Marzo 31, 2004
Personal Jesus
Si Jesús levantara la cabeza seguramente se cubriría con la sábana santa y se echaría a dormir, no sin antes pasarse a visitar el Cristo de la Esperanza de Málaga. Y es que a este popular (entre quienes lo conocen) Cristo tiene la peculiaridad de contar con un brazo totalmente robotizado para bendecir mejor.
[los efectos especiales de la Iglesia]
Tal como lo veo, ya puestos, podrían haber aumentado la inversión y dotar al Cristo con un par de sistemas más. Ahí van mis ideas que gustosamente cederé a cualquier cofradía interesada:
* Mecanismo de habla simulada: incorpore a su Cristo la capacidad de mover los labios y dótele, por un módico precio, de un Jose Luis Moreno1 a medida.
* Precisos bailes regionales: gracias a un sistema revolucionario, su Cristo será capaz de ejecutar el baile regional de su elección. Por muy enrevesados que sean sus pasos, el sistema DancingChrist® hará que su Cristo los siga a la perfección. Puede optar, además, por una oferta de 3x2 en la compra de los paquetes de bailes regionales.
* Variado surtido de gestos con las manos: su Cristo ya no sólo será capaz de bendecir, sino que podrá gesticular cualquier cosa. ¿Necesita un Cristo que salude en las procesiones e, incluso, haga reverencias? Lo tenemos. ¿Quiere que su Cristo lave los pies de cualquier feligrés siguiendo las pautas de la famosa cita bíblica? Podemos conseguirlo. ¿Nunca ha pensado en la afluencia de fieles y almas impías por convertir que generaría un Cristo capaz de darse paseos por el templo saludando a la parroquia? No lo piense más, estará en buenas manos.
* Inteligencia artificial: sorprenda a sus visitas, a sus feligreses y a todo hijo de vecino con el revolucionario Cristo Interactivo®, también llamado Personal Jesus®. Un Cristo que aprende solo con un pequeño entrenamiento, un Mesías a medida de sus exigencias. Puede mantener hasta tres conversaciones a la vez, leer pasajes de la Biblia e, incluso, escenificarlos. Viene acompañado con una cruz con cargador incorporado para su batería de Ión Litio y una funda para transportarlo. También se incluye un conciso manual de instrucciones de cuatro mil quinientas páginas y un programa base que introducirle a elegir entre los siguientes: Kung-Fu Christ® (similar al que puso ver en las películas de la saga Matrix), Monólogos Sacros®, Cantos Gregorianos XP®, Corporativismo en la Iglesia I: Malversación de Fondos®, Corporativismo en la Iglesia II: Encubrimiento de abusos sexuales®, Diálogos Incendiarios I: El aborto®, Diálogos Incendiarios II: Métodos anticonceptivos® y un largo etcétera.
Lo que yo me sigo preguntando es: ¿dará buenas h ostias ese cristo (con y sin h)?
[seguro que sí]
José Luis Moreno1 es un famoso Ventrílocuo español.
Marzo 29, 2004
Rain
Llovía en la ciudad. Era una de esas noches en las que las nubes quieren ser las protagonistas de una película en la que no fueron incluidas, ni siquiera como extras. El frío campaba a sus anchas y se colaba por los resquicios que dejaban prendas amplias en cuerpos menudos. En cada local, un puñado de cuerpos anónimos se movían al compás que marcaba el improvisado jefe de ceremonias desde su mesa de mezclas. Muchas copas se apuraban llevando a sus consumidores por encima del límite de la lucidez. Anonimato y timidez borrados con goles etílicos, muecas que nacieron con el propósito de ser sonrisas y que se quedaban en meros intentos, desfigurando caras y boicoteando monólogos. Almas solitarias bailando en el centro de pistas de baile, centro de atención durante unos segundos, anonimato que dura horas. Conversaciones acalladas por demasiados decibelios, declaraciones de intenciones abortadas en el último segundo y sustituidas por sonrisas de complicidad y un pensamiento de ahora o nunca. Codazos en los baños por las blancas líneas de la vida (y de la muerte), olores africanos liados en papel de arroz, cuerpos fláccidos sobre sillones destartalados. Y las luces, siempre las luces, dirigiendo la muchedumbre con la batuta del azar.
[la noche]
La lluvia nunca le molestó. Es más, casi podría decirse que le gustaba la sensación que creaban las diminutas gotas al golpearle rítmicamente. Nunca llevaba paraguas, quizá por una costumbre cauterizada en su conducta. La lluvia siempre le llevaba a lugares lejanos en tiempos remotos, activaba el mecanismo del recuerdo. Una máquina que, una vez en funcionamiento, era muy difícil detener. Normalmente habría que esperar hasta que se acabara el suministro.
[se agotaran los recuerdos]
Ese camino lo había hecho muchas veces y sus pasos lo demostraban sin vacilación. La vuelta a casa en mitad de la noche siempre fue un momento conflictivo. Encendió un cigarrillo en el punto aproximado donde siempre lo hacía, cobijándose de la lluvia bajo una terraza, sin detener su paso. Y se dejó llevar al pasado, sabedor de que sus pies no necesitaban más indicaciones para llegar a su destino.
Sonrisas irónicas tras días aciagos, lágrimas contenidas que luchaban contra la indiferencia, gritos de rabia que murieron antes de nacer. Algunas veces la percepción estaba etílicamente distorsionada. Otras, el cansancio se se encaramaba sobre sus hombros luchando por derribarle. La ilusión de las primeras salidas nocturnas y la rutina de los años venideros. La emoción de experiencias sexuales recientes y la impotencia ante posibilidades remotas que nunca pudieron ser. Sonrisas lánguidas en muchas caras distintas, besos apasionados y, con menos frecuencia, promesas de amor que revoloteaban alrededor de su cabeza. Luces y sombras de una vida que, en muchos aspectos, se podría sintetizar en ese camino tantas veces recorrido.
[la senda de la vida]
La noche no acababa ahí. La noche continuaría sin él, ajena a las individualidades, a las miserias y a las alegrías personales. Era una noche negra en sus recuerdos. Nostalgia salió de entre las sombras y le siguió de cerca, mezclando su presencia con el frío glaciar reinante, acompañándole hasta que el sueño consiguiera vencerlo.
Y, mientras tanto, los cuerpos seguían agitándose, sincronizados con ritmos frenéticos, conformando la fauna de una noche que nunca se detiene.
Marzo 25, 2004
Mamá, quiero ser humorista
//como Bush//
Como diría cualquier un amigo mío: "hay que tener cojones".
Sí, Sr. George W. Bush, hay que tenerlos muy gordos para hacer lo que hiciste hace unas horas.
Papá miraba orgulloso a su hijo, aún después de tanto tiempo le costaba creer que su retoño hubiera llegado a presidir el país más poderoso del mundo.
