Abril 14, 2004

Tiranía de etiqueta

El traje, descansando en su percha, me mira con gesto insolente.
[e indolente]
En su naturaleza inerte, su categoría de cosa, no podía expresar nada más que indiferencia. Pero yo, movido por el odio irracional que le profeso, le veo como una artefacto infernal que me martiriza a cada momento.
La chaqueta usa sus solapas para ensayar una sonrisa grotesca, la corbata se me asemeja a una horca que me asfixia sin descanso y los zapatos son como dos pequeños caimanes hambrientos que devoran mis pies en cada paso que doy. Ayer ya acabé con heridas en los pies de los dichosos zapatos y hoy los miraba aterrorizado mientras mis pies descalzos se reunían en una asamblea extraordinaria para estudiar si me ponían una moción de censura. Finalmente me puse los zapatos y ensayé unos pasos por el pasillo.
[calvario]
Parecía un gigante de una atracción de feria, incapaz de articular las rodillas correctamente, viviendo una vida de rozaduras y fricciones innecesarias. Me he tenido que resignar porque el traje y las zapatillas no le quedaban bien ni a Emilio Aragón (aunque él se empeñara).
Estoy seguro de que la gente me miraba de forma extraña cuando me veían por la calle. Con esa sensación que tenemos cuando miramos algo raro pero no sabemos ubicar el rasco que nos resulta extraño. Me arrastraba por las calles tirando de la mochila con el portátil como si fuera un cuerpo inerte que tengo que hacer desaparecer de la escena del crimen.
Cumpliendo esa regla no escrita que postula que todas las fatalidades tienden a agruparse el mismo día atraídas por un epicentro común, mi móvil ha continuado en estado catatónico durante todo el día, como era de esperar (gentileza de Amena y Vodafone).
Curiosamente, si alguien ve a un tipo trajeado dándole golpes a una cabina e implorando a alguna deidad desconocida mientras descarga su furia, pensará automáticamente que ese-buen-hombre tendrá algún motivo lícito para golpear la cabina. Sin embargo, si hubiera ido vestido de paisano, los transeúntes habrían pensado que intentaba sacar el dinero de la caja o que estaba trucando la cabina.
[hábito y monje, condenados a entenderse]
Al llegar a casa me he quitado el traje a le velocidad de una interrupción y lo he dejado cuidadosamente en su percha al mismo tiempo que tiraba las pocas fuerzas que me quedaban en la papelera más cercana.
Pero el traje nunca se da por vencido, sabe que mañana tendrá otra oportunidad de hacerme la vida imposible.
[y disfrutar como un enano]
Yo, por mi parte, seré feliz el día en que todos (incluyéndome a mí) miremos de la misma forma a un individuo trajeado que a uno que no lo está. El día en que no agarremos con más fuerza la mochila cuando veamos que una persona harapienta se acerca. En el momento en que no nos asustemos porque alguien que nació al sur del estrecho deje su macuto en el suelo mientras espera el cercanías.
[el día que enterremos unos cuantos tópicos]

by milio a las 11:54 PM | Comments (5) | Enlace Permanente

Junio 26, 2003

Back to the start

Marisol decía que la vida es una tómbola. Para mí la vida es un un recorrido cíclico donde la línea del destino se pierde en infinitos bucles más o menos consecutivos. Etapas que se cierran, circunstancias que desaparecen para dar paso al comienzo de otro período. Y, todo esto, repetido hasta la saciedad, hasta el mismo día en que morimos.
[la condición de ruptura del bucle]
Si el lunes cerré la carpeta que contenía los apuntes sobre los tres últimos meses de mi vida, mañana tendré que comprar un nuevo archivador. Después de unas microvacaciones de dos días, vuelvo al trabajo en un sector que a veces me da la vida y otras tantas me la quita. Pero un día me casé con un bit y tuve que dar el . En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. Tengo muchas ganas de demostrarme cosas nuevas a mí mismo, seguir aprendiendo hasta el infinito y nunca estancarme en una posición.
Amig@s, me quiero comer el mundo.
[quién no?]
La corbata se quedará en el armario, dejándose vencer con gracia por la gravedad, descansando en su percha, esperando el momento de salir. La chaqueta cambiará el perchero de una funesta oficina por un lugar privilegiado en el fondo del armario, lejos de lenguas asesinas, apartada de conspiraciones ardientes. En este nuevo trabajo no tengo por qué aparentar por fuera, valoran más lo que puedan demostrar mis dedos volando sobre un teclado.
Dios en mi mundo particular, inventando piezas que a su vez componen otras piezas, relacionando todas ellas para formar un todo. Ceros y unos, palabras al fin y al cabo. Programar es como escribir un libro.
Ya he puesto a cero el contador, ¿cuántos kilómetros haré en esta nueva autopista?. Iré hasta donde me lleve el viento: una corriente de ilusión. La veleta marca el punto cardinal del optimismo, los malos humos quedaron atrás.
[y el viento corre en su contra]

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by milio a las 02:11 PM | Enlace Permanente

Junio 23, 2003

Satisfaction

Aparentaba más años de los que en realidad tenía. Su pelo reflejaba la luz igual que lo haría el más puro marfil. Sus rasgos habían sido esculpidos por una vida no siempre grata, pero imprevisible en cada momento. Los pliegues de su rostro decían más que mil imagenes, la suma de un millón de palabras.
Miró a todos los presentes, uno por uno, sin olvidar una cara, sin dejar de penetrar en unos ojos. No hacía falta que dijera nada, todos comprendieron su mirada. Dijo a cada uno lo que quería escuchar y todos se adaptaron a lo que quería decir.
Él, Narrador hasta donde llegaban sus recuerdos, contando cuentos a quien quisiera escucharlos. Tenía que explicar, debían comprender. Y, sin más preambulos, comenzó.
[y el hechizo se materializó]

Yo soy el narrador y tengo una historia que contar. Hace unos días se produjo una filtración (perfectamente localizada) en el lugar en el que trabajaba y estas líneas que ahora leéis llegaron a los ojos de aquellos para quién no habían sido concebidas. No guardo rencor a nadie y menos a la persona que lo filtró porque hizo lo que pensó que debía hacer y no por eso yo soy quién para juzgarle.
¿Arrepentirse? ¿De qué servía arrepentirse? Uno debe ser consecuente con lo que hace, aceptar las causas y asumir las consecuencias.
Recibí consejos que decían que cerrara la web, que retirara todos los textos que en ella se encuentran, que condenara al olvido lo que una vez empecé con ilusión. Además, creo que en ningún momento aparece un nombre, una referencia concreta, un dato que pueda identificar unívocamente a una persona. No los hay. Como dije una vez: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Así que hoy me han despedido...
Pero, ¿quién dijo que el final tenía que ser triste? No lo es, ni mucho menos. Porque, por una vez, las cosas han salido como planeaba. Cuando empecé a ver cómo iban las cosas moví mis hilos, movilicé a mis contactos y busqué, como se busca una aguja en un pajar, una alternativa. Tenía pensado irme de la empresa antes de que me echaran pero tenía un inconveniente: no cobraría paro. Ahora tengo paro, un trabajo que me dará un par de semanas de vacaciones y una sonrisa radiante.
Y además, he aprendido dos lecciones:
¬ Nunca mires tu web en el trabajo, se puede filtrar (y comprometerte).
¬ No te creas el cuento de la gallina de los huevos de oro, suelen tener salmonelosis.

