Diciembre 31, 2003

Punto y seguido

Curiosamente, los humanos le damos más importancia a determinados instantes que a períodos que puede durar años. El mundo se para durante unos instantes que marcarán el final de un año y el comienzo de otro. Clasificamos las emociones sin conocer siquiera el baremo, aproximándonos cuanto podemos a nuestro canon de perfección.
Aunque recorremos sendero el destino como trapecistas sobre la cuerda floja, no marcamos una línea, recordamos sólo ciertos puntos. Epicentros emocionales de tamaño variable cuya onda expansiva borra los recuerdos adyacentes. Cuando un anciano mira hacia atrás sólo puede contemplar un millón de puntos a través de los cuales podría trazar una línea con su pulso tembloroso. Un trazo que no sería más que una aproximación.
[incertidumbre]
En este año he marcado muy pocos puntos. Miro hacia atrás y veo una línea difusa, una marca en papel térmico que acabará borrándose, como esas entradas de cine que encontramos en nuestra cartera sin una mísera letra, así funciona nuestra memoria.
En mi familia nunca hemos sido muy navideños. Las tradiciones de la España Católica, Apostólica y Romana son meros recordatorios. Mi madre pone el árbol por costumbre, con sus lucecitas musicales (todo un peligro) y un belén adosado que nos ha visto nacer. Un belén minimalista de figuras mutiladas al que nadie hace caso, excepto el día del montaje y la recogida.
Ni siquiera respetamos a los Reyes Magos de Oriente, mandándolos a las oficinas del INEM para contratar al Amigo Invisible, que no deja de ser más de lo mismo pero con menos ornamentos. Al final, compras menos regalos pero te gastas lo mismo. El Corte Inglés (hay que joderse, les hacemos publicidad hasta para quejarnos del consumismo) seguirá embolsando lo mismo, nosotros seremos un poco más pobres y la Navidad, el Año Nuevo y los Reyes Magos (y/o Papá Noël, Der Nicolaus en alemán) volverán año tras año.
Mi madre se pasa todo el día cocinando para la cena en familia. Después, mientras el estómago empieza a segregar los jugos gástricos comienza la parafernalia anual. Mi padre que siempre pone la televisión hasta que le decimos que la quite. Mi padre diciéndome que me voy a comer todos los langostinos cuando sólo llevo dos. Mi madre poniéndose roja gradualmente con el vino, aunque apenas bebe dos copas. Las anécdotas que se cuentan, siempre las mismas. Los comentarios...
¬ ¿Llevarás algo rojo no?
¬ Me he puesto estos lazos, he quemado siete deseos escritos en siete hojas de colores distintos. No creo que se cumplan porque me ha faltado esparcir sus cenizas por el Sahara...
¬ ¿Y de novias que tal? Claro, quién te va a aguantar.
[vamos, lo de todos los años]
Cuanto más se acercan las campanadas, mayor es la agitación. Colas en la ducha, colas con las uvas. Unos las pelan y les quitan los pipos, otros les quitan solo los pipos y, algunos, se resignan a atragantarse. Durante las campanadas llega el silencio. Todos, como hipnotizados por el soniquete, seguimos el ritual. Al acabar los besos y las celebraciones, el jolgorio, y el ritual de mi hermana. Lo hacía desde que era pequeño y siempre le dejo que lo repita, como haciéndome el sorprendido. Me da la mano y me dice:
¬ Eres el primer marrano que me da la mano en el #### (coloque ahí el año entrante).
[sí, es una gilipollez elevada a la categoría de ritual]
Este año voy a ir a una fiesta que organiza un amigo en un pub de Alonso Martinez (zona odiosa de marcha en Madrid). Por treinta euros podré poner a prueba la capacidad de mi hígado para asimilar alcohol, esperemos que no sea de quemar.
El ritual no acaba ahí, queda la parte más larga: la resaca. Levantarse al día siguiente sin noción del tiempo, del espacio ni sentido de la orientación. Tu cuerpo trabaja a marchas forzadas para asimilar el alcohol que ingeriste el día anterior.

Y después, la vida sigue. Otro año más, otro calendario que arrancar de la pared.
[C'est la vie]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 08:12 PM | Enlace Permanente

Diciembre 28, 2003

Cambio

El destino es un frágil cordón, extremadamente maleable, que se deja llevar por el viento. En ocasiones levanto la cabeza y puedo ver como lo que es mi vida no se acerca a la idea que tengo en mente. No, no hablo en términos de felicidad, sino en el lenguaje de las motivaciones.
Un año muere y otro ocupará su lugar. El tiempo nunca se detiene, no llora a sus miembros desaparecidos, simplemente los ignora. Se recompone tras cada funeral. Casi todos los instantes son insignificantes para el señor del tiempo, demasiado ocupado con que a cada segundo le siga otro como para ponerse a lamentar la expiración de sus hijos. Nació para contemplar la muerte del presente que será enterrado en las tierras del pasado. Para él el futuro no existe, sólo puede ver el presente.
[no es un visionario]
Cada año me hago propósitos que sé que no cumpliré y que, quizá, repita al año siguiente. Los propósitos son un motor que nos lleva de un día a otro, sin permitir que nos detengamos en nuestro camino.
Este año tengo que plantearme muchas metas, quiero dar un giro radical a mi vida, dotarla de más sustancia, pintar ese insoportable tono gris con pinturas blancas.

