Mayo 31, 2004

El baúl de los recuerdos

Todos los años, cuando llega el verano, abrimos el maletero del armario para sacar la ropa de temporada. Hoy tocaba guardar los malos pensamientos que se han ido fijando en la ropa durante todo el invierno y sacar vestiduras aún vírgenes de malos recuerdos.
[no por mucho tiempo]
El maletero es como una ventana al pasado, puedo recordar casi toda mi vida viendo la ropa vieja que se amontona en bolsas aislantes con su olor a productos químicos. Hoy tocaba día de descubrimientos. Mi madre se ha puesto a buscar en el fondo del maletero, tocando bolsas que llevaban ahí más de veinte años.
Los humanos tenemos la costumbre de pensar que aquellos que son mayores que nosotros, nacieron siendo así, que nunca tuvieron infancia. Eso es lo que me estaba pasando hoy por la cabeza cuando mi madre ha encontrado una bolsa con postales y cartas que le mandaba mi padre cuando estaban saliendo. Mientras me enseñaba alguna postal he visto en sus ojos un brillo especial que, quizá, llevaría muchos años sin manifestarse. La verdad es que mi padre le ponía mucha dedicación, pues muchas postales las dibujaba con sus propias manos, verdaderas obras de arte (modestas, pero originales). Postales aliñadas con palabras que, si no estuvieran escritas, jamás habría imaginado en los labios de mi padre.
[normalmente seco]
Después mi madre me ha sorprendido con la ropa que me ponían cuando apenas era un bebé. He sentido, entonces, una sensación de vértigo, intentando imaginar cómo era mi vida en aquellos días, sin tener en cuenta que esos recuerdos se borraron en su inmensa mayoría. Es lo más parecido que he tenido a una regresión.
¬ Mira, esta es la cruz que te regalamos en tu comunión. Cuando saliste de la iglesia, lo primero que hiciste fue quitártela.
[me quemaba]
Entonces recordé que un día, cuando estaba entrando en el trance crucial de la adolescencia, en plena efervescencia de ideas mezcladas con pensamientos absurdos, le dije a mi tía (que trabaja en una joyería):
¬ ¿Por qué no me haces un agujero en el otro lado de la cruz? Así la puedo invertir...
Mi madre, aunque nunca fue muy creyente ni, mucho menos, practicante, se puso blanca. Le debió parecer que se había equivocado en algún punto de mi encauzamiento hacia la normalidad.
[invertir la realidad]
¬ Ni se te ocurra —fue lo único que dijo.
Y hoy, cuando me ha enseñado la cruz he recordado por un momento aquella magnífica idea, y he sonreído. Hay tantas cosas que quiero invertir que no sé si me dará tiempo en esta vida.

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Mayo 29, 2004

Harto

Nunca me han gustado los taxis aunque, al final, siempre acabo cogiendo uno para volver a mi casa en noches de fin de semana. Como siempre me muevo por el centro de Madrid, el itinerario de vuelta a casa suele ser el mismo o muy similar. Las mismas curvas, idénticas luces y, podría jurarlo, la misma gente.
[de siempre]
Fauna nocturna que deambula por la ciudad intentando encontrarle un sentido a la noche, un sentido que muchas veces no tiene. Con cada curva de La Cuesta de la Vega voy quitando una capa de mis recuerdos, voy quemando una etapa de mi vida. Es un viaje que casi alcanza el grado de espiritual, un trance metafísico que, de vez en cuando, interrumpe el taxista con sus comentarios. Y, mientras vas a aplicando las lecciones básicas de hipocresía casera, haces balance de la noche.
[y la suspendes]
Te ves al principio de la noche, con un amigo, dos botellas y muchas ganas de pasarlo bien. Recuerdas el momento en que entrabas por la puerta a una fiesta en la que ni siquiera conocías al anfitrión. Entre nubes psicodélicas, combinados en copas de vino y la interminable búsqueda de Wally, recuerdas alguna sonrisa furtiva. Un teléfono, una llamada, silencio en la sala y un vecino que se queja. Horas agónicas de decisiones que sólo caben en sacos rotos y, de fondo, una voz.
¬ Vamos al Palacio de Gaviria.
[quién fuera Houdini para esfumarse]
Entonces, como en una película, la acción retrocede hasta el principio. Estás en casa, vistiéndote. Intentando decidir si ponerte zapatillas para ir a tu aire o si seguir el protocolo impuesto por empresarios canallas poco visionarios y usar las botas que te compraste para esas ocasiones. Unas botas que, aún teniendo más de cinco años, te has puesto poquísimas veces. Sopesas las dos opciones y decides ponerte las botas: esta noche vas a seguir el curso de la corriente.
[desembocarás en el mar]
La acción vuelve al momento dramático en que la guapa protagonista deja en suspenso sus palabras esperando que la testosterona de los presentes refuerce su afirmación. Como si fuera una abeja recolectora con un rebaño de flores.
[y lo consigue]
Entonces una lengua le pide un baile a la tuya. Un baile solitario que no tiene bises. No se pueden concebir bises con la novia de un amigo, aunque la idea del beso haya sido de tu propio amigo. Entras en un coche y te dejas llevar, como habías planeado, por la corriente.
Una vez en la puerta del Palacio (por llamarlo de alguna forma) miras desafiante al portero, aprovechando ese momento en que él está mirando para otra parte. "La intención es lo que cuenta", te dices. Decides, por inspiración divina, que no vas a hacer ningún esfuerzo por entrar, ni siquiera te vas a quitar los pendientes. Alguien llama a su contacto dentro para que nos dejen entrar, el contacto baja y nos sonríe, mientras yo prefiero mirar a otra parte.
[muy lejos]
Le dicen algo al portero y el portero mira en derredor, buscando alguna presa fácil. Me mira, le miro, mi miro, él no se mira. Me odia, le aborrezco. Su mente se queda unos segundos en blanco decidiendo qué motivo me va a dar para no dejarme entrar. Quiere decirme: "Tú no eres de los nuestros, no perteneces a esto", pero al final se le ocurre una excusa más estúpida:
¬ Con esas botas no puede entrar.
¿Por las botas? No, amigo, no son las botas. No te gusta nada de mí y los dos lo sabemos. No te gusta que mis pantalones sean anchos, detestas que mis orejas estén perforadas por cuatro argollas, odias que en mi camiseta ponga PornStar (en realidad pone Porn junto al dibujo de una estrella) y mi sudadera te parece la que llevaría alguno de los que tú, desde tu trono, llamas guarros (sólo por no vestir de traje cuando salen a pasárselo bien). Recuerdas que te diste la vuelta sin ánimo de discutir, casi aliviado por no tener que entrar en semejante antro que, si los porteros vistieran de rojo, podría ser el mismísimo infierno. Escuchas cómo tu amiga intenta convencer a los porteros para que te dejen entrar mientras ellos responden con un monolítico "Son las normas". Te acercas a tu amiga y le dices que no lo intente, que no quiere entrar ahí.
Mientras te alejas escuchas un par de voces que te llaman para que entres, y te das la vuelta para decir que no, que te vas a casa.
[jodido]
Quieres preguntarte muchas cosas, pero temes conocer todas las respuestas. Así que te vas por donde no habías venido, en dirección contraria buscando un taxi. Taxis que tan poco te gustan pero que tan buen servicio te hacen. Al llegar a tu puerta, con las llaves en la mano, sonríes:
¬ Al final no he encontrado a Wally.