Ahora, y sólo ahora, es posible entender el post De Príncipes y Princesas en toda su plenitud.

Y, por supuesto, a este weblog le queda toda la vida que queráis darle (y tengo nuevos lectores).

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by milio a las 11:03 PM | Enlace Permanente

Junio 19, 2003

De príncipes y princesas

Caperucita Roja se encontraba, como cada mañana, en su pequeña parcela de bosque. La capucha, raída por el uso y la leyenda, le caía graciosamente sobre la frente. Los cabellos jugueteaban con el viento, pero su cara no expresaba alegría.
[ni una pizca]
El Lobo estaba haciendo la ronda, aburrido como siempre, viejo como nunca. Andaba renqueante sobre tres de sus cuatro patas, la otra dejó de funcionar hacía demasiado tiempo. Pero no había perdido sus colmillos, ni su capacidad de enrevesar las cosas. Pensaba en su jubilación porque estaba harto de perder siempre en el final de la historia. Porque la vida siempre pone a cada uno en su sitio y él, que siempre se creía vencedor, perdía una y otra vez. Condenado a un fracaso infinito y recurrente.
[desafiando]
Pero esta vez todo iba a ser diferente, esta vez no estaba sólo.
La Urraca disfrutaba del paso del tiempo sobre la rama de un árbol. Miraba complaciente todo su territorio, engañándose contínuamente con ideas de grandeza, ignorando que nunca había poseído nada. No inspiraba temor, más bien lástima. Su verdadero y oscuro poder radicaba en su lengua viperina. Capaz de engañar al más osado, convertida en una serpiente por el azar de la evolución.
[esperando]
Y pastando en la pradera, emanando tranquilidad por todos sus poros, se encontraba el Asno. Él era la clave de toda la trama, alguien del que nunca sospecharían, el bueno de todas las películas, el animal entrañable que nunca hace daño. Reducido a veces al rol del payaso en una obra mala en cualquier teatro. Sus ojos parecían llenos de bondad pero detrás ardía el fuego de la codicia.
[despistando]
Y Caperucita seguía confiada. Nunca perdía, los cuentos que habían escuchado generaciones de niños tenían que acabar bien. ¿No ganan siempre los buenos? ¿El villano no acababa siempre ridiculizado? ¿No tienen todos los cuentos un final feliz?
El Narrador deleitaba a los presentes, hartos de tantos telediarios, hastiados de tanta muerte. La pequeña taberna con aires bohemios donde se reunían todas las tardes estaba a rebosar.
[contando]
Las cosas inesperadas son las que más impresionan. Por eso, cuando el Narrador dejó de respirar y se derrumbó sobre su mesa, nadie supo que hacer. Un médico le examino y no pudo determinar la causa de la muerte. La autopsia no aclaró nada.
¬ Simplemente, dejó de respirar.
Y pasó a ser un expediente más en el cajón del olvido, alimento del polvo, condenado a vivir sin una respuesta. Un día, muchos años después de este suceso, un becario al que le encargarón limpiar todo aquello abrió el expediente por la última página y leyó en voz alta como queriendo grabar el timbre de su voz en el eco de la estancia:
¬ ... y nunca se encontró su cuaderno.

Asno seguía comiendo alfalfa, pasando totalmente desapercibido, ejecutando perfectamente su plan: esperar hasta el momento justo. Se miró el reloj de pezuña, sincronizado con los otros dos al segundo. Anduvo casualmente hacia el abrevadero y esperó.
Lobo se acercó a Caperucita consciente de que ella le esperaba. Siempre lo hacía, demasiado acostumbrada a su papel. Debía fingir sorpresa aunque los pasos de Lobo fueran torpes. Era su papel. Lobo miró su reloj, faltaban cuarenta segundos.
Urraca seguía observando el cielo, esperando el momento justo para hacer aquello para lo que había nacido: distraer. Sólo necesitarían unos segundos y todo habría acabado.
Narrador entró en el mundo de la fantasía por la puerta principal. Todo parecía normal, sólo tendría que limitarse a leer su cuaderno que, en este mundo, contenía las líneas del destino. No había una sóla respiración que no estuviera marcada por un compás escrito, ni una sola flor que se combara por la fuerza del viento sin que lo dijeran las palabras apropiadas. Ni una sola sonrisa que no estuviera planeada. Pero aquello lo había hecho tantas veces... Siempre el mismo cuento, siempre la misma historia. Los personajes podían actuar solos, ellos no sabían que un cuaderno regía sus vidas.
[así es como debía ser]
Todo fue tan rápido... Urraca se desprendió de su rama sin gracia pero con decisión. Le engatusó con sus palabras, le dijo lo maravilloso que era, lo bien que contaba su historia. Mientras tanto Lobo cogía impulso para dar el salto más grande de su vida, las garras afiladas, los ojos rojos. Un rugido que llamaba a la muerte. Asno sacó la pluma estilográfica y se acercó tranquilamente, con la sonrisa del que se sabe vencedor. Sólo tenía que escribir la muerte del Narrador en la línea correspondiente.
[y no vaciló]

Así es como tres insensatos intentaron jugar con su destino y, al final, perdieron. Pero eso, como decía Conan, es otra historia.

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by milio a las 11:19 PM | Enlace Permanente

