Enero 18, 2006

Miedo endémico

"Tengo cinco años. Es de noche y me muero de frío. Bajo las sábanas me revuelvo, intentando encontrar un poco de calor. Odio la oscuridad porque es donde él vive y sé que cuando llega la noche sale de su armario para atormentarme. Oigo pasos. Ligeros a veces y pesados otras, pero siempre los oigo. Acechando."
"Mamá y papá discuten en el salón. No puedo escuchar lo que dicen, pero oigo llorar a mamá. Si ellos se pelean nadie podrá ahuyentar al monstruo del armario. Estoy tiritando."
"Llueve en la calle. La tormenta silba en cada esquina. Las ramas de un árbol que nunca estuvo ahí golpean contra el cristal de mi ventana y la sombra de las hojas se proyecta en las paredes. Estoy encogido, abrazado a mi peluche, y bajo las sábanas jadeo con la respiración entrecortada. Sí, es inútil resistirse, seguro que me comerá. Voy a morir."
[miedo]

"Trece años. Las puertas del colegio se balancean de forma siniestra y, a mis pies, las hojas secas forman remolinos caprichosos. La bufanda me cubre la nariz y respiro con dificultad, la boca se me llena de hebras de lana y tengo los ojos llenos de lágrimas provocadas por el frío. Las dos hojas metálicas del portón me parecen las fauces de un lobo gigantesco. Oscurece y las farolas se van encendiendo sin orden aparente, menos las dos que flanquean las puertas, que parpadean frenéticamente. Electricidad. El primer escalón no se me resiste pero el segundo me hace trastabillar. Es inútil agitar los brazos o intentar corregir la postura, el suelo me golpea con fuerza. Tengo una ceja abierta."
"El pasillo es gris y la vida, mientras lo cruzo, se ve en blanco y negro. Los pocos alumnos que aún están en la escuela fingen no verme: nadie me mira. Soy como el viento, aunque no agite sus ropas cuando paso. Me sigue una estela de silencio y sé que, cuando paso, todo el mundo me observa. Y yo miro al suelo."
"La puerta del despacho está abierta, como un agujero negro deseando engullirme. Mi madre y el profesor, que charlaban animadamente, callan cuando notan mi presencia. El cuello del maestro se gira lentamente, sus ojos se posan en los míos, su bigote se arquea y su inmensa papada aún gira por la inercia. Me recuerda a uno de esos perros que ponen todo perdido de babas cuando centrifugan su cabeza. Me hace gracia la imagen y me río. Mi madre cambia el gesto y su cara se convierte en una plancha de acero. Desconecto. Durante los siguientes minutos sólo oigo palabras sueltas que ni me molesto en descifrar. Mi madre asiente con los ojos llenos de lágrimas y ya no se molesta en disimular el pómulo ennegrecido y el labio roto. Suplica. Él se expande tanto que llena la habitación con su presencia miserable, cruza los dedos y mira al techo. En sus labios se dibuja un no."
"Mi madre llora mientras su mano atenaza la mía y me lleva casi a rastras por el pasillo. De vuelta al mundo real. Sé que me odia, sé que me mataría con sus propias manos. Y sé que no volveré a pisar una escuela en la vida. La herida en la ceja se abre de forma espontánea y un hilillo de sangre llega hasta mis labios. Sabe a metal."
[fracaso]

"Han pasado diecisiete años desde que nací y, por fin, he podido sentirme como si estuviera aún en el útero de mi madre. Drogas, paraísos, infiernos. Los cinco Jinetes del Apocalipsis se están cenando a los doce apóstoles. Sufro espasmos, mis extremidades tienen vida propia. Hace demasiado calor. Apoyé la espalda en una pared sin mirar y eso me pone nervioso. Podría haber cualquier cosa en aquella pared, incluso un puñal que se haya clavado en mi espalda. No me importa. Huele a orín y a aceite recauchutado, se oyen ambulancias a lo lejos y los gruñidos de algún sin techo. El infierno no puede ser muy distinto... ni el cielo. Le digo a mi cerebro que mueva las piernas y que las coordine con los brazos para sacarme de este agujero. Me incorporo, me caigo, me río. Un vagabundo con pinta de pordiosero intenta ayudarme, debo parecer un deshecho humano, o tan sólo un yonki desfasado. Me apoyo en su brazo y acabo levantándome. No le doy las gracias y me alejo tambaleándome. A lo lejos, me gruñe."
"He vuelto al bar donde están mis amigos. Noto sus miradas de reprobación mientras intento disimular que no estoy en ese bar, sino en el útero de mi madre en posición fetal. Intento besarla y tropiezo, le he tirado su bebida por encima y ella se ha puesto hecha una furia. Dice cosas que no entiendo, grita y me ataca con una lluvia de saliva. Si fuera capaz de recordar sabría si alguna vez la había visto así. No quiere saber nada de mí, me deja de forma unilateral y quiere que me pudra en el averno. Tú te lo pierdes, ahora sí que no pienso enseñarte a volar. Le saco la lengua y ella empieza a llorar. Pienso que quizá no la vuelva a ver pero, en ese momento, no es ninguna tragedia. Yo sé volar, puedo irme lejos... muy lejos."
[desidia]