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Mayo 28, 2004

Visitas inesperadas

Catarro está frustrado y se arrastra pesaroso de esquina en esquina, recorriendo todos los recovecos de la habitación mientras masculla su enésimo plan para pincharme con su aguijón. Se ha pasado todo el invierno amenazándome con empujones, como cualquier camorrista en noches agonizantes. Quizá su indecisión le ha evitado lanzarse antes contra mi cuello. Pero esta semana todo iba a cambiar.
[el momento]
Dicen las malas lenguas que los imprevistos, al igual que las desgracias, nunca vienen solos. Debería haber alguna pequeña alarma (con un led bastaría) en el cerebro que te avisara de que las cosas no van bien cuando los días se confunden con las noches, los ojos se inyectan en sangre y el TFT de tu portátil ha decidido lanzarte cuchilladas traperas certeras. Si hubiera tenido ese mecanismo se habría pasado toda la semana parpadeando como la sirena de un coche patrulla pero, por desgracia, mi cerebro venía incompleto de serie y nadie me dejó escoger los extras que debería llevar.
¬ ¿Cómo lo quiere? El modelo de serie está un poco desfasado, pero puede elegir uno o varios extras entre los que aparecen en el catálogo. Sentido común no nos queda. Los operarios del taller de la memoria se han puesto en huelga, así que tendremos que instalarle la que viene de serie (memoria de pez).
¬ ¿Y entonces qué tienen?
¬ Veamos... aquí hay demasiados extras tachados que tendremos dentro de un par de semanas.
¬ ¡Pero si estoy rompiendo aguas! Me dijo lo mismo la semana pasada...
¬ Vaya, siempre las malditas prisas. Pues me temo que sólo podemos ofrecerle el extra de extroversión y el de indiferencia...
¬ ¡¿Indiferencia es un extra?!
¬ Sí, y está de oferta. Es muy útil no preocuparse en situaciones de presión...
¬ En fin, déme lo que tenga.
¬ Perfecto, espere que instalo el módulo de Pecado Original...
¬ ¡Déjese de pamplinas religiosas! Quiero un hijo ateo o, cuando menos, agnóstico.
[y encima a mi madre no le dieron factura]
Es por eso que Catarro, de naturaleza cobarde, ha aprovechado el momento para pincharme con su aguijón a sabiendas de que las probabilidades de error eran mínimas. Gracias a él se acabó dormir toda la noche de un tirón, llegaron los dolores de cabeza y mi nariz se ha convertido en un surtidor de mucosidades para pañuelos necesitados.
Y yo sigo preguntándome, ¿quién me ha robado esta semana?
[al viento]

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Mayo 23, 2004

Around the world

Aunque los periódicos no hablen de otra cosa, la real boda no es lo único que pasa en el mundo.
[por suerte]
Es increíble el empacho informativo al que nos han sometido los medios de comunicación en estos últimos días. El viernes, sin ir más lejos, era imposible ver algo en la televisión que no fuera referente a la boda. Las propias televisiones reciclaban sus mismas noticias y las ofrecían en varios pases, maquillando un poco la forma para que no se notara que lo que se contaba era, esencialmente, lo mismo. De las noticias se pasaba a las tertulias sobre protocolo (esa ciencia oculta) y de las alabanzas a la futura princesa (algún día, si antes no somos una república, futura reina) se volvía otra vez a las mismas noticias de siempre. Un giro de trescientos sesenta grados que, aunque algunos no lo tengan en cuenta, termina en el mismo punto donde empieza.
[cíclico]
Si lo del viernes fue infernal, lo del sábado fue de juzgado de guardia. El viernes me propuse acostarme tan tarde que pasara la gran parte del sábado durmiendo, ajeno al chaparrón informativo de tintes nobiliarios. Así, cuando mis ojos se cerraron el sol ya llevaba un buen rato surcando los cielos. Mientras yo me acostaba, una marea humana rodeaba el escenario de la boda y el posterior recorrido de los recién casados, y las nubes se retorcían de incontinencia mientras los protagonistas del día miraban al cielo con rabia.
[y yo con una sonrisa]
Y es que uno no se da cuenta de lo absurdo de la monarquía hasta que se produce un acontecimiento de semejante calibre.
El sábado, tras levantarme a horas que prefiero no revelar y prepararme algo de comida cuidadosamente enlatada y precocinada, encendí el televisor buscando algo que no hablara de la dichosa boda (sin éxito). Así que cogí una película y me puse a verla pacientemente.
[resignación]
Al acabar las noticias puse el telediario de Telecinco, tuve suerte de llegar justo a tiempo para los titulares, monopolizados por el acontecimiento del día. Al final, en un modesto rincón de esos titulares, contaban de pasada que Michael Moore había ganado la palma de oro en el Festival de Cannes:

"Michael Moore triunfa en el 57º festival de Cine de Cannes con su feroz crítica contra Bush" (elmundo.es)
"Fahrenheit 9/11 wins the Palme D'Or!!!" (michaelmoore.com)

Decidí hacer el sacrificio de ver las noticias aún sabiendo que la gran mayoría del tiempo hablarían del mismo tema. Ni siquiera cuando el presentador lo dijo explícitamente cambié de idea. Pues bien, engullí esos tres cuartos de hora de informativos y no hablaron ni una sola palabra de la noticia. Obviamente, era más importante ver cómo un invitado al convite comía con la boca abierta, o ver las imágenes que había filmado un periodista infiltrado entre la marabunta. ¿A quién le importa la cultura? No, es más importante ver como un niño exaltado reivindicaba su temprana afición por el fútbol con una pobre paje (sirva esta animación como prueba).