Junio 18, 2003

Complot

Si no fuera porque aún conservo algo de mi escasa lucidez pensaría que los astros se han alineado, pero con el planeta del vecino en lugar de con el mío. Hoy todo parecía encajar en un puzzle sin sentido.
Me he despertado más o menos en la franja horaria de siempre, he tardado el mismo tiempo en salir de casa, todo parecía indicar que iba a ser un día normal...
[pobre infeliz]
Salgo de casa cargando en el yunque portátil y la bolsa de la comida. Miro hacia la parada de autobús esperando que mi oído funcione como el de los indios de las películas del oeste, que detecte el autobús antes de que aparezca. Me fío de mi oído: no viene. Cruzo un puente para coger el del otro sentido y, cuando estoy arriba, llegan los dos. En ese momento aparece la impotencia, vestida de negro y con sus ojeras.
¬ Creo que como no te tires, no lo coges.
Y al llegar al metro, otro problema: la línea diez no funciona bien y los trenes se retrasan. Además, el cuchillo acaba de atravesar la bolsa de la comida y amenaza peligrosamente a los transeuntes.
[vaya, mi día de suerte]
Así que por este cúmulo de sucedidos llego tarde al trabajo. Entro por la puerta y mi jefe se ha convertido en un perro, a punto de ladrarme cualquier incoherencia.
Hace unos días nos reunió para pedirnos obligarnos a llevar la chaqueta del traje, por cuestiones de imagen (debe ser que se nos ve mejor si llevamos la chaqueta puesta). Desde ese momento supe lo que tenía que hacer: llevar la chaqueta un día y dejarla todo el verano colgada en el perchero.
Así que, después de solarme una retahila de palabras que a los cinco minutos he olvidado, me ha dicho:
¬ ¿Y la chaqueta?
[desafío]
¬ En el perchero... desde ayer.
[y hasta septiembre]
Por un momento pareció que iba a contestar, pero las neuronas encargadas de llevar a cabo tan colosal esfuerzo no han conseguido conectar a tiempo, y en su cara ha aparecido una expresión de estupidez.
Pero la cosa no acababa ahí. Mientras comía, el otro jefe-dueño-capitalista-patriarca-cacique-dictador me ha llamado. Estaba plantado delante de mi mesa con una mueca de satisfacción puesta ahí por error.
¬ ¿Has visto cómo tienes la mesa? Esto no es imagen joder...
[efectivamente, es una mesa]
¬ ... una bolsa aquí encima, una caja, dos revistas... El Jueves?!, Un libro!, Papeles! Y miles de vasos.
Le miro mientras intento digerir el último bocado de filete, con los ojos como un personaje de cualquier manga japonés y activo el mecanismo de evasión a la hora de comer para librarme de él.
Miro por última vez la mesa y pienso que aquello no se puede colocar de otra forma si uno no tiene ni un mísero cajón. Y llego a la conclusión de que aquel personajillo se aburre mucho (y trabaja menos).

Y al salir, otra sorpresa. La bolsa donde llevaba la comida (de papel) se ha rajado. No tengo más bolsas y no me apetece lucir los restos de la comida como si de una obra de Arco se tratara ("La desnudez del tupperware" sería un buen título). Así que he reconstruido, con ayuda del celofán, la maltrecha bolsa.
¬ Pereces un kosovar joder.
Es lo único que ha acertado a decir el mismo que unas horas antes reflexionaba sobre mi mesa. Es entonces cuando uno piensa que la vida es muy injusta y que la inteligencia está muy mal repartida (tanto que a algunos no les tocó nada el día del reparto).

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by milio a las 12:06 AM | Enlace Permanente

Junio 16, 2003

Día tonto

Días hay de muchos tipos, pero los mejores son los días tontos. Aquellos en los que te ríes de todo y de todos, del mundo en general y de nada en particular. Nieve o haga sol, trabajes o descanses, duermas o despiertes. Da igual. Amigos, los días tontos son una bendición.
Por eso, cuando me he enterado que me iban a cambiar las vacaciones, me lo he tomado con filosofía. La risa es el mejor instrumento.
¬ ¿Cuándo tienes las vacaciones?
¬ Julio.
[mosca detrás de la oreja]
¬ ¿Has reservado algo?
[al grano]
¬ No.
[eres completamente estúpido]
Y ahí acaba la conversación. Y comienzan las maquinaciones. A partir de ese momento se abren las apuestas. Hay hasta quien apuesta su dinero a que no me van a dar vacaciones.
Das vueltas a las cosas, lo que está al derecho lo pones al revés, lo que estaba mal pasa a un estado incierto. Las variables son incógnitas y los números no significan nada.
La sonrisa imperecedera, sacas punta a todo. Despiadado en la conversación, aprovechando cualquier resquicio. ¿Por qué no reírse de un mundo que más de una vez se ha reído de ti?
[donde las dan las toman]
Sales del metro demasiado tarde, ni siquiera el Sol tuvo la delicadeza de esperarte, aunque sólo fuera para despedirse. En una mano el portátil (que debe ser de plomo) y en la otra el paquete de tabaco (quizá para equilibrar pesos). Tropiezas donde siempre, y pierdes el equilibrio. En sólo unas décimas de segundo consigues adelantar un pie, y luego otro, y después el primero... a una velocidad de vértigo. Precipitadamente y sin equilibrio consigues subir las escaleras, los zapatos (de suela dura, que suenan casi como unos de claquet) parecen tambores. La gente te mira como si fueras un jumbo a punto de realizar un aterrizaje forzoso. Pero, al final, remontas el vuelo.
Una chica te dice:
¬ Vaya, al final no te has caído.
Podría decir casi que en su voz había un matiz de resignación ante una anécdota perdida antes de culminarse. Hoy no podrá contar como un imbécil con corbata se ha roto los dientes en las escaleras del metro.

Y como hoy tengo el día tonto, me ha dado por leer gilipolleces. En serio, ¿alguien se cree qué ésto ha podido pasar en realidad? Debe ser una broma como lo del horóscopo (que, por cierto, afectó a mi signo).

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by milio a las 11:58 PM | Enlace Permanente