El día que no tenga fuerzas para soñar estaré irremisiblemente muerto.
[y aún me queda mucho camino por recorrer]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 11:53 PM | Enlace Permanente

Diciembre 23, 2003

Llamada

El teléfono se agita frenético, en pleno ataque epiléptico, en su lecho. Él nunca duerme, nunca descansa. Vive por y para servirme. En la pantalla sólo se puede leer: Identidad Oculta.
¬ ¿Hola?
[silencio]
¬ ¿Quién es?
[el mayor silencio jamás conocido]
Y cuando me disponía a colgar una voz entra en mi cabeza. Aquella voz no venía del otro lado de la línea, sino de algo que estaba allí mismo.
¬ Soy Muerte.
¬ ¿Ha llegado mi hora?
¬ No, venía a felictarte la Navidad. Me gusta ver como os asustáis cuando pronuncio mi nombre. Te deseo que no tenga que verte ese año, porque eso significará, ya sabes, tu muerte.
¬ Vaya, pues no sé que decir. ¿Igualmente? No, dejémoslo en un próspero año nuevo. Joder, podías haberme enviado un christmas y ahorrarme este susto de muerte, valga la redundancia.
¬ Hasta otra.
¬ Y que no sea pronto...
[cabrón]

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Realismo ficticio
by milio a las 05:36 PM | Enlace Permanente

Diciembre 22, 2003

If I were a rich man

// probabilidades inciertas //

No, hoy soy igual de rico o de pobre (según se mire) que ayer. Para precisar, hoy tengo veintipico euros menos. Compré mi futuro por veinte euros y la diosa fortuna me ha dado una patada en el culo con premeditación y alevosía.
¬ Iluso.
Enciendes la televisión y ves a todo el mundo saltando, festejando un premio que a ti no te ha tocado. Y tienes que reconocer que te escuece mucho que el señor calvo de las pelotas no haya dejado caer una pelotita de la suerte en tu casa, a ti te la tiró a la cabeza con intención de descalabrarte.
¬ Está muy repartido.
[sí, pero a ti no te ha tocado]
¬ Mira, ha tocado en un barrio obrero.
[pero no en el tuyo]
¬ Siempre nos quedará el niño...
[a mí como si se muere]
No te identificas con la figura del millonario saltarín o la del que va a tapar unos agujeros con millones de euros (matando moscas a cañonazos). No, prefieres identificarte con el perdedor solitario que se emborracha en un bar porque él ha sido el único del barrio que no compró ese décimo ganador. Él estará en las anécdotas de todos aquellos que sí pillaron algún premio, le señalarán por la calle, estará en boca de todos. Porque en este país no nos alegramos tanto de las victorias propias como de las desgracias ajenas. Lo nuestro es la cultura del antihéroe y/o del perdedor.
[Spain is different]
Aún hay quién se sorprende de que en Sort siempre toquen los primeros o segundos premios, atribuyendo esto a la gracia del azar. Pero no lo es, en parte. En Sort se venden muchos más décimos que en cualquier otra administración de loterías (las estadísticas hablan de diez millones de décimos por encima de la siguiente administración en el Hall of Fame), por lo que la probabilidad nos dice que será donde toquen más premios. Cierto es que no tiene por qué ser así, pero entonces estaríamos hablando de mala suerte. Es como si tiras una moneda un millón de veces y salen un millón de cruces, sabes que la tendencia en un número de tiradas que tiende a infinito es del 50%, pero nadie te puede asegurar que si salió cara la próxima tirada sea una cruz.
[tu cruz]

A aquell@s desafortunados que no hemos pillado ni un reintegro siempre nos queda el consuelo (o la desdicha) de una vida que no cambiará. Mantendremos lo que tenemos hasta ahora, seguiremos moviéndonos por los mismos ambientes y tendremos l@s mismos amig@s, tendremos tiempo de cogerle cariño a nuestra hipoteca porque nos acompañará toda la vida y seguiremos esperando salir de la miseria en un sorteo. Y eso no tiene precio.
Pero, ¿no ayudarían un par de millones?.
[a mí sí]

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Cosas que pasan
by milio a las 05:32 PM | Enlace Permanente

Diciembre 20, 2003

Aritmética

Yo era un sobre ignorante en el mundo de los números.
[donde el quebrado es el rey]
Siempre pensé que uno y uno eran dos. Atrapado en las estrictas normas de la aritmética, ciego en los dominios de un visionario.
Entonces llegaste tú para abrirme los ojos y susurrarme al oído que si sumamos uno y uno podemos obtener dos haciendo la suma con cuidado. Converti los axiomas en humo y las promesas en axiomas. Multipliqué mis horizontes y dividí mis miedos.
[sin calculadora]
Pero un día te fuiste. Desapareciste sin explicarme como hacer que tres menos dos no dieran cero.

Ahora la única certeza que me queda es que lo poco que sabía lo he olvidado.
[el que no sabe no padece]

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Metafísica
by milio a las 02:09 AM | Enlace Permanente

Diciembre 19, 2003

Technology Victim

Eso es lo que me dice un amigo que soy y, quizá, tenga razón. Mi última adquisición fue este maravilloso reproductor de DVD.

En mi casa, en cuanto a la tecnología, siempre ha imperado la ley del "no se compra mientras el antiguo no implosione". Esto se traduce a tener un vídeo en el que es imposible grabar algo a tiempo, pues tienes que pulsar el botón un número indefinido de veces que tiende a infinito para que aquello reaccione.
[que no siempre pasa]
Mis padres nunca aprendieron a manejar el vídeo, nunca les importó, con la televisión bastaba. Dosis de basura a distancia, recorriendo los cielos hasta llegar a nuestra antena, sin dejar mal olor en el ambiente.
[nunca la mierda fue tan limpia]
En mi casa, cuando se compraba un televisor, vídeo o equipo de música, era mi padre el que se encargaba de elegirlo. Básicamente llegaba a una tienda y compraba el primero que se le antojaba. Así nos salían... El primer equipo de música que tuvimos era enorme a la par que inservible. Un horrendo bulto negro que ocupaba medio salón y que mi padre nunca supo encender. La televisión debió recibir la mención a la peor relación calidad-precio. Un día perdió el control, deformando grotescamente la imagen en la parte superior de la pantalla. Así conseguimos que los presentadores de los telediarios, los tertulianos de los programas del corazón e, incluso, los personajes raros del circo de la vida, tuvieran un palmo de frente. Aquello parecía el circo de los horrores. Aún así mis padres se empeñaban en decir que la televisión se veía bien, cuando parecía que habíamos sintonizado una emisora de otro planeta, donde la evolución había dictado que el cincuenta porciento del cuerpo fuese la cabeza.
[grotesco]
El vídeo, cuando quería funcionar, sonaba como un reactor, como una macrolavadora centrifugando.
[la reina de los orgasmos]
Luego llegó internet, los móviles, el canal satélite, los reproductores MP3, las cámaras digitales, los portátiles... y el DVD. Yo, para estas cosas, soy como un niño pequeño, me caí en la marmita de Panoramix, marca Acme y Made in Usa.
[elixir del consumismo]
Me invento necesidades que suplo con aparatejos totalmente inútiles, y así me va. Pero, eso sí, qué bien se ve mi nuevo DVD y cómo me gusta poder reproducir películas en casi cualquier formato.
Menos mal que aún no he llegado a la fase de sentirme orgulloso, muy orgulloso o tremendamente orgulloso de mi móvil.
[ese día seré más imbécil, si cabe]