[como él]
Cuando, durante las elecciones, se llevó a cabo el recuento de votos, temía lo peor. Sabía que su hijo había perdido las elecciones y tenía que reconocerlo con un nudo en la garganta. Por muchas influencias que tuviera, nadie podía negar que su vástago era estúpido, rozando incluso los límites de lo delirante. Pero entonces el clan Bush, más unido que nunca, puso en funcionamiento su maquinaria.
¬ ¡¿Que vamos a perder?! ¡Pues dejemos de contar los votos y ya está!
¬ ¡Oh, Jeff, qué gran idea! -tradúzcase al inglés añadiendo un Oh yeah, un my God e incluso un God Bless America-
Y así fue como aquel personaje consiguió presidir un país sin haber sido legítimamente elegido. Los amigos de Papá Bush y, entre ellos, el clan Bin Laden, habían sido artífices de la victoria y comenzaron a frotarse las manos sin poder borrar de su cara una estúpida sonrisa.
[de codicia]
Después de haber tocado los cojones a medio mundo durante su cortísima historia alguien consideró oportuno tomarse la revancha. Una venganza de más de tres mil muertos. Y, como no hay mal que por bien no venga, los atentados le ofrecieron a Bush una oportunidad para afianzarse en el poder usando el miedo latente en su país. Los enemigos pagarían y, a la vez, los depósitos de petróleo se llenarían.
Atacaron Afganistán con la excusa de encontrar a Bin Laden y desarticular su organización. Bin Laden (que se estará descojonando ahora en cualquier cueva de cinco estrellas) no apareció y, en su camino, las fuerzas americanas dejaron un reguero de muertes difíciles de olvidar. Pero Bush, estabas a salvo, nadie podía quitarte tu guerra alegando que la operación Libertad Duradera era un fiasco.
¿Y qué pasó después? Nos engañaste. Hiciste creer a medio mundo que existían Armas de Destrucción Masiva en Irak y que había que destrozar el país para encontrarlas y derrocar a su líder, un tirano loco. Aunque poco a poco nos fuimos dando cuenta de que no existían tales armas, muchos de nuestros países fueron a la guerra sin que nosotros, el pueblo, quisiéramos.
[pero no importaba]
El resto es historia: miles de muertos, mucho petróleo y ni una sola prueba de la existencia de las Armas de Destrucción Masiva. ¿Acaso el valor del petróleo lo contabilizabas en vidas humanas? ¿Y aún así te salió bien la suma?
[porque a mí me sale negativa]
Pasó el tiempo y no encontrabais las armas. Viendo que el resto de la humanidad no era tan estúpida como tú, decidiste dejar el juego y reconocer (de forma velada) que esas armas probablemente no existieran. Algo que, por otra parte, ya sabíamos todos.
Y ahora, con los atentados salvajes de Madrid tan recientes, te atreves a tomarnos el pelo a todos, a reírte en nuestras narices, haciendo chistes que dicen mucho de ti.
Sabías que todo el mundo iba a ver esas imágenes y, aún así, decidiste seguir con tu número de humor preparado con mucho mimo. En el atril, ante unos acólitos que, sabías de antemano, te iban a reír la gracia. Entonces dijiste algo así como:
¬ ¿Dónde están las Armas de Destrucción Masiva?
Y apareció una foto tuya en la pantalla gigante donde salías mirando debajo de una mesa. El comentario acerca de la foto no podía faltar:
¬ ... ¿estarán aquí?...
Y la foto cambiaba a otra en la que señalabas hacia una ventana, con esa cara simiesca que Dios te ha dado. Continuabas:
¬ ... ¿o aquí?
Y entonces comenzabas a descojonarte reírte a carcajadas, arropado por un público entregado al más estúpido de los presidentes que ha tenido nunca (y aventuro, tendrá) Estados Unidos. ¿Sabes de quién te estabas riendo? Una carcajada dedicada a cada muerto en Irak por tus guerras preventivas y tus daños colaterales (qué bien suenan tus eufemismos, ¿eh?), una risa distendida por cada soldado, periodista, médico, fotógrafo, etc. que ha perdido la vida en tu campaña contra el terror. No te faltaron risas dedicadas a los millones de ciudadanos del mundo que dijimos NO a vuestra guerra, ni siquiera dejaste sin su parte a los pocos infelices que te creyeron y que se dieron cuenta de que todo era una mentira. Y una carcajada (bien sonora y estridente) para cada víctima de los atentados de Madrid y sus familias, para cada español, para cada ciudadano que ha vivido el terror que no es más que un daño colateral de tus guerras.
¿Siguen sonando tan bien tus eufemismos?
[yo creo que no]
Y por eso, George, espero que medio mundo te haga morirte de vergüenza, que te lleguen mensajes diplomáticos de todos los confines del planeta y que tengas que reconocer ante todos que eres un completo estúpido.
[aunque ya lo sepamos]
Cosas que pasan
Marzo 23, 2004
Juegos nocturnos
El viejo transistor emitía una cacofonía de sonidos metálicos desde su estante. Rock and Roll clásico y un tanto distorsionado por el deteriorado altavoz, sonido mono de otra época.
¬ Sí, tú lo sabías, él lo sabía, todos los sabíamos, escuchabas Break On Through (To The Other Side)1 en tu emisora, nuestra emisora, ouyeaaa.
Una figura oculta tras una capa negra manipulaba una serie de controles agrupados en un panel de mandos. En un lugar que estaba a mitad de camino de todos lados y al que no se podía llegar desde ninguna parte. Todo su cuerpo bailaba al son de la música de su emisora preferida mientras sus dedos se deslizaban mecánicamente entre rudimentarias teclas, pulsadores, palancas y manivelas.
Insomnio era feliz con su trabajo, aunque a veces se le acumulara. El cristal reflejaba primero sus ojos casi cerrados y después las ojeras perennes que anidaban cerca. Su cara era la de un niño travieso que siempre tiene ganas de jugar, pero el vello facial borraba de un plumazo todo ese aire infantil. Dio tres vueltas en sentido horario a una manivela roja con una piedra muy brillante engarzada en el centro. Era el regulador de ansiedad. A su vez, bajó la palanca de cansancio del nivel tres al cuatro y se dedicó a pulsar los botones de motivos-para-no-dormir de forma aleatoria.
[había demasiado para andar eligiendo]
Se hizo un silencio entre dos canciones, el tiempo suficiente para que le llegara a los oídos una pequeña alarma. La identificó al instante: la alarma del sueño, que se disparaba cuando el sujeto se encontraba al límite de sus fuerzas y acabaría durmiéndose en unos minutos. Miró el piloto rojo apretando los dientes. La noche acababa de empezar y algún infeliz quería aguarle la fiesta.
[durmiendo]
La cama se había convertido en un inmenso océano donde las sábanas hacían de olas improvisadas. Ahí metido, en mitad de una tempestad, luchaba por no hundirme dando vueltas y más vueltas en aquella cama metamórfica. Una cama que ya antes había sido una selva, un pantano, el mismísimo infierno y hasta una pradera con una valla de madera que habían saltado generaciones enteras de ovejas.
