Enero 30, 2004

Tiempo perdido

Ayer sonaron en mi cabeza todas las alarmas, al unísono. Un luminoso con agresivas letras rojas chillaba: "Tercer Plazo de Matrícula". El reloj biológico (¿biológico?) que tanto falla en otras ocasiones, me avisaba de que tenía que pagar si no quería quedarme sin mi segundo cuatrimestre.
Mi historia con la universidad está llena de anécdotas de ese tipo. Ultimamente pago pero no voy. Había asistido a clase un par de días durante este cuatrimestre pero, no nos engañemos, sin apuntes y muchas prácticas sin hacer, es complicado siquiera soñar con aprobar. A veces creo que cometí un error al empezar a trabajar tan pronto. Pero luego miro hacia atrás y no me arrepiendo, he aprendido muchas cosas durante estos tres años y pico, conocimientos tanto técnicos como laborales que me darán una nueva concepción de las cosas...
[dicho queda muy bien, a ver si se cumple]
El pago del tercer plazo ha sido más relajado porque me he dejado un día de margen. Pero aún así he tenido que ir a que me imprimieran el tercer pago porque lo he vuelto a perder.
He tomado una determinación y estoy decidido a cumplirla. Se acabó el compaginar un trabajo de ocho horas (más n) con la universidad. Me dedicaré por completo a acabar la carrera de una vez (o a centrarme de una vez por todas) y trabajaré sólo en cosas esporádicas para mantenerme con algo de dinero. El negocio de la informática no está pasando su mejor momento, sobre todo a nivel de desarrollos. Atrás quedaron los tiempos en los que las empresas se gastaban ochenta o cien millones sin pestañear, y sin saber que les venderían su producto envuelto en una nube de humo. Tiempos propicios para que uno subiera su sueldo cambiando de empresa en empresa, porque siempre había alguien que te pagara más. Ahora las cosas se han puesto difíciles y las subcontratas están a la orden del día.
[el trabajo basura]
Además, seamos sinceros, nadie se fia de los informáticos al cien por cien. Quizá hayamos sido nosotros los que hemos fomentado ese clima de desconfianza. Aceptando proyectos que no podíamos hacer en tan poco tiempo para luego prolongar los plazos con un interminable mantenimiento para que, muchas veces, las cosas no funcionaran como debían. Y de eso no tenía la culpa el trabajador que se sienta ocho horas delante de la pantalla para sacar eso adelante, la tenían los directivos que cerraban tratos sin saber, temerosos de que se les escapara el cliente. O informáticos que contradicen a otros porque en este mundo hay miles de formas de hacer las cosas, y no todas buenas. Eso creaba el desconcierto y fomentaba la desconfianza.
Por todo esto, lo sé, necesito el título.
[y para ganar más]
Como un niño pequeño estoy deseando volver a clase (a la que nunca fui de forma continuada), coger mis apuntes (que siempre fotocopié a quien me los dejaba) y pelearme con unas prácticas que siempre disfrutaba haciendo. Pienso en comprarme una carpeta nueva, unos bolis baratos y un portaminas nuevo (que perderé sistemáticamente a los tres días). Rectificar mi camino y terminar lo que un día empecé.
Conocer gente nueva, volver nuevamente a aquello que llamaban vida universitaria, avanzar. Y es que a veces pienso que, de no haber estado trabajando, habría perdido cuatro años de mi vida, sin hacer nada.
Ahora, aunque no los haya perdido, quiero recuperarlos.
[comerme el mundo]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 12:03 AM | Enlace Permanente

Enero 29, 2004

Rectificación necesaria (y suficiente)

Tengo que rectificar en parte lo que decía no hace mucho (ya he modificado el post para rectificar) sobre Siemens, aunque ratifico todo lo demás. Después de los problemas que tuve con la telefonista de Amena, que me dijo que me volvería a llamar y vería lo que podía hacer, esperé pacientemente una solución.
[que cayera del cielo]
A principios de semana recibí un sms del número de desatención al cliente diciéndome que me pusiera en contacto con ellos, una curiosa forma de tratar con el cliente. Les llamé y me contestó la telefonista más borde que habían encontrado (quizá hasta hicieron un casting para contratarla), diciéndome que no tenía garantía.
¬ Naranjitas de la china.
¬ Perdone, ¿decía algo?
¬ Que no tiene garantía.
Y entre líneas se podía leer:
¬ Que te den, majete.
Entonces decidí ir al servicio técnico de Siemens en Madrid, dispuesto a pagar lo que me dijeran. Aunque las teclas costaran muy poco, por la mano de obra me podían cobrar los que les viniera en gana. Después de recorrer medio Madrid bajo tierra llegué al servicio técnico. Cuál fue mi sorpresa cuando le conté el caso a la dependienta y me dijo con una sonrisa que ellos sí aceptaban el contrato de Amena como garantía. Es curioso, la propia Amena no lo acepta pero el servicio técnico de Siemens sí.
[nunca dejarán de sorprenderme]
¬ Vuelve en una hora.
¡¿Cómo?! ¿Un servicio técnico que no retiene el aparato en cuestión durante quince días? ¿Que no tendré que llamar mil veces para preguntar si tienen mi teléfono? ¿No tendré que venir cuatro veces para que me lo den?
[parece que alguien sí hace las cosas bien]
Así que, rectificando, aconsejo no hacerse un contrato con Amena (a no ser que te gusten las emociones fuertes). Siempre y cuando confíes en otro operador, puedes escoger un móvil Siemens. Al menos sabes que el servicio es serio y eficiente.

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Technology victim
by milio a las 11:23 PM | Enlace Permanente

Enero 28, 2004

Colapso

Caminaba por la Gran Vía, sumida en sus pensamientos, sin percatarse de que su paso se hacía más y más lento. El viento jugaba con su pelo, desaliñado, disfrutando de una libertad a la que no estaba acostumbrado. Un mechón rebelde luchaba por penetrar la barera de sus labios, pero ella parecía no percatarse de la intromisión.
Su paso se había detenido, convirtiendola en una estatua, en mitad de la Gran Vía.
La gente formaba un río de corrientes enfrentadas que luchaba por llegar a su destino a la hora acordada, con paso alborotado y sistemático. Y ella, como un islote, aguantaba la corriente que luchaba por arrastrarla, con la mirada perdida en un punto indefinido cercano al infinito.
[que le era tan familiar]
Un hombre, escondido tras un cartel, regalaba su poesía con el hambre centelleando en sus ojos. Un mimo ocupaba su esquina mientras su gato le ayudaba en aquella modesta performance. Ella se sentía, sin saberlo, cercana a estos pobladores habituales de la Gran Vía, una vecina más del barrio de los perdedores que intentaban recuperar su sitio en una sociedad a la que ni siquiera querían pertenecer.
[por inercia]
A su lado pasó un coche con la música demasiado alta. Una chica sonrió al reconocer la canción que escupían las ventanas abiertas del turismo, era The Scientist de Coldplay, la misma que sonaba en su discman, transmitiendo el sonido por el único auricular que tenía puesto, el otro colgaba graciosamente enredado en su pelo. Mientras se decía a sí misma que el mundo es pañuelo, que las casualidades existen y que quizá fuera su día de suerte, se alejaba de la zona con pasos rápidos, sin percatarse siquiera de la persona que estaba convirtiéndose, por momentos, en una pieza más de mobiliario urbano.
[inerte]
Sus ojos vidriosos no transmitían nada, sus sentidos habían dejado de funcionar, sus fuerzas estaban monopolizadas por el conflicto que se libraba en su interior. Una crisis de identidad donde los contendientes eran grandes interrogantes.
Había dejado de existir para el río humano que fluía a sus costados, era una piedra más en el camino, una farola que no alumbraba o un pivote sobre el asfalto. Sólo aquellos que compartían su condición podían sentir su presencia. Un indigente que dormía entre cartones le dirigió una sonrisa de complicidad.
¬ Ahora eres una de nosotros. Te guste o no, ya no existes.
Se giró lentamente y desapareció bajos sus cartones mientras el mimo le dirigía una mirada de preocupación. Pero no dijo nada, estaba en mitad de una actuación.