Junio 13, 2003

Me casé con un bit

No sé cómo empezó el amor. No sé si yo la encontré primero (es una mujer) o ella fue quién me buscó. Yo miraba aquella pantalla con los ojos como platos, las luces reflejándose en mi cara, mis ojos devolviendo el brillo. Fue idílico. Aunque mi primera experiencia fue infructuosa, amor primerizo con un pobre Spectrum (negro como la muerte, lento como la agonía), excusa para justificar la compra de una enciclopedia.
[convertida en alimento del polvo]
Vinieron los tiempos de crisis que siempre sobreviene en toda relación. Se volvió vaga e insolente, ya no leía las cintas con aquellos maravillosos juegos. Sólo se quejaba con sus estridentes sonidos. Y un fatídico día, depués de copiar unas ochocientas líneas de un programa de ejemplo, aquello no funcionó. Y rompimos...
El resto de la historia, hasta estos días, es una serie de enamoramientos y desengaños. Y ahora me planteo si he escogido bien la profesión...
[si debo desechar mis ilusiones]
... pero pienso al instante que, más bien, me he equivocado de empresa.
Ayer, cuando salí del trabajo (tras una reunión en la que no pintaba nada, aunque más que algunos de los que allí estaban) el reloj marcaba las once y el medidor de energías estaba en números rojos. Los párpados me pesaban demasiado, las piernas no respondían y las palabras formaban combinaciones incoherentes en mi cabeza.
Un compañero me acercó a casa. Establecimos un trato no escrito donde él ponía el trasporte y yo le servía de escudo frente a su mujer. Al menos, mientras durara el trayecto, ella no la tomaría con él.
[o al menos eso pensábamos]
Al llegar a casa quería escribir algo, quería evadirme durante unos minutos y saber que mi vida consistía en algo más que aporrear un teclado...
[con mayor o menor fortuna]
... pero no me sentí capaz. Desempolvé el manual de "Cómo escribir un post" y busqué en el capítulo nueve: "Qué hacer cuando usted está cansado y no puede ni teclear". El capítulo contenía una única palabra: Acuéstese.
Acostarse, dormir, sumergirse en el mundo de los sueños, conversar con una almohada que ya no me aguanta (ha pedido el divorcio), apagar las máquinas esperando a que el despertador active el Wake Up On Lan...
Entonces pienso... o lo intento, porque los engranajes de mi maltrecha mente necesitan una puesta a punto.
~ Sales de casa a las ocho y pico: cara desechable, ojos vidriosos, gestos torpes...
~ Llegas a la oficina: sin aire acondicionado, animales en lugar de jefes, una ración de agobio cuidadosamente depositada sobre tu teclado (la dosis diaria de vitaminas), relojes trucados para que cuenten un segundo de cada dos, barreras invisibles que se abren una hora después de la salida, comida fría (porque no hay microondas).
~ Sales de la oficina a una hora indeterminada: salir tarde es una costumbre, trabajo que se acumula, agujetas neuronales, la mosca del sueño (cojonera por añadirura) que te sigue a todas partes, un mundo que te comerías si tuvieras fuerzas, el metro convertido en un féretro de metal.
~ Y en casa: las mismas caras, el mismo ambiente, el reloj aquejado de eyaculación precoz, la cama ninfómana que siempre pide más, la bombilla fundida (que deberías haber cambiado hace cuatro días), la televisión escupiendo basura (y su mal olor propagándose por toda la casa) y una noche que no podrás vivir porque mañana sonará el toque de corneta a la misma hora, en la misma situación. Y la voz de la operadora que te dice que el número marcado no existe porque siempre marcas el cero antes (como en la oficina).
[alguna vez he llamado a la policía por equivocación] *
¿Qué hacer? La impotencia crece, los ojos se nublan. Cada semana es más larga que la anterior pero más corta que la siguiente. Cada fin de semana es más efímero. La línea de la vida alterada como el curso de un río que alguién modificó sin pensar las consecuencias.
Creo que dentro de poco voy a provocar una inundación. Tengo que dar la vuelta a las cosas. Definitivamente, esto no puede seguir así.
[el amor se convierte en costumbre].

cita


* El número de la policía en Madrid es 091.

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by milio a las 10:40 PM | Enlace Permanente

Junio 10, 2003

Descenso a los infiernos

Las neuronas se duermen. La actividad cerebral desciende en picado. Los pensamientos atascados en la autopista del delirio. La vista se nubla y la realidad adquiere un tinte oscuro. Las letras bailan en la pantalla y los números no quieren cuadrar. Todo da vueltas a mi alrededor. Las voces suenan pastosas, la cabeza parece no estar en su sitio.
Hace demasiado calor.
Mientras en su despacho, el jefe descansa sus reales posaderas bajo un aparato de aire acondicionado, los programadores (currantes binarios) nos cocemos al baño maría. Casi no podemos ver el fondo de la habitación, el vapor casi invisible asciende del suelo como lo haría en una carretera perdida que atraviese cualquier desierto.
Y, al fondo, una voz en off que dice:
¬ Mañana ponemos el aire acondicionado.
[los cojones]
Cuentan las malas lenguas que esas palabras retumban entre aquellas desdichadas paredes desde que el mundo es mundo. La voz del profeta, la palabra de dios condenada al eco perpetuo. Palabras que ya no dicen nada, monumentos de una época imperecedera y a la vez remota. Pasarán mil años y seguirán profetizando mentiras.
Salgo aturdido del trabajo, huyendo de un infierno para entrar en otro peor. Pero esta vez la fuente de calor soy yo. En mi casa se urdía un complot, una conspiración secreta a mis espaldas. Me la iban a jugar.
Hace un año o así, mi padre me dijo que cuando se comprara otro coche me vendería el suyo muy barato. Así he pasado un año, regodeándome en mi ingenuidad, hasta que me han pegado el batacazo.
[como siempre]
He llegado al salón de mi casa (que tan poco piso):
¬ ... lo gestionamos como cesión?
Y yo, ingénuo de mí, pregunto:
¬ ¿De qué habláis?
[con la mosca detrás de la oreja]
¬ De nada.
Obvio. Es lo más normal que dos personas hablen de nada. Pero yo he insistido:
¬ ¿Cómo que de nada?
¬ Papá me va a vender el coche.
[touché]
Y es en ese momento cuando te ves inmortalizado en el monumento a la estupidez. El pito del sereno era una autoridad comparada conmigo. Mi hermana y mi padre convertidos en agentes de la Cía, conspirando en el anonimato. Y yo, mientras tanto, convertido en una estatua de sal. Pero aún quedaba más. Ante mis protestas han descubierto el resto del plan:
¬ Papá se ha comprado un coche y se lo traen la semana que viene.
[surrealista]
Y lo mejor es que mi padre se ríe. No sé qué cojones le hace gracia. Mi padre, que no se había reído desde la última vez que el Madrid ganó la copa de Europa. Mi padre, que tendrá mañana agujetas por obligar a su cara a gesticular tal expresión.
Estoy muy cabreado.
[y me siento como un completo imbécil]
Corto y cambio.

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by milio a las 12:04 AM | Enlace Permanente

Junio 02, 2003

Tres tristes triggers

// o cómo montar un clúster sin tener ni puta idea... //

Mi jefe debe ser la reencarnación de un emperador romano. Con su pulgar siempre listo para condenar al sufrido prisionero a ser devorado luchar contra las bestias. El don de la contradicción, capaz de enconmendar dos tareas completamente imprescindibles para el mismo día, pensando que, cual mago ilusionista, sacaré la paloma de la chistera y solucionaré todos sus problemas...
[pues no soy mago]
Primero dice:
¬ La migración tiene prioridad absoluta.
Para después decir:
¬ Dale prioridad máxima al montaje del clúster.
[¿en qué cojones quedamos?]
Entonces es cuando pensé traer los legos de mi vecino y explicarle aquello de las prioridades.
¬ Mira, si este pasa este NO puede pasar. Porque se chocarían. ¿Es fácil verdad?
¿Qué es un clúster? Sólo diré que es una máquina que vale cuatro millones de pesetas (en pesetas impone más). Complicado no es, pero entraña demasiada responsabilidad. Y yo que ni siquiera había montado un clúster de GameBoys...
Y mientras manejaba esa máquina diabólica con todo el cuidado posible reflexionaba el oscuro motivo que lleva a los fabricantes de auriculares cascos a construirlos de forma que no me duren más de tres meses. Y siempre, siempre, se rompen por el mismo sitio: donde se une el cable con la clavija. Obligándome a adoptar posturas inverosímiles para hacer que aquello se oiga...
[parece que estoy jugando al Twister]
Vivimos en un mundo perecedero, dónde los móviles están preparados para durar dos años (según algunos rumores bastante fundados)...
[promoviendo el aislamiento]
... dónde los cascos siempre se rompen por el mismo sitio...
[siempre en la mejor canción]
... y dónde el único boli fiable es el bic de toda la vida.
[los demás se gastan en un suspiro]
En fin, creo que he trabajado demasiadas horas...

