Febrero 28, 2004
Oportunismo
El libro que descansa sobre mi cama parece mirarme a hurtadillas, intentando reprocharme algo. Yo intento ignorarlo pero no lo consigo, sé que ansía volver a su casa. Miro la primera página y veo que, efectivamente, debía estar de vuelta en su casa la biblioteca hace cuatro días. Esto es sólo la punta del iceberg de desorganización en que se ha convertido mi vida.
[indomable]
Siempre he sido muy despistado. Todas esas cosas que-sólo-me-pasan-a-mí no son más que consecuencias más o menos indirectas de mis despistes. No es la primera vez que devuelvo tarde un libro en una biblioteca. De hecho, mi record está en nueve meses de retraso. Aquella vez, después de recibir varias cartas y alguna que otra llamada, y tras varios intentos fallidos de devolución, decidí entregarlo antes de que se presentaran en mi casa los geos con sus gases lacrimógenos y sus sonrisas partidas.
[tremendista]
Antes compraba agendas donde apuntar las cosas con la esperanza de que no se me olvidaran. Al final siempre desistía pues o bien no recordaba apuntar los recordatorios, o bien me olvidaba de mirar la agenda el día indicado. Es por eso que recuerdo los cumpleaños por intuición y más que con exactitud, con cierta incertidumbre. Siempre existe ese período nebuloso en el que es posible que caiga un cumpleaños. No soy capaz de saber con exactitud la edad de mis familiares, siempre tengo que usar expresiones como "más o menos", "entre éstos y aquéllos", etc. Después de mi cumpleaños he de pasar un período de adaptación para concienciarme de que tengo un año más y, aún así, a veces yerro ante preguntas inesperadas.
[errores de cálculo]
Y justo ahora, cuando me encuentro dando palos de ciego para intentar encauzarme, es cuando me vienen semanas como ésta. Jornadas de vigilias infinitas y días infinitesimales, hervideros de actividad contra reloj, el momento más inoportuno para un constipado. Uno de esos catarros que los fumadores alargamos al máximo por nuestra manía de llevarnos un cigarrillo a la boca aunque la garganta nos esté pidiendo a gritos lo contrario. Yo intento engañarme comprando tabaco light silver (el light de Lucky ahora se llama así).
[mata igual pero sabe más suave]
Doy vueltas en la cama sin poder dormir y me resigno a dejar que el insomnio de aburra y se vaya por su propio pie. Quizá escribir estas líneas me ayude un poco, o quizá no.
En fin, creo que dar vueltas con las palabras produce el mismo efecto que revolcarse en la cama: ninguno. Iré a comprobar si la almohada tiene ganas de pelearse conmigo y así, de paso, me entra el sueño.
Lugar: Handyman Tavern (Plaza del Carmen, 3)
Metro: Sol
Hora: 20:00 (GMT +1)
Para encontrarnos busca a l@s que tengan cara de frikis y estén hablando todos a la vez sentados en una mesa y en compañía de unas cervezas. Después, cuando te des cuenta de que te has equivocado, sigue preguntando en las demás mesas. Y si eres tímid@ no seas de l@s primer@s en llegar, en seguida nos reconocerás porque seremos la mesa en la que más gente haya (y si no, recuerda la estrategia anterior: pregunta en las demás mesas).
Yo, me, mí, conmigo
Febrero 24, 2004
La tostadora de Kahn
Si el que creó todo esto me dejara su goma de borrar para eliminar los dos últimos días de mi vida no perdería mucho. Mis ojos ya no diferencian entre la luna y el sol y mis horarios se están invirtiendo peligrosamente.
Me he pasado estos dos días de un pc a otro mientras mis ojos palpitaban hartos del esfuerzo. Anoche la pasé en vela dejándome las muñecas en el teclado del portátil. Cuando vi los primeros rayos de sol un letrero luminoso comenzó a dar fogonazos en mi mente: D-U-E-R-M-E. En un principio iban a ser un par de horas para descansar la mente y el cuerpo de los que tanto hablan en los anuncios de yogures. Aunque, inconscientemente, sabía que las dos horas se iban a convertir en seis.
[como me pasa siempre]
Como si al destino se le hubiera rallado el vinilo de mi existencia me he visto por la tarde sentado otra vez con mis dedos revoloteando sobre el teclado del portátil.
[y así se me ha pasado la tarde]
Un día leí que los hackers de antaño (los que llamaban de verdad) pasaban dos días programando y uno durmiendo. No sé si consumirían algún tipo de droga, medicamento pseudo-prohibido o infusiones milagrosas, porque llevar ese ritmo es infernal.
Así, perdido en mis cavilaciones binarias, ha pasado la tarde. Entonces ha aparecido mi padre con esa sonrisa orgullosa que se le pone cuando ha hecho una de sus compras.
[objetos innecesarios y más caros de lo normal]
Estoy convencido de que si fuéramos millonarios mi padre habría aparecido hoy con un flamante Porsche que usaría dos días y dejaría el resto del año en el garaje. Pero como no nadamos en la ambulancia abundancia, su compra se ha reducido a una tostadora.
[eso sí, casi del tamaño de un Porsche]
Mientras mi madre despotricaba por la compra inútil de un artefacto que ocuparía media cocina (donde no sobra espacio) y yo escrutaba el artilugio buscando componentes que justificaran su desmesurado tamaño, mi padre se dirigía hacia su bastión: el sofá. Mi padre se pasa todo el día trabajando y cuando llega a casa (ecco!, como el del Capuccino) acapara el mando de la televisión. Agnóstico de nacimiento, el fútbol es su única religión. Y, cuando hay partido, en mi casa no se ve otra cosa.