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Realismo ficticio
by milio a las 06:35 PM | Enlace Permanente

Enero 26, 2004

Beers&Blogs en Madrid

Con motivo la excusa del año que he cumplido en la red y el que pronto cumplirá Teresa mirando desde su ventana (y dejándonos mirar) hemos decidido montar un beers&blogs. ¿Qué es un beers&blogs? Es una reunión a la que puede asistir quien quiera, ya sea lector, tenga una bitácora o pase por allí (las condiciones no son excluyentes). Hablamos de lo que se tercie y aprovechamos para conocernos mejor y, en algunos casos, pintar unas caras que hasta entonces eran difusas, hechas con ceros y unos o, quizá, una foto pasajera que alguien dejó en su blog.
El site oficial será éste. Desde este post (que he enlazado en la barra lateral) se coordinará todo. El que tenga intención de asistir que deje un comentario y yo le apuntaré en la lista que veréis más abajo. El propósito de esta lista es tener un cierto control sobre la cantidad de hipotéticos asistentes y así poder cambiar los planes sobre la marcha en caso de necesitar más espacio. Es posible que vaya borrando algunos comentarios de personas que confirmen sus asistencia para que no se acumulen.
Os dejo el cartel que que he hecho. No es muy espectacular pero creo que es lo suficientemente claro. Además, os pongo un botón con el código necesario para quién quiera promocionar el beers&blogs en su propia bitácora, con un enlace a este mismo post.
La fecha, hora y lugar están en el cartel. Así no tenemos que modificar el post si cambiamos algún detalle, sólo tendremos que cambiar el cartel.

Os espero en el beers&blogs.

El cartel:

El botón:

Código:

Los Asistentes:

Confirmados:
Milio (Cartas Desde Mi IP)
Teresa (Desde Mi Ventana)
Pablo (Muriendome.com)
Pedro L. (The Flyer's blog)
G. (Desde mi ventana, la otra)
Alex (El Frasco del Odio)
Wayfarer (La Bitácora del Caminante)
Beatriz de Mesina (Mucho Ruido y Pocas Nueces)
Juan (Apuntes a vuelapluma)
El Fer (Perdido en la ciudad)
Hans (QUE HAGO AQUI)
Awacate (AwaBlog)
Allyenna (~Illusion Dream~)
Roberto (Desde la Chabola Multicultural)
Ardid (Olvido)
Pepeltenso (Entérate, imbécil)
Ron (Viviendo entre líneas)

Atención: Si no os se ve la imagen del banner es porque wanadoo está haciendo de las suyas. Poned si no este enlace de texto:

Enlace:
Beers&Blogs Madrid

Código:

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by milio a las 09:31 PM | Comentarios (16) | Enlace Permanente

Enero 24, 2004

One

//blog's living a celebration//

Parece mentira que haya pasado ya un año desde que empecé, renqueante, a construirme esta casa virtual. Compré una tienda de campaña unipersonal en las rebajas y me establecí en la blogosfera, temeroso de los peligros desconocidos de un mundo nuevo para mí. Recorriendo caminos de incertidumbre con una venda en mis ojos, un viejo juego donde daba bandazos a ciegas esperando golpear la piñata de los caramelos.
Poco a poco fui reconstruyendo mi casa, enseñando al blog a andar, a comunicarse, a hacer amigos. Ahora miro orgulloso hacia la criatura que coge mi mano, es joven aún pero en sus ojos se puede ver el brillo de la ilusión.
[temeraria a veces]
Por las noches salimos de nuestra casa, ahora verde y renovada, para encontrarnos con unos vecinos que comparten nuestras penas e ilusiones. Dialogamos, compartimos, deambulamos.
[somos]
Cuando empecé mi andadura en estos territorios inexplorados, este mundo aún estaba en proceso de creación. Cada día nacen muchas bitácoras y mueren otras tantas, abandonadas por un alter ego que se cansó de ellas. Es ley de vida, los blogs nacen, viven y mueren. Y se reproducen, por el boca a boca, el link a link y los vecindarios que los agrupan. Lejos (aunque recientes) quedaron los primeros pasos, inseguros por necesidad. Ahora ya nadie duda de que la blogosfera está muy asentada, creciendo cada día, extendiendo sus dominios más allá de lo desconocido.
Antes este era un mundo al que se llegaba por casualidad, por un amigo de un amigo que una vez leyó una bitácora. Esto está cambiando, el fenómeno de las bitácoras está cada vez más extendido y queda poca gente que no haya oído nunca hablar de una de ellas. Yaciendo en un lecho tecnológico en pleno auge, duerme la blogosfera. Nuevos sistemas de publicación mejores y más fáciles de usar, incontables recursos de utilidades variopintas, servicios de hospedaje gratuito, portales, sistemas de notificación y todo lo que está por venir. Y, detrás de todo eso: nosotros. Los que escribimos, los que leemos.
[los habitantes]
Muchas veces nos hemos preguntado por el perfil de aquellos que escriben un weblog y los motivos que nos llevan a leerlos, diariamente, a veces con devoción. Yo siempre he pensado que un blog no es más que una representación de la persona que lo escribe. Por mucho que nos esforcemos, no podemos evitar dejar una parte de nosotros entre líneas, aunque no hablemos de temas personales. Eso es lo que atrae: cuando leemos un blog estamos conociendo a la persona que hay detrás, nos identificamos con lo que piensa y lo que le pasa. Quizá en todo este mundo haya un poco de voyeurismo.
[no lo niego]
Pase lo que pase, estoy completamente seguro de que este mundo seguirá creciendo y ganando importancia.
Por eso os tengo que dar las gracias, una vez más. Por mucho que digamos que escribimos para nosotros, si nadie leyera mi weblog acabaría dejándolo olvidado y sustituyéndolo, quizá, por un cuaderno de hojas amarillentas. Y yo a vosotr@s, os debo mucho.
A l@s que observan sin dejarse ver, a l@s habituales, a l@s desconocid@s, a l@s que ya puedo pintar una cara o a l@s que me regalaron su voz. A tod@s aquell@s que alguna vez me leyeron, a l@s que me criticaron (para bien o para mal), a l@s que estuvieron y no volverán, a l@s que permanecen y a l@s que están por llegar. A tod@s vosotr@s, una vez más, gracias.