[sin resultado]
Miré primero el libro que estaba encima de la mesa, preguntándome mentalmente si debía leer un poco buscando el sueño que se me perdió en algún lugar desconocido. Pero no, no sería la primera vez que leía buscando el sueño y acababa amaneciendo después de varias horas de lectura. Al lado descansaba una microradio que me regalaron con alguna compra estúpida e inservible. No me preocupé de sintonizar ninguna emisora, escucharía la de siempre, la única que se sintonizaba de forma aceptable en aquella bazofia de radio. Mientras sonaba alguna guitarra eléctrica con tintes melódicos pensé en las ovejas, ¿serviría de algo volver a contarlas? ¿Acaso no sabe la gente que ese truco nunca funciona? Aún así lo usamos siempre cuando no tenemos nada más a lo que agarrarnos. Llamé a las ovejas para que se pusieran a saltar pero no acudió ninguna.
[dormían]
Relajé un poco más mis músculos y fijé la mirada en un punto aleatorio del techo, pensando que sería más divertido si al menos girara como cuando bebo garrafón. Pero no, aquello se mantenía inmóvil. Y me acordé de que la noche anterior no había dormido nada, intentando llamar al sueño con la autocompasión. Y pareció funcionar. Mis ojos se cerraron, mecidos por Blowing On The Wind2
Insomnio daba vueltas por la habitación visiblemente alterado, estaba a punto de perder una víctima. Miró de reojo un armario polvoriento que parecía haber estado cerrado durante décadas y una chispa apareció en sus ojos.
¬ Volvamos a los métodos tradicionales, menos sutiles pero más efectivos.
Mi mente casi había entrado en el país de los sueños. Había abandonado mi cuerpo conectando antes el piloto automático y caminaba con paso decidido por la antesala de los durmientes. Y entonces retumbó el sonido de un gong, llenándolo todo. ¿¡Un gong!? Abrí los ojos y me incorporé sobresaltado.
¬ ¡Joder! ¿¡Qué coño cojones diablos ha sido eso!?
Escuché una risa ahogada que venía del otro lado de la puerta y miré por la ventana desconsolado: estaba amaneciendo.
[otra noche sin dormir]
Break On Through (To The Other Side)1 es una canción de The Doors.
Blowing On The Wind2 es una canción de Bob Dylan
Marzo 19, 2004
The Downward Spiral

your god is dead and no one cares
if there is a hell I will see you there
Sacude sus pensamientos, apartando su mente de aquella canción, hay otra cosa que le importa más. Entra más gente en el local y él tiene que esforzarse por no perderla de vista. No puede oír lo que dice aunque sus labios se muevan y sus manos den énfasis a cada palabra. Habla con una amiga mientras sus ojos desprenden chispas de inteligencia. Una risa pícara, un codazo a su amiga, un gesto de complicidad. Mientras, otra conversación intenta captar mi interés.
¬ ... pues tenías que haberla visto, estaba buenísima. Y aquel cabrón se la ligó, y eso que debía haberse bebido hasta...
En mi mente ya comenzaba a funcionar el mecanismo de idealización. Ese complejo proceso por el que convertimos a una persona normal en una proyección de lo que es, una proyección sin imperfecciones, la obra maestra que desearía cualquier artista.
[en nuestra imaginación]
Entonces, como en toda buena comedia romántica que se precie, aparece el tío-que-se-quiere-ligar-a-la-protagonista, el mismo que siempre pierde contra el verdadero protagonista en un final lacrimógeno y no apto para diabéticos, el mismo que amenaza siempre con un final inesperado y que dista mucho de ser feliz.
[para el protagonista]
Él (actor de reparto), seguro de sí mismo, se acercaba lentamente a su víctima. Una palabra seguía a la anterior en una coreografía calculada al milímetro: el ritual del cortejo. Las sonrisas de ella también estaban calculadas, dosificadas por una mano maestra en el arte de la comunicación. Lo suficientemente amplias como para infundir cierta ilusión y no demasiado abundantes para marcar la distancia. Mientras, el protagonista observaba la escena. Ya no prestaba atención a aquella melena negra como una noche sin estrellas que, a la luz de los focos, emitía destellos azulados. Sus curvas habían pasado a un segundo plano y las palabras no eran audibles, sólo podía fiarse de sus gestos, sin saber muy bien cómo interpretarlos.
¬ ...bla bla bla, bla bla, bla bla bla. ¡Blah! ¿Blah, bla bla? Blaaaaaah...
¬ Claro.
Sonaba Reptile2, guiando sus pensamientos hacia confines nunca imaginados:
oh my beautiful liar
oh my precious whore
my disease . my infection
i am so impure
Empezó a pensar que quizá habría cometido un error, que debería ser él quién provocara aquellas sonrisas en ese rostro de porcelana. Él mismo debería estar pujando por un beso en la ruleta de aquellos ojos, él debería coger aquella mano tímidamente mientras rogaba en silencio por un deseo sin cumplir. Pero no, él era el protagonista de una película que, sabía de antemano, no era como las que se exhiben en los cines. El actor de reparto, confirmando sus sospechas, besaba en aquel momento a la bella protagonista mientras el público inexistente abucheaba al director y algún espectador inquieto abandonaba la sala silenciosamente. De nada valía ya lamentarse, el final estaba escrito.
[a fuego]
Alguien a su lado le hablaba desde hacía un buen rato.
¬ ... y bueno, eso es todo lo que quería contarte del viaje. Alucinante, ¿no?
¬ Sí. Alucinante. ¿Nos vamos a otro bar?
¬ Bueno, donde quieras. Pero un sitio donde se pueda hablar, que quiero contarte lo del finde pasado, que estuvimos en una casa rural.
¬ Qué interesante...
Mientras tiraba de la pesada puerta para salir en busca de aire, le llegaron a los oídos unas notas de despedida. Sonaba Hurt3.
if i could start again
a million miles away
i would keep myself
i would find a way
Marzo 17, 2004
Desidia
La noche se retiraba, soñolienta, a sus dominios en el reino de la oscuridad. Un haz de luz se coló entre los huecos de la persiana cumpliendo una posibilidad remota, alineando el sol con su ojo derecho.
[azul]
El reloj, cansado de tanto escrutinio, marcaba las horas con resignación. No podía retrasarse ni un segundo cuando alguien observaba su mecanismo con tanta atención. Conocía demasiado bien a los humanos y podía interpretar este comportamiento como el ansia por acelerar el tiempo. Es por eso que miraban la hora a cada minuto, anhelando que hubieran pasado dos.
[jugar con el tiempo]
Yacía sobre el colchón con los músculos relajados y la mente tensa. Detuvo su mirada en esa estantería colgada precariamente en la pared, sobre su cabeza. Se dijo a sí misma que un día de estos debería quitarla, antes de que se cansara de sostener aquellos viejos libros y se dejara caer sobre su propia cabeza. Pero eso, por ahora, era secundario.
