Noviembre 30, 2003
Día de locos
//quemando tus recuerdos//
Hay días que nacen cabreados e intentan hacernos la vida imposible hasta que expiran.
Podría resumir mi día con esa frase, podría cerrar este post (apunte, entrada, fragmento, divagación... usa la palabra que quieras) con ese punto y dejarlo todo en suspenso. Cuando empecé a escribir esta bitácora lo hice para que mis recuerdos no se perdieran en un mar de olvido, así que ese apunte sobraría.
[efímero]
Y además, quedaría bien. Cada un@ lo interpretaría de una forma distinta. Algunos hasta dirían que es un post elegante.
Pero no, debo seguir. Mi cabeza es un hervidero de sentimientos entrecruzados que forman una red con miles de agujeros, una que nunca atrapará a ningún pez inocente.
[o precoz]
Mi primer objetivo era ir a los conciertos del Metro, donde tocaba Hamlet. Un concierto totalmente gratuito. Comienzo la ronda de llamadas y mensajes a todos mis amigos. Cuando se me acaban los amigos empiezo por los conocidos... y cuando acabo con los conocidos estoy a punto de cortarme las venas.
[o de llamar a tele-amigo]
Esa es una constante en mi vida, el don del oportunismo multiplicado por menos uno. Esa facultad que tengo para que me sucedan las cosas cuando menos lo espero y peor me vienen. Me veía disfrutando del concierto sin más compañía que el humo vomitado por mi cigarro. En el último momento conseguí que un alma cándida me acompañara...
[o eso creía]
Por problemas logísticos mi amigo no pudo entrar, así que me he quedado solo (como aquella vez en el cine, que acabé yendo solo). Después de disfrutar de una acústica penosa pero muy buena voluntad, comenzaron las sorpresas: mi vecina. Una chica a la que apenas conocía pero que me ha salvado de la soledad y la penuria, además de ser muy maja.
En el grupo más cercano había un chico flirteando con una chica unos cinco o seis años mayor que él. Sólo capté una frase, pero me hizo darme cuenta de que aunque ultimamente no ligue nada, hay gente que lo hace peor que yo. El chico, como si estuviera haciendo un cumplido, le dice:
¬ No te creas que soy tan pequeño, más de una vez me dicen que parezco igual de mayor que tú.
[cagada de libro]
No había acabado el desfile de personajes. Un chico que no conocíamos de nada se mete en nuestra conversación, me ofrece un trago (y yo le quito el vaso) y aprovecha la excusa para hablarme de religión...
[Dios nos coja confesados]
¬ Yo creo que tiene que haber algo. Llámalo Dios, llámalo como quieras, pero algo hay.
No es la primera vez que escucho esta frase con las mismas palabras, ¿será de alguna película? Contesto:
¬ Puede...
¬ Y si no, ¿de dónde venimos?
Viendo que la conversación va para largo, decido cortar por lo sano:
¬ ¿Y si esto fuera un mundo paralelo? Como Matrix, ya sabes. Y en el fondo algo, llámalo Marcianitos, llámalo Máquinas, nos domina. Y el mundo es sólo una ilusión...
Cara de póker-ceño fruncido-ausencia de reflejos-pupilas dilatadas-coma-estado vegetativo
Salimos del concierto y yo me reencuentro con mi amigo, perdido en una galaxia de curiosos desconocidos. Me había comprometido a que si él venía al concierto yo iría a un bar que odio (y que no pisaba desde hace unos dos años), el Dial (no vayáis nunca), en la zona de Alonso Martínez (pseudozona de copas de Madrid), así que debía cumplir mi parte del trato.
¿Por qué odio tanto ese sitio? Porque me pasé más de un año yendo muy regularmente porque a mi ex le encantaba. Desde que aquello se acabó intento no ir mucho por esas zonas porque temo encontrármela en una esquina. No, ni mucho menos le he cogido fobia, pero es que cada vez que la veo se abre la caja de pandora y miles de recuerdos salen de cajones oscuros para golpearme en las sienes, nublarme la vista y acelerar mi pulso hasta velocides peligrosamente cercanas al colapso. Por muy grande que sea la montaña de tiempo y desgaste que ponga sobre ellos, esos recuerdos siempre consiguen salir de su agujero.
Las posibilidades eran mínimas. Ella había rehecho su vida en otra ciudad, yo nunca paraba por aquel bar...
[hagan sus apuestas]
El sonido en aquel antro era tan malo que temía que un altavoz estallara en mil pedazos y me impactara con trozos de metralla. Los bajos hacían daño en los oídos y los agudos eran inexistentes. Aquella gente se contorsionaba como si fueran marionetas guiadas por un borracho.