Fabricantes del mundo, no avancen más hasta el día veintidós de diciembre, fecha en la que me tocará la lotería.
[de ilusión se vive]

Clasificado en:
Technology victim
by milio a las 07:19 PM | Enlace Permanente

Diciembre 15, 2003

Mundo y aparte

// mundo y final //

El café. Sujetaba la cucharilla con los ojos vidriosos mientras su mente se perdía en un mundo a su medida. El cordón que servía de nexo con la realidad era cada vez más fino, rompiéndose por demasiados puntos. Era imposible remendar todos los descosidos, aquello se reterioraba irremisiblemente. Sabía que tarde o temprano el mundo dejaría de importarle.
[buscaba libertad]
Con la mirada fue repasando el trazado del campo de azulejos. Caóticamente, sin seguir un rumbo fijo. No le importaba pasar dos veces por la misma línea, repetir un camino que olvidaba a cada paso. ¿No era eso una metáfora de su vida? ¿Acaso importaba?
[nada importaba ya]
La mudanza era complicada y tenía que hacerse a marchas forzadas. Caminaba con pasos de trapecista por aquel cordón de irrealidad, acarreando sus pertenencias desde el mundo matriz a su mundo imaginario. No sabía cuánto tiempo iba a permanecer en el plano real, cuándo aquel hilo se dividiría para siempre en dos partes cuyo tamaño no importaba.
¬ Sin camino no hay retorno. Sin retorno no hay apego.
Criaturas legendarias creadas por su imaginación viajaban sobre su regazo hacia el mundo de sus sueños. Los cajas de recuerdos eran prescindibles y serían las últimas en viajar. No recordaba cuándo dejaron de importale las pequeñas cosas, pero ya eran un cero a la izquierda. Sentía pena porque las personas más cercanas no podrían acompañarla en ese viaje, personal e intransferible. No le gustaban las despedidas así que se iría sin avisar.

[mundo y aparte]

El café. Lo único que podía mantenerle despierto mientras su mujer revoloteaba por toda la casa. Con aquel camisón que él mismo le regaló, blanco y con transparencias, como era antaño su mente. Hubo un tiempo en que él era totalmente capaz de leer las emociones en los ojos de su mujer, ahora todos los telones se habían cerrado y convivía con una desconocida.
[y él era un extraño]
Removía el café apáticamente mientras intentaba concentrarse en el periódico, pero las letras bailaban y se reorganizaban a su antojo. Sólo podía leer una cosa: L-O-C-A. Y él, antes perfectamente equilibrado y meticuloso, se estaba convirtiendo en un ser caótico y pasivo. ¿Quién estaba destruyendo a quién?
Aquella desconocida se dirigió a la mesa con pasos de bailarina y se sentó a su lado. Le miró con los ojos muy abiertos, escrutándole como si no le conociera.
¬ ¿Por qué estás en mi casa? ¿Eres un trasto o un recuerdo? No debes ser un recuerdo porque tu cara no me suena y... ¡Te mueves mucho para ser un trasto!
Él la miró como hacía siempre, como se mira a una niña que apenas sabe hablar. Le puso el dedo entre los labios y se los cerró con gesto cariñoso.
¬ No soy nadie. No existo.
Ella abrió aún más los ojos y emitió una carcajada estridente que desembocó en una risa nerviosa.
¬ Eres muy gracioso, trasto. Pero no te llevaré conmigo. Me distraerías.

[mundo y aparte]

El café. El mismo café de cada mañana. Aún no se había acostumbrado a hacer menos cantidad ahora que estaba solo y siempre tenía que tirar la mitad. La echaba de menos y eso le enojaba y le entristecía... y le liberaba. Ella se fue mucho antes de que su camisón dejara de revolotear por los pasillos. La siguiente marcha, la física, fue sólo una consecuencia.

[mundo y final]

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Realismo ficticio
by milio a las 07:43 PM | Enlace Permanente

Diciembre 14, 2003

Anotaciones

Recordaba aún esas noches en las que la humedad fusionaba las sábanas con su cuerpo. Tumbado en aquella cama demasiado pequeña para un cuerpo en pleno apogeo hormonal.
¬ Andresito, cuando crezcas tendrás una cama más grande.
El mundo se confabulaba, una vez más. Nunca era lo suficientemente mayor para unas cosas y siempre sería demasiado pequeño para otras. Deseaba manipular las manecillas de su reloj biológico, quizá así consiguiera que dejaran de llamarle Andresito.
El roce de las sábanas se hacía insoportable, el sudor de las noches de verano era insufrible. Condenado al insomnio estival, dejaba los sueños esperándole en la almohada y se dedicaba a contemplar el mundo desde su ventana.
Una pequeña luz, luminosa como para atraer a los mosquitos, pero no lo suficiente para ser el centro de las miradas. Miraba sin ser visto.
Aquello que llamaban vida se deslizaba bajo su ventana sin sospechar que había alguien observando escrupulosamente.
En las noticias, cuando hablaban de barrios conflictivos, siempre citaban el suyo. Aquellas criaturas formaban parte de un submundo acotado por él. Cada persona que pasaba bajo su ventana recibía un nombre y una identidad inventada. José, el mendigo paranoico. Rita, la mujer que por las mañanas coincidía con su madre en el mercado y por las noches hacía la calle vestida de estrella. Juan, Alberto, Rosa y un largo etcétera, drogadictos que pasaban por su calle de camino al supermercado de la droga, dirigiéndose a un cementerio de elefantes del que algunos no volverían. Le gustaba entrar por un instante en la vida de esas personas, observar, aprender y, sobre todo, contarlo. Escribía en su cuaderno todo lo que pasaba por su mente. Un diario colectivo que narraba las vivencias inventadas de personajes variopintos.
Su afición por contar lo que veía no se reducía a sus desvelos nocturnos, se fue extendiendo por otras facetas de su vida. Se compró una libreta más pequeña que llevaba siempre encima, convirtiéndose en un cronista de lo que pasaba en su casa. Su familia se acostumbró, pensando que sería una moda pasajera.
¬ Ya se le pasará, es sólo un niño.
En las cenas familiares, cuando Andrés sacaba ceremoniosamente su libreta del bolsillo de la camisa para hacer una anotación, todos se preguntaban qué estaría apuntando el chiquillo y permanecían en silencio. Cuando Andrés guardaba nuevamente su libreta las conversaciones continuaban en el punto donde se habían quedado y la normalidad se sentaba en su asiento, presidiendo la mesa.
Lejos de ser una costumbre pasajera, Andrés continuó con sus anotaciones. Su primer beso, unos años más tarde, quedó plasmado con escritura nerviosa sobre papel cuadriculado. El día en que la inocencia, con apariencia de ángel virginal, le abandonaba, esperó a que la chica se durmiera para sacar su libreta y narrar ese hito en la historia de su vida.