Yo, conociendo sus costumbres, me he olvidado de discutir, prefiero retirarme a mis dominios. El fútbol no me gusta apenas y, cuando hay un partido importante, me dedico a verlo con mis sufridos amigos y me paso el partido hablando de lo que sea. Me divierte ver cómo ponen el piloto automático en la conversación y prestan toda su atención a la pantalla, limitando su conversación a monosílabos o contestaciones con retardo.
[es lo más parecido a una conversación de besugos]
Volví a cenar al salón cuando faltaban menos de diez minutos para que acabara el partido. Mi padre estaba bastante serio y mi madre miraba la televisión pensativa. Entonces fue cuando Kahn (portero del Bayern de Múnich) se pasó el balón por debajo de la axila, dando el empate al Real Madrid. Mi madre, interpretando el gol como una señal miró a mi padre y dijo:
¬ Mañana te llevas esa tostadora y que te den una más pequeña.
Y mi padre, aún absorto por el gol inesperado, contesto con el piloto automático puesto.
¬ Sí.
[esto es casi un experimento sociológico]
Cosas que pasan
Febrero 23, 2004
Confusiones
Llegaba tarde, como siempre. El autobús no aparecía y el metro se paraba entre las estaciones, tragado por gusanos negros mientras los viajeros se revolvían inquietos, calculando las consecuencias de su retraso.
[y las causas que nadie creería]
Yo, mientras tanto, pasaba despreocupadamente las páginas de un libro, contemplando con curiosidad la fauna del metro. Tampoco importaba si no llegaba a tiempo a clase, no era algo que me quitara el sueño.
Llegué a la universidad diez minutos después del comienzo de la clase. Lo suficientemente tarde como para no molestar a un profesor que aún no conozco ni atraer las miradas curiosas de unos compañeros con los que aún no he tenido tiempo de relacionarme.
¬ Un café con leche templada.
¬ Marchando.
El camarero ejecuta el procedimiento muchas veces repetido, un automatismo de su profesión.
¬ ¿Cuánto es?
Por un momento me mira con curiosidad, sorprendido de que a estas alturas de curso no sepa lo que vale un insufrible café.
¬ Sesenta.
Busco con la vista una mesa libre donde tomarme el café y fumarme un cigarrillo mientras pasa la hora que he perdido entre trasbordos e indecisiones. El café no se deja beber, ni siquiera cuando le echo un sobre más de azúcar. Empiezo a adivinar que esta noche se producirán turbulencias en mi estómago. Miro el horario por última vez para corroborar lo que tengo en mis recuerdos.
¬ Aula 13.
Recorro los pasillos buscando el aula donde se imparte mi siguiente clase, la primera de esa asignatura a la que voy a asistir. Me siento en un sitio centrado, saco un par de folios, un boli y repaso mentalmente lo que recuerdo de una materia que no me convalidaron y me veo obligado a estudiar otra vez. Entonces entra un hombre encorbatado, con cara de pocos amigos y ligeros indicios de estreñimiento en las arrugas de la frente.
¬ Variables aleatorias n-dimensionales. Son aquellas que...
[¡¿qué?!]
Todo el mundo parece interesado en lo que ese señor está diciendo. Todos menos yo. No hizo falta captar más para saber que me había equivocado de aula y estaba en otra asignatura.
[maldito imbécil despistado]
En mi cabeza un montón de ideas contradictorias. Flashes de situaciones hipotéticas que mi mente calenturienta dibujaba para mí. En una de ellas el profesor me pedía que corrigiera un ejercicio o que respondiera a una de sus sagaces preguntas y yo me quedaba en blanco mientras me reía a carcajadas. Tenía una hora por delante, así que algo tendría que hacer: coger apuntes.
[que después tiraría a la basura]
Por suerte, delante mío se sentaba una chica guapísima. Ya no viajaría solo por las tierras de las divagaciones.
[o quizá sí]
Nota: quedan un par de días para el Beers&Blogs, anímate.
Yo, me, mí, conmigo
Febrero 22, 2004
Obligado a callar (afrontando desastres de Movable Type)
Cuando Movable Type escupe esto...
...echaos a temblar.
Esta semana ha sido, con mucho, la peor de este año que aún está dando sus primeros pasos. Me he visto obligado a silenciar el blog, pero no por razones políticas, represión o cualquier causa romántica. No, ha sido Movable Type. Concretamente, ha sido el motor de base de datos (creo que el nombre se le queda un poco grande) de Berkeley. Espero que este post os sirva de aviso a aquellos que utilicéis Movable Type, porque esto también os puede pasar a vosotros.
[si sois tan estúpidos como yo]
Movable Type ofrece una solución para que aquellos que no dispongan de una base de datos como MySQL en su hosting puedan utilizar una base de datos de ficheros en su propio dominio. Esta opción es Berkeley DB. Todo sería muy bonito si esta base de datos fuera fiable, pero no lo es. Cuando la mía dejó de funcionar y decidió vadear por los ríos de la corrupción busqué por los confines de internet una solución al problema. Y, amig@s, no la hay. No hay forma de que una base de datos Berkeley DB corrupta vuelva a funcionar normalmente. Lo único que se puede hacer es tirar de una copia de seguridad (esperando que sea reciente) y empezar de cero otra vez.
[cero absoluto]
Yo tengo contratado un giga de límite de transferencia mensual. En los últimos meses las visitas han ido aumentando hasta el punto de que cada vez consumía más ancho de banda y me acercaba peligrosamente al gigabyte. Fue por esa razón por la que dejé de hacer copias de seguridad confiando en el todopoderoso Movable Type. Pues bien, cuando todo explotó yo no tenía ningún backup que restaurar.