Y, como la noticia del premio de Michael Moore dio la vuelta al mundo (seguro que más de un directivo de Disney se rasgó las vestiduras), no era de extrañar que le llegara a Bush. La próxima vez habrá que avisar a sus guardaespaldas que no le comuniquen la mala noticia mientras esté montando en bici, que luego pasa lo que pasa:

"Bush se cae de una bicicleta y se raspa la cara, las manos y las piernas" (elmundo.es)
[esta vez no fue una galleta, o sí]

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Cosas que pasan
by milio a las 11:27 PM | Comentarios (4) | Enlace Permanente

Mayo 21, 2004

Leyendas

‹‹No hace mucho tiempo me llegó a mis oídos la historia de un hombre temeroso de la muerte. Estaba tan asustado que huía del sol y de la luna. Se encerró en su casa tras una puerta con siete candados con sus siete llaves. Cerró la puerta del futuro y dejó que su pasado le torturara sistemáticamente. Después de un tiempo indeterminado que pudieron ser semanas, mese e incluso años, la locura decapitó su última dosis de cordura.››
‹‹Cegado por la esa luz que muchos dicen ver al final del camino, en la frontera entre la vida y la muerte, retiró el cierre de la ventana y pensó que podía volar. No se dio cuenta de que la muerte esperaba abajo, sentada en un banco de piedra. La guadaña la dejó en casa, no le haría falta esa noche.››

‹‹Hubo un antepasado en nuestra familia que se hacía conocer como El Hereje. ¿Sabes lo que es un hereje verdad? Nuestra inquisición se ocupó de quemar muchos en la hoguera y de etiquetar a muchos otros como herejes para poder deshacerse de ellos... En fin, de eso hace ya mucho tiempo. Contaban los rumores de la época que el día que bautizaron a tu tatarabuelo el sacerdote se quedó mudo. Obviamente era una exageración, el sacerdote había estado bebiendo vino hasta altas horas de la noche y al día siguiente no tenía ni voz. Después de oficiar el bautizo abandonó el pueblo y nadie volvió a saber nada de él, ni siquiera una muchacha joven que tendría nueves meses después un hijo sin padre. Otra vez me estoy yendo por las ramas. La vejez hijo mío, la vejez me dispersa.››
‹‹Todos estos rumores surgieron después, fruto de la inventiva de la gente, cuando las habladurías se convirtieron en axiomas por sublimación, obra y gracia de Dios. Tu pariente era un vividor y la doctrina de la Iglesia chocaba frontalmente con los principios que guiaban su existencia, así que decidió ignorarlos. Se convirtió, de la noche a la mañana, en poco menos que el anticristo para todos los que vivían en aquel pequeño pueblo, cuyas beatas posaderas ya tenían un sitio reservado en el templo de Dios. Decía nuestro antepasado, bromeando, que podría reconocer a cada habitante de aquel maldito pueblo por la erosión que provocaba el roce de sus glúteos con la madera de los bancos sacros.››
‹‹Entonces, como en todas las historias que se precien, un acontecimiento cambió su vida para siempre. Tu tatarabuelo conoció a una mujer que, con el tiempo, se convertiría en tu tatarabuela. Se enamoró el día en que la vio por primera vez, entrando al convento donde pasaría de novicia a virgen esposa de Dios. En aquel momento debió maldecirse por elegir precisamente a aquella mujer, pero su amor le cegó y se juró que algún día la conseguiría. Obviamente consiguió su propósito, de lo contrario no estaríamos aquí ahora mismo. Fue tal el secretismo que envolvió la conquista y los encuentros furtivos de los novios que, aún hoy, nadie sabe con certeza cómo fueron aquellos momentos.››
‹‹Nadie se puede esconder eternamente, y menos con una criatura en su vientre. Tu tatarabuela intentó ocultar su embarazo el mayor tiempo posible, hasta que un día estalló el escándalo. Como comprenderás, el argumento de que era un hijo de Dios no se lo creería ni la propia Iglesia... El escándalo sacudió los cimientos del convento, que expulsó (casi desterró) a tu tatarabuela. Sólo faltaban un par de semanas para el alumbramiento, semanas que en las que ella permaneció encerrada en su casa bajo la vigilancia de un padre ultrajado y él pasó deambulando de un sitio para otro, inventando planes para escaparse con ella a un lugar lejano y exótico que sólo existía en su imaginación.››
‹‹Tu tatarabuelo nunca conoció a su hijo y sólo vio a tu tatarabuela una vez más: inerte en una caja de madera. La familia de ella dijo que había muerto en el parto, pero había rumores de que fue su padre quien censuró su vida con un garrote.››
¬ ¿Y qué pasó al final? ¿Qué pasó con mi tatarabuelo? ¿Y con su hijo?
¬ El niño, tu antepasado, vivió muchos años. El resto de la historia ya lo conoces.
¬ No te entiendo abuelo... ¿Qué le pasó a mi tatarabuelo?
¬ Le persiguió la muerte para ajustar una cuenta pendiente.