[todo lo era]
En unos minutos sonaría otra vez el maldito despertador, reclamando su atención como un niño enrabietado. Aquel infame aparato no atendía a razones, no le importaba que su víctima no hubiera pegado ojo en toda la noche.
Días oscuros que se confundían con noches interminables. Veladas silenciosas que oprimían las mentes más cuerdas. Luces y sombras en el caleidoscopio de la rutina. Ya estaba cansada de luchar contra un insomnio caprichoso que no atendía a razones. Se había resignado a dejarse caer en la cama, en estado de letargo, en espera de que Insomnio se cansara y le permitiera descansar un par de horas.
Siempre acababa por marcharse, al igual que siempre volvía cada noche. Si quería estar dentro de aquello que llaman sociedad, debía ajustarse a sus horarios, ser una pieza más que encajara perfectamente en alguno de esos enormes engranajes.
[el mecanismo social]
Se levantó perezosamente, con el cansancio pisándole los talones, y se enfundó su traje transparente. Ese atuendo que hacía que su cuerpo fuera invisible a todas las miradas casuales de transeúntes despistados y, sobre todo, a sus víctimas. Salió de su casa, silenciosa como una sombra.
Despierto sobresaltado por un picotazo. Busco con la mirada al insecto o criatura culpable, pero no encuentro nada. Entonces me encuentro mucho más cansado que nunca, tengo que abandonarme a mi suerte en el mundo de los sueños.
[caigo fulminado]
Realismo ficticio
Marzo 15, 2004
Destinos inciertos
Después de la resaca electoral y de una noche de celebraciones agridulces cargadas de sentimientos encontrados, dejé que el sueño me meciera durante un par de horas. En ese caos horario en que se convirtió el pasado fin de semana, la razón ha experimentado momentos difíciles. Demasiadas tensiones para que los finos hilos de la cordura aguantaran. Mecanimos de autocontrol que han ido cayendo, uno a uno.
[inexorablemente]
Suena el despertador pero no quiero oírlo. Sueño con un mundo donde no existen las bombas pero sí la maldad inherente a la naturaleza humana que los católicos bautizaron como Pecado Original, creando uno de los mecanismos de coacción más duraderos, prometiendo redención a cambio de creencia dogmática y sectaria. Un mundo donde las armas no son de destrucción masiva, donde no existen los eufemismos que provocan guerras y donde nadie miente aún cuando la verdad pueda ser peor que una mentira piadosa. En ese mundo nos matamos, pero a menor escala. Y, por supuesto, no existen los daños colaterales. El cielo es rojo y los océanos no son azules, no existen dioses que nos sometan a su voluntad con promesas de vida eterna.
[porque nadie quiere alargar la suya]
Y el sol no sale nunca porque siempre está ahí, oscurecido por una espesa niebla de mentiras y promesas que nunca se cumplirán. Un mundo donde nadie inventó al coco porque nunca hizo falta; nadie mejor que nosotros para atemorizar a nuestros semejantes, elevando el miedo a la categoría de arte.
[refinándolo]
Soy consciente de que mi mente está volviendo a asumir el control de mis miembros entumecidos por el sueño, de que poco a poco recupero la consciencia, voy despertando con cada golpe sensorial. Estoy sudando y tengo la respiración agitada. Intento regresar al mundo que había creado en mis sueños con la esperanza de cerrar su puerta para siempre y, con suerte, hacerlo implosionar. Pero no, las huellas se han borrado y no puedo encontrar el camino.
[de no retorno]
Son las cuatro de la tarde cuando mis pasos me llevan a la estación de cercanías de Delicias. Camino absorto en mis pensamientos, ejecutando unos gestos que he repetido hasta la saciedad. Saco metódicamente el abono transportes de mi cartera y atravieso los tornos. Dejo que las escaleras mecánicas cumplan su función (he perdido el tren y no tengo prisa) y saco El País de mi mochila mientras recuerdo que nunca fui capaz de leer un periódico sin mancharme los dedos de tinta resucitada, y jamás conseguí pasar las páginas con soltura. En el andén, el reloj me avisa de que en cuatro minutos pasará otro tren, así que decido encender un cigarro que dejaré por la mitad. Mientras el cigarro empieza a arder me doy cuenta de que necesito mantenerme ocupado, no puedo dejar de hacer cosas para mantener mi mente lejos de los recuerdos recientes. Niego con la cabeza pensamientos nunca pronunciados, intentando que desalojen mi mente por la inercia del movimiento, que se vayan para siempre.
[sin dejar rastro]
El tren llega al andén y me da la impresión de que la cara que es la cabina no sonríe, su expresión es de pesar. Monto en el tren, insólitamente vacío y desangelado, escogiendo un asiento cualquiera donde hundirme en la miseria. Me siento mal, muy mal.
Intento sumergirme en el periódico, pero las letras vadeadas por la corriente se hacen demasiado peligrosas en esa peculiar sopa de letras, algo tira de mis ojos, una fuerza intangible, una ansiedad que me obliga a mirar por la ventanilla.
[llamando a mis recuerdos]
El tren se acerca a Atocha. Inconscientemente me cambio de asiento para no dar la espalda a la tragedia, quiero verla con mis propios ojos, no puedo girarme y hacer que nunca ha pasado nada. Algo en mi cerebro le dice a mis ojos: "No lloréis"; pero ellos no quieren hacer caso. Mientras mis ojos se humedecen, al borde de provocar un riachuelo que difumine mis rasgos, la escena se dibuja ante mí. Sólo veo un tren, parado en una vía cercana. No puedo ver desperfectos o, quizá, mis ojos me niegan la realidad. La mente trabaja frenéticamente para reconstruir unos hecho que nunca he contemplado. El espacio se dobla sobre sí mismo mientras una mortífera onda expansiva avanza, como las ondas en un lago tranquilo perturbado por una piedra en su caída. El olor, ese olor, se cuela por mi nariz, mis oídos estallan y el silencio se adueña de todo. Y la oscuridad, velada. Grito por dentro aunque mis labios no se muevan, tengo que salir de ahí. Entonces una voz neutra y casi metálica me saca de aquella pesadilla:
¬ Próxima estación, Atocha. Correspondencia con todas las líneas de cercanías y...
¿He llegado? Miro hacia todos lados buscando alivio en las caras de los escasos viajeros que me acompañan y veo en sus ojos lo mismo que siento: angustia, alivio, tristeza, horror, indignación y una pequeña dosis de determinación (casi moribunda). Desvió la mirada hacia el andén mientras borro de mis ojos las lágrimas contenidas y veo el ramo de flores que yace en el suelo inscrito en una circunferencia de velas. Una velas que me recuerdan que muchos tuvieron menos suerte que yo: no llegaron a su destino.
Esa sensación de pesar me acompaña todo el viaje hasta que, finalmente, acabo mi trayecto en Nuevos Ministerios. Después sólo quedará el vacío.