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by milio a las 10:46 PM | Enlace Permanente

Mayo 26, 2003

Lost in the cities

¬ El hotel está en el centro de Valencia...
[los cojones]
Estoy en mitad de ninguna parte. Un hotel muy bueno, pero una zona nefasta. Antes de cenar he ido a un cajero. Me han indicado que estaba siguiendo la calle... Y claro, yo he seguido las indicaciones. Y he andado y andado... y andado... y, al final, he llegado a un cajero de Caja Madrid. Luego había que desandar lo andado... Un desastre. En el camino: la nada. Sólo cajeros que no son de tu banco y que te reclaman ansisos por una comisión. Y en el hotel, una cena carísima (que, espero, pague la empresa) y rumbo a la habitación.
No lo soporto. No puedo vivir con la soledad. Enjaulado entre paredes de lujo, observado por lámparas de diseño. Cuatro almohadas que me susurran, espejos que me interrogan. Y un lavabo transparente que deforma el reflejo de mi cara contra el suelo.
Mire donde mire sólo veo el vacío, el deprimente vacío. Sé que cuando duerma miraré a la otra cama y no veré más que las sombras con las que jugará la luz de la luna. Sé que no tendré que luchar por las almohadas con nadie. Miraré por la ventana y no veré más que luces anónimas. Ellas no saben nada de mí y yo no quiero saber nada de ellas.
Anoche no dormí nada bien. No sé qué me pasa estos días que no soy capaz de dormir. Justo cuando parece que las cosas van viento en popa me sobreviene un insomnio obligado y traicionero. Muchas veces fiel compañero de fatigas, elegido como una opción. Ahora intenta controlarme. Anoche, una hora después de haberme acostado tuve que levantarme nervioso. Encendí un cigarrillo y le ofrecí otro a la luna. Rechazó mi invitación, así que fumé sólo.
No quiero acostarme porque sé que no dormiré. Sé que me atormentará algo que desconozco. Agazapado en cualquier esquina, bajo la cama, dentro del armario, oculto tras las cortinas. Algo que no me dejará dormir. ¿Será uno de mis fantasmas camuflado?
Espero que al menos me despierte si no oigo el móvil...
[que haga algo útil]

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by milio a las 11:27 PM | Enlace Permanente

Mayo 22, 2003

Nobody expects the Spanish Inquisition

The Spanish InquisitionUno piensa que la esclavitud estaba abolida hasta que se encuentra con hechos como los de hoy. Ayer, con mi visita a urgencias y la posterior estancia en el trono (governando los reinos del WC), me acosté a las cuatro. Cuando he abierto los ojos para ir al trabajo me he dado cuenta de que no podía ni con mi alma y que, además, el estómago empezaba a hacer de las suyas. Así que, ni corto ni perezoso, he llamado a la oficina para avisar de que llegaría más tarde.
[de hecho no debería haber ido]
Y al llegar, las prisas. El agobio. Pocas veces en mi vida he estado más agobiado. Un aliento en mi nuca, unas palabras heciendo eco en mi cabeza...
¬ ¿Cuánto te queda?
[lo que me quede]
¬ ¿Has terminado?
[sí, y ahora me dedico a la vida contemplativa]
¬ Somos muy lentos...
[me sale humo de los dedos]
¬ ¡Qué mañana vas a Valencia!
Conforme pasaba el tiempo mi cabeza se iba convirtiendo en una olla a presión, creo que hasta me salía humo por las orejas. Pero he cumplido, he terminado lo que tenía que terminar aunque haya tenido que anular una visita al médico. Todo porque mañana voy a Valencia a un cliente (qué mal suena lo de cliente).
Me dan los billetes y la primera sorpresa. El tren sale a las siete de la madrugada (sí, yo a esa hora suelo estar en el tercer sueño), los asientos son de no fumadores (tendré que llevarme unos dedos de repuesto) y voy en clase turista. La clase es lo de menos, de hecho nunca he viajado en bisnes, pero lo de no fumadores me mata...
[eráse un hombre a un cigarro pegado]
Salgo del trabajo una hora y media tarde, precipitándome con los ojos cerrados escaleras abajo, pisando sin mirar, buscando el aire fresco y la luz de un sol que se está batiendo en retirada.
[he perdido todo el día]
Llego a casa y me encuentro una sorpresa. Ahí está mi madre, convertida en una abanderada de la neoinquisición:
¬ Te he cortado los pantalones.
¬ ¡¿Qué?!
¬ Sí, ibas hecho un chanfores -vocablo acuñado por mi santa madre.
Intentas buscar una explicación lógica, pero no la encuentras. Mil veces te preguntó que si querías que te cortara los bajos, que te los pisas, que así pareces un pordiosero... Y yo siempre me he negado. Yo visto como quiero cuando consigo liberarme del traje. En cierto modo se podría decir que la ropa define un poco a la persona.
[me han desenfocado]
De nada me han servido los argumentos, los cabreos, las palabras. Mi madre se ha cerrado herméticamente y ha echado el candado a la conversación.
Sólo espero que cuando vuelva de Valencia no me encuentre unos jodidos naúticos en mi habitación.
[los odio]
Mañana más, desde Valencia (ciudad de las artes).

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Mayo 08, 2003

Bienvenido

Anoche me sorprendí a mí mismo. Por primera vez en mucho tiempo, me acosté a las once. No fue algo premeditado, no escuché una voz que me llamaba, no vi una luz al final del camino... Simplemente, me dormi mientras leía.
El siguiente recuerdo que tengo es el de abrir los ojos a una hora indeterminada de la noche y pensar:
¬ Me he dormido!
[otra vez]
Pero no, eran las cinco y media de la madrugada. Por una vez mi oxidado reloj biológico ha funcionado, aunque dos horas antes...
[la falta de costumbre]
He ajustado las alarmas del móvil (que no había puesto) y he vuelto a dormir instantáneamente.
Por la mañana, día movido en el trabajo. Tenía que ir a una inauguración para supervisar el programa que habíamos hecho y, por qué no decirlo, como cabeza de turco...
[al que le llueven las ostias]
Ha sido todo casi idílico. Los jefes con sus mejores caras, sus sonrisas entrenadas (y forzadas durante meses), sus trajes impecables, sus corbatas atentas a cada movimiento... Y, por un momento, me he sentido como si estuviera en los mismísimos Estados Unidos de América (con perdón).
¬ ¿Cuándo abrís?
¬ Cuando vengan a cortar la cinta...
Menos mal que no lo han inaugurado rompiendo una botella contra el cristal. Alguien me dice que salga para la foto y yo me intento escaquear. Pero es imposible. Escucho el discurso como el que oye llover, no pinto nada en todo eso.
Entonces, y contra todo pronóstico, se me ocurre una brillante idea.
¬ Los yankees odian el tabaco...
Ni corto ni perezoso me enciendo un cigarro, quiero ser rechazado sistemáticamente. Y funciona, ¿cómo van a sacar a alguien fumando en la foto de la inauguración?
[vade retro satanás!]
No, definitivamente no me gusta el modo de vida americano.