[la debacle]
Si no tenéis Movable Type o no pensáis pasaros nunca no sigáis leyendo, el resto del post es una guía para solucionar el error que me ha fulminado.
Preliminar - Encomendarse a alguna deidad o, mejor, a todas.
1.- Antes de republicar mil veces para ver si todo vuelve a funcionar por arte de magia, copia todos los ficheros html de tu weblog a tu pc (vía ftp). Esto es importantísimo pues tendrás que tirar de estas páginas para recuperar algunas (pocas, muchas o todas) de las entradas que Movable Type haya mandado al limbo. No republiques nada hasta que hayas hecho este backup, y menos archivos mensuales o todo el weblog.
2.- Hazte una copia de seguridad de todas las plantillas, hojas de estilo, pantallas de configuración y módulos que tenga tu weblog, las necesitarás cuando vuelvas a ponerlo todo en funcionamiento. No olvides las plantillas de búsqueda y de comentarios si las has modificado, ya que no aparecen en el menú.
3.- Crea un nuevo weblog en Movable Type teniendo cuidado de poner las rutas de publicación distintas a las del weblog principal y de especificar que el estado por defecto de las entradas nuevas va a ser Draft.
4.- Desde el listado de entradas de Movable Type del weblog corrupto rescata las que queden visibles insertándolas en el nuevo weblog (las categorías las tendrás que ir creando sobre la marcha). Seguramente MT no te deje exportar las entradas pues ha perdido los índices y para él no existen, por lo que te tocará, sufrido weblogger, copiarlas una a una en un nuevo weblog. Respetando las fechas y las categorías.
5.- Haz un recuento, mes a mes, del número de entradas que hay en el weblog. Para que este recuento sea fiable debes contarlas directamente de la web y no de Movable Type.
6.- Contar las entradas, mes a mes, que has conseguido rescatar de Movable Type.
7.- La diferencia entre esos dos recuentos será el número de entradas que tendrás que copiar del propio código html de la web. Tendrás que ir contrastando las páginas html y copiando las entradas que falten a tu nuevo weblog.
8.- Después de copiar las entradas vuelve a repetir el recuento hasta que estés seguro de que no te dejas ningún post.
9.- Ahora mismo tendrás un weblog nuevo con todas las entradas del original (o eso se espera). Antes de proceder a restaurarlo, lo mejor es hacer una prueba de importación para no llevarnos sorpresas desagradables. Exporta todas las entradas de este nuevo weblog y guárdalas en tu pc como oro en paño.
10.- Crea otro weblog de prueba e importa las entradas que exportaste en el paso anterior. Si todo ha ido bien deberías tener todas las entradas en este nuevo weblog de prueba. Si algo falla es que te has dejado alguna entrada por el camino.
11.- Ahora que sabemos que todo funciona podemos hacer el paso más delicado. Sube a tu ftp (a la carpeta donde instalaste Movable Type) el fichero mt-load.cgi y no te olvides de hacer el CHMOD 755. ¿Que qué es el chmod 755? Con esta orden estás estableciendo permisos para que ese script se pueda ejecutar. Puedes usar el cliente ftp Smart FTP, totalmente gratuito y que te permite hacer cosas como esa.
12.- Una vez esté seguro de que has copiado todo (ya que después de este paso no habrá marcha atrás) elimina el contenido del directorio donde tienes la base de datos (lo que hay dentro, no el propio directorio), ejecuta el script mt-load.cgi (la ruta será algo así como http://www.tublog.com/directorioMT/mt-load-cgi) y espera a obtener la respuesta.
13.- Ahora tienes una copia de Movable Type como si estuviera recién instalada. Crea el weblog, configura sus parámetros a partir de lo que tienes apuntado, restaura las plantillas e importa las entradas que guardaste en tu pc. Antes de republicar todo debes poner el status de las entradas a Publish (puedes usar para ello el Power Editing Mode).
14.- Cruza los dedos y republica el weblog entero.
Las diferencias con tu weblog anterior
El weblog que tienes no es exactamente igual al que tenías. Estas son las diferencias:
* Si bien las entradas son las mismas, sus identificadores no tienen por qué serlo (y seguramente no lo sean). Esto significa que todos los enlaces internos que tengas entre las entradas apuntarán a otras entradas o a páginas inexistentes. Debes revisar todas ellas para corregir los enlaces. La forma más fácil de hacerlo es hacer una búsqueda en los post por las palabras que suelas usar de enlace.
* Has perdido los comentarios. Por más que he estado dándole vueltas al asunto no he sido capaz de exportar los comentarios de un weblog ya que en la exportación de entradas no se guardan los comentarios. Vale, todos estamos de acuerdo en que perder los comentarios es una jodienda, pero podría haber sido peor.
Mis consejos
No deseo que nadie con un weblog pase por lo que he pasado yo esta semana. Por eso me veo en la obligación moral de dar unos cuantos consejos, que podéis seguir o no.
* Haced copias de seguridad regularmente. Puede ser un gasto de ancho de banda, pero es una garantía de que nunca nos quedaremos sin weblog. Yo las haría, como mínimo, semanales. Eso vale tanto para los que usamos Movable Type como para los que usan cualquier otro gestor de contenidos. No paséis por alto este punto.
* Si usas Movable Type no te decantes por Berkeley DB a no ser que no tengas más remedio. Por lo que he podido leer en foros tiene una tendencia demasiado salvaje a corromperse y dejarte con cara de pocos amigos.