Gracias por dejarme cumplir un año en la red.
[happy blogday]

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MetaCartas
by milio a las 05:43 PM | Enlace Permanente

Enero 22, 2004

En la cama

Abro un ojo, tímidamente, temeroso de encontrarme tu recuerdo danzando entre mis sábanas, una imagen que acaba de expulsarme del mundo de los sueños. Lentamente giro la cabeza, esperando encontrarte a un lado. Aún durmiendo, con los ojos cerrados, inmersa en una aventura de la que despertarás prematuramente, tus andanzas en el exilio de las pesadillas. Sé que me encontraré con esa media sonrisa que adornaba tu cara mientras dormías, con aquel gesto despreocupado que aparecía cuando tu cerebro abandobana sus quehaceres y dejaba que tu cuerpo actuara de forma autónoma. Era entonces cuando tus piernas parecían querer independencia, arrastrando a tus finos brazos por un camino de piedras.
[donde el fin justifica los medios]
Si alguna vez despertaba en mitad de la noche me dedicaba a estudiar tu curiosa forma de dormir, como una X sobre un lecho de flores. Y luego volvía a dormirme, sin haber dado con el secreto de tan curiosa e inconsciente conducta.
Consigo girar mi cuello en un ángulo poco aconsejable. Un esfuerzo innecesario porque sé que no estás.
[hace mucho que te fuiste]
Y es entonces cuando de entre las sombras surge un fantasma sin rostro que se ríe de mí. Aún no tiene nombre, no lo necesita para atormentarme. Un escalofrío recorre mi espalda lentamente, siguiendo una trayectoria en zig-zag para prolongar su momento de gloria.
¿Y si ese fantasma llevara tu nombre?
[habría que quemarlo]
Y así, perdido en mis cavilaciones circulares, vuelvo al mundo de los sueños.
[¿o estaba ya allí?]

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Mis fantasmas
by milio a las 09:55 PM | Enlace Permanente

Enero 21, 2004

Escatología de lo cotidiano

//Amena~orrea//

Este post es la crónica de una indignación. Como creo que me he excedido en la longitud, os dejo un resumen para l@s que no tengáis tiempo de leerlo:
* Nunca firmes un contrato con Amena.
* Nunca compres un Siemens S55 a no ser que quieras que tus teclas desaparezcan.
[editado el día 29/01/2004]
* Y nunca, nunca, hagas las dos cosas a la vez.

Cuando a uno le tocan la moral tan descaradamente se pregunta: ¿piensan los demás que somos imbéciles? Empresas que ofrecen servicios en amenos auncios de televisión que convierten en repetitivas torturas mediáticas. Llega un momento en que uno ya no quiere ser libreeeeeeeee como el sol, sólo quiere que le dejen en paz y cumplan con su parte.
Los españoles solemos pensar que los demás individuos están por debajo de nosotros en la cadena evolutiva. Un buen día montamos una empresa, prometemos el cielo en pequeñas dosis que puden ser descargadas cómodamente vía GPRS, nos sentamos en nuestro sillón y esperamos los beneficios. Como el hijo pródigo que un buen día decide volver a casa, los clientes llaman a nuestra puerta.
[desdichados]
Yo fui uno de esos que se dejó embaucar por una oferta de Amena muy prometedora. Me compré un móvil sin pensarlo dos veces, vendiendo un año de mi dinero a un miserable embaucador.
He tenido bastantes problemas con ellos aunque, tristemente, es lo normal con este tipo de empresas. He llamado un millón de veces al Número de Atención al cliente, que no es más que un grupo de espías haciendo prácticas mal pagadas, aprendices de Colombo.
Hace un par de días una tecla de mi móvil decidió separarse del todo, independizarse, salir de su carcel numérica. El Uno me jugó una pasada saltando del barco en alta mar. Como mi garantía con Amena se cumple el día trece de febrero, decidí ir pronto a arreglarlo.
¬ Buenos días. Venía a que me arreglaran el móvil. Verá es una tontería, se ha desprendido una tecla y...
El dependiente ensaya una sonrisa profesional y no me deja acabar mi disertación.
¬ Mira, yo te lo puedo coger, pero es mejor que lo dejes en el servicio post-venta. Así no tengo que llevarlo yo y te ahorras unos días.
Alguien poco acostumbrado a la jerga de estos señores podría tomar al pie de la letra este comentario. Para aclarar dudas haré una traducción libre:
¬ Mira, no me apetece desplazar mi testículo izquierdo hasta allí porque eso obligaría al derecho a seguirle. Y mover dos órganos de semejante tamaño es un esfuerzo supremo. Además, tú que tienes cara de imbécil, seguro que serás un niño bueno y me ahorrarás el trabajo.
Y a ti, que no quieres estar un quinquenio sin móvil, te toca hacerle de recadero. Al día siguiente lo dispones todo para ir a primera hora. Esta vez al famoso servicio post-venta. De camino el Dos se independiza, dejando el móvil con un aspecto demacrado.
¬ Buenos días. Vengo a dejarle el móvil que aún está en garantía.
¬ ¿Qué le pasa?
¬ Pues que se le han soltado dos teclas y, además, no sincroniza bien con el pc cuando el volumen de datos es muy grande.
La dependienta le echa una ojeada de profesional mientras unos técnicos revolotean por la sala ondeando sus batas blancas. Por un momento pienso que me he equivocado de sitio y estoy en el epicentro de una performance grotesca.
¬ Déjeme la garantía.
[error, desconectando sistemas]
¬ Verá, cuando me vendieron el móvil no me dieron garantía. Me dijeron que el contrato con Amena era la garantía, así que me temo que no la tengo.
¬ ¿Factura de compra?
[código erróneo, iniciando autodestrucción]
¬ Tampoco la tengo. Seguramente la haya perdido pero, como su compañera me dijo explicitamente que con el contrato era suficiente, no le di importancia.
¬ Pues me temo no puedo validarle la garantía.
[comenzando fisión]
Y así me quedo, sin reaccionar, completamente perplejo. En cierto modo podría tener razón, pero algo dentro de mí me decía lo contrario.

Entonces recurro a mis amigos: atención al cliente. Después de dar mis datos otra vez le cuento mi problema. La telefonista parece ser un duro rival, convencida de sus ideas. Es vergonzoso.
¬ Vaya a su distribuidor a que le sellen la garantía.
¬ Mire, mi distribuidor ha desaparecido, podría ser ahora mismo una tienda de muebles. Y estos impresentables no me dieron un papel de garantía, así que no sé qué me van a sellar.
¬ Es que Amena no se responsabiliza de sus puntos de venta.
[¡qué!]
¬ ¿Y qué son? ¿Unos piratas? Porque a mí me pareció ver BIEN GRANDE el letrero de Amena en la puerta del local. ¿Cómo puede una empresa no responsabilizarse de sus sucursales?
Después de cuarenta minutos de conversación me promete el cielo, que estudiarán mi caso y, por poco, un piso en Madrid. Pero yo sé la verdad, que no me van a llamar, que no me van a costear la garantía y que me daré de baja (con más motivos que nunca) de esta funesta empresa.
Si Amena no ofreciera garantía tendrían razón porque con Siemens no tengo ningún justificante de la compra del producto. Pero da la casualidad de que en Amena tienen mi contrato que identifica a un modelo exacto de teléfono con un IMEI único y un titular cabreado.
[mucho]

Continuará...
[no lo dudéis]

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Technology victim
by milio a las 08:10 PM | Enlace Permanente