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by milio a las 10:27 PM | Enlace Permanente

Abril 30, 2003

Cúmulo de Sucedidos

Hoy me tocaba visita mañanera a un cliente. Siempre es bueno no ir directamente a la oficina por las mañanas, porque así puedes escaquearte y dormir media hora más. Lástima que hoy, como siempre, las cosas se torcieran.
Me levanto, desenfundo la radial para quitarme las legañas, se resisten y saco el cincel y el martillo...
[dejad que las legañas vengan a mí]
Después de una ducha reparadora, salgo de casa. Al llegar a la parada de autobús veo que hay mucha gente, signo inequívoco de que falta poco para que venga...
[infeliz...]
Pero no, tarda veinte minutos. Y tú no te vas porque piensas:
¬ ¿Y si me voy y justo viene? Habré esperado para nada...
Así que no te decides y esperas. Coges el bus que te deja en el metro, y coges el metro que te deja en otro metro. Y al hacer el transbordo, la debacle. Dos trenes en el mismo andén, ambos parados, ambos bloqueados, mientras la gente ya no sabe dónde mirar. Esperas porque, ¿y si te vas y justo se arregla? Esperar para nada...
[te resulta familiar]
Y esperas, y esperas... Y al final tienes que coger un taxi (que te pagará la empresa en un futuro muy muy lejano...). En el taxi mantienes una conversación estúpida y sin sentido, un mero intercambio de palabras y de silencios incómodos. Además, te cobran dieciocho euros, que es la tarifa especial de psicoanálisis más viaje, todo un chollo.
Y a la hora de comer coges otra vez el metro (otra línea), mientras escuchas por megafonía que faltan dos horas para que arreglen el problema.
Comes con una amiga, vuelves al trabajo y, milagro, siguen quedando dos horas.
[acabas de viajar en el tiempo muchacho]
Pasas una tarde agobiante en el trabajo, perdido entre ceros, unos y pilas de papel, documentos que intentan decir mucho pero que no dicen nada, un dolor de cuello aderezado con una pequeña jaqueca, y algún que otro comentario gracioso.
Y al salir, otra vez en el metro, escuchas que siguen quedando dos horas. Es decir, siguen siendo las dos de la tarde. te parece curiosa la forma de medir el tiempo que tiene la gente del metro, al menos te hacen pensar que no has perdido todo el día entre cuatro paredes.
[un psicólogo te cobraría una pasta por lo mismo]
¿Y la noche? Una incógnita.

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by milio a las 10:27 PM | Enlace Permanente

Abril 15, 2003

El Sol

Cuando he salido de casa aún dormía el sol. Hoy me tocaba viaje de negocios curro a Valencia. El móvil y sus incansables alarmas han sonado puntuales a las cinco y media. Hacía años que no me despertaba tan pronto. Abres los ojos y casi te mareas. Si tuvieras que hablar con alguien no podrías, tus cuerdas vocales están aún pegadas.
[sonidos guturales]
Coges el teléfono y marcas el número de Radio Taxi.
¬ Independiente buenos días?
Independiente? Desde cuándo son independientes? Mueves la cabeza en una negación demasiado torpe.
¬ Quería un taxi para las seis y media...
Sabrá llegar el taxista?
Poco a poco vas saliendo del letargo en el que te encuentras sumido. Lentamente, siguiendo alguna extraña (y ridícula) coreografía vas preparándote. Una ducha, un café mal hecho, una galleta integral que sabe a rayos y que absorve medio café...
[como la ballerina]
Son las seis y veinticinco y ya está llamando el taxista. Quizá no te hayan entendido bien cuando has dicho que a las seis y media. Menos mal que paga la empresa.
Y del taxi al coche. Y en el coche trescientos kilómetros.
La mañana pasa y, enfundado en tu traje estilo mafioso, degustas un maravilloso kebap...
[comida de empresa?]
... y vuelves al tajo.
La carretera es perfecta para pensar en lo que quieres echar de tu mente. Ves el atardecer, disfrutas del campo y deseas llegar cuanto antes a la ciudad. Las líneas, a veces contínuas, a veces discontínuas, parecen decir algo. Es como tu vida. Cuando te encuentras agusto en una línea contínua, cuando todo parece estabilizado, llega la maldita discontinuidad. Algo se rompe, algo deja de existir, muchas cosas cambian. Y, durante un tiempo, se suceden las discontinuidades. Empezar algo para no acabarlo. Tiempos de vacío o de vivir intensamente. Piensas y piensas. Tres horas de psicoanálisis no le vienen bien a nadie.
Y mientras tú piensas en cómo el destino juega contigo siempre que quiere, en que las cosas nunca son lo que parecen y que, aunque lo sean, siempre desconfiaremos de ellas. Y mientras tú reflexionas el sol se esconde, lenta pero inexorablemente. No te esperará despierto, no hoy.
Mañana te buscaré.
[no te escondas]

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by milio a las 10:33 PM | Enlace Permanente

Abril 10, 2003

El Final

Llevo todo el día saltando de nube en nube, uniendo pequeñas cabezadas para simular que sueño despierto. He dormido poco y mal, aunque parece que no me ha pasado factura...
[ya lo veremos mañana]
Aunque me gusta mi trabajo, siento como poco a poco intenta absorver el poco tiempo libre que me queda, como si fuera una inmensa balleta de esas que no dejan ni gota. Asumo esto como transitorio y lo veo casi como parte de mi profesión.
[vivir para trabajar...]
Soy joven y, por el momento, lo llevo bien. Pero no me imagino dentro de unos años, cuando tenga una familia, viendo a los míos el tiempo justo, perdiéndome los primeros pasos de mi hipotétic@ hij@, ignorando (y no por voluntad propia) las inquietudes de mi pareja, pagando con mi sudor una hipoteca que no puedo disfrutar, viviendo en una oficina. Prefiero buscar la felicidad que esperar a que venga a por mí (porque nunca llega). Buscar el equilibrio perfecto, el punto de inflexión, el centro de gravedad. Sólo busco encontrar la fórmula de la felicidad.
[...trabajar para vivir]
Hoy ha sido uno de esos días extraños, en los que a veces me parece estar un bucle espacio-temporal. El reloj me juega malas pasadas: cuando el tiempo me sobra hace que todo trancurra tan
l e  n   t    a     m      e       n        t         e      .    .     .
Pero cuando el trabajo me asalta, cuando se me acumulan las cosas, los minutos parecen volar y desaparecer ante mis ojos, el Sol se esconde oponiendo resistencia, pero la Luna es más fuerte. Oscurece y yo sigo aún sentado frente a una pantalla. Me faltan las horas, me sobran los números.
Y es entonces cuando los engranajes de mi cerebro comienzan a chirriar, se atascan y se me nubla la vista. Descuelgo el teléfono, marco, y me evado durante unos minutos. Recargo las pilas lo suficiente para dar el acelerón final.
Y llego a casa tan cansado y tan bloqueado que no soy yo mismo, soy una sombra, una burda copia.
[autómata]
No llego a tiempo de poner las noticias (ultimamente vivo en la completa desinformación) pero ya sé que la guerra se ha acabado. Todo en esta vida tiene un principio y, a veces por desgracia, un final. No sé cómo ha sido, pero me lo imagino. He visto la foto del soldado americano colocando una bandera de su país sobre una estatua de Sadam y casi me ha dado vergüenza. Parecía estar diciendo:
¬ Os hemos conquistado.
Cuando tenía que haber dicho, para ser consecuente con lo que proclamaba el señor Arbusto:
¬ Os hemos liberado -mientras colocaba una bandera de Irak sobre la estatua.
O también, para recordar el motivo de la guerra:
¬ Os hemos quitado el petróleo, infelices -mientras colocaba el logotipo de la petrolera sobre la estatua.
Las cosas nunca son como nos las quieren hacer ver.