* Si mantienes un portal donde varios webloggers tienen sus bitácoras tómate muy en serio el consejo anterior. Si perder tu weblog puede ser catastrófico, imagina lo que puede pasar si pierdes los que no son tuyos.
* Usa MySQL, tu corazón te lo agradecerá.
En unos días tendré que hacer una nueva migración, esta vez al nuevo hosting. Ésta, espero, será la última. Perderé los comentarios una vez más, así que si vais a dejar un comentario tan genial que deba pasar a la posteridad, no dudéis en enviármelo por mail o esperad una semanita.
Y, como siempre, The Show Must Go On.
Febrero 15, 2004
Amor Precario
Le compraría un millón de rosas, planearía un viaje a lugares desconocidos de habitantes pintorescos donde el sol no se pusiera nunca. Entonces pensaba en la hipoteca, las letras del coche (que podían formar fácilmente el alfabeto chino cantonés, chino tradicional y parte del cirílico).
[era de letras]
Llovía en la calle. Un deportivo rojo ronroneaba furioso mientras provocaba una ola de agua sucia y pestilente. Le mojó de pies a cabeza, pero no le importaba. Él la llevaría donde ella quisiera en ese deportivo, dejando que el viento jugueteara con sus cabellos mientras el atardecer se compinchaba con ellos. Entonces aparecería el señor del banco, en el asiento de atrás, trajeado hasta la médula.
¬ Hola, soy tu crédito. ¿Dónde crees que vas en este coche? ¿Tú sabes lo que vale? No puedes permitirte ni soñar con él, ni siquiera podrías pagar la gasolina.
Entonces caía del coche en marcha mientras el señor trajeado se alejaba con su chica de copiloto, mientras el atardecer le dedicaba una sonrisa irónica.
[insoportable]
Le regalaría una noche de lujuria, colmada de placeres indescriptibles, en una cama giratoria y parlanchina, de agua y con un colchón de humo aire de los que venden en el teletienda. No faltaría champagne francés ni fresas silvestres recién recogidas... Pero, ¿en qué estaba pensando? Si dormía en la misma cama desde que tenía uso de razón, sobre un colchón blando y ruidoso, reumático y hosco, que se quejaba cada noche por el peso de su acompañante. ¿Champagne francés? Ni siquiera podía pagar una botella de sidra.
[de oferta]
Seguía inmerso en sus cavilaciones, sin percatarse de que su ropa mojada y sucia no se despegaba de su piel, emitiendo ruidos desagradables y chapoteos irrisorios. Un anillo del mejor oro que encontrara, con diamantes engarzados, pantalla LCD y GPS incorporado, para que siempre encontrara el camino de regreso a su lado. Entonces la parte de su conciencia que en las películas siempre representan con un diablillo (que es infinitamente más lista que el pobre angelito pánfilo) comenzó a reírse a carcajadas.
¬ Un anillo, alma cándida. Lo más parecido a un anillo que has visto en tu vida son los aros de cebolla que venden en los frutos secos de tu barrio.
Apretó los puños y comenzó a correr bajo la lluvia, en una escena que emanaba patetismo. Él se imaginaba como el protagonista despechado de una película lacrimógena, corriendo estoicamente hacia su destino, encuadrado en un plano que hacía vibrar a los espectadores. Pero él, corriendo, parecía un niño asustado con los carrillos sucios y una mueca de estupidez en su cara.
En su veloz carrera no se fijó en el cartel que se mecía sobre su cabeza: dar para recibir. No lo necesitaba, un fantasma con forma de billete lo había grabado a fuego en su cerebro. Tampoco se percató de que en la acera opuesta, en la misma calle, una mujer solitaria caminaba pensativa bajo un telón de lluvia.
Ella lo tenía todo pero no tenía a nadie.
Realismo ficticio
Febrero 14, 2004
San Calentón
Yoko-No Consumo era, sin saberlo, el hombre más afortunado del primer mundo. En los demás mundos se conformaban con poder llevarse algo a la boca para aplacar su hambre. Él era la única persona en el globo incapaz de recordar las fechas que los dioses consumistas habían marcado en el calendario como orgías monetarias y bakanales de derroche.
En navidades era capaz de caminar por las calles mientras su cerebro ignoraba selectivamente los adornos navideños, las promesas de felicidad a precio de costo y los vínculos prometedores que se establecen con una joya, que es para siempre.
[hasta que la pierdas]
Cuando en televisión llegaban los anuncios entraba en un estado de trance, ignorando por completo la publicidad llena de deseos inventados o soluciones a necesidades artificiales.
Llegaba San Valentín y experimentaba la misma transformación. En su calendario el día 14 de Febrero era uno más. Mientras el resto de la gente no conseguía escapar de corazones voladores en busca de víctimas, él los esquivaba con soltura, como si no estuvieran ahí, como si nunca hubieran existido. A sus oídos no llegaba el mensaje de que hay que dar para recibir, que la mejor forma de hacer feliz a tu pareja es comprarle un regalo caro. Incluso desoía las afirmaciones más subconscientes que aseguraban una noche de sexo desenfrenado a cambio de unos pendientes de oro blanco.
Pero este año, por primera vez en su vida, iba a tener un problema: tenía novia.
[astuto lector, imagina el final de la historia]
Citas anuales
Febrero 12, 2004
Influencias

Metafísica
Febrero 11, 2004
Los pinos de Rajoy (Cifras y Letras)
En plena campaña electoral cualquier promesa vale para atraer a los votantes. Unos prometen lograr el 0,7 que tanto tiempo llevaban reclamando muchas organizaciones desde hace años. Ahora Rajoy, entre otras cosas, promete plantar ochocientos millones de árboles hasta el año dos mil ocho.