Enero 20, 2004

Elecciones

Una pila de cigarrillos se amontonaban en un cenicero humeante, amenazando con desbordarlo. Cuatro sombras apostaban lo poco que tenían al calor de un farolillo rojo. Perdedores en la vida, se jugaban el dudoso honor de ocupar el último puesto. En aquella partida el objetivo no era ganar ni participar. Lo importante era no perder.
Ignorancia reflajaba en su calva la luz procedente del farol mientras, ceñudo, ensayaba su siguiente jugada. Sin preocupaciones que le quitaran el sueño, podía ocupar su mente con las cábalas del juego. Todos la tenían en cuenta como favorita, estaba en todas las quinielas.
Codicia amontonaba decenas de fichas de colores, sin orden ni concierto, sobre el tapete descolorido. La visera del sombrero proyectaba una sombra sobre sus ojos, ocultando sus intenciones. Tenía mucho pero quería más. Echó una última ojeada a sus cartas, sonrió, y puso todas sus fichas en el centro de la mesa mientras le daba una profunda calada al puro que se sostenía, precariamente, entre sus labios.
Estupidez estaba aparentemente relajada. Sus ropas de colores estridentes le daban un aspecto estrambótico. Una boina pasada de moda luchaba por asirse a su reluciente calva, temerosa de precipitarse al vacío. Unas gafas de pasta compradas en un mercadillo horadaban su nariz, dejando su marca enrojecida, olvidándose de la función de ocultar los ojos de la luz y de las miradas indiscretas. Su mente no podía procesar muchas órdenes al mismo tiempo, ya había desistido de intentarlo hacía mucho. De entre todas las posibilidades, eligió la opción de hacer que pensaba, de parecer reflexivo mientras su mente estaba completamente en blanco. Por debajo de la mesa tiró una moneda. Tendría que apostar, había salido cruz.
Egocentrismo estaba, como siempre, seguro de sí mismo. Miró sus fichas, escasas, y pensó que si la partida no le estaba yendo bien era porque no tenía necesidad de esforzarse. Sabía que bastaba una apuesta afortunada para darle la vuelta a la situación. "Afortunada no, acertada", se corrigió. Ultimamente sentía ligeramente deprimido pues no había influido apenas en la vida de su recipiente (como llamaban los fantasmas al sujeto que se encargaban de martirizar). "Los malos tiempos siempre pasan, algún día llegará mi momento", se dijo. Seguro de sí mismo utilizó el truco de, aparentemente, no mirar las cartas, mostrándose temerario hacia los demás. Una estrategia que nunca le funcionaba pues los demás sabían perfectamente que había mirado las cartas con disimulo. No obstante, siempre le seguían el juego, llamándole temerario y advirtiéndole de los riesgos de apostar sin conocer su jugada. Él, siguiendo el protocolo, se mostraba molesto y añadía algo más a la apuesta inicial.

Codicia, consciente de la tensión en el ambiente decidió iniciar una conversación para relajar los ánimos. Ignorancia aún no había decidido si apostar o no, y Codicia buscaba embaucarle con una discusión relajada.
(Codicia): ¬ Ya han empezado los preliminares de las elecciones en E.E.U.U.
Y pronunció EE.UU. de la misma forma que Urdaci pronunciara C.C.O.O. en sus informativos después de leer un comunicado de rectificación obligado por los tribunales (acababa de nacer una nueva forma de escupir deletreando).
[God Save Urdaci]
(Codicia): ¬ Uno de mis parientes estadounidenses, el que vive en el recipiente Bush, me ha dicho que las cosas le van mejor que nunca. Su recipiente le mima mucho, le concede todos su caprichos. ¡Hasta inició una guerra por él! Dice, además, que Bush es un tipo generoso con todos los demás, que mima por igual a vuestros homónimos, presentando altas cotas de Estupidez, Egocentrismo e Ignorancia.
El silencio se apoderó de la mesa. Las miradas saltaron de ojo en ojo, posándose en última instancia en el montón de fichas que ocupaban la parte central del tapete.
(Codicia): ¬ Algo tendréis que decir... ¿No tenéis ninguna opinión?
Y una chispa se encendió en sus ojos.
(Estupidez): ¬ "Sólo dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana", Albert Einstein.
(Ignorancia) ¬ ¿Y eso qué tiene que ver? ¿A qué viene?
(Egocentrismo): ¬ Déjala, es la única cita que conoce y que, además, la nombra. No creo que tenga opinión. Además, ¿quién tendría en cuenta la opinión de una estúpida?, ¿y de una ignorante?
Egocentrismo le hizo una señal casi imperceptible a Codicia.
(Estupidez): ¬ A mí me gusta Bush. Mi primo dice que se siente en su salsa. Nos tiene un poco olvidados desde que domina el mundo. Otro primo mío, el español, dice que se lo pasan teta cuando coinciden en la Casa Blanca, haciendo competiciones de estupidez. La cosa está muy igualada.
(Egocentrismo): ¬ ¿Qué es la Casa Blanca comparada con La Moncloa? ¿Quién es Bush si le medimos bajo los mismos baremos que a Aznar? Y, ¿por qué nos interesan más esas elecciones que las de nuestro país?
(Ignorancia): ¬ Hasta un ignorante sabe que un loco en el trono del mundo es más peligroso que una bomba de hidrógeno en manos de un kamikaze y, amigo, los yankees son los dueños del planeta. Y ahora veamos quién gana. Veo vuestras apuestas y subo el doble.
Los demás jugadores, sin tiempo apenas para reaccionar, arrastraron lo que les quedaba hacia el montón central. Codicia, a falta de fichas, puso las llaves de su cueva sobre la mesa, convencido de una victoria fácil.
(Ignorancia): ¬ Habéis pagado por ver mis cartas pero, me temo, no por superarlas.
Dejó caer sus cartas con despreocupación mientras recogía las fichas de los demás y se levantaba de la mesa. Antes de salir se dio la vuelta y, dirigiéndose a todos, dijo:
(Ignorancia): ¬ Si queréis saber mi opinión, me da exactamente igual quién gane, todos están podridos. Aquí y allí, a ambos lados del océano. La ignorancia, a veces, es una virtud.

Esta mañana me he levantado con dolor de cabeza. Como si alguien hubiera estado jugando al póker en mi cabeza. Hubiera jurado que me salía humo por las orejas.

PD: Jonh Kerry, candidato a la presidencia de los EE.UU., ¡tiene un weblog! ¿Quién decía que los weblogs eran una corriente pasajera? ¿Veremos pronto el blog de Zapatero, Rajoy e, incluso, Aznar? Sólo digo una cosa: que Dios nos pille confesados.
[amén]

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Cosas que pasan
by milio a las 01:15 AM | Enlace Permanente

Enero 19, 2004

Terrible Wind

Hoy, aprovechando unos descuentos de 2x1, he ido a cenar al Vips con un amigo. No había salido de casa en todo el día, atormentado por la apatía que siempre me transmiten los domingos. Así que me vendría bien airearme un poco, salir de la improvisada prisión en que se convierte mi habitación por momentos.
Había quedado en la plaza de Callao y, como iba con tiempo, decidí subir paseando desde la Plaza de España.
[en qué momento]