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Realismo ficticio
by milio a las 10:21 PM | Enlace Permanente

Mayo 19, 2004

We are the world (you are the children)

El ser humano, qué curiosa obra de ingeniería. Enciendes la televisión y ves a Cristo (imagen muy explícita)...
[versión postmoderna]
...o eso te parece. Descartas el fondo de la imagen que en ese momento aparece congelada en la pantalla y te concentras en el figurante. Una figura con los brazos en cruz y unos cables conectados porque a un soldado americano se le ocurrió la feliz idea de montarse un árbol de navidad a destiempo. No se dio cuenta de que aquella persona oculta bajo una manta cochambrosa parecía más un Cristo que un árbol navideño. Entonces te alegras de que la imagen no le sugiriera lo mismo que a ti, porque en ese caso quizá le habría clavado las extremidades a una cruz de metal.
[son capaces]
Esta imagen provoca una corriente pseudoeléctrica en la zona cerebral del horror, intentando avisarte de que aquello que ves es altamente macabro. Es entonces cuando otra corriente se genera en la región de la indiferencia y neutraliza la primera. El resultado es un par de segundos de indecisión en los que el cuerpo no responde, los ojos ni se abren ni se cierran y en tu cara aparece una mueca de estupidez.
[el cerebro se defiende]
Reanudas la actividad normal, tu cuerpo vuelve a responder con la rapidez (o la falta de ésta) que acostumbra. Entonces el fantasma del horror te da un segundo guantazo con su puño americano con sus barras y sus estrellas. Después de las matanzas selectivas del día anterior en Rafah (un lugar de cuyo nombre nunca habías oído hablar hasta que la muerte se compró un adosado allí), una multitud se manifestaba con rabia ante semejante masacre. Miles de personas protestando de forma más o menos pacífica para que finalicen los crímenes que no debían haber empezado nunca. La muerte, disfrutando del espectáculo, maneja los hilos de una de sus marionetas (conocida como Ariel Sharon) y al poco tiempo un helicóptero disuelve la manifestación a base de misiles.
[destrucción]
Sigues mirando la caja tonta mientras los gritos de protesta se convierten en alaridos de terror, mientras miembros se separan de sus cuerpos. Vidas que se rompen ante tus ojos, rostros ensangrentados, cuerpos inertes. Y en el fondo, el polvo de caminos calles sin asfaltar.
Esta vez el impulso del horror es más intenso y la indiferencia tiene que emplearse a fondo para anular todo atisbo de humanidad.
[con eficiencia]
Tu cuerpo, esta vez, se toma más tiempo para recuperarse de la batalla que se ha librado en tu cerebro, donde ya sólo queda ceniza. En la siguiente imagen puedes apreciar varias mantas llenas de cuerpos sin vida, en su mayoría mujeres y niños, esta vez en Irak, en una pequeña aldea que nunca nadie se tomó la molestia de situar en un mapa. Se estaba celebrando una boda, los gritos eran de júbilo, los abrazos sinceros y los disparos al aire de felicidad. Disparos al aire que en Irak se repiten en cada boda, una tradición como la que tenemos nosotros de cortar una corbata o un liguero. Un avión americano y su piloto volaban a toda velocidad hacia el lugar del convite. El piloto sudaba y se maldecía por no haber llegado a tiempo para oponerse a la boda. ¿Dirían los iraquíes aquella frase de "Si alguien se opone a esta boda que hable ahora o calle para siempre"? Daba igual, sus órdenes eran bombardear a aquella gente inocente porque se trataba de un grupo terrorista muy peligroso celebrando una orgía de sangre y vejaciones. No quiso asegurarse, no se molestó en preguntar, simplemente lanzó sus bombas y segó las vidas de cuarenta personas sin miramientos. ¿Combatientes? ¿Terroristas? Por Dios, ¡era una boda! ¿Armados y peligrosos? ¡la mayoría de los muertos son mujeres y niños! Pero Bush sigue en sus trece...
[nonsense]
La neurona del horror lanza rabiosa sus impulsos, tan intensos que ni siquiera la todopoderosa indiferencia puede con ellos. Y te llega una corriente de rabia, desconcierto, horror y mucha tristeza. No sabes si llorar, vomitar o gritar con todas tus fuerzas. Y te preguntas: "¿De qué va a servir?". ¿Estamos tan podridos por dentro como parece?
Piensas que quizá la humanidad no haya sido siempre tan cruel y te das cuenta de que la globalización ha traído consigo al ojo que todo lo ve. Cuando no existía la televisión, y ni siquiera la radio, ocurrían las mismas atrocidades pero no nos enterábamos. Quizá al cabo del tiempo nos llegara un rumor de lo que había pasado, pero no en tiempo real. Quizá sea por eso por lo que podemos ver en las noticias como mueren diez personas en una manifestación pacífica, cuarenta en una boda o cómo unos soldaditos de plomo torturan a sus anchas sin que nos afecte lo más mínimo. No sólo la sociedad se está globalizando, la muerte también se ha convertido de un funesto ídolo mediático. Si nuestro cerebro no ignorara tanto horror quizá vivir medianamente cuerdo sería imposible.
[filtrar]
Hay una canción que dice:

[...] The death of one is a tragedy
The death of a million is just a statistic [...]

Marilyn Manson - The Fight Song

Me temo que tiene mucha razón.

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Cosas que pasan
by milio a las 11:40 PM | Comentarios (2) | Enlace Permanente

Mayo 16, 2004

Cóctel

Ingredientes:
19 amig@s.
3 botellas de whisky Passport Scotch (de 1 litro).
1 botella de Jack Daniel's.
1 botella de Absolut Vodka.
1 botella de vodka Smirnoff.
1 botella de ron Habana Club 7 años.
1/2 botella de ron Cacique.
Refrescos varios, vasos y hielos.

Preparación:
* Se debe buscar un lugar apropiado para el ritual del botellón, teniendo en cuenta que desde que se promulgó la funesta Ley Antibotellón (también conocida como Ley Progarrafón) sólo está permitido beber en la calle los días en los que se celebre alguna fiesta regional.
* En segundo lugar ha de comprarse la bebida con antelación. Considerando que la ley anteriormente citada prohíbe la venta de alcohol a partir de las diez de la noche (aunque sea una botella de vino para organizar una cena improvisada en tu propia casa) hay que adquirirla con antelación. Nótese que seguramente, al ser fiesta regional, los establecimientos de venta de bebidas alcohólicas estarán cerrados ese día, por lo que conviene no dejarlo todo para el último momento.
* Consiga que sus invitados lleguen al lugar elegido sin perderse. Quizá tenga que hacer más de un viaje para recoger a aquell@s que carezcan de sentido de la orientación.
* Una vez reunidos todos los ingredientes, mézclelos con mucho cariño y deje que la masa resultante fermente durante unas horas.
* Sírvase frío.