Una mano en mi cintura, mi cuello que se gira, mis ojos buscando una explicación. Y mi corazón que da un vuelco. En aquel momento debí parecer un estúpido integral, me faltaba la babilla del aturdimiento.
No creo en las casualidades, ya no. Ahí estaba ella, tan radiante como siempre. Absorviendo la luz de todo el local para cegarme con una mirada. Podía notar como la tierra giraba sobre su eje mientras yo me mareaba y ante mis ojos se cerraba un telón en el momento más inesperado.
Nervios, sinapsis infinita, demasiados impulsos nerviosos para asimilar en un sólo segundo. Y en el fondo una pregunta: ¿por qué?
[¿por qué ahora?]
Era como si aquella sonrisa inanimada que descolgué de mi pared cobrara vida en una persona de carne y hueso y me recriminada lo que había hecho, relegándola a cien años de soledad.
¿Habéis hecho alguna vez una caricatura de vosotr@s mism@s? Yo sí, esta noche. Sobreactuando mi papel sin conocer el motivo. Mirando dos veces por cada ojo esperando encontrarme una realidad paralela donde yo dicto las normas.
[miniDios]
No podía prolongar más aquello aunque deseara que no terminara nunca. Contradicciones. No la quería ver pero me encantantaba coincidir con ella. Masoquismo.
El resto de la noche pasó volando en la sala El Sol (entre guiris y famosos), inmerso en mis pensamientos, luchando contra los recuerdos. Encendiendo una hoguera donde quemar fotos ignífugas. Triturando sonrisas de diamante con una picadora de hojalata.
[rizando el rizo]
Quizá por eso esté escuchando música a estas horas en lugar de estar durmiendo (o intentándolo) como una marmota un bendito.
Debo consultar muchas cosas con la almohada, si es que no se ha cansado de escucharme.
[buenas noches]
Yo, me, mí, conmigo
Noviembre 28, 2003
Tiempo
Tiempo me miraba curioso mientras mis dedos volaban sobre el teclado. De un lado a otro, adaptados a un medio que conocen demasiado bien. Llevaba un rato observándome, sopesando las palabras que iba a decir.
[tiempo al tiempo]
Se acomodó sobre mi hombro derecho y siguió observando. Y es que Tiempo nunca se precipita, dice lo que debe y cuando es preciso.
¬ Es curiosa la forma que tenéis los humanos de planificar vuestro tiempo.
Detengo mi frenética actividad y le miro gravemente. La gusta subirse en mi hombro porque sabe que no podré mirarle directamente a los ojos.
¬ ¿Por qué lo dices?
¬ Pues porque os pasáis la vida haciendo planes que llevan a otros planes. Planificáis para volver a planificar y nunca llegáis a disfrutar de los resultados, porque estáis demasiado preocupados planificando el siguiente reto.
¬ ¿Qué insinúas?
¬ Nada, cosas mías...
De un salto llegó al suelo. No se giró para mirarme mientras salía de la habitación diciendo:
¬ Humanos... No sabéis lo que queréis y no queréis saber nada. ¿Tiempo al tiempo? ¡Ja!
Mis fantasmas
Noviembre 25, 2003
Muérdesela
Para ti se acabaron las noches y puedes contar los días con los dedos de una mano. Deseas morir pero no puedes quitarte la vida, porque ni siquiera eso te pertenece. Recuerdas, y el recuerdo es una punzada de dolor que se extiende como los ríos de sangre en el fragor de una batalla.
[donde eres la única víctima]
Shock.
Eso diría un médico, que te encuentras en estado de shock. Si pudieras reir ya lo habrías hecho, pero ni siquiera puedes esbozar una sonrisa sin que un millón de agujas asedien tu cara.
Aún recuerdas esos ojos, inyectados con sangre, que a ti te parecieron los del mismísimo diablo. Aquella respiración entrecortada que olía a muerte. unos brazos que te atenazaban como las pinzas de un cangrejo gigante y sanguinario. Cómo aquel agijón de escorpión entraba y salía de tu cuerpo, sambrando la destrucción a su paso. Con cada sacudida mil lágrimas se suicidaban, con cada centímetro una sonrisa moría. Se iba para no volver.
[nunca más]
Tus gritos morían antes de nacer, mutilados por una mano que todo lo callaba. Tu cuerpo moría en vida, tu alma quería escapar. Pero no podías, aquello que te mataba sonreía en la oscuridad, inmerso en una danza de muerte y destrucción.
