Noviembre 04, 2006

Escapar

El motor del coche ronroneaba suavemente, cómodo en aquella carretera a la que el calificativo secundaria se le quedaba grande. La ventana engullía el aire acallando todo sonido procedente del mundo exterior.
El estruendo estaba dentro. Como un volcán, creía tener el pecho abierto en canal y que de él manaban torrentes de un líquido viscoso que debía ser parte de su alma podrida. En su interior ya no quedaba nada que salvar de aquella debacle, todo el odio y el orgullo que albergaba estaba ahora mismo hirviendo en el mismísimo infierno. Todo debía volver a su lugar de procedencia.
Hechos, palabras, imágenes que se sucederían como flashes en la mente de una persona con un mínimo de conciencia. Pero ese no era su caso. Los remordimientos quedaron atrás, las consecuencias se dibujaron antes que las causas y los daños colaterales, cuantiosos, debían haber explotado como bombas de racimo.
[lejos]
El ser humano necesita creer que las cosas tienen una explicación, que todo lo que ocurre tiene una causa y que, en algún momento, será la chispa que desencadene otros acontecimientos. Podía haberse remontado a su tierna infancia si no hubiera decidido un mal día que aquellos recuerdos debían ser borrados de su vida. Quizá porque fueran dolorosos o, simplemente, porque no debían aparecer en una biografía que nunca nadie se molestaría en escribir. Otra historia más para satisfacer la curiosidad morbosa de individuos vacíos. Aquellos que necesitan ponerse en lugar de unos pocos desviados para experimentar lo que nunca se atreverían a confesar.
[malicia]
Personas anónimas que se imaginaban empuñando cuchillos que estuvieron en otras manos, apretando botones rojos que sólo aparecen en sus pesadillas, encarnando el papel de monstruos. Después, pasada la catarsis, podían tomarse una taza de café o irse a dormir con la conciencia tranquila.
[sin remordimientos]
Podía buscar una explicación, considerarse un mártir y pensar que su mal era por el bien de muchos. De nada serviría.
Gotas minúsculas empezaban a caer sobre el asfalto. A ambos lados de la carretera se dibujaban árboles borrosos formando una estampa otoñal propia de una postal barata. La radio, ignorada completamente, protestaba con un soniquete monocorde y rancio, plagado de interferencias.
¿Cómo escapar de la vida? Podía construirse una artificial, imaginarse como un tipo con suerte que llevaba una vida rutinaria de la que estaba muy orgulloso. Una bonita mujer y quizá algún descendiente. Ellos cantarían las canciones que cantan las familias felices en los utilitarios de serie. Sonríe con complicidad y de su boca sólo salen palabras de amor. La vida perfecta del ciudadano medio imaginario. Cinco días de trabajo y dos de descanso, vacaciones en verano y algún día suelto. Regalos en los cumpleaños, reuniones con viejos amigos para recordar tiempos vetustos. Alguna cana y pequeños síntomas de alopecia, quizá una figura un tanto descuidada. Incluso puede que alguna amante para vivir una mentira que sirviera para evadirse de la verdad.
[doble vida]
Hasta ahí la curva ascendente en el gráfico de la felicidad. Un despido, un divorcio, quizá la muerte de un ser querido. Cuesta abajo y sin frenos. No era capaz de imaginar finales felices. Se había demostrado a sí mismo que no hay forma de escapar de la vida. Escupió por la ventana y se maldijo otra vez. A estas alturas el volcán que se alimentaba de sus entrañas se había quedado casi sin sustento.
¬ Esto debe ser lo que se siente al morirse.
Sí, sólo había una forma de escapar de la vida y era buscar la muerte. Como el que toma una decisión trivial, el que elige vainilla en lugar de fresa en una heladería cualquiera, supo que las cartas estaban sobra la mesa. Omitió una curva cerrada y dejó que su coche hiciera algo para lo que no había sido concebido.
[volar]
Se dio cuenta de que aún era capaz de sentir cuando el coche se estrelló contra un árbol que nunca debió estar ahí, contra toda lógica en medio de la ladera. Vueltas de campana, cristales rotos, huesos hechos pedazos y oscuridad. Aquel maldito árbol había amortiguado la caída.
Captó el eco del valle antes de caer inconsciente. El eco de las sirenas y su propia risa burbujeante.
La vida, al final, no le había dejado escapar.

¬ Señor, le hemos cogido. El pobre diablo se ha estrellado al fondo de un pequeño precipicio.
[chasquido]
Las palabras volaban en forma de ondas. Al cabo de unos segundos se escuchó la respuesta.
¬ Un final feliz. La ambulancia está en camino, y la prensa. Dales la historia que han ido a buscar y vete a casa.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio a las 01:36 AM | Comentarios (3) | Enlace Permanente