Nunca imaginó, en ese momento, que algunos años después desempolvaría esas pequeñas libretas y transformaría sus páginas en canciones. Cantando sus verdades desde una banqueta, rasgando las cuerdas de su guitarra. Atrás quedó el niño que lo observaba todo a través de su prisma particular, aquella cama donde no cabía y las luces que atraían mosquitos sin iluminar. Andrésito se había convertido en Andrés Lewin, aunque no hubiera perdido ese espíritu curioso ni su gusto por plasmar su visión particular de un mundo demasiado genérico.

Biografía inventada escrita por un servidor que figura en la página web de Andrés Lewin. Si queréis ver más biografías escritas por otros autores (a mí que eso de autor me queda un poco grande...), las tenéis aquí.
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Realismo ficticio
by milio a las 04:00 AM | Enlace Permanente

Diciembre 10, 2003

Cyclops

Ahora entiendo a los cíclopes, sin su visión espacial. Tuertos, viviendo en un mundo de tres dimensiones que, para ellos, es plano. Conocen el volumen porque sus otros sentidos se lo indican, pero su ojo no es capaz de dibujar los ojetos en un contexto tridimensional.
Ayer tenía el ojo izquierdo un poco rojo. Me picaba, pero no pasaba de algo normal. Acostumbrado a pasar muchas horas del día delante de un ordenador (particularmente de un monitor, y no de fitness), no me sorprendía este pequeño percance. No siempre es por los ordenadores, alguna vez me he metido el dedo en el ojo mientras me lavaba la cabeza.
[quien esté libre de estupideces que tire la primera piedra]
Anoche, mientras veía la televisión, me di cuenta de que mi ojo se empezaba a inflamar y, poco a poco, parecía una pelota de golf. Cogí un poco de hielo y me lo puse en el ojo. Mano de santo, aquella inflamación de deshinchaba por momentos.
[ah, la maravillosa normalidad]
Esta mañana, al despertarme, he notado como me costaba un poco abrir el ojo. Me he mirado en el espejo y...
[oh, la jodida realidad]
...y ahí estaba aquel líquido viscoso y translúcido, testigo mudo de una batalla entre virus y anticuerpos. Yo me asusto mucho con estas cosas y, cuando veo una herida o lesión, me da por ponerme fatalista. Es entonces cuando en mi cabeza comienza el cuento de la lechera al revés, con tintes siniestros y tenebrosos. ¿Y si me quedo tuerto? Afortunadamente, ahí estaba Sentido Común para golpear su gong a diez centímetros de mis oídos, sacándome de esta pesadilla.
Yo tengo el médico por las tardes, pero viendo como tenía el ojo, pensé que era mejor irme a ver si me podían atender. Iba por la calle tapándome un ojo con un pañuelo, parecía un esperpéntico herido de guerra. Había escuchado muchas veces aquello de que la visión espacial no se puede mantener con un ojo cerrado, que si la percepción de los colores es distinta, y todo tipo de sabiduría popular adquirida vía mail spam, incluso había hecho trucos basándome en eso. Pero, amig@s, del dicho al hecho hay un trecho. Cuando uno intenta guiarse con un único ojo la tercera dimensión desaparece totalmente, no somos capaces de calcular bien las distancias. Nuestro cerebro sabe que los objetos ocupan todo el espacio, pero no le llega la información suficiente para ubicarlos con exactitud. Esto se traduce en un andar vacilante, la ceniza que si cae en el cenicero es por puro azar y los coches que parecen vibrar en la distancia.
[un caos cognitivo]
Llego al médico y me recibe una repelente simpática recepcionista, con el rictus característico de los que trabajan en la inSeguridad Social. Yo estaba esperando, a veinte centímetros de sus ojos, pero ella no parecía verme. Apuntaba ceremoniosa algo en su cuaderno de notas. Con esa parsimonia provocada por los aires de grandeza. Pasan dos minutos y me decido a hablar.
¬ Hola, mi médico trabaja por la tarde, pero es que mire como tengo el ojo. ¿Puede verme algún médico?
Esto, que parece una pregunta retórica, no lo es ni mucho menos.
¬ ¿Qué le pasa?
Le cuento toda la historia, con pelos y señales. Me he aprendido bien el guión porque presupongo que tendré que contarla un par de veces.
¬ ¿Y no puedes esperar a esta tarde?
Me dan ganas de decirle que me he jugado la vida viniendo hasta el centro, en un maravilloso mundo de dos dimensiones. Pero, como me parece que estoy exagerando, me limito a decir:
¬ No.
¬ Bien, pase por la sala cuatro y, cuando salga el doctor, le comenta su caso.
Rellena un papel con mis datos y lo que ella piensa que me pasa: Ojo Rojo. ¿Cómo le llaman a los infartos entonces?
[¿Mal de amores?]
Yo, que normalmente vivo en un universo paralelo donde las cosas transcurren más lentamente, donde no me entero de nada, me sitúo junto a la puerta de lo que presumiblemente es la sala 4. Al menos el cartel está al lado. Espero pacientemente hasta que veo a un hombre un poco mayor, vestido con un atuendo medianamente elegante.
¬ Perdone...
¬ ¡Qué! -un poco brusco sí que era.
¬ ¿Podría mirarme el ojo? Es que me he levantado así...
¬ ¡Esto es el servicio!
Deseo que en ese momento se abra un agujero de varios metros de diámetro y que la tierra me engulla para siempre. Hago como en los programas de sucesos y reconstruyo los hechos con figurantes (en mi cabeza). Entonces me doy cuenta de que ese hombre, al dirigirme a él tan decidido justo cuando entraba en el servicio, podría pensar que iba a hacerle una proposición indecente. Realmente me quería morir, con todos los viejecillos de la consulta mirándome y reprimiendo la risa.
Al final he conseguido que me viera el médico. Me dijo que, lejos de morir joven sin haber vivido deprisa y sin dejar un bonito cadáver, tenía una simple Conjuntivitis...
[seguiré dando guerra]
Así que ahora estoy consumiendo el único rato que pienso estar hoy delante del ordenador, con una venda en la cabeza para no abrir el ojo.
[ahora sí parezco un herido de guerra]

