Octubre 25, 2004

Caminos de cabras binarias

Hace más de un mes vi una oferta de ya.com, ofrecían una línea ADSL de 1Mbps/300Kbps por 33,95 euros (más iva) al mes. Yo estaba pagando 39 euros (más iva) por una línea de 256Kbps/128Kbps, aún pendiente de la duplicación del ancho de banda.
A todas luces parecía una gran oferta y no me lo pensé. En ese momento no se me ocurrió tener en cuenta mi suerte nefasta y la situación de las operadoras en este país.
[piratas sin parche]
Nos venden el acceso a una autopista de la información que por la gran cantidad de agujeros que tiene más bien parece un camino de cabras. El colectivo de internautas siempre ha tenido que luchar mucho por una banda ancha más bien escuálida, como lo hizo en su día con la tarifa plana. Pero las compañías proveedoras de ADSL, cable, PLC o cualquier otra tecnología prefieren vanagloriarse de su duplicación del ancho de banda cuando era algo que debían haber hecho hace mucho tiempo. Estamos hartos de escuchar en los telediarios el auge de las comunicaciones, de la publicidad que predica ofertas que de tan increíbles son irrisorias. Si comparamos nuestras ofertas con lo que se paga en otros países de Europa (la comparación con países como Japón ya sería demasiado traumática) donde el nivel de vida es mayor, veremos que aquí los precios son una estafa.
Y si al menos las compañías que nos venden este servicio fueran buenas...
[fina ironía]
... o al menos no tan malas.
Al final di de baja mi anterior línea y solicité el alta el día 27 de septiembre con estos impresentables. Los que no vivan en España deben saber que aquí, cuando das de baja una línea adsl pasa un mes de media hasta que otro proveedor pueda activarla, un mes en el limbo administrativo. Es algo disuasorio para que no te cambies de una compañía a otra.
A día de hoy aún sigo sin línea. Esto no es lo sorprendente, lo que más me impresiona es que cada vez que llamo me dicen una cosa distinta: que van a activar mi línea, que me han enviado una carta, que ya.com nunca envía cartas, que va a bajar el arcángel San Pedro a instalarme personalmente el ADSL... Un mes con excusas cuando lo que realmente pasaba es que nunca solicitaron mi línea y que ahora me han hecho darme de baja para luego volver a solicitar el alta porque si no, no pueden activar mi línea... Es decir, otro mes sin internet.
Sé que este post puede resultar aburrido y que me dejo muchas cosas en el tintero (lindezas varias sobre compañías estafadoras), para eso dejo los numerosos foros que hablan sobre esto. Este post es una tímida explicación de por qué no he escrito apenas durante este último mes.
Un mes que podría borrar de mi vida sin que el resto de mi existencia se resintiera. Noches en el hospital con mi abuela (menos de las que me hubiera gustado pasar con ella), días de trabajo apresurado y a contrarreloj y una vida social prácticamente inexistente.
[ínfima]
Y como todo lo malo acaba pasando, yo sigo esperando a que se despejen los nubarrones y salga ese sol que ahora me hace tanta falta. Y quién sabe, quizá pueda pasear un día de estos por algún camino de cabras.

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Technology victim
by milio a las 11:42 PM | Comentarios (9) | Enlace Permanente

Octubre 10, 2004

Desconectado

Había pasado toda la mañana llamando alternativamente a Ya.com y a Wanadoo, clamando al cielo por la incompetencia de unos y otros, que me tenía desconectado desde hacía algo más de dos semanas. Promesas del primero que no se cumplieron, amenazas veladas del segundo que se habían convertido en axiomas. Harto de tanto circo colgué todos los teléfonos, bajé todas las persianas, y salí de casa camino del hospital.
[el maldito hospital]
El hospital desprende ese olor aséptico que había evocado más de una vez en recuerdos borrosos de vivencias inciertas. Camino por los pasillos buscando una habitación mientras otras figuras que son extraños deambulan de un lado a otro. Todo funciona como una gran máquina que alguien se olvidó de engrasar y que chirría, pero cumple su trabajo.
Entro en la habitación que es mi destino y la figura que descansa en la cama apenas advierte mi presencia. Ninguna enfermera deambula por la estancia, sólo se escucha el goteo incesante de aparatos que no conocen el aburrimiento. La persona postrada en la cama parece haber envejecido varios miles de años. Sin su dentadura postiza y sus ojos llorosos casi no reconozco a la persona que hacía una semana se sentaba apaciblemente en la butaca del salón para ver su programa favorito.
Mi abuela estaba ingresada en el hospital aunque en sus ojos se pudieran adivinar recuerdos de lugares y épocas muy lejanos. Esperaba una operación que en una persona joven sería casi rutinaria pero que en alguien de su edad había que tomarse con más seriedad. Maldije la lentitud exasperante de la sanidad española que nunca ofrecía fechas, ni siquiera aproximaciones. Laberintos burocráticos inscritos en circunferencias masificadas.
[desesperación]
Al salir del hospital me crucé con el verano, que huía hacia lugares más cálidos. Un verano que oficialmente se había acabado pero que aún luchaba a vida o muerte. Era uno de esos días de entretiempo en los que uno no sabe qué estación es la que predomina.
Del hospital al metro y del metro a mi casa, viajando como un autómata por las entrañas de la ciudad. Perdido en mis divagaciones me sobresaltó una voz conocida pero casi olvidada. La voz de una chica que fue mi amor platónico durante los años de mi adolescencia. Uno de esos amores febriles que nunca llega a consumarse pero con el que sueñas casa noche mientras tus hormonas se preparan para tu vida adulta. Me giré y no pude más que quedarme sin respiración ante aquella mujer rotunda que me saludaba con una sonrisa en los labios, una visión del pasado que nada tenía que ver con aquella chica bonita y retraída que ocupó mis fantasías de adolescencia. Deseaba que aquellas promesas que estábamos pronunciando de tomar un café algún día, vernos un día de éstos o quedar con toda aquella gente que formaba parte de nuestro pasado se cumplieran, que no fueran algo más que un protocolo.
[palabras vacías]
La puerta al pasado se cerró con una alegre despedida y cada uno siguió su camino. Pensé en todo lo que podía haberle dicho y no pronuncié, y sacudí todas estas ideas de mi cabeza mientras me giraba para contemplar cómo se marchaba. Ella no miró atrás. Entonces me vino a la mente una frase de una película cuyo nombre nunca recordaré por más que me esfuerce:
¬ No me gusta que te marches pero me encanta cuando te vas.
Y me reí para mis adentros.

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Yo, me, mí, conmigo
by milio a las 10:33 PM | Comentarios (5) | Enlace Permanente