Diciembre 31, 2006
Etiqueta Verde
No es la primera vez que se me caía una botella, ni iba a ser la última. Llevaba una caja de Jonnie Walker Green Label (15 años, 38 euros) en la mano y, en la otra, una de Black Label. Caminaba por los pasillos del supermercado del Corte Inglés ajeno a la broma que me iba a gastar alguno de mis fantasmas. Escuché un pequeño crujido y, sin tiempo de reacción, solo pude seguir la trayectoria de la botella hacia el suelo. Un vuelo de un metro. Juraría que la botella se desintegró antes de tocar el suelo.
Durante un segundo todos los músculos de mi cuerpo de detuvieron, la caja vacía en mi mano, mi bota manchada de whisky (la prueba incriminatoria), expresión de estupidez y un charquito de alcohol añejo a mis pies.
El tiempo de detuvo y, por un instante, la gente que recorría los pasillos clavó la mirada en la escena. Incluso vi a más de uno asomar la cabeza por alguna esquina.
Mis músculos se pusieron otra vez en funcionamiento y comenzó el mecanismo de evasión: no pensaba pagar esa botella. Silbé como en las películas, dejé la caja vacía junto a los yogures ricos en fibra y me alejé de la escena del crimen aparentando normalidad. Una amiga que me acompañadaba me siguió sin parar de reírse.
[se cierra el telón]
Pude reponer la botella sin problemas y salir de allí con más pena que gloria y una anécdota para contar sobre mi legendaria torpeza.
Reviso la película de mi último año, desde hoy hasta el uno de enero para hacer un balance. Me coloco mi gorra de hacer cuentas (que es como las que llevan los contables de los mafiosos) y voy apuntando todo lo que recuerdo, con su signo correspondiente. Después rompo el papel en mil pezados y cojo uno al azar, los demás los tiro a la basura.
La mano inocente ha sacado un espacio en blanco, este año los balances quedan para la imaginación.
[como siempre]
Citas anuales