[quemando tus recuerdos]
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¿Por qué? Lloras, porque dentro de ti ya no queda nada, la vida se escapó, las flores murieron, la hierba se secó. La alegría se esfumó. Contemplas en estado catatónico como todo el pueblo te rodea. Ves la satisfacción en algunos y la más profunda de las triztezas en otros. Cierras los ojos y te dejas llevar mientras unas manos introducen tu cuerpo en una bolsa. Sigues viva pero conoces a la muerte de cerca, sabes que no tardará en llegar.
[y que te irás con ella]
Silencio.
Los humanos callan y la naturaleza imita su gesto. Horrorizada porque morirá otra inocente, fiel a su pacto de no intervención. El silencio puede ser más tétrico que los gritos.
¿Quién tirará la primera piedra?
Una niña con lágrimas en los ojos se agacha ceremoniosamente para coger la primera piedra. Las lágrimas dejan un rastro en su cara que nunca podrá borrar, que ningún jabón puede neutralizar. Son heridas en el alma. Su padre, tu marido, coge otra piedra. Un rumor silencioso envuelve el ritual, mientras todo el pueblo recoge su piedra, una porción de tu pasaporte hacia el cielo.
El aire no puedo hacer nada por detener aquellas piedras en su trayectoria. Sólo puede llorar de la única forma que conoce: silbando.
Y tú sigues preguntándote por qué los inocentes mueren y aquel que te violó sigue con vida, por qué eres tú la culpable de algo que sólo tú sufriste.
Érais jóvenes. Él había bebido mucho esa noche. No sabía lo que hacía, con lo que te quiere, lo que te aprecia... ¿Acaso es delito que te quiera sólo para él? Cosas de críos, sus hormonas que le pierden. Te enamoraste de él por casualidad, porque él estaba ahí en el momento preciso y te miró con aquellos ojos...
...los mismos ojos que hoy odian todo lo que ven y no son capaces de reconocer tu sonrisa bajo aquella montaña de desconfianza que poco a poco ha crecido en torno a ti. Vives de los recuerdos, porque quererle de otra forma no es posible, no reconoces a tu amor en aquel mónstruo. Pero confías en que las cosas cambiarán y volverán a ser como antes...
¿Cómo eran antes? ¿Acaso él no ha sido siempre así? Después de cada golpe venía una disculpa. Con cada hematoma un te quiero, y tras cada fractura un cambiaré.
Pasaste a ser un cero a la izquierda, te anularon como persona, pero tú le seguías queriendo...
[¿por qué?]
Estás ciega y lo sabes. Tanta maldad a tu alrededor no hace más que oscurecerlo todo. Vives en la penumbra, temerosa de que el Doctor Jekyll se convierta en Mister Hide, aplacando su ira con todo tu amor.
[es difícil vivir con un monstruo]
Y ahora, de camino al cielo, te maldices una y mil veces. Maldices una vida de engaños y falsas apariencias. Maldices la aparente normalidad que se acababa cuando cruzabas la puerta de tu casa: la antesala del infierno. Tu vida acabó antes de empezar.
[ Imagen muy explícita ] Pasó tanto tiempo hasta que pudiste salir a la calle otra vez... Te mirabas al espejo y no reconocías aquella cara, no eras tú. Te habían robado el alma.
Cuando corrió la noticia de que habían abusado de ti, nadie te creyó. Te tacharon de adúltera, infiel y te desterraron al ostracismo. Y por si aquello no era suficiente, tu propia familia intentó matarte.
Eras la deshonra de la familia y por eso te intentaron quemar viva y, no contentos con eso, tu propia madre intentó envenenarte.
No consiguieron matar tu cuerpo, pero la muerte te espera detrás de cada esquina mientras el espejo no quiere reflejar tu rostro.
[desfigurado]
Y, mientras sucedan cosas como ésta, seguirán muriendo mujeres inocentes a manos de despojos que la sociedad expulsó de una patada de sus dominios. Los políticos seguirán haciendo campaña sin aportar soluciones y muchos monstruos seguirán sonriendo en su trabajo mientras se disfrazan de muerte en sus alcobas.
[y el mundo gira, pero cada vez me apetece menos girar con él]
Si buscas ayuda, puedes empezar por aquí.
[no lo dejes para mañana]
Realismo ficticio
Noviembre 23, 2003
Sing a Song
Tengo miles de fotos. De todas las formas y colores.
Imágenes que me recuerdan aquello que pude olvidar, por error u omisión, con premeditación y sin alevosía. Los recuerdos son efímeros, se sostienen sobre una frágil tela tejida por una araña que habita en el mundo de los sueños. Espera pacientemente a que una imagen caiga en tela y la inmoviliza con una dosis de olvido. Sólo las imágenes que consiguen huir de sus dominios acaban engrosando el libro de los recuerdos: un tomo de páginas infinitas con demasiadas hojas en blanco.