NOTA: perdonad si hay alguna falta (más de la cuenta) o algo extraño en el post, ya lo corregiré cuando vea al 100%. Sed buen@s. Intentaré estar recuperado para el Beers&Blogs...
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by milio a las 09:01 PM | Enlace Permanente

Diciembre 09, 2003

December, bloody December

// ya vienen los reyes, con el aguinaldo //

Diciembre... El mes de Papá Nöel (nunca sé dónde colocar la diéresis, aunque mi amigo Google parece decirme que lo he escrito bien), los belenes, los villancicos, el turrón, los mazapanes, los centros comerciales, el muñeco meón, la pleisteision y el ácido úrico, entre otros. Una mezcla de la que obtendremos la maravillosa insufrible Navidad.
[cantemos todos]
La Navidad, como habréis podido adivinar, no va conmigo. Cuando era pequeño me gustaba porque era sinónimo de vacaciones. Luego uno va creciendo y se acaba todo lo bueno que antes tenía la Navidad. Con diez años me plantaba delante del televisor a fantasear sobre todos aquellos maravillosos juguetes, creaciones de mentes privilegiadas que destinaban su tiempo a hacernos felices, criaturas angelicales... Ahora, cuando veo los anuncios de juguetes entiendo realmente qué oscuros propósitos se escondían tras aquellos inocentes spots.
[lobotomizarnos]
Nos convierten, desde pequeños, en máquinas de consumir. Tú, sentado en la alfombra, no puedes entender como esos Reyes Magos todopoderosos no pueden traerte lo que pidas. ¿Que quieres un satélite con tu nombre? Pues joder, ¿no son magos? ¿no son divinos? Ves como tus padres, apurados, te convencen de que o no has sido lo suficientemente bueno para tener un país con tu nombre, o que si todos los niños del mundo pidieran una isla no habría islas suficientes en el mundo.
¬ ¡Pues que las creen! ¿No son magos?
[ya desde pequeño era un poco cabroncete]

Empiezas a sospechar que hay algo que no huele bien en el tema de los Reyes Magos. Pero eso es otra historia...
En las televisiones está todo calculado al milímetro. Durante todo el mes de Diciembre se dedican a lanzarte raciones de gula con forma de turrones, marisco, carne... Y luego, durante el resto del año, te venderán dietas milagrosas, pastillas que te hacen adelgazar y además te alargan el pene. Un negocio redondo.
¬ En las Navidades tenemos que ser buenos con los demás.
¬ ¿Y el resto del año?
Uno se pasa todo el año siendo un cabrón, puteando a los demás a las primeras de cambio. Y entonces, en Navidades, se transforma. El buen samaritano, un Boy Scout hiperactivo, un pedacito de cielo. Entonces nos asombramos cuando aquel al que hemos estado haciendo la vida imposible todo un año nos abofetea cuando le saludamos. ¿Ponemos la otra mejilla?
[no somos tontos]
Recuerdo que una monjita, cuando nos contaba lo misericordioso que era Jesús, que perdonaba siempre, nos leía un fragmento del nuevo testamento (o de otro libro similar). Le preguntaban a Jesús cuántas veces había que perdonar y él contestaba que setenta veces siete. Entonces yo me levanté:
¬ ¿Y cuando perdonemos cuatrocientas noventa veces podemos dejar de perdonar?.
Creo que la pobre monjita acarició su crucifijo mientras intentaba limpiar mi alma impía.

En esta época también llegan las cenas de empresa. Esas reuniones de compañeros donde las asperezas salen a flote con el alcohol. Un momento para guardar las apariencias en el que siempre se pierden los papeles. La última cena de empresa en la que estuve fue la peor. Había una situación de aparente normalidad, alegría, felicidad. Ninguno sabíamos que para muchos esa sería la última cena en la empresa. A la semana siguiente comenzarían a rodar cabezas. Aún me sorprende la hipocresía de los jefazos, sonriendo para luego dar la puñalada por la espalda.
[y sin despeinarse]
La lotería ejerce su magnetismo a prueba de estadísticas. Compramos porque ¿y si le toca al vecino, compañero o conocido y a nosotros no? ¿No os habéis imaginado nunca que toca en vuestro barrio y sois los únicos que no habéis comprado? Yo compraré, como todos los años, un décimo al menos. Y, como todos los años, romperé ese mismo décimo mientras quemo las ilusiones que me había hecho, el cuento de la lechera en versión moderna.

Por todo esto y mucho más no me gusta la Navidad. Eso sí, si eres un Rey Mago y estás leyendo esto, no dejes de pasar por mi casa.

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 03:46 AM | Enlace Permanente