Hagamos números.
* Supongamos que tomara posesión del cargo (en caso de ganar) el día 1 de Abril de 2004.
* Desde el 1 de Abril de 2004 hasta el 1 de Enero de 2008 hay 45 meses.
* Esos 45 meses son, más o menos 1.370 días.
* En un día hay 1.440 minutos.
* Desde el 1 de Abril de 2004 hasta el 1 de Enero de 2008 pasarán 1.972.800 minutos.
* Señor Rajoy, ¿piensa usted plantar 405 árboles por minuto? (en la radio, cuando lo oí, les salían 300, ¿habré equivocado el período?)
[promesas difícilmente accesibles]
¿Piensa Rajoy recuperar el esplendor de la España prehistórica? Debe ser que su abuelo le contó cuando él era pequeño que en la prehistoria una ardilla podía recorrer la península de una extremo a otro sin bajarse de los árboles.
No me malinterpretéis, no es que no quiera que se planten tantos árboles, es que no me creo nada.
Cosas que pasan
Febrero 08, 2004
Reality Bites
Si no hubiera soñado hace un par de días con ella no la habría reconocido cuando entró en el bar. En mi vida la había visto pero en el fondo la conocía. Revoloteaba por el bar, atrayendo las miradas de quienes pensaban que era un ángel (nada asexuado) que había caído del cielo por equivocación o por haber provocado la ira de Dios.
[que a veces llena el mundo]
Entonces pensé que si el cielo de los borrachos se parecía a eso, no debía ser tan mal lugar para vivir. Y así me perdí toda la noche entre luces, sombras, whiskys bien racionados y sonrisas ensayadas frente a espejos de mármol.
¬ Yo me apoyé en el cristal, no quería romperlo, se cayó solo...
Un chico con la mano ensangrentada se dirigía hacia nosotros con andar vacilante y etílico mientras el resto del mundo le ignoraba.
¬ ¿Qué te ha pasado en la mano? Parece que vienes de una matanza.
[de cerdos]
¬ ¿No habéis visto un cristal roto en Gran Vía? Lo he roto... sin querer.
Mientras decía esto un brillo emanaba de sus ojos. Nos miraba pidiendo aprobación, como un niño que acaba de comprender una verdad más de la vida. Yo ya conocía esa expresión de triunfo insatisfecho.
¬ ¿No tienes móvil? - ni se acordaba la criatura-. No te preocupes que yo llamo al Samur para que te curen esa mano.
[el buen samaritano]
¬ No te muevas que ahora vienen.
Nos lo agradeció aunque resentido porque no reconociéramos el mérito de romperle la luna al McDonalds y se quedó ahí, dialogando con los paseantes, escasos a las cinco de la madrugada.
¬ ¿Tuquequelé?
¬ Tabaco. ¿Qué tabaco tienes?
El vendedor ambulante no me entendía casi nada de lo que decía, suficiente tenía con recordar el chino con la borrachera que llevaba.
¬ ¿Tabaco? Ah-sí. Alboro Lai, Alboro, ####### (sonidos ininteligibles que intentaban describir marcas de tabaco)
¬ Dame un Marlboro. ¿Cuánto?
¬ ¿Tú Alboro?
¬ Cuánto.
Y hago el gesto internacional que popularizó el Dúo Sacapuntas, que hasta en china lo entienden.
¬ Tré.
¬ ¿Joder cómo ha subido la vida eh?
Es inútil, no me entiende.
¬ ¿Cerveza tienes?
¬ I. ¿Cuánta?
¬ Dos latas.
Levanto dos dedos. Entonces saca una marca que no he visto en mi vida, comprada seguramente en packs de mil latas. La miro pensativo.
¬ ¿Y no tienes otra? No quiero morir joven.
Obviamente, no me entiende. Y se empieza a reir a carcajadas. Al final me río yo también diciéndole con mi sonrisa: "Vale, ya me has engañado, espero que no sea cancerígena, al menos no más que el tabaco".
¬ ¿Cuánto es todo?
¬ Tabacocelveza, cinco.
¬ Ve con dios.
Y según me alejo vuelvo a escuchar una carcajada. Pienso que no es tan difícil hacer feliz a la gente.
[¿o sí?]
Son casi las seis de la mañana. Dos figuras descansan en un banco en el parque de Plaza España. Ríen, hablan, fuman (sólo uno de ellos) y beben cervezas de marcas desconocidas. Un hombre, en manga corta, pasa corriendo mientras los dos personajes se cubren con todo lo que tienen, presas del frío punzante. Les saluda efusivamente con la mano al pasar.
¬ Qué amable es la juventud. ¡Qué bonito es ser joven!
Y, mientras el hombre extraño se aleja, se escuchan dos carcajadas que llenan el parque.
¬ Creo que viene de rodar un anuncio de compresas.
Las dos carcajadas se amplifican, estallan y mueren.
[la fauna urbana, siempre sorprendente]
Yo, me, mí, conmigo
Febrero 06, 2004
Only Dreaming
Me resultas familiar aunque no puedo ver tu cara, oculta tras una mata de pelo castaño y una buena capa de sombras. Oigo unos pasos rítmicos con el sonido de unos pies descalzos, que avanzan.
Todo se acelera cuando tú, surgida de la nada, apareces en escena.