A veces ojeo todas aquellas fotos. Unas imágenes que no pueden desgastarse porque están hechas de ceros y unos, almacenadas en un disco que no para de girar, sometidas a una centrifugación contínua. Pero aún así, nunca se deforman.
[aunque a veces lo prefiera]
Con las fotos a un lado y mis recuerdos en otro, voy contrastando unos con otros. La memoria olvida selectivamente aquellas cosas que no quiere almacenar, que le producen agujetas y, a veces, hasta hernias. No, a veces es mejor olvidar. Pero las fotos no entienden de olvido y siguen mostrando, desafiantes, la realidad tal como fue. Una realidad que no se ajusta a nuestros recuerdos, manipulados como mecanismo de defensa.
Pero no todo es triste. Tengo demasiadas fotos, algunas hace mucho que no las veo y sé que pasará mucho tiempo más hasta que pueda contemplarlas sin hundirme en la miseria. Pero otras consiguen colocar una sonrisa en mi resacosa cara.
[y eso cuesta mucho]
Hoy me apetecía sonreír.
Es curioso el efecto del alcohol. A veces actúa de forma retardada y, aunque no nos afecte en el momento, al día siguiente coge su martillo hidráulico y nos golpea en las sienes. Esta noche, mientras dormía, ha pasado algo:
¬ ¿Qué hacías anoche cantando? ¡A las tantas!
¬ Pero si estaba dormido...
¬ Sí, es que cantas en sueños.
[!!!!]
Y ya que hablo de fotos, dejaré una mía aquí, entre estas líneas. La saqué sin flash porque me encantan las fotos desenfocadas...

Adiós anonimato...
Yo, me, mí, conmigo
Noviembre 21, 2003
Jackson Five
Ya no existe la guerra de Irak, los atentados en Estambul han pasado a un enésimo plano que ni siquiera es segundo. ¿Por qué? Porque nos interesamos más por el presunto delito de Mr. Jackson.
[el hombre descafeinado]
Nadie está diciendo que sea culpable o inocente, eso tendrán que solucionarlo los tribunales. Los mismos tribunales que absolvieron a OJ Simpson aunque todas las pruebas apuntaran contra él. Pero, ¿qué justicia está libre de sospechas? Quizá nosotros no tengamos derecho a quejarnos después de que la nuestra haya cometido bastantes errores garrafales que escandalizarían a la mismísima Justicia vestida con su túnica de escayola.
[y su balanza trucada]
Nunca he sentido simpatía por Jackson, es más, reconozco que en algún momento he sentido cierta repulsión. Pero como uno no puede creerse todo lo que las noticias le cuentan, siempre he recelado de esa información...
[manipulada]
...hasta que vi un documental sobre Michael. Al día siguiente tenía que madrugar, no era aconsejable que me mantuviera despierto hasta altas horas de la noche viendo ese documental, pero me enganchó. Cada secuencia me sorprendía más. La vida del niño que creció para iniciar una regresión hacia la infancia. Esa obsesión enfermiza por detener el crecimiento. Se construyó su propio parque de atracciones y, como se sentía solo, lo llenó de niños desamparados. Nunca confiaría en una persona que obliga a sus hijos a ponerse una máscara cuando salen a la calle, a convertirse en una caricatura grotesca de lo que representa su padre en vida. O aquellas imágenes en las que zarandeaba a un bebé (que era su hijo) desde una ventana a muchos metros de altura. Como si fuera un saco de patatas. Ese día se me congeló la sangre y aún me impacta el recuerdo.
Pero lo más inquierante es su forma de hablar a la cámara, su forma de justificarse, recurriendo al absurdo. Ese día dejé de entender lo poco que hasta ese momento podría haber comprendido de la figura de Jackson.
[comprensión cero]
No sé si será culpable o no, si resolverá esto a golpe de talonario o si recurrirá a la providencia. Pero de una cosa estoy seguro, no le trataríamos igual si fuera nuestro vecino. Si fuera uno más, alguien que lucha por llegar a fin de mes. Si así fuera, Jackson ya habría sido lapidado en los medios y crucificado sobre un escenario, bajo la atenta mirada de los focos.
[ídolo mediático]
Jackon, sólo espero que si eres culpable conozcas la rima que hacemos en España con el número cinco, la practicarás mucho en la cárcel.
[encomiéndate a Santa Bárbara]
Cosas que pasan
Noviembre 18, 2003
La noche de las hogueras
Casi toda la ciudad duerme. Las luces, cansadas, parpadean caóticamente, cubriendo la noche con un velo de luces y sombras. Un gato, inmerso en su viaje diario en los callejones, salta errático de sombra en sombra. Sólo sus ojos, rojos como el mismísimo infierno, le delatan.