[existencial]
Marzo 14, 2004
El día de las mentiras
Si por algo podré recordar este fin de semana, será por el estado de incertidumbre y desconsuelo. Madrid ha sido una ciudad fantasma durante todo el fin de semana. En los ojos de la gente se podía ver la proyección de los fatídicos momentos del que ya ha sido designado como el 11-M.
[fotogramas sangrientos]
El pensamiento de que nos podía haber pasado a todos era demasiado fuerte para desecharlo. Esa agonía que tuvimos en las horas posteriores aún nos atenaza el estómago. ¿Estarían bien todos nuestros familiares? ¿Y los amigos? ¿Estaría herido algún conocido?
Entonces, mientras veíamos aquellas sangrientas imágenes, nuestro odio crecía de forma descontrolada. ¿Acaso no era normal que pensáramos en E.T.A. como causante de aquella masacre después de treinta años de atentados? Era totalmente comprensible que nos dejáramos llevar por la rabia y no nos paráramos a pensar en otras alternativas.
[teníamos demasiado con el dolor]
Recuerdo que cogí el portátil y escribí la entrada anterior mientras la televisión narraba los terribles sucesos. Me dejé llevar por la ira. Las imágenes se sucedían, el desconcierto crecía, las víctimas aumentaban y la solidaridad rozaba los límites de lo novelesco. No podía controlar mis dedos, las ideas volaban sobre el teclado sin someterse a la censura del raciocinio. Escribía con el corazón.
[destrozado]
Entonces me di cuenta de una de las principales diferencias de un weblog con un medio condicional y, supuestamente, objetivo. En un periódico no se pueden (o no deberían) permitir esquivar la presunción de inocencia. No se puede apuntar con el dedo a una organización si no se está seguro de su absoluta implicación con los hechos. Pero un weblog... una bitácora, es diferente. Porque soy yo quien expresa su opinión, a título personal. Y yo, como la mayoría de los españoles, sólo podía concebir que esas muertes estuvieran firmadas por E.T.A..
[estoy completamente seguro de me equivocaba]
¿Realmente es necesario engañar a los españoles para mantener una ventaja en las elecciones? ¿Diréis después que os habíais equivocado como con las armas de destrucción masiva? Yo soy un pobre ciudadano que, se supone, os di la legitimidad para gobernarme con mayoría absoluta. Vale, no os voté (ni lo haré jamás), pero eso no cuenta: sois mayoría absoluta y podéis hacer lo que os salga de vuestras democráticas gónadas. Guerra de guerrillas desde el mismo gobierno, técnicas de confusión, acoso y derribo de las libertades. Tenemos derecho a saber quién fue el autor de la masacre antes de votar a aquellos que nos representarán durante los próximos cuatro años. ¿Acaso tenéis miedo de que se descubra que no fue E.T.A. sino Al Qaeda? ¿Por qué siniestra razón?
[no somos tontos]
Desde pequeño me enseñaron que uno debe ser consecuente con sus actos y cargar con las consecuencias de los mismos. Cualquier otra cosa es eludir responsabilidades: el arte del subterfugio. Cualquier instrumento sirve: mentiras, eufemismos, verdades a medias, ocultación de información, daños colaterales, ataques preventivos, terminología político-circular (aquella que se escribe con muchas palabras que, en conjunto, no dicen nada), etc. ¿Acaso teméis que os echemos las culpas de las doscientas muertes por mandarnos a una guerra a la que no queríamos ir? ¿Miedo a que alguien resuelva esta ecuación?:
En primer lugar me parece que no debemos asociar estos ataques con el hecho de que tú (léase Chemari Ánsar) quisieras ir a la guerra sin el apoyo de aquellos a los que representas. Apoyar a Estados Unidos fue un grave error y un abuso de autoridad por tu parte, pero eso no significa que tú tengas la culpa de estos atentados. Esta masacre sólo la podemos atribuir a un puñado de locos sanguinarios que actúan siguiendo un grotesco patrón de conducta, una aberración asesina. Lo que no me explico es por qué sigues teniendo miedo, por qué sigues manteniendo que fue E.T.A. cuando no tienes pruebas, te basas en suposiciones. ¿No sería más lógico admitir que todo apunta hacia Al Qaeda? No sé mucho de leyes pero mi sentido común me dice que valen más las pruebas que aún no se han demostrado que la ausencia de las mismas.
[¿me equivoco?]
El terrorismo es malo, es la principal amenaza del siglo naciente. En eso estamos de acuerdo. Pero, ¿no es terrorismo entrar en un país arrasar con todo en la búsqueda del oro negro? ¿Cuánto vale la vida de un daño colateral? ¿Cómo llamarías a lo que Estados Unidos ha estado haciendo durante décadas en todo el mundo? Derrocando dirigentes elegidos por el pueblo para subir al poder a aquel que les era más afín, sofocando supuestas revueltas con los gritos de un fusil, extendiendo los daños colaterales por medio mundo. Y tú nos has arrastrado con él, nos has convertido en parte de esta maquinaria sangrienta. Y nosotros no queríamos...
[¿acaso estabas sordo?]
No Ánsar, yo no te culpo de estos atentados, no puedo echarte tal responsabilidad sobre los hombros. Sólo espero el pueblo reaccione ante todo lo malo que habéis hecho con este país y que, hasta ahora, la gente parecía no ver. ¿Se habrá colmado el vaso con el goteo de estas recientes mentiras? ¿Os daremos otra vez la razón y tendremos que aguantaros otros cuatro años?
[espero que no]
Un amigo me decía, muy sabiamente, que estas elecciones con como el Tute*:

¬ Estas elecciones son como el tute pero con más puntos.
¬ Hmmm, ¿por?
¬ Imagina que todas las cartas valen 350 puntos (el número de escaños). Los que cuentan son los indecisos, es decir, los triunfos (el palo que pinta). Esos son los que le pueden quitar las elecciones al PP.
¬ Buena metáfora...
Después de una noche sin dormir he decidido pasarme primero por el colegio electoral y votar. He cogido la papeleta del PSOE, la sábana para el senado y me he acercado a un supervisor del PSOE.
¬ ¿Oye, me dejas un boli? Que, además, es para votaros a vosotros...
El supervisor amaga una sonrisa y me da su flamante bolígrafo promocional. Meto las papeletas en los respectivos sobres y ejerzo mi derecho mientras lanzo una plegaria a la deidad que esté más cerca en ese momento (es lo que tiene la ubicuidad, que nunca sabes qué deidad te tocará) para que no vuelvan a ganar los mismos.
[no quiero más mentiras]
Y he vuelto a casa pensando, una vez más, en las víctimas. Recordando las lágrimas (mis lágrimas) que se han mantenido en el umbral del precipicio durante todo el fin de semana...
... y entonces he pisado un excremento canino. Lejos de maldecir he soltado una carcajada (para sorpresa de los transeúntes): ¿será un signo de buena suerte? Espero que tenga que ver con las elecciones...
[y ganemos]
Tute (it. tutti, todos):
1 m. Juego de naipes en que se gana la partida si se reúnen los cuatro reyes o los cuatro caballos.