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by milio a las 12:07 AM | Enlace Permanente

Marzo 24, 2003

Baile binario

Esta mañana, a las siete en punto, los despertadores (los móviles con vibrador) daban brincos de alegría sobre la mesa. Parecían decirme "Buenos Días"...
... pero decían:
¬ No te duermas cacho perro...
Abres los ojos y en un acto mecánico vas desactivando una a una todas las alarmas. Como un ritual. Te giras y ves que la rutina te sonríe, con su pose chulesca en el marco de la puerta.
¬ ¿Qué va a desayunar? Lo de S I E M P R E?
La apartas de un manotazo y te diriges a la ducha.
Agua caliente...
[tiemblas]
... ¿he dicho caliente? ...
Y llegas al trabajo pronto, con una idea fija de lo que vas a hacer, pero el destino te soprende. Te mandan a un cliente con tu compañero, primera batalla recién alistado. Estás recuperando poco a poco la ilusión. Ves el camino despejado, un camino que seguirás ciégamente, un camino que te puede llevar a una buena posición. Además, disfrutas de tu trabajo.
Es curioso, pero todas las personas que han salido de mi antigua empresa (a la mayoría las han echado) han encontrado un trabajo mejor.
El compañero con el que he trabajado me ha estado contando sus desventuras con su antigua novia. No sé que pasa ultimamente que muchos amigos o conocidos tienen problemas con sus parejas, debe ser que soy un poco gafe. Le preguntaré a Aramís Fuster que de esto sabe mucho...
Estas alegrías que te da la vida son más pequeñas cuando no tienes con quién compartirlas. Es en ese momento cuando te asalta la melancolía (amiga íntima de la rutina) para recordarte que un éxito no sabe igual cuando lo saboreas sólo... Siempre he pensado que la vida es cíclica, que a las malas rachas les siguen las buenas que, a su vez, preceden a otras malas. Y yo sigo esperando en las estación a que pase el tren de la felicidad porque, esta vez, no lo perderé.

Como rectificar es de sabios, debo hacerlo felicitando a Almodóvar por su segundo Oscar y, de paso, me trago las palabras que dije anteriormente.

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by milio a las 09:46 PM | Enlace Permanente

Marzo 11, 2003

Freedom

¬ jai!, jaiguer dan de sun // High, higher than the sun //
¬ iu sut mi from a gan // You shoot me from a gun //
¬ ai nid iu to'eleveit me jiar // I need you to elevate me here //
...los altavoces no dan más de sí, mi voz suena desgarrada...
Hoy doy carpetazo a una etapa de mi vida y comienzo otra.
[Today is the day].
Ayer tuve una entrevista de trabajo que emanaba un aura de secretismo... o al menos eso pretendía.
Me presenté en mi trabajo con mi camisa y mis pantalones de vestir (la corbata iba en la mochila) pensando: no lo notarán.
[iluso]
Considerando que siempre voy con un look informal (por no decir otra cosa), la gente se sorprendió. Es muy fácil hacer la asociación de ideas.
¬ Son las bodas de plata de mis padres y tengo una cena...
... funcionaría si no hubieras contado en una ocasión cómo fueron esas bodas de plata ...
[pasemos al plan b]
¬ Tengo una cena familar.
Menos creíble aún. Así que todo el mundo sabe que vas a tener una entrevista...
Estás nervioso, tan nervioso que tienes que mirar cuatro veces el plano y otras tantas el piso. La entrevista va bien, te presentan a la gente, pero no dejan de despedirte con el mítico: "te llamaremos".
Y te han llamado...
Entonces te acuerdas de los principios, aquellos que te llevaron a no pasar la aspiradora, todas esas convicciones que te hicieron hablar con un abogado, lo que iba a provocar que les denunciaras... Pero no, no puedes hacerlo. ¿Por qué? Porque el mundo es un pañuelo, porque nunca sabes a quién te puedes encontrar en tu largo caminar. En este mundo casi todos se conocen, y una denuncia es una cruz roja en tu carrera. Triste pero cierto: hay que quedar bien (poner la otra mejilla).
Satisfacción... Sí, estás satisfecho. Quizá ahora empiecen a valorarte. Nadie es imprescindible, y yo no soy una excepción. Pero he encontrado trabajo en una semana y le he dado la vuelta a la tortilla.
[no, no me teníais bajo vuestra cuchilla]
Ahora sólo me queda soñar...

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by milio a las 10:57 PM | Enlace Permanente

Marzo 08, 2003

Elevation

Poco a poco, despacito y con buena letra. Creo que estoy saliendo del agujero, creo que empiezo a ver la luz al final de este interminable camino.
En los ultimos días mi estado de nervios ha llegado a un nivel en el que no soy capaz ni de soportarme a mi mismo. Tengo manía persecutoria. No me siento cómodo si mi espalda mira hacia el infinito, me siento vulnerable. Sé que vigilan cada paso que doy, esperando a que dé uno en falso.
Nada mejor que una buena noche para olvidar, al menos por un tiempo, todo lo que me está pasando. Anoche me divertí, me reí como hacía tiempo que no lo hacía, y es que pasé la noche de ayer en muy buena compañía.
[tengo suerte de tener buen@s amig@s]
También recibí una llamada (perdida, como siempre) de mi ex. Y sólo este hecho puntual sirvió para encender la llama de mis recuerdos. Imágenes que desfilan por mi mente a una velocidad vertiginosa en un baile macabro de cuidada coreografía. Sólo pude encontrar refugio en el mundo de los sueños, donde puedo ser lo que quiera, donde puede tener lo que me apetezca, donde no existen los límites.