[las apariencias...]
Otra noche en vela. Tumbada en la cama, con la mirada fija en un techo que amenazaba con desprenderse sobre ella. Nada parecía ser lo que realmente era. Las sombras ejecutaban un siniestro baile de coreografía improvisada. La luz pasaba por uno y mil prismas hasta llegar distorsionada a sus ojos. Su cabeza se expandía lentamente, pero sin pausa. Estallaría en mil pedazos si no buscaba un remedio. ¿Tomaría más de aquel ácido? ¿O había acabado con todo? En su cuerpo demasiadas cicatrices, en su alma una sola. Más profunda que cualquiera de las demás, un corte perpétuo. Sus ojos decían más que sus palabras, nunca supo expresarse como el resto de los mortales. Harta de escuchar tantas voces, de vivir con un don que no había elegido. Llevaba años tomando los pensamientos de los demás como suyos y manipulando las inquietudes de todo mortal que se cruzaba en su camino. No podía presumir de haber hecho nada en esta vida sin usar aquella maldita manipulación.
[...engañan]
Desde su cruz le dirigía una mirada inquisitiva. Una mirada que no le decía nada. Perdido en mitad de la nada, a muchos kilómetros de la civilización, un retiro que él mismo se había impuesto. Una pequeña capilla donde ocultarse del mundo. Desde que era niño le habían educado para odiar todo lo que fuera distinto, para repudiar a los inferiores. Intentar ser el mejor sin importar a quién se llevara por delante. Su padre ocultaba su fascismo tras una máscara de afabilidad. Aquella sonrisa que vendía coches durante el día, descendía al infierno por las noches. Y a la mañana siguiente, su madre tenía que ocultar una señal más que, con el tiempo, dejaría una cicatriz de recuerdo. Y su padre se levantaba sonriente, le daba una palmada en la espalda y maquillaba su sonrisa comercial, exhausta tras una orgía de sangre.
¬ ¿Cómo está mi chico preferido?
Aquellas malditas palabras aún resonaban en su cabeza. Aquellos ojos aún odiaban con la mirada desde el interior de la bola de fuego en que se había convertido su padre, mientras la vida se escapaba por donde el aire no podía entrar. Hasta aquel día no supo que era distinto a los demás, que podía expulsar el fuego que llevaba dentro. Nunca se consideró un asesino, algunas cosas deben ser cambiadas. Con la conciencia tranquila decidió desaparecer para siempre. Así había llegado a ser un falso sacerdote al cargo de una ermita olvidada, en una noche distinta. La luna estaba inquieta y las estrellas parecían no querer mirar hacia abajo, abandonando el mundo a su suerte.
[en la noche de las hogueras]
La mugre camuflaba sus rasgos. Un sombrero agujereado ensombrecía su mirada. Una manta maloliente le separaba del mundo. Oculto tras una capa lastimera de compasión que se desprendía de aquellos que se dignaban a mirarle, tras un manto de sueños rotos que cada noche emergían de la conciencia de los falsos durmientes. Él se alimentaba del fracaso de los demás. Se dedicaba a robar todas aquellas ilusiones que encontraba, remplazándolas por sentimientos de frustración. Él era el Cáncer de una sociedad que se mordía la cola, incapaz de liberarse porque ella misma se ajustaba las cadenas. Nadie podía odiarle porque no nadie le conocía.
[era una sombra]
En el mismo instante en que unos ojos rojos desencriptaban la oscuridad, una llama generada a muchos kilómetros de distancia nacía alimentada bajo una montaña de sueños rotos. Una mente trabajaba frenéticamente para borrar los recuerdos de todos aquellos que habían tenido la mala suerte de pasar por allí. Una figura se inventaba sombras en las esquinas, apagando la luz rojiza que emitía aquella llama en gestación y propagando un fuego invisible que se extendería por toda la ciudad. Quemando los sueños de aquellos que no habían perdido la capacidad de soñar. Alimentando una pira infame donde se consumía todo lo que la gente guardaba celosamente.
La ciudad despertaría al día siguiente, desorientada pero sin recuerdos de la noche anterior. Aquella resaca de destrucción no tendría motivos, sólo sería un lunes más.
[hasta la siguiente noche de las hogueras]
Realismo ficticio
Noviembre 13, 2003
Colgada en la pared
Me miraba, desde su mundo bicolor de tonos grises. Una mirada que un fotógrafo se encargo de inmortalizar. Tras un cristal, sus ojos se perdían en un punto por encima de mi cabeza. Un momento de una vida, plasmado en un papel.