2 Reunión en este juego de los cuatro reyes o los cuatro caballos.
3 fig. Esfuerzo angustioso que se obliga a hacer a personas o animales en un trabajo o ejercicio: dar un ~.
4 fig. Acometida que se da a una cosa en su ejecución, acabándola.
Marzo 11, 2004
There is a train...
Aún no había salido el sol cuando mis ojos se cerraron, despreocupados y perezosos, buscando la oscuridad que precede al sueño. No recuerdo exactamente las escenas que esta noche aparecían en mis sueños, pero sé que no han sido agradables o tranquilas.
[mi mente no ha querido descansar]
No sé exactamente cuántas veces ha sonado el móvil antes de que me la banda sonora de Rocky me despertara. Con la voz empalagosa y los ojos aún cerrados, he visto como en la pantalla aparecía un palé incendiado. En el pie de la foto se podía leer: "The Hell", en letras blancas.
[me llamaban de casa]
En ese momento no era consciente de que, mientras yo dormía plácidamente, se producían varias explosiones en trenes de cercanías de Madrid, segando las vidas de muchos que no se esperaban una muerte tan abrupta. Ahora, mientras escribo esto, me doy cuenta de los eufemismos que rodean este tipo de sucesos. No, no se producían las explosiones, sino que un hatajo de animales rabiosos (que no puedo catalogar como personas) se habían encargado de planear un atentado terrorista (esto también es terrorismo Mr. Bush, y no es la primera vez ni será la última), asegurándose de que muriera el mayor número de personas posible.
[matanza]
Estos pensamientos aún no habían llegado a mi cabeza cuando pulsé lentamente el botón de recepción de llamadas.
¬ Qué pasa...
¬ ¿Cómo que qué pasa? ¡Llevo llamándote media hora! ¡¿No sabes que ha habido un atentado en Atocha y que no sé nada de ti desde entonces?!
¬ No, estaba durmiendo...
Las palabras aún no fluían con soltura, mi cerebro no terminaba de despertarse.
¬ Y yo aquí, nerviosa, sin saber nada de ti... Y tú no me cogías el teléfono...
Mi madre parecía tranquilizarse poco a poco.
¬ Tranquila mamá, estoy perfectamente.
Después de un minuto más de conversación para que a mi madre le quedara claro que me encontraba perfectamente, he colgado para encender la televisión.
[y horrorizarme]
La primera imagen que ha escupido la caja tonta representaba un vagón grotescamente agujereado. Me he sentado en el sofá con los ojos abiertos como platos mientras recordaba aquellas imágenes del World Trade Center que nos helaron la sangre a todos y buscaba semejanzas entre ellas. Ciento cincuenta muertos que serán muchos más, cientos de heridos y demasiadas mentes trastornadas por imágenes violentas que no nos dejarán dormir durante mucho tiempo.
Madrid, Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Engracia... Palabras que hoy no pueden evocar otras imágenes que no sean sangre y destrucción, ira y deseos de gritos apenas contenidos, incertidumbre y miedo. Mucho miedo. Todos los madrileños tenemos la amarga sensación de que alguien de nuestro entorno ha podido perder la vida en los atentados. Atocha no es un World Trade Center donde todas las posibles víctimas estaban más o menos localizadas, Atocha es un centro neurálgico de esta capital teñida de sangre. Una estación donde confluyen todas las líneas de cercanías, varias líneas de Metro y trenes de medio o largo recorrido. Las otras dos estaciones implicadas, si bien menos céntricas, son igualmente destinos bastante confluídos.
[la muerte tenía un trabajo fácil]
Encapuchados mediáticos que planean masacres, inocentes confiados que no son dueños de su destino, espectadores consternados que no terminan de asimilar una imagen cuando llega otra más cruda y virulenta. Madrid, España y espectadores de todo el mundo. E.T.A. lo ha logrado, ha conseguido que odiemos más todo lo que representa (si ya no habíamos acumulado suficiente) y que quizá muchos de los que hasta ahora se mostraban partidarios de sus ideas se empiecen a plantear que mediante el asesinato y la masacre no se llega a ningún destino conocido, ni siquiera en un tren de alta velocidad.
[huyendo de ondas expansivas]
¿Qué queréis conseguir? ¿No os dais cuenta de que así jamás conseguiréis lo que supuestamente buscáis? Esos fines utópicos que vitoreáis con capuchas malolientes en retransmisiones megalómanas no se pueden conseguir con la violencia. Yo he intentado siempre no dejarme llevar por los prejuicios y generalizar lo menos posible. No puedo meter en el mismo saco a los terroristas y a los ciudadanos de a pie, pero soy consciente de que muchos lo hacen. Demasiadas lenguas venenosas asocian Vascos con terrorismo, cuando eso no es (y nunca será) así. ¿No os dais cuenta de que hacéis un flaco favor a aquellos que se deberían beneficiar de una hipotética independencia? ¿No sois conscientes de que no conseguís nada matando a más de cien personas, excepto que os odiemos aún más?
[si cabe]
Pero sí, sí hay algo que habéis conseguido. Habéis sembrado el terror entre nosotros. ¿Qué sería del terrorismo sin el terror? Al fin y al cabo es vuestro fin, ¿no? Os podéis sentir orgullosos, darle un par de palmaditas en la espalda a los compañeros encargados de colocar estas bombas y, si cerráis bien el año, subirles al menos el sueldo conforme a la subida del IRPF. ¿Qué menos para un terrorista trabajador y eficiente? Una mano que no tiembla cuando deja una mochila llena de explosivos en un vagón de metro, un objeto que causará muchas muertes con un mínimo esfuerzo. Llamad a Muerte para que os agradezca vuestra colaboración, pero no lo hagáis al móvil, las operadoras están saturadas.
[de miedo]
Quitáos ahora esos ridículos disfraces de muerte comprados en las rebajas y limpiad vuestras guadañas de la sangre de los nuestros. Corred, huid, retiraos a un paraiso natural, turístico y/o fiscal, ya habéis cubierto el cupo de muertes que un terrorista eficiente ni siquiera soñaría en provocar en toda una vida dedicada al terror. Ofrecedles una jubilación anticipada a estos señores del terror y, quien sabe, quizá queráis hacer unos bustos que los inmortalicen.
[en el infierno]
Ningún grupo terrorista ha reivindicado la autoría del atentado, pero ningún español tiene dudas de quiénes son. En otras ocasiones quizá utilizara palabras como presuntos, un grupo terrorista aún sin confirmar, etc. Pero ni quiero ni debo hacerlo. Aunque E.T.A. no esté detrás de esta masacre, seguimos teniendo motivos suficientes para odiarlos y no callar ante este tipo de actos.
No sé qué más puedo hacer desde unas líneas que expresan de forma desordenada lo que me pasa por la cabeza en estos momentos de shock. Quizá lo único que puedo hacer es dejar estos pensamientos que mis dedos han ido transcribiendo según surgían en mi mente como nebulosas caóticas de miedo y rabia.