Contraindicaciones:
* No se debe usar esta receta con personas cuyo autocontrol sea nulo.

Efectos secundarios:
* Es posible que, pasadas entre doce y veinticuatro horas de la ingesta se noten efectos secundarios como: dolor de cabeza, punzadas en las sienes, malestar general, pesadez de los miembros (uno o varios), dolor abdominal, etc. Estos efectos y su intensidad dependen de la cantidad de alcohol ingerido.
[creo que ayer bebí mucho]

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Citas anuales
by milio a las 11:59 PM | Comentarios (3) | Enlace Permanente

Mayo 15, 2004

Iris

//historia de un miserable//

Ella era la eterna hermana pequeña de un amigo mío. En los tiempos locos de instituto apenas me crucé con ella un par de veces. Era una época en que creíamos vivir peligrosamente, empapados en alcohol los fines de semana, experimentando sustancias psicotrópicas y complicando todo lo posible el árbol genealógico de relaciones de fin de semana.
[tiempos irrepetibles]
Siempre que la veía me sorprendían sus enormes ojos azules y su sonrisa perpetua. Yo siempre la vi como la hermana de un buen amigo, pero nunca pude considerarla una amiga porque apenas cruzaba un par de palabras con ella. Era la típica relación de conocimiento pero sin proximidad.
Los tiempos de instituto se esfumaron y llegó la imponente universidad. Dejé de irme con su hermano y su grupo de amigos, no por aburrimiento, sino por las circunstancias. Aún así, siempre que nos encontrábamos nos poníamos al día de nuestras respectivas vidas, regando la conversación con un par de cervezas, unas risas y promesas que sabíamos de antemano que no íbamos a cumplir:
¬ A ver si quedamos un día de éstos.
Estos encuentros casuales se fueron distanciando hasta que dejaron prácticamente de existir. Pasa como con las personas que entran y salen de tu vida, acabas olvidando un poco a aquellos que no ves y concentrándote en los que tienes más cerca.
[proximidad]
Un buen día me encontré a otro amigo común y mientras repasábamos el último año de nuestras vidas me dio una pésima noticia.
¬ ¿Sabes lo de la hermana de éste no?
¬ ¿El qué?
¬ Tuvo un accidente hace tiempo y está en una silla de ruedas.
Entonces algo se derrumba en algún sitio de tu mente que no puedes ubicar, sólo te llega el eco de un ruido sordo y notas la ausencia de algo que no puedes concretar. Intentas imaginarte la situación, te despides de tu amigo y te alejas con el rabo entre las piernas. Entonces decides que quizá no sea verdad, que quizá sea uno de esos rumores que te alguien se inventa y que van aumentando al pasar de boca en boca. Rechazas la idea de imaginarla postrada en una silla de ruedas y te imaginas lo que debe pensar la gente que en un funeral no quiere ver el cadáver porque prefiere recordarlo como era en vida, tener una imagen en movimiento.
[y pasa el tiempo]
La vida sigue su curso y más o menos te olvidas del tema, prevalece el pensamiento de que todo es mentira (hasta la vida), un mecanismo de defensa de la mente. Hasta que un día otro amigo al que te encuentras por casualidad te repite la historia y no tienes más remedio que creer, casi dos años después, que la realidad es tal y como no querías verla.
[espejismos rotos]
Y entonces...
Ayer, inmerso en el ajetreo de la organización de la celebración de mi cumpleaños caminaba por Aluche hacia el Carrefour. Eran las nueve y media y debía comprar la bebida para un botellón (permitido el día de San Isidro por una laguna legislativa) que se celebraría al día siguiente. Me llamó un amigo por teléfono y estuve hablando con él mientras caminaba e intentaba cruzar un semáforo manteniendo mi integridad y poniendo a prueba mi escasa habilidad para la multitarea.
¬ ... pues ahora nos vemos.
¬ Hasta ahora.
Y al colgar levanto la vista y durante una fracción de segundo me encuentro con la mirada de aquella chica en su silla de ruedas. Sus ojos se encuentran con los míos, se entornan. Los míos se abren desmesuradamente mientras doy un paso que me pone ya a su espalda.
ras-ras, pestañeo
No tengo tiempo para reaccionar y, cuando me quiero dar cuenta, estoy parado en mitad de la acera, como una roca en mitad de una corriente que no es lo suficientemente fuerte para arrastrarme. La marea humana me esquiva, me empuja, me increpa. Y yo sigo congelado. Mis piernas quieren avanzar pero mi mente quiere volver sobre mis pasos y encontrarme con ella. Quiero decirle algo pero no sé el qué. De qué sirve decir "lo siento", de que sirve la compasión cuando no debía tener menos compasión de mí mismo. Intento justificarme convenciéndome de que la vi demasiado tarde, que no tuve tiempo para decir nada. Pero entonces pienso que nada me impedía darme la vuelta y volver sobre mis pasos.
[mirar atrás]
Y entonces me siento como un auténtico miserable. Si ella me ha reconocido habrá pensado que he esquivado su mirada y la de sus piernas inmovilizadas, mientras yo me pudro presa del remordimiento.
Pasa la noche y no me vuelvo a acordar de ella hasta que monto en un taxi y recorro Madrid por la noche, pasando por lugares en los que están escritas páginas de mi vida que aún no he cerrado.
Y al llegar a casa me acuesto y la almohada, aún despierta, me llama miserable y cambia su funda por un revestimiento de pinchos.
[para torturarme]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 08:51 PM | Comentarios (4) | Enlace Permanente