Escucho la canción Elevation de U2 y me quedo con esta parte:

I and i, in the sky
You make me feel like I can fly
So high, elevation

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by milio a las 06:47 PM | Enlace Permanente

Marzo 06, 2003

La Mort

Naces, creces, envejeces y mueres. Desde el más pobre al más rico, desde el más santo hasta el más malvado, todos morimos algún día. Y cómo será el día en que te llegue la hora? Es una cuestión que me he planteado muchas veces, desde hace muchos años. Incluso he llegado a imaginarme mi entierro (de mil formas). Quiero que me recuerden con una sonrisa, por eso lucho día a día contra este mundo tan gris a veces y azul de vez en cuando.
Podemos concebir nuestro paso por la vida de dos formas. Hay quien te dice tenemos todo el tiempo del mundo (mi anterior pareja siempre me lo decía) y otros te dicen no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Yo, sinceramente, me quedo con la segunda. Nunca sabes lo que te puede pasar, si mañana estarás aún en este mundo, si mañana no pasará algo que te haga cambiar todos tus planes.
[si te van a joder...]
No hace mucho atropellaron a un compañero de trabajo. No le pasó nada pero se llevó el susto de su vida. Ese día volvió a nacer. Ahora valora más su tiempo porque es consciente de que cada día puede ser el último.
Y yo, una trucha (trucho, si es que existe el término) perdido entre muchas corrientes que tiran de mí hacia distintas direcciones, me encuentro en una etapa de actividad febril. Por mi cabeza pasan miles de imágenes cada segundo y estoy continuamente tomando pequeñas decisiones.
Por eso, porque la vida se vive una vez, porque nunca podrás volver atrás, he decidido no agobiarme en el trabajo. Tecleo frenéticamente, dibujo, hago diagramas, fumo (en una narcosala habilitada especialmente para ello) y converso. Sé que me observan, sé que miden cada uno de mis movimientos, sé que buscan una excusa para el despido procedente. Siento la presión, un aliento detrás de mi nuca, una mandíbula apunto de cerrarse contra mi cuello, una cuchilla que pende sobre mi cabeza. Pero no, no me daré por vencido. Hoy he comenzado mi particular campaña antimobbing poniendo de fondo de pantalla una imagen que dice: "Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas - sabiduría popular". Creo que más de uno se va a dar por aludido. Esa es mi batalla, ponerle una sonrisa a cada cosa que hago.
Aunque ellos se sigan empeñando en joder a los que siempre hemos estado ahí: hoy han despedido a otro compañero. Creo que del barco de Chanquete, no me moverán...
Me quedo con una frase del genial Groucho Marx: Nunca olvido una cara. Pero en su caso, haré gustoso una excepción.
[por si algún día se la tengo que decir a Alguien]

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by milio a las 09:19 PM | Enlace Permanente

Marzo 05, 2003

Volvamos al principio

Me encanta programar, siempre me ha gustado. Crear algo de la nada, a partir de piezas más pequeñas que has hecho existir. Planificas, dibujas, fumas, miras al infinito y, por fin, das con la solución. Es como montar una máquina ensamblando piezas que puedes o no haber construido tú.
He vuelto a los inicios. Empecé de programador y de programador he acabado (sigo pensando que la historia es cíclica). Me han colocado los pequeños programas internos de la empresa...
[la mierda]
Y yo, en mi mundo, con mi discman y los pocos compañeros que quedan en la empresa, paso el tiempo. Pongo esfuerzo en lo que hago y, aunque esté jodido por lo que están haciendo conmigo (y con otros) pongo buena cara y aparento satisfacción. Lo que ellos no saben es que me encanta mi trabajo y que disfruto con ello, que por muchos programas pequeños que me manden no conseguiran minar mi paciencia.
[ni mucho menos]
Y lo mejor de todo es que el que tiene que dar la cara, el niño rebelde, no me ha dirigido la palabra, es más, ni me mira. Es gracioso ver como se incomoda por mi presencia, como evita cruzarse conmigo en los pasillos. En definitiva es un niño con traje de adulto.
[rabieta infantil]
Al menos tengo la conciencia tranquila porque sé que he hecho lo que tenía que hacer. Y pienso que si tuviera quince años más, una hipoteca y unos hijos a los que mantener tendría que haber tragado.
[no es justo]

En fin, he pensado que, si dejo la informática me convertiré en excéntrico de vocación, como Michael Jackson.
Y si no me conformaré con escuchar durante toda la noche I Am The Highway y me quedaré con esta parte:

I am not your rolling wheels
I am the highway
I am not your carpet ride
I am the sky
I am not your blowing wind
I am the lightning
I am not your autumn moon
I am the night
The night

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by milio a las 09:54 PM | Comments (3) | Enlace Permanente

Mobbing

Rabia. Es difícil expresar lo que siento en este momento, pero lo intentaré, vaya si lo intentaré. Empecemos por el principio.
Entré en una empresa de informática como programador en septiembre del año dos mil. Siempre me he dejado los cuernos en el trabajo y creo que pocas veces me han podido decir que lo he hecho mal. Cambié de rama varias veces, me adapté a lo que hizo falta, fui a clientes con mi categoría tremendamente falseada y, lo más importante... cobrando una mierda.
Hace unos meses ha entrado un nuevo director general para intentar sacar del bache (más bien barranco) económico a la empresa. Este sujeto se ha dedicado a despedir gente y no a traer proyectos, a contratar a un amiguete que cobra una pasta y no tiene ni puta idea y a tocar los cojones.
Durante un mes he estado haciendo trabajos que no me correspondían, he hecho de chico de mantenimiento levantando bultos, desmontando cosas que luego había que montar. Todo por delirios organizativos de un hombre que se aburre mucho.
Y hoy, harto de aguantar, cansado de ser explotado por sistema, jodido porque tengo la soga al cuello, he explotado.

Antecedente:
¬ Cuando acabes le pasas un trapito a los servidores, que están muy guarros...
[los cojones]

El hecho: (después de estar media mañana cargando cosas y con dolor de espalda...)
¬ Oye, pasa un poco la aspiradora por aquí...
[qué?!]
Y con todos tus respetos dices:
¬ Perdona, pero la aspiradora no la voy a pasar...
Pero tú querías haber dicho:
¬ La aspiradora la va a pasar tu puta madre! (con perdón por la pobre madre de este infeliz).
[acabas de abrir la caja de pandora]
Y el sujeto en cuestión, con un berrinche infantil, te manda a "hacer lo que tengas que hacer" mientras habla con el personal de Recursos Humanos. Sabes que te van a despedir y al menos te queda el consuelo de la indemnización...
[pero hay otros planes]
Cambian las contraeñas del sistema (vas a dejar de ser el administrador) y te relegan a un ordenador vacío, con poco más que un procesador de textos. Quieren que te vayas, no quieren echarte.
Esto se llama mobbing... No me conocen, quieren jugar? Pues juguemos al maravilloso juego del mobbing, no tengo nada que perder...

Moraleja: Por mucho que te dejes los cuernos en tu empresa, siempre serás un pringao más.

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by milio a las 12:24 AM | Comments (2) | Enlace Permanente