Diciembre 06, 2003

The Apple Of Sodom

// Lamb Of God have mercy on us //

Ayer, Madrid parecía Siberia (o casi).
[vale, estoy exagerando]
Cuando llegamos a la entrada del recinto palacio no había demasiada gente. Todos compartiendo la religión de la bebida barata y gaseosa a pie de calle. Algunos rostros pintados para la ocasión, mucho merchandising del rastro y la ansiedad y el nerviosismo impregnadas en las calles. Había un par de vendedores de camisetas. Uno de ellos parecía vender algo más:
¬ Camisetas a diez euros. Tengo farlopa. Sudaderas a quince euros. Caballo, costo. ¡Qué camisetas más bonitas tengo!. Tengo pastillas.
[debía estar bromeando... o no]
Cuando llevábamos una hora allí se abrieron las puertas y la gente entró en tropel. Aún así, no había mucha gente. Quizá much@s no quisieron o no pudieron pagar los 33,20 ? que costaba la entrada, un precio excesivo para un show que acostumbra a ser demasiado corto, un precio sólo apto para incondicionales (o gente freak como yo).
Nos acercamos al bar para comprar un par de minis (litros, cachis, etc). Por 8 ? ya podía ser cerveza de abadía, importada para la ocasión.
¬ Bueno, ya que nos vas a cobrar ocho euros por un mini, échalo con mucho cariño.
La camarera se rie. En ese momento no sé si me toma por un estúpido o realmente le hizo gracia mi comentario.
En la plaza no había mucha gente y, la que había, estaba muy dispersa. En todas las miradas se podía apreciar el brillo del nerviosismo, much@s iban a ver por primera vez a su ídolo. Sonreí al pensar que la mayoría de los que iban a ver el concierto desde el tendido estarían deseando que se acabara antes de tiempo, agobiados por una masa de personas que tenía vida propia. Un gran gusano que te engulle y no te escupe hasta que acaba el concierto. Dejas de ser tú y te conviertes en una parte de esa mente de colmena.
Yo, como ya hice en mi primer concierto de Marilyn Manson, me pinté la cara. ¿Por qué? No era por integrarme o ser uno más, esas cosas ya las superé. Simplemente me apetecía. Una amiga, encantada de maquillarnos, nos fue dando las pautas.
¬ Primero os echáis la base. Para que se os quede la cara un poco blanca.
Nos faltó tiempo para meter los dedos en aquel tarro con un espeso líquido blanquecino. Al principio nos echamos tanto que parecíamos una pared, con su gotelé y todo.
¬ Extendedla bien, que no queden pegotes.
[nos lo pasamos como niños]
¬ Ahora daos polvos de talco por toda la cara.
Luego pasamos a las pinturas. Nos dejamos hacer mientras la maquilladora oficial del grupo improvisaba sus creaciones. Sobre la marcha, como los grandes artistas. Es la ventaja de experimentar cuando un@ no lo hace consigo mism@.
¬ ¿Y cómo hacéis las mujeres para fumar cuando tenéis los labios pintados? Joder, que malo sabe el pintalabios.
Y por más que lo intentaba, todos los cigarros acababan con el filtro negro del pintalabios.
En uno de los viajes al servicio (aquella cerveza no pasaba por el estómago, debía ir directa a la vejiga) un gracioso me dijo:
¬ ¡Coño! Marilyn Manson en persona.
Un amigo y yo contestamos a la vez:
¬ Su primo.
Y luego nos reimos pensando que al responder a la vez lo mismo le habíamos convencido. Al día siguiente contaría a sus amigos muy orgulloso que había visto al mismísimo primo de Marilyn Manson. Nadie lo desmentiría y, al final, acabaría siendo una leyenda urbana. Así se crean muchos rumores.
Las luces se apagaron, le tocaba el turno a los teloneros. Un amigo me dijo que se llamaban: The Peaches. Yo me esperaba algún grupo de estilo similar a Marilyn Manson. Salió una mujer hiperactiva, cantando de forma estridente e intentando ganarse al público. En las siguientes canciones no apareció más gente, el grupo era ella sola. En cada canción se iba desnudando, se cambiaba de ropa y bailaba de forma sugerente.
¬ A este ritmo, en la cuarta canción está en bolas.
Entonces pensé que era una gran telonera. ¿Por qué? Muy sencillo. La misión de un telonero es calentar al público para que cuando salga la estrella, ésta se lleve todas las ovaciones y se encuentre a un público dispuesto. Y esta mujer calentaba de maravilla. Las mujeres también hacían comentarios:
¬ Mira, fíjate, no se depila las axilas. Joder que asco...
Había un amigo que aún duda de que fuera una mujer...
Las luces se encendieron otra vez. Ya faltaba menos. Todos los que estábamos allí sabíamos que habíamos enfilado la recta de salida, que pronto empezaría la carrera. Yo aún tendría que encontrarme con tres conocidos. Debería haber una ley de Murphy que dijera: "si te pintas la cara para un concierto te encontrarás a varios amigos, si no lo haces, nunca coincidirás con ellos".
[axioma]
Y se hizo la oscuridad. Entre todo el humo artificial podía verse a Marilyn Manson, sentado en un trono. El concierto había empezado. La histeria colectiva se acababa de desatar. Ya no había marcha atrás. Como diría un periodista pedante (dejo para el final el comentario de este penoso artículo), el anticristo está entre nosotros.
El grupo que habíamos formado se deshizo en la primera canción y yo comencé mi andadura hacia la primera fila. Cuando uno se encuentra en un concierto de cualquiera de las variantes del rock tiene que aplicar ciertas técnicas para no acabar con puño en la boca, un codo incrustado en las costillas o un brazo en el cuello. Aquello se convierte en una masa de cuerpos que se agita frenéticamente, iniciando el camino hacia una especie de multiorgasmo colectivo. Saltas aunque no quieras, es cuestión de supervivencia. Si quieres disfrutar del concierto en las primeras filas debes saber a lo que te expones. Hay muchos que no lo saben, y acaban pidiendo aire entre una masa de cuerpos.
A mí me dieron golpes en todos los sitios imaginables, más todos los que yo di.
El ambiente no es ni mucho menos hostil. Ahí no pasa nada si le das un codazo a alguien o tu rodilla se incrusta en la columna del que tienes delante, son las reglas del juego, y todo el mundo las acata. Eso sí, no repitas eso en una discoteca porque es probable que no salgas con las mismas partes que entraste y tus amig@s se entretengan montando un puzle con tus piezas.
Yo quería llegar a la primera fila, sorteando las mareas de brazos y piernas. Todo iba bien hasta que un armario empotrado con cresta se me puso delante. Me sentía como si quisiera derribar una pared. Por más empujones que le daba, más que moverle, rebotaba (acción-reacción, esa gran clase de física en la que se convierten los conciertos).
Cantamos, gritamos, saltamos, sentimos, y caímos durante algo más de una hora. Entonces todo acabó, repentinamente. Vi en los ojos de los demás esa expresión que indica que un@ ha disfrutado del concierto pero que su cuerpo no da para más y se siente aliviado porque acabe. Yo habría aguantado una hora más.
Luego estuvimos de bar en bar hasta las cuatro, con nuestros oídos pitando y nuestros pies arrastrándose.