"Un cuarto de siglo, se dice pronto. El trabajo en la fábrica es todo a lo que pude aspirar. Todos los días veo a hombres trajeados reptando por las calles y sé que ellos ocupan una parte del mundo cuya entrada me está vetada. No pertenezco a su club social, no tengo nada en común con ellos. Oigo una voz autoritaria y algo que suena como mi nombre. Vuelvo a ser un autómata, a trabajar con una máquina que me maneja como una marioneta durante diez horas al día."
"El despacho del capataz huele a puros y a alcohol adulterado. Una calva reluciente descansa sobre un cuerpo amorfo que, a su vez, está encajado en un sillón de piel. El ordenador, que lleva apagado más de diez años, es un adorno más de la estancia. Simula estar haciendo algo muy importante sólo por el gusto de tenerme esperando de pie, tanto ritual para un simple despido. Quizá haberle agredido no fue la solución, nunca fui un experto en tomar decisiones."
"Mañana ya me preocuparé."
[furia]

"Tres décadas. No puedo mantener los ojos abiertos. Mis manos sujetan tan fuerte el volante que mis dedos se han quedado sin circulación. El coche da ligeros bandazos en la carretera cada instante que mis ojos permanecen cerrados. Los abro y corrijo la posición, nada que no se pueda controlar. La calzada que va del infinito a ninguna parte serpentea en el corazón de un bosque quemado. Debo ser la única persona en kilómetros a la redonda. Intento recordar la sucesión de acontecimientos que me han llevado a estar en esta situación tan precaria pero sólo logro atraer vagas imágenes de una película sin argumento. Una pareja discutiendo. El rostro de furia de aquel hombre, las venas que se hinchaban en su cuello. El sonido seco que había provocado la cabeza de aquella mujer al golpearse contra el suelo, como el de una nuez partida en mil pedazos. El grito visceral que salió de mis entrañas y otro sonido de fruto seco resquebrajado. Un chorro de sangre a presión y unos gritos que sólo podían augurar muerte. El pulso apenas perceptible de aquella mujer inconsciente y mi mano ensangrentada retirando el cabello de su cara. La tos seca del motor de mi viejo coche y los gorgeos de felicidad de un motor en funcionamiento. Después, kilómetros y más kilómetros."
"Me rindo, no puedo luchar contra unos ojos que no quieren abrirse. Me abandono a mi suerte y cierro el telón. Noto el mismo vacío en el estómago que noté cuando tenía diecisiete años, el día que aprendí a volar. Siento el mismo miedo que experimenté con cinco años mientras esperaba que el monstruo del armario me devorara. Al final, antes de que el coche terminara de caer por el barranco, me sentí tan eufórico como el día que estampé mis nudillos en la nariz del capataz. Mi viejo y maldito profesor no habría sido capaz de imaginar un mejor final. Después todo fue oscuridad."
[desenlace]

Dos palmadas.
¬ Despierta.
¬ ¿Ha conseguido algo? Yo sigo sin recordar... en fin, lo que se supone que debería recordar.
Ella cruzó las piernas mientras apartaba la vista de sus notas.
¬ No, ha sido una sesión infructuosa. Tendremos que seguir la semana que viene -su voz sonaba profesional, sin ningún sentimiento patente.
Él se puso la chaqueta y se apresuró a marcharse.
¬ Hasta la semana que viene pues.
¬ Hasta el martes.
Cuando él hubo salido ella se apresuró a garabatear una frase en su cuaderno de notas: miedo endémico.

Y después lloró.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio a las 10:16 PM | Comentarios (7) | Enlace Permanente

Enero 11, 2006

El instante recurrente

A mis pies se amontona una montaña de papeles arrugados que alcanza proporciones kilométricas. Listas de propósitos para el año que acaba de empezar, ristras de mentiras que el carnicero cortó a desgana, restos putrefactos de intenciones más que dudosas.
Los deshechos de mi fuerza de voluntad...
[nula]
No han pasado ni diez días y ya, sin quererlo, he incumplido uno de los propósitos apócrifos de este año con rima rebuscada: devolver la vida a mi bitácora. Un weblog que se ha convertido en un Lázaro y que necesita que alguien le diga unas palabras...
¬ Levántate y anda.
Empecé a escribir este post cuando el año pasado aún agonizaba...
[se acababa la rima]
... y lo abandoné como un dueño desaprensivo deja tirado a su perro: en una cuneta. Las ideas que me rondaban por la cabeza aquel día (y que se esfumaron, si cabe, antes de llegar) caducaron con la duodécima uva. De cualquier forma ahora no serían más que los garabatos de un niño sobre papel mojado.
Hace tiempo que dejé de plantearme una lista de propósitos, he vivido lo bastante poco para saber que no sirven de nada. Y total, ¿para qué? ¿Cambia mucho las cosas el transcurso de un instante? El mero hecho de pasar una página en el calendario no hará que los cimientos de mi vida se tambaleen.
[i believe i can see the future...]
Sigo siendo yo, para bien o para mal.
[...'cause I repeat the same routine]
Pero, a pesar de saber suponer que el paso del tiempo no es más que la imagen de una ecuación recurrente (dogmas de andar por casa), no dejo de marcarme objetivos en mi infinita ingenuidad. Casi siempre los mismos:
¤ Encontrar mi media naranja (o la naranja entera)...
[set mode disney ON]
...esa persona que, según dicen, permanecerá junto a mi hasta que uno de los dos, el menos afortunado, se convierta en polvo...
[set mode disney OFF]
... o consume el mismo en una ruptura unilateral del contrato de enamoramiento. Y, lo que es más importante, que no sea la media naranja de otr@.
¤ No olvidar a l@s que se fueron porque, en cierta forma, lo que dejamos en este mundo es reflejo de lo que alguna vez fuimos. Recordar a los que completaron el ciclo y a los que se marcharon antes de tiempo.
Y, en general, dar el giro de ciento ochenta grados a mi vida que tanto tiempo llevaba aplazando.

¿Propósitos? Quién dijo miedo...

by milio a las 06:57 PM | Comentarios (4) | Enlace Permanente