Esta plaza es peculiar pues la distribución de los edificios hace que sea una de las zonas donde el viento ruge con más fuerza de todo Madrid. En esa plaza yo he visto volar paraguas mientras sus dueños miraban el cielo con una mueca de estupidez y asombro, pensando si perseguir su paraguas durante su vuelo o reanudar su marcha olvidadandolo a su suerte. En esta plaza he visto recreada una y mil veces (aunque con menos glamour) la famosa escena en la que Marilyn Monroe juguetea con su vestido, mecido por una corriente de aire.
Hoy era uno de esos días en los que el viento invita a permanecer en casa, al calor de la calefacción, lobotomizándose por momentos con lo que escupa la caja tonta, adentrándose en el microcosmos que un libro nos plantea o navegando por el ciberespacio desde nuestra silla.
[el sueño de un marinero jubilado]
Desoyendo los consejos de la naturaleza, caminaba yo hacia mi destino. Los pocos transeuntes que osaban enfrentarse con la tempestad se refugiaban bajo capas de ropa, hundiendo su cabeza en sus abrigos, enfundando sus manos en unos guantes comprados para la ocasión. Los que afrontaban el temporal por obligación, aquellos que no tienen otro sitio donde estar, se refugiaban bajo sus cartones o, los más afortunados, bajo mantas descoloridas.
[como sus dueños]
Si normalmente la ciudad nos transmite sus prisas ayudada de sus motores invisibles que le dan vida perpetua a las calles, esta noche las prisas se convertían en precipitación. Y, como hormigas, todos ibamos de un lado para otro sin mirar atrás.
Ya en el Vips nos dispusimos a cenar tranquilamente. El la acera de enfrente unos luminosos intentaban hipnotizarme con sus extensiones y sus pelucas, anunciadas con luces de neón.
Cuando nos disponíamos a pagar vi cómo se acercaba un hombre cercano a los setenta años con una bolsa que felicitaba la navidad sin importarle que ya se hubiera acabado. Aquel hombre mirada fijamente cada mesa, sometiéndolas a sucesivos análisis mentales. Cuando consideraba que una mesa no era apropiada pasaba a la siguiente. Entonces se le iluminó la cara al vernos, en un rincón, pidiendo la cuenta. Dialogaba con la camarera, que parecía conocerle, sobre qué mesa sería más conveniente.
¬ Necesito silencio. Sin silencio no puedo escribir.
Aquel hombre tenía una sonrisa entrañable, de abuelo perpétuo, que le otorgaba un aura de respeto. La camarera sonreía condescendiente mientras le acompañaba hacia su mesa, contigua a la nuestra. Una mesa donde minutos antes se sentaba una familia empírica (que no paraba de estudiarnos mientras dábamos cuenta de nuestra cena). ¿Habría elegido aquel hombre esa mesa si hubiera conocido a sus antiguos dueños? Entonces me dio por pensar que si las mesas hablaran podrían contar muchas vidas desde su carcel inerte. Manos que se juntan bajo su abrigo, pies que juguetean seguros de su escondite, miradas cómplices de amores imposibles, ojos inyectados en sangre colérica y reflexiones de comensales solitarios por obra u omisión.
Quizá aquel hombre viniera a transcribir las confesiones de una mesa.

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 02:15 AM | Enlace Permanente

Enero 16, 2004

Entumecido

A menudo fantaseaba con el corazón que sustituiría al suyo, con un defecto de fabricación. Una imperfección que se había extendido, con el tiempo, por el órgano, amenazando con pararlo en cualquier momento.
[parando con ello la máquina a la que sustentaba]
Técnicamente no era más que un corazón compatible, un amasijo de células organizadas y especializadas que se encargarían de renovar las fuerzas de su maltrecho cuerpo, que acabarían echando a la figura encapuchada que recorría desde hacía tiempo los pasillos del hospital, amenazando con su mirada invisible. Pero, ¿acaso no podía ser algo más?
Aunque los médicos lo desmentían, él soñaba con que una parte del donante viajara con aquel corazón. Una voz interior que se comunicara directamente con su conciencia, que le diera consejos, que tuviera voluntad propia.
[un Pepito Grillo celular]
¿Cómo sería el corazón de un feroz ejecutivo? Quizá le indujera a vender humo al mejor postor. ¿Y el de un delincuente? Posiblemente buscara a quién le delató para acabar con su vida o, quizá, se arrepintiera y decidiera emprender una nueva vida con su cuerpo recién estrenado. ¿Y el de una amante suicida? ¿Estaria atrapado en una espiral de autodestrucción? Si realmente se ama con el corazón, aquel órgano querría volver con su amado y abandonar el mundo de los vivos, arrastrándolo con él.
[o intentándolo]
Cuando su corazón aún parecía sano y no era presa de aquel terrible afán de protagonismo ...
[cardíaco]
... había leído un libro en el que el protagonista perdía una mano. Conseguían trasplantarle otra que, para su sorpresa, parecía dotada de vida propia. Aquel hombre podía experimentar las sensaciones del antiguo portador de la mano, incluso le cambió la personalidad. ¿Y si le ocurría a él lo mismo?
La desesperación era tal que no le importaba de quién fuera el órgano, el amor a la vida le embargaba más que nunca.
¬ Cogería el corazón del mismísimo Hitler.
Dejó caer su cabeza sobre la almohada, estudiando el techo blanco de su habitación, contando las imperfecciones mientras la radio entonaba una canción:

...
There is no pain, you are receding.
A distant ship's smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can't hear what you're sayin'.
When I was a child I had a fever.
My hands felt just like two balloons.
Now I got that feeling once again.
I can't explain, you would not understand.
This is not how I am.
I have become comfortably numb.
...

Pink Floyd - Comfortably Numb

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Realismo ficticio
by milio a las 08:50 PM | Enlace Permanente

Enero 14, 2004

El Calcetín Marciano

Llevaba toda la mañana sin fumar, así que me salí a la terraza a disfrutar de un cigarro. Y digo disfrutar porque para un fumador (al menos en mi caso) la mayoría de los cigarros se fuman por mera adicción rutina y son pocos los que realmente se disfrutan. Desde el octavo piso se ven las cosas de otra forma.
[vista de pájaro]
Desde que tengo desuso de razón me ha acompañado siempre el miedo a las alturas. Ese vértigo que consigue que todo mi cuerpo rechace las alturas al menor signo de inseguridad. Vivo en un cuarto piso que, como le decía siempre a una amiga, es casi un quinto que parce un sexto. Me gustaba sentir ese cosquilleo producido por torrentes de adrenalina, experimentar el miedo y las fascinación a la vez. Siempre me apoyaba en la barandilla con el cuerpo erguido para poder reaccionar en caso de que ésta se desprendiera, como pasaba siempre en las películas.
[y yo dudaba ser el bueno de la historia]
Perdido en mis recuerdos y dejando a un lado mi cautela, me dediqué a observar el paisaje urbano de una mañana de enero. Los pasos caóticos de un perro que buscaba un sitio donde satisfacer sus instintos mientras el dueño, medio dormido, repetía el camino del animal, ensimismado quizá en sus pensamientos.
Entonces miré al frente y lo vi. Aquella escena me heló la sangre, pues sentí el vértigo ajeno dominar mis sentidos. Un hombre limpiaba los cristales del último piso en el edificio del fondo. Encaramado en la cornisa, sin arneses ni cuerdas ni sortilegios que le protegieran, expuesto totalmente a una caída al vacío. Sobre la cornisa, ligeramente inclinada hacia el abismo, descansaba un cubo donde el hombre sumergía metódicamente su herramienta (la de limpiar los cristales, no nos vayamos por los cerros de Úbeda).
[dar sera, pulir sera]
Por si aquella escena no había acabado con el poco aplomo que me quedaba, la imagen me deparaba más sorpresas. A la derecha del operario temerario se alzaba una escalera de mano, haciendo equilibrios sobre la cornisa sin ningún tipo de protección. El hombre quiso provocarme un infarto cuando se subió en la escalera (sobre una cornisa inclinada en el noveno o décimo piso).
[¿acaso buscaba la muerte?]
Y un detalle, quizá absurdo, se dibujó en mi mente con tintes de humor negro:
¬ Lleva calcetines blancos, quizá no le dejen entrar en el cielo...
No pude terminar mi cigarro, perseguido por un sentimiento de fatalidad, por una corazonada, por imágenes de un cuerpo precipitándose al vacío. Como si mirando a aquel hombre estuviera tentando a la suerte. Pensé en gritarle algo pero, ¿y si le asustaba y se caía?
[el ángel caído]
Un par de horas después salí a fumar otro cigarro y comprobé con alivio que en el suelo no había ningún cadáver y las ambulancias no habían hecho acto de aparición: el operario no había caído.

