Junio 24, 2005
Ay borriquito como tú!
// tururú //
Suerte se ajustó sus gafas de sol, reclinó un poco más el sillón de masaje y ensayó una sonrisa de satisfacción. Perdida en cualquier paraíso tropical (y fiscal por añadidura), disfrutaba de sus vacaciones.
[al sol]
Mientras tanto yo marcaba el número de desatención al cliente de Wanadoo (ya sabéis que, como siempre, omitiré el nombre real para no regalar una línea de publicidad; cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia). Desde el otro lado de la línea me llegaba una voz en off, con tintes metálicos y actitud borregil. Por un momento me creí Luke Skywalker mientras escuchaba aquellas palabras históricas pronunciadas por Darth Vader:
¬ ¡Yo... soy... tu padre!
Pero no, aquel programa simplemente quería hacerme enloquecer con una secuencia de teclas. Tras interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven con el teclado numérico del teléfono, consigo que me atienda una operadora.
¬ Llamaba para preguntar si están procesando el alta de mi línea...
[pobre infeliz]
Interrogatorio-Torturas chinas-We can be heros-Espere un momentito por favor
¬ Pues aquí me consta que su alta ha sido cancelada...
Horror, rabia, impotencia. En esos momentos a Suerte, en su playa inmaculada, le revientan los tímpanos de tanto pitarle los oídos. Pienso que a mí la suerte no me abandona de vez en cuando... ya ni se molesta en venir.
[casi ni la conozco]
¿Y ahora qué? ¿Entenderá esta telefonista distante e indolente que pedí la baja de otro proveedor para irme al suyo? ¿Y si le cuento que es el cuarto proveedor del internet por el que paso y que con todos he tenido algún problema? Sólo hay una solución: pedir la baja...
[de todo]
... y esperar a que alguien desarrolle pronto la conexión a internet de banda ancha vía tam-tam.
En otro punto de la misma ciudad, una pareja charla animadamente con el director del banco que, generosamente, ha accedido a firmarles una hipoteca. El director mete la mano en el bolsillo de su chaqueta y, apartando varias sanguijuelas, consigue encontrar un pañuelo con sus iniciales bordadas.
La pareja sale del banco haciendo cabriolas y, de camino a su nueva casa, se improvisan una canción al estilo musical americano.
[sobredosis de azúcar]
Y cuando finalmente llegan a su nueva casa, ven un cartel enorme en la puerta:
Y, sentado en una silla de plástico, el casero se ríe a carcajadas.
El protagonista de la primera historia acabó sus días como ermitaño en una cueva perdida en algún lugar del lejano oriente. La desdichada pareja acabó montando un proveedor de internet para vengarse del mundo.
Cualquier parecido con la realidad, ya lo decía antes, es pura coincidencia.
[o no...]
Technology victim
Junio 20, 2005
Retornos
El blog dormía apaciblemente sobre su red de redes. En la pequeña estancia apenas entraba luz, las palabras se amontonaban en cada rincón, sin orden ni concierto. Los párrafos colgaban de sillas imaginarias y picaportes inexistentes. Y la desidia campaba a sus anchas por el lugar.
[sus dominios]
El caballero negro, armado con su infalible espada SPAM, golpeaba la pared mecánicamente. Y la estancia temblaba con cada corte. Todo parecía abandonado.
Y yo, que llevaba más de dos meses sin abrir esa puerta, palidecí. Me horroricé al contemplar la destrucción derivada del abandono.
Encendí todas las luces, limpié lo que parecían los restos de una batalla y desperté al blog con una canción. Abrió los ojos lentamente, como el que despierta de un sueño eterno, y posó su mirada en los míos.
No hubo abrazos, no hubo palmaditas en el hombro. En lugar de eso, una sonora bofetada rasgó el aire. Si hubiera sido la escena de una película, ahí habría acabado la música con el sonido de un disco rayado.
Para calmar sus ánimos he tenido que prometerle que, además de volver a prestarle atención, le haré un lavado de cara y le libraré del apestoso Caballero Negro (también conocido como el Señor Spam).
[tiempos de cambio]
Lo dicho, estoy de vuelta... y esta vez para quedarme.