Sólo espero que todos estéis bien y no tengáis (tengamos) que lamentar ninguna muerte injusta entre los que nos rodean.
Cosas que pasan
Marzo 08, 2004
Atrapado en una esfera
Cuando naciste nadie se encargó de avisarte que en esta vida no venía todo hecho. Nadie se acercó a ti cuando comenzabas a asomar la cabeza para advertirte. Quizá hubieras querido volver a la oscuridad de tu primer hogar.
[primigenio]
Después, como reafirmando el engaño, te lo dieron todo hecho. Cuando te asaltaba el hambre no tenías más que buscar el pezón de tu madre, un restaurante de lujo que nunca cerraba y donde jamás debías pagar la cuenta.
Creciste más rápido de lo que tu madre quería y demasiado lento para tus ansias de grandeza. El mundo estaba a tu alcance, siempre y cuando alargaras el brazo para coger tu porción.
Te estableciste en una cómoda rutina de la que no querías salir. Eras demasiado pequeño para todos mientras que tú te sentías preparado para afrontar cualquier desafío. Sabías tanto que no te preocupaste de leer el manual de la vida que alguien dejó sobre tu almohada en una noche sin estrellas. Y, por eso, viviste dando tumbos.
[como una pelota contra la pared]
Perder el norte es imposible cuando uno nunca conoció los puntos cardinales. ¿Para qué orientarte si ya lo hacían los demás por ti? Marioneta complaciente, títere dicharachero, desgraciado pero simpático. El dinero irrigaba ese órgano latiente que era tu cuenta bancaria como caído del cielo. Nunca te preocupaste por eso, otros ganaban un sueldo por ti.
[delegados]
Y entonces un día, sin saber cómo, te rodeaste de un séquito de sanguijuelas. Entraste en el lado de la abundancia y saliste con el cuerpo moteado. Te agasajaban con sus palabras mientras que su mano se deslizaba dentro de tu bolsillo. Ladrones de guante blanco.
[y sucio]
¿Y tú que hiciste? Nada. Disfrutabas con esa amistad artificial y forzada, te engañaste tejiendo eufemismos de colores para palabras grises y funestas mientras vivías un sueño surrealista, apartado de la realidad por lentes mal ajustadas y demasiado sucias. Estuviste demasiado ocupado escuchando alabanzas para darte cuenta de que los vientos del cambio estaban arruinando tu costoso peinado.
[alborotando]
Entonces llegó la tu tragedia.
Aquella fuente de la que manaba el dinero se agotó. Quizá hubieran sido las inversiones arriesgadas que hicieron tus corredores de bolsa instigados por tus ansias de ganar mucho y más rápido. ¿Y si papá se cansó de mantenerte? ¿Un golpe de mala suerte? ¿Una racha pasajera? No quisiste enfrentarte con la realidad hasta que fue tan evidente que insultaba a tu inteligencia. ¿Por qué no te diste cuenta cuando tu séquito se redujo drásticamente? ¿Acaso no pudiste ver cómo los buitres volaban en círculos sobre el tu cadáver financiero?
[in god we trust]
Entonces te diste cuenta de que la caída puede ser más rápida de lo que imaginas. El pastel es muy pequeño y hay demasiadas manos ansiosas de coger su porción. "Si no puedes coger pastel, más vale que te apartes", parecían decir todas las miradas. Dejaste de recibir llamadas triviales con fines inescrutables para sumirte en el silencio telefónico, que en tu mundo era sinónimo de aislamiento. ¿Dónde estaban aquellos supuestos amigos? ¿Dónde quedaron aquellas sonrisas hipócritas?
[¿qué fue de las sanguijuelas?]
Y comprendiste, aunque fuera demasiado tarde, que en tu vida no había existido nada más que soledad y mundos artificiales. Universos tan livianos que un día se los llevó el viento, al mismo lugar al que fueron a parar tus billetes con retratos ilustres.

En mi mano sostengo una pequeña cúpula de cristal con un microcosmos en su interior. Uno de esos adornos que no pegan con nada y que se convierten en juguetes improvisados para los niños, que disfrutan agitándola para que en su interior caigan copos de nieve. Despierto de mis ensoñaciones y fijo la mirada en el centro de la esfera, donde alguien levanta sus brazos clamando al cielo con un grito en la garganta que no alcanzo a oír. Y sé que, cuando dejen de caer copos, se acabará esta historia y, quizá, empiece una nueva.
[o no]
Marzo 05, 2004
El vuelo del Zeppelin
Cuando veo imágenes de los años 60 y 70 siempre pienso que me habría encantado vivir los tiempos de la psicodelia. Aquellos conciertos multitudinarios en estadios rugientes gracias a una multitud enloquecida. Escuchar a Led Zeppelin, Jefferson Airplane, Janis Joplin, Velvet Underground y un etcétera tan largo que llenaría muchas páginas.
[macropuntos suspensivos]
Aunque la película de The Wall de Pink Flyd es un poco posterior, consigue transportarme a esa época con cada fotograma. Vídeos granulados de conciertos pasados, sonidos enlatados hace mucho tiempo, voces del ayer, notas de siempre. Y los gritos del público, que parecen no haber cambiado.
[perpétuos]
Aunque también me da por pensar que quizá mi concepción de lo que fueron aquellos años es distinta porque no los viví.
[aunque me gustaría comprobarlo]
Es quizá por esa debilidad que tengo hacia esos años por lo que anoche conseguí trasladarme durante un par de horas. Viajar en el tiembo, todo gracias a un concierto homenaje a Led Zeppelin en Gruta77. Canciones memorables que se sucedían una tras otra, con una ejecución bastante fiel, lo suficiente para que mi imaginación viajara al mundo tal y como era hace más de treinta años.
[Stairway To Heaven]
La próxima cita será el día 13 o 14 para ver a Mamá Ladilla y el día 28 (ineludible) para escuchar en directo a los Niños de los Ojos Rojos.
Cosas que pasan
Marzo 03, 2004
Cromático
Caminaba pesadamente sobre sus pies, apoyado en dos bastones que ejercían su dictadura contra la movilidad. El día en que comenzó a usar su primer cayado fue porque su familia, con afán preventivo, se lo impuso. Entonces se acomodó y convirtió el bastón en una prolongación más de su brazo, en un miembro más que terminaría atrofiando otros menos usados. Su espalda se fue torciendo paulatinamente, sin prisa pero sin pausa.
[malformando]
Pero no era su columna lo que le preocupaba. El cuerpo, como había aprendido con el paso de los años, no era más que un contenedor que se iba deteriorando poco a poco. Lo que importaba era lo que había dentro, el contenido que guiaba sus pasos. Como con los grandes árboles, su edad se podía adivinar contando las arrugas que surcaban su frente y multiplicando esa cantidad por los canales que confluían en los océanos insondables que eran sus ojos.