Y al llegar a casa:
¬ Hijo, ¿por qué no te compras una parcela en la Luna? He visto en la televisión que ya se puede...
[estocada]
¬ Tienes razón mamá, para cuando me pueda comprar un piso quizá estén más caros que en la Luna.
[finta, parada y contraataque]

Entre los calcetines y los marcianos, hoy ha sido un día extraño.

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Cosas que pasan
by milio a las 11:19 PM | Enlace Permanente

Enero 13, 2004

Discos viejos

El domingo, mientras caminaba por la Gran Vía cubierta de niebla, letras procedentes de todos los rincones de mi mente se reagruparon para formar unas singulares palabras:
"Todo arde si le aplicas la chispa adecuada"
Un fragmento de La Chispa Adecuada de Héroes del Silencio, fue el que me vino a la mente.
[nada es fortuito]
Las luces de las farolas formaban islotes de luz en un mar de penumbra, creando unos pequeños oasis lechosos. Era difícil creer que la luz viaja tan rápido.
No llegaba tarde, así que podía perderme en mis divagaciones para, posteriormente, encontrarme en la plaza de Callao. Cuando uno va en línea recta es difícil desorientarse. Me abrí paso entre la niebla como el que lo hace en mitad de la selva: con un enorme machete fabricado con una aleación de mis recuerdos, lo suficientemente resistente como para apartar las capas de niebla más débiles.
Los paseantes no se asombraron al verme desaparecer en la selva de niebla, abandonando por unos instantes su universo para adentrarme en otro, paralelo, que me sirviera de puente.
Viajar entre los planos no es difícil si llevas un mapa. Un mapa que sólo se puede conseguir en los sueños, que tan abandonado me tienen. Así que, sin un papiro que guiara mis pasos, tuve que fiarme del viento para atravesar el manto de niebla existencial.
Cuando llegué al otro lado volvió a mi cabeza el mismo pensamiento:
"Todo arde si le aplicas la chispa adecuada"

Así que, a falta de chispas, cogí mi antorcha y me dispuse a quemar tus mis recuerdos.
[que son ignífugos]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 09:48 PM | Enlace Permanente

Enero 12, 2004

Metamórfico

Desde que tenía uso de razón, siempre deseó ser otro. Se sentía prisionero en un cuerpo que él nunca pidió. Una mezcolanza de células que nunca llegaba a funcionar del todo, renqueantes y dubitativas. A veces le parecía que disfrutaban con juegos macabros, intercambiando sus posiciones las unas con las otras. El día que su corazón dejó de latir durante unos segundos (en los que no vio ninguna luz blanca ni ascendió al cielo con los apóstoles) le pareció notar cómo algunas células de su corazón intercambiaban sus funciones con las del pulmón. Sus pulmones se encharcaron y en su corazón entró un soplo de aire.
[gélido]
Se desconectó completamente de la realidad. Escuchaba a lo lejos las voces de los médicos, en pleno trance sanitario, decidiendo qué era mejor para salvar una vida que pendía de un hilo. Hicieron falta dos corrientes eléctricas para que las células, asustadas, volvieran a su ubicación original. Los médicos insistían en que debía cuidarse más, y le recomendaron seguir una vida acorde con un corazón debilitado. Él contestaba siempre lo mismo y los médicos se limitaban a sonreir.
[burlándose de su ignorancia]
Intentó quitarse la vida un par de veces, pero su cuerpo nunca le dejó. Separando sus venas cuando acercaba el filo de una navaja como si de Moisés con el Mar Rojo se tratara, negándose a digerir la cantidad ingente de pastillas con las que pensaba matarse, anclando sus pies contra el suelo en el momento justo de saltar al vacío. Ni siquiera con el gas lo había conseguido. Esas tendencias autodestructivas fracasaron estrepitosamente y, aunque el dicho proclamaba unirse a un enemigo más fuerte, él se resistía.
[estoicamente]
Deseó con tantas fuerzas no vivir en ese cuerpo que un día se produjo el milagro (o lo que parecía serlo): la gente empezó a ver en él lo que su propio subconsciente le dictaba. Aunque sus facciones no habían cambiado y su andar cansado seguía amenazando con hacerle aterrizar en el fango, cada persona veía una cosa distinta cuando se encontraba con sus ojos. Para unos era un triunfador a envidiar, para otras era un galán al que cortejar. Su madre empezó a verle como un niño de diez años que necesitaba su abrazo protector y su padre como el gamberro adolescente que nunca tuvo por hijo.
El efecto era tan sorprendente que la gente que lo había conocido antes del cambio, ya no era capaz de recordarle y, simplemente, llegaban a la conclusión de que había sido siempre así. Incluso en las fotos y en los vídeos continuaba el hechizo.

Y, entonces, se dio cuenta de que no había recibido ninguna bendición, sino la mayor de las maldiciones.
[se había perdido a sí mismo]

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Realismo ficticio
by milio a las 11:59 PM | Enlace Permanente

Enero 11, 2004

Rockstar

Después de un fin de semana con un resfriado bastante molesto, hoy pensaba salir a cenar con dos amigos a un buffet al que nunca había ido y del que me habían hablado muy bien. El resfriado, de por sí, no es malo pero, cuando se junta con la resaca, puede ser devastador. El sábado estaba catatónico y no fui capaz de salir en todo el día. Eso sí, aproveché para finiquitar el diseño de la web y dejarla como la veis ahora.
[esperanzadora]
Pues bien, teniendo estos planes en mente, me he metido en la ducha. Siempre repito el mismo ritual:
1.- salgo de la ducha enfundado en una toalla cualquiera...
[escandalizando a un hipotético observador]
2.- pongo la música a todo volumen...
[provocando a veces la furia de vecinos y familiares]
3.- y me visto mientras canto.
[o lo intento]
Hoy, emocionado en una de las estrofas de The Nobodies (de Marilyn Manson), cantando a viva voz el estruibillo:

We are the nobodies
Wanna be somebodies
We're dead, we know just who we are

... he escuchado movimiento cercano. Y, al girarme... al girarme me he encontrado a mi hermana mayor con el teléfono pegado a mi boca, deleitando con mi concierto a una sufrida amiga suya. Después de echarla gentilmente de mi habitación he pensado que si su amiga algún día pensó que yo estaba cuerdo, habrá descubierto la verdad al oirme cantar.