Mayo 13, 2004

23

He abierto los ojos relativamente tarde y, al alzar la vista, me he dado cuenta de que algo andaba mal.
¬ Maldito enano perezoso, para una cosa que hace en todo el año y la hace mal.
Después de comprobar que, efectivamente, el contador seguía marcando veintidós, mi enfado ha ido en aumento. Entonces, surgido de lo más recóndito (y perturbado) de mi imaginación, se ha materializado ante mí un enano estrafalario vestido de leñador. En la mano portaba una vara y su gesto era airado. Este personaje es el que se encarga de aumentar en uno el contador de mis años cada trece de mayo desde que tengo uso de razón. No sé por qué, de pequeño, elegí a un enano vestido de leñador para que mantuviera el cómputo de mi existencia, pero el caso es que lo hice. Nunca tuve amigos invisibles ni mascotas imaginarias, por no tener, creo que no tuve ni complejo de Edipo.
[que me perdone Freud]
Confiriéndole al acto tintes de solemnidad, el enano se acercó al contador como si fuera un pebetero olímpico. Se hizo el silencio en la habitación y sólo se escuchaba el rechinar de la manivela que estaba manipulando aquel extraño personaje. Al acabar, el contador marcaba un veintitrés. El enano hizo una reverencia y, antes de desaparecer, dijo:
¬ No he llegado tarde, es sólo que naciste a las doce.
Y entonces han llegado los mensajes y las llamadas de felicitación. Felicitaciones a las que doy mucha importancia, pues yo soy un desastre y si no fuera por el calendario de mi móvil olvidaría los cumpleaños de todo el mundo. Es más, los cumpleaños de mis familiares se mueven en una nebulosa de incertidumbre que puede abarcar incluso varias semanas.
[espero que no lean esto]
Por la noche, en la celebración familiar, han llegado los cánticos al calor de las velas. Si bien este año sí hemos tenido las velas correctas para marcar un veintitrés (no como el año pasado), no hemos seguido el protocolo. Mi familia ha comenzado a cantar antes de apagar las velas y, tras analizar el tono de la melodía, me he dado cuenta de que mi padre no cantaba, ni siquiera se esforzaba por hacer un playback. Le he pedido unos bises pero aún así no ha abierto la boca. Luego, además, se ha vengado dándome en la frente con el corcho de la botella de champagne.
[de rebote]
En fin, que ya tengo un año más o, si pensamos que el vaso está medio vacío: me queda un año menos para morirme.
[prefiero el vaso medio lleno]

by milio a las 11:51 PM | Comentarios (6) | Enlace Permanente

Mayo 10, 2004

Lomografía Real

La resaca del fin de semana se va por donde vino, ocultándose entre las sombras para que no puedan seguir su rastro, esperando que llegue su momento para regresar y golpearme cuando menos me lo espere. Yo, mientras tanto, buceo entre las noticias, las noticias de las noticias y las informaciones que no pueden calificarse ni de noticias.
[conglomerados de estupidez]
Así, mientras medio mundo se escandaliza por las presuntas torturas del ejército norteamericano (en adelante yankee para abreviar) y británico, nosotros creamos comisiones de investigación sobre los atentados de marzo. Aunque últimamente creo que cada vez nos importa un poco menos lo que pasa en el mundo y bastante más lo que ocurre bajo las sábanas de algún personaje famoso...
[rosa]
Y, cuando apenas faltan dos semanas para la boda del príncipe y la plebeya (argumento que vende muchos artículos lacrimógenos) que soñaba con ser reina, los medios no paran de bombardearnos. Creo que de poco sirve quejarse, porque al fin y al cabo tenemos lo que pedimos, es la ley de la oferta y la demanda (que me corrija algún economista si me equivoco). Si ya hay quien tiene pesadillas sueña con el menú de la boda, la música que se escuchará en el banquete e incluso quién va a diseñar los cojines sobre los que descansarán las ilustres posaderas de los invitados, yo intento ignorar la avalancha mediática. Aunque debo reconocer que es prácticamente imposible...
[evasión o victoria]
Hoy por hoy, lo único que me interesa del enlace es la iniciativa de la Asociación Lomográfica Española (de donde he cogido prestada la imagen de esta entrada). La proposición consiste, ni más ni menos, en tomar instantáneas el día de la boda del ambiente que se respirará en la capital. Pero no con una cámara convencional, sino con una LOMO (Leningrádskoje Optiko Mechanitschéskoje Objediniénie). Una LOMO es una cámara rusa con una óptica muy especial que permite tomar fotos como la que ilustra este post. No soy un experto en fotografía y, de hecho, nunca he tenido una LOMO en mis manos, pero me encantaría tener una. Yo conocía la existencia de esta cámara desde hacía tiempo, pero nunca supe cómo se llamaba y dónde encontrarlas. Si no llega a ser por una amiga, seguiría sin saber qué diantres es una LOMO. Lo interesante de la iniciativa de Lomospain es que si no tienes una cámara LOMO, ellos te proporcionan una para el evento.
[suena bien]
Quizá haya sido el reportaje que he engullido esta tarde sobre las anteriores bodas reales entre príncipes y plebeyas lo que haya despertado en mí el interés novelesco por algo que se parece mucho al sueño americano del que nos hablan: pasar del anonimato a la cumbre. Así que, princesas del mundo, el que suscribe es soltero y no le apabullan las masas, quizá no sepa mucho de protocolo ni le interese aprender, pero promete dar un nuevo talante a su monarquía. Interesadas manden un mail y recibirán respuesta en un par de días.
[no es imprescindible ser princesa, aunque ayuda]

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Cosas que pasan
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Mayo 08, 2004