Al llegar a casa leí los periódicos (digitales) buscando alguna crónica, y me encontré con esto. Más de lo mismo. ¿Cómo puede un profesional escribir sobre algo que desconoce totalmente sin documentarse? No me refiero a su opinión personal, me refiero a hechos concretos. Cuando alguien no sabe qué decir sobre Marilyn Manson acude a las miles de leyendas urbanas que giran en torno a su persona. Son leyendas que vienen muy bien para rellenar con paja un artículo desafortunado. Es totalmente lícito que cite estas leyendas, pero no lo es que ni siquiera se moleste en averiguar si los nombre de las canciones están bien puestos (con lo fácil que es copiar y pegar...). Por ejemplo:
* Discosable teens no se escribe así. El título es: Disposable teens
* I?m not another slave no existe. El título de esa canción es The Fight Song y, para colmo no está en "su anterior álbum, ?Antichrist Superstar?" (textual), sino en Holy Wood que sí es su último disco. Antichrist Superstar es del año noventa y seis.
Si no tuviera suficiente con las canciones, la narración del show es, cuando menos, errónea. ¿Estuvo realmente en el concierto?. En mObscene dice: "Le quita las bragas a una de las chicas y ya parece que la cosa se desmadra, pero no.". Sí, es cierto. Lo que no dice las chicas no se quedaron desnudas en ningún momento, llevaban un top de color carne que imitaba a unos pechos y unos shorts con apariencia de genitales. Y esta información, si no se da, se saca totalmente de contexto lo que allí pasó.
En Sweet Dreams nos cuenta lo siguiente: "De repente, una se coloca a cuatro patas y Manson se acerca con decisión micrófono en mano? Uf, eso tiene que doler". No amigo, no parece que estuvieras allí. Manson no metió el micrófono en el cuerpo de la bailarina (por ningún orificio de entrada, salida o entrada/salida), lo encajó entre los shorts y la espalda. Seguro que más de un@ se ha rasgado las vestiduras al leer esa frase.
¬ ¡Degenerado! ¡Anticristo! ¡Criatura del Averno!

Siento que este post haya quedado tan largo, pero debía dar una visión personal de lo que pasó en aquel concierto para que los medios no se encarguen de satanizar a todos los que allí nos encontrábamos. Y digo yo: ¿no son más escabrosas las noticias que día a día llenan los telediarios o los programas de sucesos? ¿No es el señor Ánsar más satánico que Marilyn Manson?
[a mí me da más miedo]

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Cosas que pasan
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Diciembre 04, 2003

¿Qué nos está pasando?

Hace un rato, mientras sujetaba mis párpados con unos palillos y miraba la cama con lascivia, escuché unos golpes en la puerta. No me sorprende que alguien llame a mi puerta a estas horas tan intempestivas, es la hora preferida de mis fantasmas, mis principios y alguna estrella invitada en la historia de mi vida.
[apariciones estelares aparte]
Desde que tengo uso de razón recuerdo estas reuniones en petit comité (que me perdonen l@s gal@s si lo he escrito mal) con esas entidades imaginarias. Aún cuando no fumaba podía notar el humo en el ambiente. Secretos de noche, que se descubrían cuando todos los demás dormían. A veces me cogían metido en la cama, tapado hasta la nariz, mirando sin ver el techo de mi habitación. Les ponía voces, imaginaba los gestos de sus manos cuando dialogaban. Algunos tenían más temperamento que otros, pero todos tenían algo que decir.
[hasta con los silencios]
Muerte siempre se aliaba con Miedo, haciendo causa común. Yo, que no sabía nada de la vida, me asociaba a cada entidad con una imagen infantil. Muerte iba siempre como en las películas, con su guadaña y su capucha. Su voz de ultratumba se dejaba a las demás en meros susurros. Y siempre tenía algo que decir. Pisaba las conversaciones de los demás, no dejaba hablar a nadie. Robaba todas las palabras que se detienen en la punta de la lengua, esperando un empujón que nunca llegaría.
[acaparando]
Miedo, sin embargo, era como un mafioso. Para mí, todo mafioso que se preciara, debía llevar una gabardina hasta los tobillos (y más allá), fumar puros, escuchar música siciliana y portar siempre un arma automática de los años cincuenta (ni que yo supiera qué eran los años cincuenta...), de esas que tenían un tambor circular. Miedo no necesitaba hablar, imponía respeto entre los que le adoraban y utilizaba a quien podía como sicario.
[la cosa nostra]
Fracaso llevaba siempre sus gafas puestas, de corte intelectual. Cuando miraba a través de sus gafas me encontraba unos ojos desproporcionados por el aumento de las lentes. Cada pestañeo parecía un eclipse, un gran telón cerrándose y abriéndose con solemnidad. Por más que yo crecía con el tiempo, él siempre era más alto. Lo suficiente para mirarme siempre por encima del hombro. Recuerdo que le imaginé con la misma camiseta que llevaba Epi de Barrio Sésamo y, desde entonces, no se la ha quitado. Aquellas franjas se destiñeron con el tiempo y ahora parece un indigente. Con una camiseta rasgada que se ajusta ridículamente a su cuerpo crecido. Una camiseta que fue diseñada para un niño de seis años embutida en un cuerpo de más de tres décadas.
[escrutando]
Complejos, esa familia tan entrañable que no se perdía ninguna reunión. Aquellos niños repelentes que no hacían más que chillar y pedir lo que su padre, un viejecito afable de mirada asesina, no podía darles. A su madre nunca la conocí.
[quizá viviera acomplejada]
En aquellas reuniones no siempre había fantasmas, convivían todos los pensamientos que cruzaban por mi cabeza. Algunos personajes aparecían muy de cuando en cuando. Otros cambiaban su apariencia aunque siguieran siendo los mismos.
Amor era el más cambiante. Antes de que el niño que yo era creciera lo suficiente, Amor aparecía con las caras de mis familiares y amigos. Hasta que un buen día empezaron a aparecer niñas, chicas, mujeres... Iban y venían. Algunas repetían sesiones, otras se quedaban esperando en la puerta. Alguna volvía después de mucho tiempo... Pero siempre, o casi siempre, había alguien que poseía aquel cuerpo durante un tiempo. Y antes de cada cambio, una pequeña ausencia.