[y te acercas]
tum-tam-tum-tam
¿Por qué no puedo ver tu rostro? ¿Por qué me resultas familiar si no puedo reconocerte? Las pisadas continúan y tu figura se dibuja entre las sombras, en mitad del claroscuro. La luz huye de ti y sólo unos cuantos rayos osan acariciar tu cuerpo.
Te acercas más mientras yo contengo la respiración, odiando el momento en que detengas tu camino y des media vuelta para alejarte. Entonces el tiempo parece casi detenerse y empiezo a temer que nunca llegues hasta mí. Veo unas caderas en cámara lenta mientras el resto de tu cuerpo se confunde con las sombras.
[las malditas sombras]
tum
No respiro.
tam
Te acercas.
tum
Nunca llegarás.
tam
Despierto.
Me incorporo en la cama y miro a mi alrededor, buscando a aquella figura que ha protagonizado mi sueño, pero ya no queda nada.
¬ ¿Quién eres?
[silencio]
Realismo ficticio
Febrero 05, 2004
Tras la puerta negra
Ya nadie se acordaba de ese niño que se sentaba frente la puerta negra a escuchar. Dejaba volar su imaginación intentando adivinar qué era lo que producía aquel ruido rítmico, metálico y aterrador. Comprobó que, fuera lo que fuera, nunca salía de sus dominios, así que él podía sentarse tranquilo en la cálida moqueta que cubría el pasillo.
Cuando cayeron las primeras bombas, su atención se desvió hacia las ventanas, pensando que su presencia podría desviar las que se acercaran lo suficiente. Si las vigilaba, quizá se alejaran para derribar otros edificios, para segar otras vidas, para levantar montañas de polvo y sufrimiento. Los aviones, como moscas, zumbaban a su paso, mientras él seguía su trayectoria con la mirada, deseando pilotar algún día un pájaro de metal.
[uno que no excretara bombas]
Al cabo de unas semanas volvió a observar aquella puerta que tanto le intrigaba. Los ruidos ya no cesaban, parecía como si las bombas hubieran enfadado al morador de aquella sala hasta el punto de que no callara en todo el día. ¿Sería una criatura de metal como los que salen en los cuentos? Una especie de hombre de hojalata que deambulaba intentando completarse. ¿Y una radio? Un transistor que alguien dejó encendido y estaba protestando a su modo por tantas horas de actividad, con su cacofonía de gruñidos metálicos, incapaz de apagarse.
Su corazón latía tan fuerte que era capaz de oír sus latidos por encima del ruido que se filtraba por la puerta. Sus dedos jugueteaban con el pomo, sus manos cubiertas de sudor, sus piernas temblando de nerviosismo, incapaces casi de sostenerle. Agarró el pomo y, con un suspiro, lo giró y empujó la puerta. Pero no se abría, estaba cerrada con llave, el monstruo estaba cautivo.
La ciudad estaba cada vez más devastada. Muchos edificios habían desaparecido, dejando su alma en su lugar. Una sustancia traslúcida donde se distinguía la firma de las vidas perdidas, llorando la pérdida. Octavillas de propaganda caían del cielo, prometiendo paz y prosperidad o pidiendo lucha idealista. Y todo lo veía desde su ventana, sus padres le habían prohibido salir de casa y, cada noche, dormían todos juntos en el sótano.
Su padre, a media noche, siempre desaparecía para, en algún momento antes del alba, aparecer junto a su cama y darle los buenos días antes de marcharse. Cada mañana salía con un pequeño maletín y se despedía de él con un gesto de sombrero, lo que le hacía sentirse un hombre y le arrancaba una sonrisa. Le miraba a los ojos como si esa fuera a ser la última mirada que habría de recibir.
Su madre, entonces, se convertía en un manojo de nervios, pegada al transistor devorando las noticias que llegaban del frente.
Era demasiado tarde para que nadie llamara a la puerta, y más con el silbido de las bombas nocturnas. Su madre dio un respingo sobre su silla, casi imperceptible, mientras todos los músculos de su cuerpo se tensaban. Su padre se puso el sombrero y le sonrió bajo su bigote, inclinando la cabeza condescendiente, besó a su madre con pasión contenida y dejó que la capa volara sobre sus hombros.
Más golpes en la puerta y, al abrir, unos militares que entraron en tropel, sin dejar tiempo de reacción. Unos cogieron a su padre y se lo llevaron mientras otros le preguntaban a gritos por el taller. Su padre no sabía nada de ningún taller, incluso cuando le golpearon. Entonces uno de ellos apuntó con su pistola hacia el niño pequeño, que miraba la escena con pavor, y luego a la mujer que lloraba y pedía que no se llevaran a su marido. Su padre, en ese momento, cedió y les dijo que estaba allí mismo.
La última vez que vio a su padre fue cuando abrió la puerta negra que él siempre había observado con deleite. Los soldados hicieron varios viajes para sacar toda la maquinaria a la calle, apilándola sobre la vía. Cuando todo estuvo fuera quemaron los papeles y la emprendieron a golpes con las máquinas hasta dejarlas irreconocibles. Él miró hacia el coche, buscando los ojos de su padre sin encontrarlos.
Al día siguiente, antes de saber que nunca más volvería a ver a su padre, caminó por el pasillo en mitad de la noche, buscando la puerta negra. Seguía abierta, nadie la había tocado desde que aquellos hombres se fueron con su padre. Entró en el taller, donde ya no quedaba nada y se sentó en el suelo a observar cómo caían las bombas sobre lo que quedaba de ciudad. Encontró un papel manchado de tinta, casi negro, y lo leyó por el reverso. "Libertad", gritaban aquellas letras muertas. No necesitó seguir leyendo para saber que eran las octavillas que caían del cielo.