La censura en el país de las oportunidades

Si no hace mucho el pecho de Janet Jackson sacudía los cimientos del puritanismo americano (mientras medio mundo pasaba de la carcajada al asombro y del asombro a la incomprensión), ahora los tentáculos de la censura amenazan con vetar la última película de Michael Moore: Fahrenheit 9/11
Mis primeros contactos con Michael Moore comenzaron con la genial película-documental Bowling For Columbine en la sesión golfa de un cine madrileño. Salí del cine con la cabeza convertida en una coctelera de ideas contradictorias maravillosamente contadas: la realidad tal y como es y no como algunos nos la quieren contar.
A partir de ese momento intenté conseguir algunas de sus películas, como Roger&Me que, aun siendo buena, no llega al nivel de Bowling For Columbine, y devoré sus dos últimos libros. Me quedó claro que este señor tiene la cabeza muy bien amueblada y que no se calla nada.
Pues bien, después de una larga espera, parecía que por fin íbamos a poder presenciar su última película en nuestras pantallas...
[pero entonces llegó Disney]
La productora de Fahrenheit 9/11 es Miramax que, a su vez, es una filial de Disney. Parece que a los chicos de Disney no les ha parecido bien que una película tan polémica y que acusa frontalmente al presidente infame del país de las oportunidades llegue al público estadounidense y han optado por vetar su emisión en el territorio americano. La película, entre otras cosas, habla de la relación del clan bush con la familia Bin Laden, narrando hechos como la evacuación de algunos de los Bin Laden del territorio americano después del 11-S. También, al parecer, es muy crítica con la actuación del gobierno americano antes y después de los atentados.
¿Y por qué a Disney no le interesa que esta película se proyecte en América? Parece ser que las bonificaciones fiscales que recibe en Florida (donde gobierna, casualidades de la vida, Jeb Bush) podrían irse al traste si el clan de los bush decide tomar represalias...
[poderoso caballero es don dinero]
Así las cosas, parece que en los cines europeos se proyectará en la fecha elegida para el estreno, sin que el gigante animado pueda (o quiera) hacer nada por impedirlo.
Dejaré que sea Michael Moore, y no yo, quien cierre esta entrada con palabras sacadas de su propia web:

"[...] Some people may be afraid of this movie because of what it will show. But there's nothing they can do about it now because it's done, it's awesome, and if I have anything to say about it, you'll see it this summer -- because, after all, it is a free country."



Un editorial del New York Times referente a esta noticia: Disney's Craven Behavior
La noticia en castellano la puedes ver aquí: Disney impidió la distribución del filme de Michael Moore donde critica a Bush.
Y, por supuesto, la web de Michael Moore: MichaelMoore.com
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Cosas que pasan , Miradas de cine
by milio a las 02:22 PM | Comentarios (3) | Enlace Permanente

Mayo 07, 2004

Desalmado

Esta mañana mi alma me esperaba en el quicio de la puerta, como siempre. Con los brazos cruzados sobre el pecho, algo en su mirada dejaba entrever atisbos de determinación.
¬ Hoy me quedo en casa.
¬ ¡¿Qué?! Sabes de sobra que no puedo salir sin ti...
¬ Pues yo me quedo, estoy harta de tus delirios. Hoy serás un desalmado.
Pestañeo un par de veces: ras-ras. Evalúo la situación durante unos segundos y, finalmente, salgo por la puerta.
¬ Ahí te quedas.
En la calle le quito la pelota a un niño y se la cuelo en un tejado. No miro atrás cuando oigo su llanto desconsolado. Ni siquiera cuando acierta a propinarme una patada en la espinilla. En el autobús evito el placaje de una jubilada y corro más que ella para quitarle el asiento, ignorando los codazos dirigidos al hígado. Me mira iracunda pero me limito a sonreír.
[malicia]
Al bajar del autobús el caniche de una mujer adinerada intenta morderme el pantalón. Lo cojo y lo deposito suavemente en una papelera. Prendo fuego a la papelera. La mujer me mira horrorizada, le aconsejo que se compre un gato.
Entro en un bar a tomar café, pago con lo que le he robado del platito de un indigente y me llevo las propinas que han dejado los demás comensales. Tengo que salir corriendo ante las amenazas del camarero, reforzadas por un garrote con la inscripción: "gracias por su visita".
[de nada]
Un ladrón intimida a su víctima en un callejón oscuro. Le dejo inconsciente y mientras la víctima me lo agradece la dejo inconsciente a ella también. Cojo el dinero de los dos y me marcho de los suburbios.
Pinto bigotes en los carteles publicitarios. Un político con bigote me recrimina. Le arranco el bigote y lo pego sobre un anuncio de ropa interior. Meto a este señor en un paquete con franqueo a Irak y lo llevo a correos. Me doy cuenta de que estoy haciendo una buena obra, lo que va en contra de mi carácter desalmado. No sé que hacer y, ante la duda, le regalo el paquete al empleado de correos.
[desconcierto]
Recibo la llamada número doscientos diez del trabajo, descuelgo el móvil y le comunico al emisor que ha ganado un lote de productos en conserva. Me insultan desde el otro lado de la línea, me limito a colgar. Me da tiempo a escuchar un "despedido!".
Vuelvo a casa. En el portal veo al niño de la pelota con su padre. El niño me señala y el padre se dirige hacia mí. Me doy la vuelta dispuesto a huir pero me encuentro de frente con la jubilada del autobús. Evalúo la situación y me decanto por el padre iracundo. Cojo la pelota otra vez y la vuelvo a colar en el tejado. Cada golpe que iba a recibir se duplica por intervención divina. Desde el suelo, mientras recibo patadas del niño y de su padre, creo ver cómo la jubilada se une a la orgía de sangre y contribuye con un golpe en el hígado.
Todo se vuelve oscuro...

Despierto en mi cama casi delirando. Mi alma me mira jovial y, en cuanto abro los ojos, suelta una carcajada.
¬ Sin mí no eres nada.
[me duermo otra vez]

by milio a las 07:25 PM | Comentarios (1) | Enlace Permanente

Mayo 06, 2004

Impaciencia

Impaciencia rodea mi cuello con su brazo mientras me susurra mentiras con su lengua viperina. Observo las sobras chinescas que proyectamos en la pared y sólo puedo ver una figura apunto de ser estrangulada por una serpiente. Busco una manzana que le dé tintes bíblico-proféticos a la escena pero no la encuentro.
¬ ¿Y qué harasssssh? Te quedan sólo dos horasssssh. Tendrash que pensar en algo, ¿no?
Al mismo tiempo que formula su monólgo va girando con sus dedos expertos la manecilla de un pequeño artilugio. Esa máquina infernal que tiene la capacidad de acelerar los acontecimientos mientras alarga cada instante hasta el infinito. El reloj se para y por cada segundo que pasa, tres se pierden para siempre.
¬ ¿Qué vash a decir? Pequeño infeliz...
Busco en la base de datos de mi experiencia compuesta por recuerdos inútiles, lecciones no aprendidas, frases hechas y alguna enseñanza extraída de viejas series de televisión. Procesando datos, buscando en aquel inmenso almacén de vivencias inservibles alguna pauta de comportamiento que me asegure un éxito que aún no sé si quiero para mí.
[desconcierto]
No se da por vencida. Impaciencia se mueve de un lado a otro de mi habitación, planeando como un ave carroñera, buscando puntos sensibles y atacando en cada pasada.
¬ Dime, ¿qué harasssssh? Piensa, piensa en algo. No, no piensesh en nada. ¿La misma situación? Quizá. ¿Un Déjà vu? No creo...
Me llevo las manos a las orejas, inyecto mis ojos con sangre y grito a pleno pulmón:
¬ ¡Nada! ¡No voy a hacer nada!
Entonces se produce el silencio e Impaciencia salta por la ventana y desaparece. Antes de perderla de vista creo adivinar una sonrisa de satisfacción en sus labios.
[ha conseguido impacientarme]