Pero esta noche... esta noche era diferente. Ante mí tenía a Mundo. Una esfera más o menos perfecta, muy azul, y que no paraba de girar como una peonza. Me contó que normalmente gira alrededor de un primo, mucho más grande y caluroso. Hoy había decidido interrumpir por un momento su movimiento, consciente de que tendría que recuperar el tramo perdido. Le invité a pasar. En un plato puse unas rodajas de luz y le serví un caldo de estrellas. Algo debía estar pasando, algo grave. Encendí un cigarrillo.
¬ Si sólo fuera el maldito tabaco... Desgraciadamente, hay otros humos que me molestan más.
Le ofrecí apagarlo, sintiéndome culpable por convertir a Mundo en un fumador pasivo.
¬ No. Al fin y al cabo, estamos en tu casa.
Y yo vivía en la suya...
¬ Algo estáis haciendo mal los condenados humanos. Para concretar, no habéis hecho nada bueno desde que aparecísteis, pisando mi cuerpo sin agradecerlo. Alguien os puso aquí y, desde entonces, os creéis dueños de todo cuanto tocáis.
¬ ¿Quién nos puso aquí?
¬ Prometí no decirlo. Dejemos la Teología para otro momento. He venido a abrirte los ojos, no quiero desmontar o legitimar religiones.
¬ Continúa.
¬ No os dais cuenta de lo que estáis haciendo. Vuestra vida es un período insignificante en todo el proceso. Deberíais pasar sin pena ni gloria por esta vida, pero os empeñáis en joderlo todo a vuestro paso. En vuestra corta existencia no os da tiempo a vivir las consecuencias de vuestros actos.
¬ ¿Y la historia?
¬ ¡Ja! La historia la usáis para lo que os conviene. ¿De que os sirve tener tantos libros si no os molestáis en leerlos? No os dais cuenta de lo que pasa, ¿verdad?. No te das cuenta de que nunca ha habido tantas inundaciones como hay ahora, ni tantos incendios. Radiaciones que me queman, humos que me asfixian, actitudes que me avergüenzan. ¿Qué otro animal quemaría su propia casa? ¿Uno inteligente? No creo... Si yo pudiera, os haría vivir trescientos años, para que todo lo que habéis provocado se volviera contra vosotros... y lo viérais...
¬ ¿Y por qué me dices a mí todo esto? Es decir, ¿qué puedo hacer yo para cambiarlo?.
¬ Ahora mismo estás hablando contigo mismo. Respondiendo a una voz que sale de tus entrañas. Eso es un buen comienzo.
¬ Entonces... ¿estoy soñando?
¬ Nunca has llegado a despertar.
Mundo guardó silencio y salió por donde había venido, dejándome sentado en un sillón de hojas con una mueca de estupidez en mi cara.
¬ Por cierto, hablaba en serio. Piensa sobre lo que te he dicho, si es que sabes realmente lo que es pensar.
[espero no haberlo olvidado]

Clasificado en:
Metafísica
by milio a las 02:50 AM | Enlace Permanente

Diciembre 02, 2003

Dried Up, Tied And Dead To The World

Se acerca, ya queda menos. El jueves actúa Marilyn Manson en Vistalegre. Será el cuarto concierto suyo al que voy (Evam, no sé si este grupo te gusta, pero si te animas a venir mándame un mail).
Hay muchas canciones con las que me identifico. Muchas letras que puedo corear. Una voz rasgada que retumba en mi cabeza. Letras enrevesadas, llenas de guiños hacia situaciones de mi vida.
Es curioso como una canción que alguien escribió pensando en sí mismo, puede acoplarse como un guante a tus vivencias. A miles de kilómetros o a uno sólo. En otro idioma, con otra mentalidad.

I'll be your lover, i'll be forever
I'll be tomorrow, i am anything when i'm high

Marilyn Manson - Dried Up, Tied And Dead To The World

Muchas veces he pensado que mi vida, sin música, sería muy distinta. Si pudiera retroceder las manecillas del reloj volvería hacia atrás y aprendería a tocar la guitarra. Acústica, eléctrica o española. Y ahora, en momentos de bajón, podría sentarme en mi cama y rasgar las cuerdas de la guitarra mientras mi alma sale por mi boca. Esconderme el mundo bajo un manto de estrellas, escribir mis canciones. Y cantar, y tocar. Ante miles de personas o frente a unos pocos. Ese subidón de adrenalina que ni la droga más potente puede conseguir. Y que alguien coree tus canciones. Y que un alma solitaria a miles de kilómetros de distancia piense que tus canciones han sido escritas para ella o él.
[o comprarme un karaoke]
Puedo sentir como cada minuto muere, justo un instante antes de que nazca el siguiente. Refugiarme en esos pequeños vacíos atemporales. Un instante para no envejecer, un momento de reflexión. Una porción ínfima de tiempo donde uno puede refugiarse del mundo, escapar para volver. Ese minuto del que habla esta canción:

there's not much left to love
too tired today to hate
I feel the empty
I feel the minute of decay
I'm on my way down now I'd like to take you with me
I'm on my way down

Marilyn Manson - The Minute Of Decay

Los sentidos se atrofian, la cabeza no quiere responder. Cansada de tanto ajetreo, de tantos puzles sin resolver. Miles de enigmas que deben ser resueltos en décimas de segundos. Acciones que tienen sus consecuencias, causas que derivan en efectos. Fines que no justifican los medios y medios que no merecen esfuerzos. Pescadillas que se muerden la cola, historias liniales que resultan ser ciclos. Recuerdos y visiones futuras que se entremezclan en una masa de incertidumbre. Reencuentros, destierros. Sonrisas que crean arrugas, lágrimas que estropean el maquillaje en rostros de porcelana.
[contradicciones]

You were from a perfect world
A world that threw me away today
Today to run away
A pill to make you numb
A pill to make you dumb
A pill to make you anybody else
But all the drugs in this world
Won't save her from herself

Marilyn Manson - Coma White

Esta semana mis fantasmas han decidido dejarme tranquilo. No les gusta el trabajo fácil, prefieren luchar de igual a igual. Ahora soy yo el que lucha contra mi sombra y sus pensamientos.
[sobreviviré]

Clasificado en:
Cosas que pasan
by milio a las 07:15 PM | Comentarios (1) | Enlace Permanente