Aún hoy, muchos años después de aquello, conservaba aquella octavilla enmarcada en su despacho. En su imprenta. Y, aún hoy, apretaba los puños cada vez que recordaba aquellos años sangrientos.
Realismo ficticio
Febrero 04, 2004
El pequeño saltamontes
¬Te voy a contar, hijo mío, un cuento de los que se narraban antaño al calor de una hoguera, costumbre que se remonta a los tiempos en que apenas caminábamos erguidos.>>
[y, a veces, erectos]
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Había un hombre carismático que a nadie dejaba indiferente. Algunos le adoraban con fervor casi enfermizo mientras que otros le odiaban sin disimulo. Él, consciente de su poder, danzaba por el mundo predicando la palabra de un señor que presidía la nación más poderosa sobre la faz de la tierra.>>
[poderoso caballero es don dinero]
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Aunque hablaba entre dientes y la mitad de las palabras se le quedaban colgando en su bigote, exponía e imponía sus ideas a todo el que estuviera bajo su control. Era tal el embrujo al que sometió a su país que podía actuar con impunidad y conseguir que el pueblo apoyara a los suyos en las urnas. Sí, hijo, lo has adivinado, era un presidente, el Presidente del Gobierno.>>
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Mandaba aquí sin quitar la vista del otro lado del océano, desde donde el otro señor manejaba los hilos de su conducta. Aquel señor le llamó para ir a la guerra ondeando la bandera de una justicia a la que le habían cubierto los ojos con una venda. Entonces alguien sugirió el eufemismo de Ataque Preventivo, un término que elevó nuestro protagonista a la categoría de axioma.>>
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Engañaron al pueblo y, sin contar con su opinión, fueron a la guerra. Justificaron sus ataques con la existencia de armas que podían destruir el mundo en apenas un parpadeo. Murieron muchas personas, otras tantas quedaron sin hogar. La guerra acababa, brotaban las lágrimas, caían las estatuas y lloraban las fosas comunes. Y el tiempo pasaba mientras la gente despertaba poco a poco de su hechizo y empezaba a hacerse preguntas. Cundió el nerviosismo y se hicieron informes que estudiaban la veracidad de otros informes, a la vez que unos terceros estudiarían la veracidad de estos últimos. ¿Conoces la canción del elefante que se balanceba sobre la tela de una araña? Ocurrió igual que en la canción, la telaraña era el aguante del pueblo y cada elefante simbolizaba una mentira más.>>
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¿Y qué pasaba mientras tanto? En los cuentos siempre ganan los buenos, pero esto es una historia real. La sociedad, drogada por tanto discurso nocivo, no acertaba a ver más allá de sus propios pasos, y siguieron apoyando al Presidente y a los suyos.>>
[con sus votos]
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Entonces, buscando a Mister Marshall cruzó el océano, posando en las fotos con su amigo poderoso, hablando en congresos, hemiciclos y hamburgueserías. Apoyando unas conductas que sólo él consideraba válidas, representando a un país que no estaba de acuerdo con la guerra, que no quería más invasiones preventivas. Pero él estaba legitimado, tenía los votos en sus bolsillos, la mayoría absoluta.>>
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Un buen día, este señor se retiró de la política henchido de orgullo por sus triunfos artificiales. Dicen que, desde entonces, cabalga en un rancho de Texas a riendas de un caballo que bautizó como Rocinante en una rabieta de egocentrismo. Quizá confunda pozos de petróleo con gigantes.>>
¬ Muy interesante abuelo, pero yo venía a pedirte algo suelto...
Cosas que pasan
Febrero 03, 2004
Fecha de caducidad
Anoche, mientras fumaba un cigarro en el balcón, se me acercó el pajarito famoso (e indiscreto) que a todos cuenta las miserias de los demás. Iba con sus gafas de sol para no ser reconocido, parecía sacado de un chiste malo contado en una noche etílica. Le miré, exhalando lentamente el humo de mi cigarrillo, jugando con él en bucles incrontrolables, intentando no envolver al recién llegado en una nube pestilente.
[y mortal]
Revoloteó graciosamente en torno a mi cabeza y acabó posándose en mi hombro. Entonces me contó una historia al oído mientras yo escuchaba atentamente. Después, midiendo cada palabra, le pregunté:
¬ Entonces, ¿hasta cuándo dura el amor?
¬ Menos de los que algunos desean y más de lo que otros esperan.
Y se alejó sin despedirse, dejándome un poco más desconcertado y con una historia más que contar. Si alguien me pregunta sobre el amor, le diré que un pajarito me contó que no dura para siempre cuando así lo queremos y que se acaba pronto cuando más lo deseamos.
[amén]
Realismo ficticio
Febrero 02, 2004
El cobrador de sueños
Me miró con ojos aparentemente vacíos, sin vida, mientras las palabras salían lentamente de su boca.
¬ Vengo a llevarme tus sueños, mi parte.
Siempre venía sin avisar, una vez al mes, más o menos. Aparecía en mis sueños, cuando yo dormía, y reclamaba su parte.
¬ Pues no sé si prodré darte mucho, hace tiempo que no sueño.
Movió la cabeza de un lado a otro, dejando que su disconformidad acompañara al movimiento de su corbata, negra como el carbón.
¬ Tienes que darme mi parte. No es mi problema si no duermes, no es de mi incumbencia que no recuperes las horas de sueño, quiero mi parte. Y la quiero ya.