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Mis fantasmas
by milio a las 06:45 PM | Comentarios (2) | Enlace Permanente

Mayo 04, 2004

The Memory Remains

A veces me veo como un lego a escala humana al que le falta una pieza en el centro. Una obra inacabada que deambula de un lado a otro con un agujero en el estómago, un hueco por donde caben varios cientos de miradas.
[aerodinámico]
Un autómata incompleto que busca la plenitud en algún lugar de su memoria, mirando hacia atrás, intentando encontrar lo que un día perdió. Una pieza que, realmente, nunca tuvo en sus (mis) manos pero sin la que nunca será un ente completo. Mirar atrás nunca fue bueno, con los retales inservibles del pasado sólo se pueden confeccionar prendas ridículas.
Dando tumbos, como un ciego, avanza una figura, inmersa en una noche eterna. Sus ojos, clavados en el pasado, no ven los obstáculos que el camino se inventa para pasar a un primer plano.
Y tropiezas.
Y caes.
Y te levantas.
Y entonces, un día cualquiera, recibes una llamada de teléfono. Un nombre parpadea en la pantalla de cristal líquido, una neurona manda impulsos con urgencia, suenan todas las alarmas. Es la pieza que te falta, que te llama casi desde el más allá con una voz que, aunque musical, a ti se te antoja de ultratumba. Te llaman desde lo más recóndito de tu memoria.
[los retazos desterrados en las regiones del olvido]
Cambias el chip. Presionas la palanca del desconcierto, la que te hará callar aquello que quieres decir y, en su lugar, pondrá palabras estúpidas. Un mecanismo de defensa para que tu corazón no se salga de la caja torácica en alguna violenta sacudida.
[ya no eres tú]

Cuelgo el teléfono cuando las pulsaciones suben por encima de lo tolerable. Y vuelvo a mi sendero de desconcierto, más confundido que nunca. El hueco que debería ocupar aquella pieza infame refulge ahora con miles de matices y tardará, como siempre, cien años en apagarse.
[cien años de soledad]

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 11:55 PM | Comentarios (4) | Enlace Permanente

Mayo 03, 2004

Medievo

La noche ejercía plácidamente su dominio mientras un caballero, embutido en su cota de mallas, tecleaba frenético un mensaje en su teléfono móvil de última generación. Junto a él descansaba, apoyado en la pared, un escudo grande forrado de gomaespuma. El viento mecía su espada, con alma de esterilla y revestimiento de cinta americana mientras su capa, envidiosa, jugueteaba con las luces y las sombras.
Unos pasos gráciles emergieron de la oscuridad. Su trayectoria no se dirigía al lugar donde reposaba el caballero, sino al interior de un comedor cuyas paredes no podían silenciar canciones, historias y risas. Sostenía un arco en su mano y, bajo su capa verde, se adivinaba un carcaj del que sobresalían las puntas de esterilla y gomaespuma.
[inofensivas]

Un día antes yo estaba en mi casa, demasiado ajetreado dándole los primeros y últimos retoques a mi disfraz. Lo que ese mismo día eran unas telas peludas ahora tenían la forma de un disfraz improvisado. Al día siguiente debía viajar, junto a un@s amig@s, hacia algún lugar de Segovia, donde se celebraría Efeyl 2004. Era la primera vez que iba a asistir a un evento de rol en vivo y estaba ansioso por emprender el viaje. Como siempre, lo había dejado todo para el final, y temía que no me diera tiempo a terminar mi disfraz.
[Murphy se frotaba las manos con impaciencia]
Si todo el universo que rodea a los juegos de rol está totalmente satanizado, el rol en vivo es casi un tema tabú. Cuando le dices a un amigo que vas a pasar un fin de semana en el campo disfrazado de bárbaro interactuando con más de trescientas personas, te mira raro y, como poco, te dice que eres un friki. Si esto le pasa, por regla general, a la gente joven, no es de extrañar que alguien no tan joven asocie el rol con katanas, sacrificios y cualquier otra absurda idea sacada de programas de sucesos y libros satanizantes.
[e igualmente estúpidos]
El rol es interpretación, es imaginar un mundo y convertirte (por unas horas) en un habitante de ese universo. Es, al fin y al cabo, una obra de teatro donde el guionista inventa un contexto y tú (el personaje) desarrollas un papel que vas escribiendo sobre la marcha. Es como estar dentro de un libro de fantasía épica (o de cualquier otro género, depende del trasfondo de la partida).
[fantasía]
A pesar del tremendo cansancio que acumulan mis piernas, del dolor de todos y cada uno de mis músculos por las interminables caminatas de todo el fin de semana, ha sido una experiencia increíble que, desde aquí, recomiendo a todo el que lea estas líneas. Yo, por mi parte, repetiré cuantas veces pueda.

Dos días después, aquella espada formaba parte del resto del equipaje, y aquel caballero ya no vestía una cota de mallas. Estaba más cómodo con sus vaqueros y su sudadera a juego. En sus labios se adivinaba una sonrisa melancólica y en sus ojos la esperanza de que aquel fin de semana se repitiera lo más pronto posible. Bajé la ventanilla y, desde el asiento del copiloto, me despedí de él agitando la mano. El coche arrancó, sacándonos de aquel oasis de ficción en mitad de un mundo donde la realidad, a veces, es insoportable.

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Citas anuales , Cosas que pasan
by milio a las 05:12 PM | Comentarios (5) | Enlace Permanente