Octubre 18, 2006
Encabronado
Llovía en Madrid cuando he abierto los ojos sobresaltado por un despertador asesino que, más que espabilarme, me asusta. Hubo un tiempo en que usaba despertadores normales, hubo un tiempo en que los oía... Mi cerebro aprendió a evitarlos incorporando su rítmico tintineo en mis sueños, como un realizador experto. Ninguna alarma resonó en mi cabeza avisándome de que hoy no debía haber salido de la cama.
Como todos los días de lluvia, Madrid es un caos. Líneas de metro que se inundan por problemas siempre ajenos a la compañía (los nubarrones no están en nómina), autobuses que retroceden a los tiempos del carruaje, guerra de guerrillas por un asiento y, en los semáforos, tácticas agresivas contra oídos aún dormidos.
[bloody morning]
No, el día no empezaba nada bien.
Tras la actividad febril aderezada con piezas de somnolencia en la oficina, llega la hora de marcharse hacia la eterna universidad. Y en el metro llega el colofón del día, la gota que colma un vaso que rebosa agua turbia.
Una estación antes de mi destino noto que alguien está hurgando en mi mochila y, justo en ese momento, se abren las puertas. Tras comprobar que no tengo el móvil donde debería estar salgo tras el presunto ladrón. Una mano en su hombro...
¬ ¡Eh, tú, tienes mi móvil! - ahora soy Chuck Norris.
El chico me mira con una cara que, en ese momento, me pareció la de un pez.
¬ ¿Yo? No tengo nada...
[glu, glu]
Siguiendo un impulso desconocido hasta entonces le digo que abra su mochila y él, sorprendentemente, obedece. Me enseña la mochila mientras voy solicitando que abra todos y cada uno de los departamentos. Me fijo de que no tiene nada en los bolsillos y, resignado, me doy por vencido. Él abre sus branquias, expulsa unas pompitas y se va. Mi conciencia carraspea y acabo pidiéndole disculpas.
¬ Bueno... lo siento - ahora soy el Mesías poniendo la otra mejilla.
Agito la cabeza como los perros, confuso y cabreado. Ya no sé si el chico al que he intimidado es una especie de mago-mentalista capaz de ocultar un móvil en menos de un segundo o si el verdadero cabrón ladrón, sonriente, está ya a varias estaciones de distancia.
Resignado, sigo mi camino esperando que mi móvil esté en la oficina, que me lo haya dejado olvidado o que se haya teleportado instantáneamente al notar una mano desconocida.
En la facultad llamo a la oficina desde una cabina y Telefónica (cualquier parecido con el nombre de una compañía real es mera coincidencia) decide cobrarme el impuesto revolucionario. Al segundo intento consigo hablar con un compañero que me confirma que mi móvil no está allí.
[móvil--]
Ahora sólo me queda esperar que no me pase algo aún peor para culminar este día nefasto. Algo como una combustión espontánea que me consuma o una grieta aleatoria que me envíe al centro de la tierra.
[con Julio Verne]
Es el segundo móvil que pierdo o me roban en un año, ¿conseguiré batir el Guiness?
[soy capaz]
Technology victim
Octubre 04, 2006
Tú
Si me dejaras podría enseñarte a volar.
Lo que no han conseguido tantos siglos de evolución al alcance de un sólo pensamiento. Una chispa que se origina en la mente y que ordena al alma que se eleve.
[muy alto]
Pero tú, unas veces tan lejos y otras tan cerca, no puedes ni imaginarlo. Así es mi vida: una enorme contradicción.
Por momentos te veo como un espejismo que mis manos atraviesan mientras te esfumas en una nube de humo, vapor que produce el fracaso cuando se convierte en un gas pestilente.
Otras, sin embargo, eres tan real que el más leve contacto de mis dedos con tu piel hace que me estremezca. Tantas sensaciones, demasiadas imágenes de recuerdos que nunca viví, improvisados por mi mente. Mi imaginación crea un mundo donde los planetas giran alrededor de tu cintura, donde el Sol sale cada día y la Luna nunca duerme.
[un mundo mejor]
Las dudas me asaltan y sólo puedo imaginarme un futuro tejido con frases condicionales. Un urdimbre tan frágil que no puede sostener el peso de uno sólo de mis sueños. Preguntas sin respuesta, respuestas sin sentido.
En cada lado de la balanza coloco pros y contras, sueños y derrotas, miedos y esperanzas. Ingredientes, todos ellos, de un brebaje rancio de aspecto colorista: una poción de incertidumbre.
Me pregunto cómo sería mi vida a tu lado, ya sé muy bien cómo lo es sin ti...
[en escala de grises]
Quizá debería realizar mis sueños y no preocuparme por las pequeñas derrotas, vencer mis miedos y consolidar mis esperanzas. Despejar los pros y los contras de esta ecuación recurrente y apuntar el resultado donde pueda verlo cada día al despertarme.
Quizá debería dejar que me enseñaras a volar.
[a tu vera]
Yo, me, mí, conmigo