Se quitó su sombrero dejando que su calva reflejara luces artifiales que habían surgido de la nada y empezó a taconear en el suelo con impaciencia.
¬ Está bien, como quieras, supongo que no tengo otra alternativa. Ya te he avisado de que no vas a encontrar mucho. Sigue por el pasillo de la razón hasta que des con el recodo de la paranoia. Tendrás que atravesar entonces el salón de los miedos, cuidado no te caigas porque está oscuro. Toma el pasillo del sur, que estoy creando en estos momentos, y al fondo encontrarás una puerta donde pone Sueños. Ahí está tu parte, la mía ya está guardada.
Antes de darse la vuelta y empezar a corretear pasillo abajo, hizo una reverencia ligera sosteniendo su sombrero delante de su cabeza. Me fijé otra vez en él y no pude más que sorprenderme. Siempre cambiaba de apariencia en sus visitas, ahora era un niño envejecido, vistiendo un traje varias tallas más amplio. Pero su mirada irradiaba sabiduría, quizá porque se había comido los sueños de medio mundo.
Apreté con fuerza una llave que colgaba de mi cuello, custodia de una puerta escondida donde guardaba mis mejores sueños, aquellos que nunca le daría ni al mejor postor. Eran parte de mí y yo era parte de ellos, darlos habría significado entregar una parte de mí.
Me lo imaginé entonces devorando mis sueños en una orgía de sangre y destrucción y se me revolvió el estómago.
[quizá por eso no haya dormido apenas esta noche]
Metafísica
Febrero 01, 2004
The Outsider
Chispeaba sobre la carretera. El sol estaba despidiéndose con sus últomos rayos de un día que no tardaría mucho en morir. Aferraba con fuerza el volante, apretando los dientes y dejando sus nudillos sin circulación. Estaban casi tan pálidos como sus mejillas, frías por la ausencia de sangre.
[sangre fría]
No sabía dónde iría, seguía hipnóticamente la línea discontínua que le separaba del otro carril. Conduciendo sin prestar atención, dejando que la carretera le llevara a un lugar desconocido. Evocaba novelas de personajes desarraigados que emprendían una nueva vida, tentando a la suerte con sus dados de marfil.
¬ Ojos de serpiente... Tiene gracia.
Absorto en sus pensamientos, no prestaba atención a la radio, que emitía un quejido contínuo y sin sentido, delirando con su cacofonía eléctrica. La ventana, abierta por completo, dejaba pasar un viento traicionero que lamía su cara con su lengua de pinchos, forzándole a entrecerrar los ojos contra su voluntad.
Una lágrima escapaba lentamente, sin levantar sospechas, y descencía a hurtadillas hacia un destino incierto.
Pensaba mucho, pensaba siempre, pensaba demasiado.
En su cabeza los recuerdos, tan recientes, bailaban bajo la dirección de un sádico coreógrafo. Recordaba su cara y le cambiaba la voz mientras su boca insinuaba un no. Y él desconectó, dedicándose a mirarla a los ojos, sin prestar atención a lo que decía. Siempre supo leer las miradas, y la suya más que ninguna otra. Cuando ella terminó su monólogo sin sentido le miró profundamente, esperando una respuesta quizá retórica. Un trueno calló todos los demás sonidos, sacandole de su ensimismamiento con un latigazo eléctrico. Despertó de golpe y lo que vio le pareció mucho peor que el mundo de sus pesadillas, su microuniverso paralelo, donde se evadía de la realidad con frecuencia, donde ella le había buscado y nunca lo encontró.
¬ Me voy, es tarde. Llueve ahí fuera. Me voy.
Ella pareció protestar porque él dejara las cosas a medias, pero él no la podía escuchar, había vuelto a su mundo. Alargando cada segundo diez veces más, pudo ver como en sus labios se dibujaba una protesta mientras él se daba la vuelta y corría, por instinto, hacia el coche.
Y ahora se encontraba en mitad de ninguna parte, unido a la realidad por un cordón umbilical, demasiado fino para aguantar su peso, pero lo suficientemente resistente para no perder el norte.
[mantener su rumbo incierto]
Una curva se dibujaba en el trazado de la carretera, pero él la ignoró. Por su actitud parecía conocer el desenlace, saber que sobreviviría sin un rasguño, dejó que la muerte se acercara lo suficiente como para notar su aliento.
Invadió el carril contrario, unas luces que se reflejaban en sus ojos, un frenazo, un volantazo, vueltas de campana y otro resplandor en el cielo. Diez segundos después, con el coche bocabajo sobre la calzada, el cielo rugía por su buena suerte.
Salió del coche como pudo, aún desconectado de la realidad y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas mientras la fauna del asfalto revoloteaba a su alrededor, preguntando, consolando, hablando.
Y entonces decidió bloquear la puerta de sus recuerdos y empezar de cero. Su vida comenzaba en ese mismo instante.
¬ No te muevas que hemos llamado a la ambulancia. ¿Te duele algo? ¿Puedes ver cuántos dedos tengo aquí? Tienes buen aspecto.
Miró a la mujer que luchaba contra su nerviosismo y le dirigió una sonrisa tranquilizadora.
¬ ¿Tienes unas tijeras? Necesito cortar un cordón.
Dirigió una última mirada a su coche, literalmente destrozado, mientras en la radio (sintonizada por el golpe) sonaba una canción. De no haber desechado sus recuerdos la habría reconocido, pero para él era tan nueva como la vida que acababa de estrenar.
Disconnect and self-destruct
one bullet at a time
What's your hurry
everyone will have his day to die
A Perfect Circle - The Outsider
Realismo ficticio