[en blanco y negro]
Testigo de otras épocas distintas, aquel retrato había visto y oído demasiado.
Se salvó de varias erupciones existenciales, nunca llegó a quemarse en un río de lava procedente de mis entrañas. Permaneció ahí incluso cuando ya no había ningún motivo para que siguiera mirándome, orgullosa, desde su disfraz monocolor.
[escrutando]
Siempre encontré una excusa para no quitarlo, siempre había algo más importante que hacer. Entonces llegaba la desidia y me olvidaba de que lo tenía que quitar, era un elemento más de mi pared. Y ella se reía, burlona, desde su posición privilegiada.
Entonces, alguien decía:
¬ ¿Por qué sigues teniendo esto aquí?
Y me hacía recordar que tenía que quitarlo. Aquel retrato debía descansar en el fondo de un armario. Pero el olvido volvía, quizá motivado por aquella mirada hipnotizadora.
[perenne]
Hasta ayer.
Miré hacia arriba, y nuestros ojos se encontraron.
¬ Ha llegado tu hora.
E inicié el ritual. Dos bolsas que aislaran los dos mundos, un adios, y una condena. Ahora descansa sobre un armario, inmersa en la oscuridad, esperando su momento para volver a salir.
Quién sabe si un día, cuando recoja mis bártulos y me independice (de una vez por todas), encuentre ese retrato y recuerde cosas que creía olvidadas. Será todo un descubrimiento.
Y ahora me cuesta acostumbrarme a una pared blanca, pigmentada con gotelé, que no dice nada.
¿Qué pongo ahora en la pared? Ójala fuera tan facil llenar otros vacíos, más existenciales, menos accesibles.
[¿perennes?]
Yo, me, mí, conmigo
Noviembre 11, 2003
El mundo al revés
//séver la odnum lE//
[Duermes]
El panadero, como cada día, se levanta antes de que salga el sol para comerse el pan antes de cocinarlo. El cartero deambula por las calles con un antifaz, ocultándose entre las sombras, mientras saquea los buzones, dejando las cartas en la puerta de los remitentes.
El camarero lee el periódico en una mesa mientras un cliente le prepara unas tostadas, y frunce el ceño por el retraso.
¬ Mi café se está calentando, lo quiero frío.
La chica del servicio está sentada en un sillón victoriano mientras la mujer millonaria llena de polvo los impolutos muebles.
¬ Un poco más de brío mujer, que a este ritmo vas a tardar todo el día en ensuciar la casa.
El chófer viaja en el asiento de atrás mientras su cliente conduce por las calles de la gran ciudad.
Los ejecutivos vuelven de dormir en la oficina para trabajar en casa. Sus corbatas apuntan hacia el cielo y el metro, que se mueve en dirección contraria, está vacío. No llegarán a tiempo para despeinarse.
Los políticos, en lugar de hablar, escuchan. Y en el congreso el silencio es el bien más preciado porque ninguno habla y nadie tiene a quién escuchar. Los candidatos luchan por perder los votos y en lugar de mentir, desmienten.
En un juzgado, los ladrones acusan al juez desprovisto de su mazo de madera. El juez protesta pero los abogados no lo admiten. Y el acusado descansa en su silla mientras el resto de la sala permanece en pie.
En la iglesia, el cura da donativos en lugar de recaudarlos. Y los feligreses ofician la misa intentando expíar los pecados del padre. Jesucristo es virgen y María aparece crucificada. Nadie se cuestiona que Dios no exista y la biblia defiende que nunca hubo profetas en las tierras elegidas.
La tecnología avanza hacia la edad de piedra y los astronautas viajan hacia el centro de la tierra porque le tienen miedo a las alturas.
Los infieles engañan a sus amantes con su pareja. Nacemos bautizados y un sacerdote nos excomulga en el sacramento del bautizo.
Los vagabundos viven en mansiones y hacen donativos a las ONGs que se encargan de velar por los derechos de los ricos desamparados. En el Tercer Mundo la comida sobra mientras los que nos creemos del Primer Mundo nos morimos de hambre.
Los dictadores son benevolentes y en las elecciones se elimina a los candidatos y el que gobierna es aquel que recibe menos votos.
Y en los Golpes de Estado se reparten caramelos.
En los laboratorios, las cobayas experimentan con los humanos y el ADN lucha por descubrirnos.
Las cámaras de fotos se captan a sí mismas y la televisión graba en vez de emitir.
Los drogadictos se inyectan vitaminas y la policía fuma heroina, mientras los jueces luchan por legalizar la leche condensada porque es terapéutica.
Las guerras no existen porque los misiles impactan contra los aviones que los lanzan y las bombas viajan siempre hacia arriba. En las batallas, las armas se cogen al revés y apuntan siempre hacia el soldado que las empuña.