Y yo me pregunto, ¿le habrá gustado?.
[espero que toda la estupidez le tocara a mi hermana en el reparto]

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Locuras
by milio a las 11:50 PM | Enlace Permanente

Enero 10, 2004

Cartas Desde Mi IP v2.0

Después de unos días de duro trabajo con el maravilloso Movable Type, de exportar todos los post de Blogger y realizar las modificaciones en todas y cada una de las entradas para adaptarlas al nuevo entorno, lo he conseguido.
Os presento, en primicia, la nueva versión de Cartas Desde Mi IP. El contenido siempre es lo más importante, pero si el continente ayuda, mucho mejor. Por el camino he perdido todos los comentarios antiguos (por segunda y última vez) y quizá haya cometido alguna errata en los post antiguos. La versión es estable y funciona correctamente. Si os encontráis algo raro puede ser porque el jodido proxy-caché esté haciendo de las suyas.
[como siempre]
Aún quedan un par de cabos sueltos que iré arreglando poco a poco como, por ejemplo, los enlaces de una entrada a otra, que aún no he cambiado. Y, por supuesto, los errores que se vayan presentando. Aún estoy en fase experimental.
[yo no, el blog]
Queda poco para que se cumpla mi primer año en la red, así que esto es un regalo que me hago a mí mismo.
Pero todo los diseños de blogger, los quebraderos de cabeza de Movable Type (que no han sido muchos) y estos más de doscientos cincuenta posts, no habrían sido posible sin ti. Sí, tú, que vienes por aquí regularmente a darle un poco de vida a mi blog.
Y a ti, lectora o lector anónimo@, te doy las gracias.

Ahora más que nunca, The Show Must Go On.

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MetaCartas
by milio a las 05:56 PM | Enlace Permanente

Enero 08, 2004

Estupidez intolerable

La víspera de Reyes tenía dos entregas de amigo invisible. La primera, en casa, era un regalo esperado. Mi madre se había desenmascarado a sí misma y ya tenía claro que me iba a comprar una colonia. Hugo Boss era su elección (más bien la mía), así que ahora ya tengo uno de los dos elementos con los que el del anuncio parece irresistible a las mujeres, solo me falta la otra parte.
[yo]
A mí también me había tocado regalarle a mi querida (y santa, por aguantarme) madre. Soy malísimo para los regalos, nunca sé qué regalar. Así que, tirando un poco de la publicidad masiva de las navidades, elegí un móvil. Me siento culpable por haber metido a mi madre en esta espiral comunicativa, de las llamadas y los mensajes, de las promociones y los engaños.
[welcome to mobility]
Después, y sin tiempo de reacción, debía ir a una fiesta (en un lugar remoto) para la segunda entrega invisible. Esta vez tenía suerte, porque mientras que a mí me regalaban todos yo no regalaba a nadie. La fiesta se fue apagando y la gente, cansada de tantas navidades, fue retirándose. Los pocos que quedamos decidimos irnos a tomar algo a un sitio cercano, para no acabar la noche de forma precipitada.
Tras varios intentos de echarnos del local con música de dibujos animados, consiguieron su propósito. Nuestra intención era ir a un pub que cerraba a las seis para acabar la noche.
Antes de proseguir he de decir que yo llevaba unas zapatillas, vaqueros y una sudadera de AC/DC de mis tiempos más rebeldes (que a mi abuela le encanta). Era lo primero que había cogido del armario, no hacía falta elegir mucho más para una fiesta en una casa.
[se mascaba la tragedia]
De lejos vi que los porteros iban trajeados, mala señal. Así que dos amigas me agarraron del brazo.
¬ Bien, ahora llamo más la atención. Creo que esta estrategia no va a funcionar.
¬ Que sí, ya verás.
Yo, que he pasado muchas veces por estas situaciones, me esperaba lo de siempre.
¬ No puedes pasar con esas pintas.
[y si me escupes a la vez ya queda de película]
¬ ¿Qué pintas?
¬ Mi compañero dice que con ese atuendo no puedes pasar. Si sólo fueran las zapatillas podríamos hacer la vista gorda, pero así...
[poli bueno, poli malo]
¬ ¿Qué pasa? - pregunta un amigo, de forma retórica claro.
¬ Pues que aquí el caballero dice que con estas pintas no puedo pasar.
¬ ... con esa sudadera no puedes entrar.
¬ Así que es por la sudadera. ¿Con qué criterio? Porque si en lugar de poner AC/DC pusiera Nike, Adiddas, Billabong o cualquier otra etiqueta valorada en sesenta euros no me estarías diciendo eso.
Pero, amig@s, el portero tenía un recuerso más.
¬ Yo sólo cumplo órdenes.
Y si fuéramos a preguntarle al jefe diría que a su vez cumple órdenes de otro. Al final, el macho dominante en la cadena de mando diría que lo hace porque así son las cosas. ¿Acaso estos señores se piensan que por no llevar unos naúticos y un jersey de pico me voy a gastar menos dinero que el mejor vestido del bar? ¿Quién borró de nuestras mentes la sabiduría popular con dichos como el hábito no hace al monje?
¬ Mira, te dejo la chaqueta y entras con ella - me dice un amigo.
¬ Bueno, esa estrategia suele funcionar cuando no lo saben los porteros, pero en este caso... - le contesto, harto de la situación.
¬ Da igual, no puede entrar.
Y otra vez la misma historia de siempre. Te das la vuelta y te vas con cara de gilipollas, sin comprender esas estúpidas costumbres, esos filtros selectivos en la puerta de antros pretenciosos. No es la primera vez que me pasa, ni será la última. Me niego a disfrazarme para entrar en sitios que ni siquiera me interesan, donde la música es una mierda y donde cada copa te quita dos horas de vida.
Por si a alguien le interesa (para no ir) el local se llama Casco Antiguo y está en Alcalá de Henares (Madrid).

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 11:28 PM | Enlace Permanente

Enero 05, 2004

El remitente ausente

El despegue había sido perfecto, sin contratiempos. Volar le fascinaba, aunque fuera en un mastodonte de metal. No podía sentir el aire contra sus mejillas pero se imaginaba la sensación.
¬ Dios fue cruel al no darnos alas.
La presión en la boca del estómago ya había cesado. El personal de la triupulación recorría los pasillos metódicamente, con una sonrisa tallada en los labios con el cincel de la costumbre. Una azafata se inclinó sobre su asiento preguntándole algo. Se quitó un auricular de la oreja y contestó con una negativa y dos sonrisas.
Todo ocurrió demasiado rápido. El avión empezó a temblar mientras un motor se detenía. Desde su ventana no podía ver el otro motor, pero imaginaba lo que estaba pasando. Desconectó de la realidad mientras todo el mundo gritaba al unísono. Alguien dijo algo por megafonía y él se limitó a seguir la rutina de seguridad. Algo le decía que su vida pendía de un hilo, y se resignó.
Recordaba aquella postal que le escribió a su novia desde una terraza cualquiera, contándole las ganas que tenía de verla, de abrazarla, de sentirla. Una postal que no envió para poder entregársela junto con unas rosas.
[rojas]
El avión se precipitó sobre el mar como un pájaro herido de muerte. En el instante en que aquel féretro de metal explotaba la imagen de su novia de descomponía en su mente. Como los reflejos del agua que se desintegran cuando algo impacta sobre ellos.
[como su vida]

Y yo siento escalofríos al contar esta historia...


NOTA: Basado en una noticia de El Mundo.

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Realismo ficticio
by milio a las 08:24 PM | Enlace Permanente

Hasta que salga el sol

Cada peldaño pesaba exactamente el doble que el anterior en sus piernas sin fuerzas. Sus ojos se hundían un poco más con cada esfuerzo. Inyectados en sangre, nublando la realidad con velos de autocompasión. El vigilante del faro había tenido un detalle al dejarle dormir en lo más alto de la torre, en una noche en la que el frío acechaba en cada sombra con su puñal de escarcha. El baho parecía humo, le hacía recordar sus tiempos de fumador. La respiración entrecortada, el pulso tembloroso, la espalda encorvada.
¬ Dios mío, a este paso voy a llegar al cielo antes de que me llames. Porque iré al cielo, ¿no?
Tras derrotar al último escalón en la prueba de resistencia se dejó caer en el suelo, en posición fetal. Desde su lecho de piedra tiró un poco más de la manta que traía arrastrando durante su ascenso y se la echó por encima. Desde el suelo podía observar las estrellas a través de la ventana.
¬ Paradójico. En el mismo corazón del faro, pensado para guiar a los barcos, yace un sintecho que perdió el rumbo de su vida hace mucho.
Y dejó que una carcajada saliera en tropel de sus labios, mezclada con una tos seca.

