidez.
Inventaremos nuevas normas sociales que nos beneficien a los de siempre y perjudiquen a los que están ya acostumbrados. Seremos más codiciosos porque la marca del capitalismo no se quita con un láser.
Amaremos como siempre y lloraremos de la misma forma.
No iremos a la iglesia porque la fé intentará capturarnos en una red de ceros y unos que, en estado embrionario, alguien llamó Internet.
La Iglesia seguirá siendo la misma y el Estado seremos todos aunque nunca pintemos demasiado. Nos quejaremos de todas formas porque el incorformismo es hereditario.
Buscaremos el golpe de suerte que nos dé una fortuna mientras perdemos lo poco que tenemos en estúpidas supersticiones.
Podremos tener más tecnología, creer que sabemos más. Pero, en el fondo, seguiremos siendo lo mismo: humanos.
[para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad]
Cosas que pasan
Septiembre 01, 2003
Una estrella
Compré una escalera que me llevara hasta el cielo. Quería coger una estrella que alumbrara la oscuridad de mi habitación cuando tú no estuvieras.
[quién quiera que seas]
Subí un peldaño tras otro, superé mi miedo a las alturas y creí que podía volar.
Le alquilé sus alas a un ángel caído aunque me avisó de que no siempre funcionaban. Abroché el cinturón de las ilusiones y me puse un medallón que me dió un sapo convertido en príncipe.
¬ Guárdalo para cuando quieran convertirte en algo que no eres. Yo lo encontré tarde, pero a ti quizá te funcione.
Robé una gallina que ponía huevos de oro. A solas con ella prometió ayudarme a luchar contra la especulación y darme un hogar tarde o temprano.
Llamé al rey Midas porque no me fiaba de la gallina.
[nunca se sabe]
Busqué a Cenicienta para que me contara el secreto de su calabaza. Pregunté en cada esquina por Caperucita cansado de que tanto lobo disfrazado de hombre matara a tanta mujer enamorada. Quería saber lo que nunca nadie preguntó.
Recorrí las calles de la razón buscando una explicación para tanta sinrazón. Vi en cada esquina una historia, leí un libro impreso en cada piedra, un charco de sangre me habló de la maldad del hombre y un ramo de flores me dijo todo lo contrario.
Espié a las parejas de enamorados, inmersos en un mundo propio de felicidad y falsas apariencias.
Recorrí los pasillos de un hospital nueve meses después para ver cómo la vida ponía una alfombra roja en una sala de partos, preparada para recibir a un nuevo ser. Leí las miradas e intenté someterme a una regresión voluntaria sin resultado.
Vi cómo, a la vez que llegaba una nueva vida, expiraban muchas otras. Observé a las almas errantes desde mi ventana y me despedí de todas ellas con la mano. Mi cabeza estuvo a punto de explotar cuando todas ellas me transmitieron su historia, un legado que no debía perderse en la ciénaga del tiempo.
¬ Serás mi cronista.
¬ Tú escribiste tu propia historia.
Me desvanecí, como una sombra, entre las lápidas de cualquier cementerio. Para observar sin ser visto, para no interferir en el dolor de la gente. Las lágrimas me gritaron al oído y sentí cómo la tierra me sepultaba bajo toneladas de dolor. Y, al final, sólo sentí tranquilidad. El silencio y la fragancia de unas flores frescas que no tardarían en marchitar, mutiladas y moribundas.
Y entonces usé mi escalera, una noche de verano copada de estrellas. Le pedí permiso a la Luna y me obsequió con una sonrisa.
¬ Coge una estrella si puedes cuidar de que su luz nunca se apague. Nunca le hagas daño, nunca la abandones. Si no eres capaz de amarla baja por donde has subido, con las manos vacías y tan negras como tu corazón. Muchos han subido aquí, todos con la misma escalera. Muchas estrellas he perdido y pocas más son las que quiero perder.
Bajé por donde había subido, con una estrella bajo el brazo y una sonrisa en los labios. La instalé en mi habitación, me tumbé en la cama para finalizar mi viaje. Entonces me pregunté si realmente conocía a los humanos, si me conocía a mí mismo.
La estrella brilló más que nunca y me dijo:
¬ No esperes conocer lo que estás ansioso por descubrir. Deja un hueco para la sorpresa y confórmate con los pequeños detalles que te regale la vida. Comprenderás tu vida el mismo día en que se acabe, un instante antes de que tu respiración se corte para siempre. Entontes, y sólo entonces, me iré para que otro pueda recogerme. Brillaré durante una semana y después te olvidaré, porque así funciona la memoria de las estrellas. Cada día que mires al cielo y veas una estrella brillar como nunca lo había hecho, sabrás que está recordando a su antiguo compañero, cerrando un ciclo para comenzar otro nuevo. Eso es lo que los humanos llamáis inmortalidad.
Esa fue la última vez que escuché su voz. Muchos años después, cuando mi vida se acababa, recordé sus palabras y sonreí. Tenía toda la razón del mundo.
¿Qué descubrí? Eso ya nadie lo sabe.
[lo olvidé una semana después]
Metafísica