[azules]
Atrás quedaban aquellos años grabados en blanco y negro en su memoria. Tiempos de revelión inconsciente, de guerras fratricidas y de camaradería encubierta. Lejos quedaban algunos compañeros de trinchera que compartieron con él las anécdotas que más veces había narrado en su vida. Después ya, en technicolor (con esos tonos casi grotescos que coloreaban sus recuerdos, como si alguien los hubiera pintado a mano), se dibujaba la represión con caracteres negros (negrísimos) y regulares (demasiado rectos para que la razón los soportara).
[no tan tópicos]
Demasiados entierros se habían sucedido para que la gente siguiera odiándose. Pero fueron tiempos de venganzas mientras la esperanza emigraba a algún país tropical para volver algunos años después.
[en forma de paloma]
Habían sido demasiados cambios en una misma vida como para asimilarlos todos. Desde hacía un tiempo se dedicaba a descartar todos aquellos cambios que le pedían más de lo que él estaba dispuesto a dar. Había llegado un momento en que la rutina podía ser su mejor compañera. Ya no le apetecía seguir viviendo, pero tampoco deseaba morir. Simplemente pensaba que ya había hecho todo lo que tenía que hacer en esta vida y que el tiempo que se le concediera era un regalo.
[para recrearse]
La soledad era su única compañera. Ese tipo de soledad que sentía aún cuando estaba rodeado siempre por personas. A menudo se abstraía e imaginaba que el mundo era aún en blanco y negro y que eran las personas quienes le daban color. Un color que se iba gastando con el paso de los años hasta que se consumía como unas ceras blandas en manos de un niño. Lejos quedaba la explosión cromática que emanaba la vida en su juventud, ahora sólo quedaban los tonos sepia.
¬ No es tan malo, simplemente es distinto -se decía a sí mismo.
Quizá por eso los niños siempre hacían que se planteara las cosas de un modo completamente distinto.
Sólo había una cosa que no podía soportar: la excesiva condescendencia. Había tardado toda una vida en descubrir los secretos de un mundo hostil y ahora le trataban con a un completo ignorante. Nadie sabía descifrar sus sonrisas enigmáticas, nadie excepto su nieto que le miraba fijamente desde el suelo.
[con una chispa de inteligencia en los ojos]
¬ Abuelo, cuéntame un cuento.
Y, como todas las tardes, él se hacía el sorprendido. Dejaba su expresión severa bajo el asiento (lo suficientemente cerca para cogerla si alguien les interrumpía) y comenzaba su narración.
¬ Hoy te voy a contar una historia de cuando el mundo aún era en blanco y negro, antes de que a un niño se le ocurriera pintarlo con sus pinturas de colores.
Realismo ficticio
Marzo 01, 2004
La noche de los bolardos
Se encendían las primeras farolas en Madrid mientras me dirigía hacia el metro con un paso más o menos apresurado. Mientras tanto, una sombra deambulaba por las calles oculta a la vista de todos tras su capa oscura y su sonrisa malévola.
[poniendo bolardos* al azar]
Cuando salí del metro la noche era más tangible y y había comenzado el trasiego de personas que se prolongaría durante toda la noche, de forma más o menos intermitente. Llegué pronto al Handyman Tavern, pero no antes que Teresa, que observaba el panorama desde la ventana del bar. Con cuentagotas fueron apareciendo los demás. Me vino a la mente entonces aquella expresión de "somos todos los que estamos pero no estamos todos los que somos", aunque tuvimos tiempo de acordarnos de todos los ausentes y preguntarnos por aquellos que vendrían pero que al final fueron ausentes.
[virtuales]
Parece un tópico insistir sobre la camaradería y familiaridad que rebosan estas reuniones. Un hipotético observador podría pensar que no es más que un cumplido, pero los que estuvimos allí o los que han asistido a otras reuniones similares, saben que es así, que esa camaradería existe.
[lazos binarios]
Desde el principio nos comportamos como un grupo de amigos sobradamente conocidos, aún cuando no habíamos leído algunos de los blogs de los asistentes. Aunque no debería extrañarnos pues cuando leemos el weblog de una persona de forma más o menos asidua acabamos haciéndonos una imagen mental que, aunque no se corresponda con la física, está muy cerca de la realidad.
[aunque algun@s se empeñen en echarme diez años más de los que tengo]
Después de dar cuenta de unas pocas cervezas para seguir el protocolo nos fuimos de tapas. Hubo quien propuso cambiar el nombre de la reunión por Tapas&Blogs (después vendrían otros como: Mejillones&Blogs, Oreja&Blogs -muy poco mediático- y, finalmente, Alcohol&Blogs -porque el de Cubatas&Blogs pecaba de barriobajero-). Iniciamos la ruta de la tapa guiados por Perdido en la ciudad, una ironía de la que nos reímos bastante. Aunque debéis de saber que su nombre no se debe interpretar de manera literal, ya que precisamente orientación no le faltaba. Al final tendrá que cambiar el nombre del blog.
[a las pruebas me remito]
El camino fue duro y las bajas amenazaban con mermar la comitiva. Pero ni los más despiadados bolardos pudieron con el destacamento catalán en el campo de batalla (los madrileños hemos desarrollado un mecanismos automático para evitar a estos sangrientos e inmóviles cazadores). Por más que aquel personaje siniestro que coloca los bolardos en sitios al azar se empeñara en enturbiarnos la noche, sólo quedó alguna magulladura furtiva en espinillas doloridas.
[cicatrices de guerra]
Mientras que unos se preguntaban "¿Qué hago aquí?", otros no dudaron en coger un avión y venir desde Bruselas, México o la Gran Bretaña a beber sus dosis embotelladas, a veces, en el frasco del odio -lease garrafón-. Y, por si nos faltaban perspectivas, tuvimos una segunda ventana por donde mirar. Mientras yo leía entre líneas mi futuro en los posos de una Caipirinha escuchaba absorto las revelaciones de aquel monte llamado Manengumba narrado por un perfecto caballero francés (rozando el misticismo).
[cómo citar a los asistentes si eres un desastre con los nombres]
Me encontraba tan a gusto que habría prolongado el Beers&Blogs hasta que ya no quedaran bares abiertos, pero los compromisos de cada uno y el cansancio de muchos (yo tenía ambas cosas, a partes iguales) nos hicieron disgregar la comunidad de la cerveza y declarar levantada la sesión hasta futuras ocasiones.
[que habrá, eso seguro]
El resto de la noche (lo poco que quedaba) lo pasé en un cumpleaños al que no podía faltar, bailando ritmos insufribles mientras bebía licores hipotecables pero, eso sí, en compañía inmejorable.
bolardo (ing. bollard): Proís* de hierro que se coloca junto a la arista exterior de un muelle.
proís (cat., del l. v. prodesiu; adaptac. del gr. prymnesio, der. de prymna, proa): 1 m. Cosa en tierra en la cual se amarra la embarcación. 2 Cabo que se amarra en tierra para asegurar la embarcación.

Niños de los Ojos Rojos - Smoking Blue (live at Localia TV)