Ausencia de sueño, reticencia congénita a cerrar los ojos o disputa matrimonial con la almohada. Daba igual como lo llamaran, el insomnio tenía siempre la misma cara de cansancio y falta de orientación. Médicos, curanderos, farmacéuticos, vecinos... todos aportaban su visión particular al problema, todos aportaban soluciones que no funcionaban. Sobre la mesilla descansaban varios libros de autoayuda, algunos sin desprecintar. Todos con títulos sugerentes, llenos de promesas sin cumplir.
[los últimos asideros]
Con las piernas cruzadas, sentada sobre la cama, perdía su vista intentando contar unas estrellas que se ocultaban de su escrutinio tras capas de polución. Su mente, pastosa, pensaba como un animal enjaulado. Sus brazos habían perdido su fuerza y las piernas, sencillamente, no respondían. Los ojos le escocían, tiñiendo con tonos oscuros sus dominios. Completamente desnuda esperaba despertar el deseo del sueño para que se dignara a poseerla, llevándola de una vez por todas al mundo de los sueños.
Cuando no contaba estrellas (las ovejas las descartó en su infancia) se dedicaba a observar pacientemente su lámpara de lava. Aquellas esferas imperfectas no conseguían hipnotizarla, ni tan siquiera aburrirla. Sin dormir no podía soñar, y sin soñar no era capaz de desear. Se dejaba llevar por las reacciones automáticas de su cuerpo.
Pasaba las noches en vela y los días deseando dormir. A veces conseguía conciliar el sueño (curiosa expresión para una insomne) durante un par de horas, nunca lo suficiente para descansar, ni siquiera para comenzar un sueño.
Pasarían las horas, la noche aclararía sus sombras para hacerlas desaparecer cuando saliera el sol, triunfante y fanfarrón, para eliminar de un plumazo sus ansias de dormir.
[un día más]

Esperaba, como cada noche, a que los demás durmieran. La casa quedaba en silencio, la vida se escapaba y no volvería hasta que sonaran los despertadores. Los ronquidos de su padre eran la señal. Unos ronquidos lechosos y con cierto ritmo, su padre fumaba incluso mientras dormía.
Echaba el cerrojo en su habitación intentando no hacer ruido. Y entonces, con el corazón latiendo por encima de sus posibilidades, se sentaba frente a la ventana. Sacaba el cigarrillo que cada día robaba de alguno de los paquetes que su padre dejaba desperdigados por toda la casa y se lo encendía con la seguridad de estar transgrediendo alguna norma no escrita.
Entonces empezaba a soñar.
Allí estaba ella, desnuda. La distancia hacía perfectas sus formas. Soñaba con acariciar aquellos pechos, besar aquella boca y poseer aquel cuerpo. Con sus brazos abrazaba aquellas rodillas perfectas, y su pelo caía sobre sus pechos, dejando volar una imaginación que estaba en pleno apogeo. ¿Qué estaría pensando? ¿Por qué pasaba las noches esperando al sol? Eran preguntas sin respuesta, el manto de misticismo que él ponía delicadamente sobre sus hombros desnudos, cada noche. Nunca había conocido el amor, pero lo que sentía por aquella desconocida era lo más parecido que podía experimentar.
Pasaba las noches en vela, observando sin dejarse ver, soñando despierto con juegos prohibidos entre sábanas desconocidas.
[hasta que salía el sol]

¬ Oye. Eh, tú. Despierta. Tienes que irte antes de que salga el sol.
Abrió los ojos lentamente, se incorporó y le dedicó una sonrisa a su benefactor.
¬ ¿Y si no sale? ¿Y si un día al sol se le olvidara salir de su refugio?
El vigilante ya se había ido. Emprendió el descenso al día a día, arrastrando su alma por el suelo y con cuidado de que su manta no se manchara aún más. Al llegar abajo vio como la noche agonizaba, corriendo horrorizada a su refugio antes de que un rayo de sol le quitara la vida en un segundo.
¬ Claro, el sol sale todos los días... aunque no queramos.

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Realismo ficticio
by milio a las 01:34 AM | Enlace Permanente

Enero 02, 2004

Dark and Light

Observaba pacientemente su imagen, reflejada en el espejo. Todas las fuentes de luz de su casa estaban cubiertas por gasas de colores, odiaba la luz directa, ella era Oscuridad. Su obsesión por las sombras iba más allá de unas bombillas rebeldes, era su conducta la que emanaba oscuridad.
Un reflejo azulado se dejaba caer sobre su pelo, marcando sus ideas con luces de neón. El mismo reflejo que nacía en el prostíbulo del otro lado de la calle que alguien maquilló con el nombre de Club Social.
Se ocultaba tras varias capas de oscuridad para no mostrar su verdadero yo, para no sentirse vulnerable. Si su enemigo no sabía nada de ella le sería imposible asestarle una puñalada. Los pocos que de verdad la conocían sabían que había que buscar siempre un segundo sentido a sus palabras, nada era lo que parecía ser.
[el claroscuro]
Siempre la trataron como un bicho raro, alguien salido de una novela de ficción. Nunca tuvo miedo a la oscuridad y cuando la luz irrumpía en sus dominios cubría sus ojos con unas gafas de sol, las más grandes que encontraba. Su piel era morena aunque el sol nunca la rozara, sus ojos negros la dotaban de una mirada impenetrable y profunda y su pelo se camuflaba perfectamente entre las sombras.
Y su voz... su voz era un susurro.

Siempre bromeaba diciendo que la longitud de todas sus velas sumaba más metros que su propia casa. Y tenía razón. No podía vivir sin luz, necesitaba referencias que mantener cuando todo se nublara, cuando perdiera el norte.
Tumbado sobre la cama miraba el techo de su habitación, llena de estrellas artificiales. Unas estrellas que, según le prometió el propietario de la Tienda Para Todo que había bajo su casa, brillaban más que las auténticas. Aún así, no dejaban de parecerle el trabajo de fin de curso que hizo con seis años. Aquellas estrellas definían perfectamente su personalidad: luminosa y sin artificios.
Si Ingenuidad tuviera un representante humano, sería él.
Le encantaba el olor de la cera quemada, el misticismo, el incienso y la luz. La oscuridad no le inspiraba temor, sino respeto. Tenía que ver a las personas de frente, tal y como eran, sin sombras, con matices. La oscuridad lo difuminaba todo, encriptaba las facciones, suavizaba las mentiras. Él era Luz.

Los destellos se podían apreciar en toda la calle. Los pocos transeuntes que pasaban aceleraban el paso a la altura de la ventana, algo les incomodaba. Arriba, tres pisos por encima del suelo, unos muelles gemían exhaustos mientras un sonido eléctrico ensordecía toda subversión. Él había encontrado aquello que llevaba buscando toda su vida: canalizar su luz. Ella reía mientras oscurecía aquel torrente luminoso.
Y con cada caricia un flash, con cada gemido un fogonazo y con el climax llegaba el equilibrio.
[la penumbra]

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Realismo ficticio
by milio a las 08:10 PM | Enlace Permanente