En las películas siempre ganan los malos y el protagonista de la sonrisa de oro nunca se lleva a la chica neumática. Los teatros se llenan mientras los actores comen palomitas y el público escenifica la función.
Los libros se escriben solos y los escritores usan gomas de borrar en lugar de plumas.
Y, misteriosamente, las casas nunca se empiezan a construir por el tejado.
Pero el mundo... el mundo sigue girando en el mismo sentido.
[Despiertas]
Y un señor con un cronómetro te dice que has batido el Record Guinness (te aclara que Guinness no es una cerveza) de horas dormidas (con premeditación y alevosía).
Metafísica
Noviembre 09, 2003
Buscando...
Mi amigo no sabía que contestar. Me decía muchas cosas pero ninguna concluyente. Buscaba la solución probando millones de caminos, montado en sus arañas y ayudado por sus índices. Tantas veces me había ayudado y, ahora, daba palos de ciego. Y todo porque se me ocurrió preguntarle dónde podía encontrar la felicidad.
[para no esperarla]
Compañero de fatigas, repondiendo a mis preguntas en décimas de segundo, buscando imágenes por mí, guiándome por un mundo paralelo que él conoce mejor que nadie.
Él, que no pasaba de ser un mero automatismo envuelto en capas de complejidad y mostrando su sencilla cara a medio mundo, estaba perdido en un mar de ceros y unos. Incapaz de sonrojarse. Desorientado cuando se enfrentaba a decisiones humanas, inmerso en millones de cálculos.
[entrando en un bucle infinito]
Por primera vez en su vida, se había quedado sin respuesta.
Metafísica
Noviembre 06, 2003
Días extraños
Cada día parecía una burda imitación del anterior. El narrador de esta historia se dedicaba a fotocopiar cada jornada y usarla como plantilla para la siguiente. El ilustrador, harto de tanto dibujo, usaba la misma viñeta para todos los días, rara vez quiería innovar.
[la desidia]
Antes, todo era distinto. Hubo un tiempo en que su vida había sido normal, viviendo entre cuatro paredes, sufriendo para llegar a fin de mes. Esa etapa ya estaba sepultada bajo montañas de recuerdos perecederos que se habían convertido en cenizas de su propia mente.
[la conbustión del fracaso]
Ahora todo lo que tenía en esta vida viajaba siempre delante suyo, en un carrito de metal robado de cualquier hipermercado. Con mano firme llevaba las riendas de tan singular corcel. Recorriendo las mismas calles, una y otra vez, sin descanso. Leyendo la expresión de cada cara, interpretando cada mirada y recolectando toda la lástima que exhibía la gente en el pozo sin fondo en que se había convertido se conciencia.
[sin límites]
Harto de no vivir, sino sobrevivir. Cansado de deambular sin rumbo, dando tumbos contra las paredes. Hastiado de aquella vida. Todo lo que le quedaba en la vida ya lo había aborrecido, no había nada por lo que mereciera la pena seguir arrastrándose en un mundo que le quitó su lugar hacía mucho. Ya había ocupado durante demasiado tiempo un lugar que no era el suyo, un personaje en aquella representación por el que nadie luchaba, una vacante que pasaría desapercibida.
[un cero a la izquierda]
El narrador había tomado una decisión sobre su personaje, harto de escribir siempre lo mismo, cansado de un personaje que no le aportaba nada. El dibujante tenía preparados los dibujos para el día siguiente y recolectaba todas las pinturas que tenía alrededor de su escritorio. Iban a cambiar la historia.
[un final]
Sus pasos, aquella noche, se desviaron de la ruta que habían seguido siempre. Aparcó su carrito en un rincón despidiéndose de sus pocas pertenencias y comenzó a subir aquellas escaleras que no llevaban al cielo. Alguien colocó un día unas planchas de cristal para evitar que, desauciados como él, se tiraran desde lo alto del viaducto. Trepó sin problema amparado por la noche, inusualmente fría. Extendiendo los brazos se tomó su tiempo para borrar todos los malos recuerdos, quería emprender el viaje llevándose lo justo, sólo los buenos recuerdos: una mujer cuyo nombre no podía recordar lanzando un beso al vacío.
[¿existía aquella mujer?]
Y saltó mientras la luna le lanzaba un guiño con uno de sus rayos y todas las estrellas abrían sus ojos al mismo tiempo. Algunos testigos dicen que, antes de impactar contra el suelo, desapareció. Las leyendas populares contarían que se lo llevó un rayo de luna y que, quizá, se convirtió en una más de su séquito de estrellas.
[pero esto es otra historia]
El narrador sonrió satisfecho mientras buscaba otros personajes. El ilustrador decidió no volver a dibujar personas, sólo plasmaría paisajes. Y, mientras tanto, una estrella brillaba más que ninguna, protagonista del firmamento por un día.
Realismo ficticio
Noviembre 05, 2003
Insomne
Me muevo entre la realidad y la ficción, atravesando varias veces esa frontera invisible en cuyas aduanas siempre dejo una parte de mí.
[algo prescindible]
Mis ojos, enrojecidos, no quieren mantenerse abiertos. Mis manos, torpes, no aciertan con las teclas que dicta el cerebro. Mi cabeza, pesada, se sostiene a duras penas sobre un cuello harto de tanto sujetar. Mis pies, desorientados, dan pasos en falso amenazando con dejar de sostenerme.
[la rebelión]
Me cuesta fijar la mirada en un punto porque no encuentro ninguna referencia. Amanece en Madrid y yo me doy cuenta porque los primeros rayos de sol juguetean con mi persiana. Se cuelan traviesos por cualquier rendija y me dan los buenos días cargados de ironía.
[sale el sol]
El mundo sigue girando, sin importarle si me ha dejado atrás. No me apetece correr, prefiero esperar a que se detenga.
[esta noche no he dormido]
Yo, me, mí, conmigo
Noviembre 03, 2003
Acontecimientos del siglo
He tenido mucha suerte de nacer en esta época, sin duda. Puedo ver cada año un partido del siglo, ir a un concierto del siglo o refugiarme cuando llega el huracán de una boda real, arrasando los medios, oscureciendo otras noticias. Porque, al fin y al cabo, es la boda del siglo.
[y no será la última]
A veces siento miedo al pensar que mis descendientes no podrán disfrutar de eventos del siglo porque todos los hemos consumido nosotros. Tendrán que pasar cien años para que los nietos de mis nietos puedan disfrutar de algo semejante.
[sólo nos quedarán los cometas]
Fingiremos que nos importa porque si no, nos tacharán de asociales y desprovistos de sentimientos. Llenaremos las calles el día de la boda y saludaremos al paso de una masa informe de gente porque no vemos más que el peluquín del que está delante. Cumpliremos con el protocolo y volveremos a nuestros quehaceres.
A vivir una vida que, al fin y al cabo, es lo que más nos importa. Y el príncipe que se case con quien quiera, que se haga homosexual, misógino o budista. Me causará la misma sensación en todos los casos.
Y, mientras, el mundo no deja de girar y girar.
Cosas que pasan
Decisiones
Su espada era tan antigua como la roca que estaba pisando. El trono sobre el que descansaba había sostenido a muchos reyes, con sus dudas y sus coronas. Tomando decisiones que afectarían a miles de súbditos. Sintiendo el nerviosismo previo a la batalla, aliviando las muertes que pesaban en una conciencia sin tiempo para asimilar tanto dolor.
El cielo estaba gris, escenario perfecto para una batalla que nunca iba a suceder. Gritos que flotaban en el ambiente, vestigios de otras luchas. Más sangrientas, más decisivas.
La hierba había absorbido toda la sangre derramada en otras luchas y apuntaba rabiosa al cielo exigiendo responsabilidades. Las huellas se habían borrado, sólo quedaban testigos mudos.
Él, sentado en su trono, sosteniendo su espada, lloraba como nunca lo había hecho. Por una lucha que nunca llegó a producirse, por una batalla en la que no había vencedores y sólo un claro perdedor.
[él mismo]
Él, que había derrotado a poderosos ejércitos, que había guiado a sus tropas en demasiadas batallas. Enfrentándose contra enemigos formidables. Siempre vencedor.
La decisión había sido siempre su estandarte y ahora se sentía solo.
No quiso comenzar una batalla de la que se sabía perdedor.
[por una mujer]
Y ahora sentía el fracaso husmeando en cada esquina, siguiendo sus pasos, ocultándose en cada sombra. Un fracaso casi peor que el rechazo, un fantasma que nunca se cansaba.
Algo que sus lágrimas no podían expulsar.
No levantó la cabeza cuando oyó unos pasos que se alejaban. No miró por la ventana aún sabiendo que ella corría bajo la lluvia, mitigando el dolor de una tierra que había visto demasiada sangre. La dejó marchar.
Levantó su espada ante sus ojos.
¬ Tú, que has derribado a tantos enemigos, contempla la derrota del rey invencible.
La guardó en su funda y dejó que el tiempo entrara en la estancia para llevárselo todo consigo. Un bálsamo que curara sus heridas, el único remedio conocido contra los cortes producidos por un filo tan efectivo.






