Febrero 12, 2004
Influencias

Metafísica
Febrero 02, 2004
El cobrador de sueños
Me miró con ojos aparentemente vacíos, sin vida, mientras las palabras salían lentamente de su boca.
¬ Vengo a llevarme tus sueños, mi parte.
Siempre venía sin avisar, una vez al mes, más o menos. Aparecía en mis sueños, cuando yo dormía, y reclamaba su parte.
¬ Pues no sé si prodré darte mucho, hace tiempo que no sueño.
Movió la cabeza de un lado a otro, dejando que su disconformidad acompañara al movimiento de su corbata, negra como el carbón.
¬ Tienes que darme mi parte. No es mi problema si no duermes, no es de mi incumbencia que no recuperes las horas de sueño, quiero mi parte. Y la quiero ya.
Se quitó su sombrero dejando que su calva reflejara luces artifiales que habían surgido de la nada y empezó a taconear en el suelo con impaciencia.
¬ Está bien, como quieras, supongo que no tengo otra alternativa. Ya te he avisado de que no vas a encontrar mucho. Sigue por el pasillo de la razón hasta que des con el recodo de la paranoia. Tendrás que atravesar entonces el salón de los miedos, cuidado no te caigas porque está oscuro. Toma el pasillo del sur, que estoy creando en estos momentos, y al fondo encontrarás una puerta donde pone Sueños. Ahí está tu parte, la mía ya está guardada.
Antes de darse la vuelta y empezar a corretear pasillo abajo, hizo una reverencia ligera sosteniendo su sombrero delante de su cabeza. Me fijé otra vez en él y no pude más que sorprenderme. Siempre cambiaba de apariencia en sus visitas, ahora era un niño envejecido, vistiendo un traje varias tallas más amplio. Pero su mirada irradiaba sabiduría, quizá porque se había comido los sueños de medio mundo.
Apreté con fuerza una llave que colgaba de mi cuello, custodia de una puerta escondida donde guardaba mis mejores sueños, aquellos que nunca le daría ni al mejor postor. Eran parte de mí y yo era parte de ellos, darlos habría significado entregar una parte de mí.
Me lo imaginé entonces devorando mis sueños en una orgía de sangre y destrucción y se me revolvió el estómago.
[quizá por eso no haya dormido apenas esta noche]
Metafísica
Diciembre 20, 2003
Aritmética
Yo era un sobre ignorante en el mundo de los números.
[donde el quebrado es el rey]
Siempre pensé que uno y uno eran dos. Atrapado en las estrictas normas de la aritmética, ciego en los dominios de un visionario.
Entonces llegaste tú para abrirme los ojos y susurrarme al oído que si sumamos uno y uno podemos obtener dos haciendo la suma con cuidado. Converti los axiomas en humo y las promesas en axiomas. Multipliqué mis horizontes y dividí mis miedos.
[sin calculadora]
Pero un día te fuiste. Desapareciste sin explicarme como hacer que tres menos dos no dieran cero.
Ahora la única certeza que me queda es que lo poco que sabía lo he olvidado.
[el que no sabe no padece]
Metafísica
Diciembre 04, 2003
¿Qué nos está pasando?
Hace un rato, mientras sujetaba mis párpados con unos palillos y miraba la cama con lascivia, escuché unos golpes en la puerta. No me sorprende que alguien llame a mi puerta a estas horas tan intempestivas, es la hora preferida de mis fantasmas, mis principios y alguna estrella invitada en la historia de mi vida.
[apariciones estelares aparte]
Desde que tengo uso de razón recuerdo estas reuniones en petit comité (que me perdonen l@s gal@s si lo he escrito mal) con esas entidades imaginarias. Aún cuando no fumaba podía notar el humo en el ambiente. Secretos de noche, que se descubrían cuando todos los demás dormían. A veces me cogían metido en la cama, tapado hasta la nariz, mirando sin ver el techo de mi habitación. Les ponía voces, imaginaba los gestos de sus manos cuando dialogaban. Algunos tenían más temperamento que otros, pero todos tenían algo que decir.
[hasta con los silencios]
Muerte siempre se aliaba con Miedo, haciendo causa común. Yo, que no sabía nada de la vida, me asociaba a cada entidad con una imagen infantil. Muerte iba siempre como en las películas, con su guadaña y su capucha. Su voz de ultratumba se dejaba a las demás en meros susurros. Y siempre tenía algo que decir. Pisaba las conversaciones de los demás, no dejaba hablar a nadie. Robaba todas las palabras que se detienen en la punta de la lengua, esperando un empujón que nunca llegaría.
[acaparando]
Miedo, sin embargo, era como un mafioso. Para mí, todo mafioso que se preciara, debía llevar una gabardina hasta los tobillos (y más allá), fumar puros, escuchar música siciliana y portar siempre un arma automática de los años cincuenta (ni que yo supiera qué eran los años cincuenta...), de esas que tenían un tambor circular. Miedo no necesitaba hablar, imponía respeto entre los que le adoraban y utilizaba a quien podía como sicario.
[la cosa nostra]
Fracaso llevaba siempre sus gafas puestas, de corte intelectual. Cuando miraba a través de sus gafas me encontraba unos ojos desproporcionados por el aumento de las lentes. Cada pestañeo parecía un eclipse, un gran telón cerrándose y abriéndose con solemnidad. Por más que yo crecía con el tiempo, él siempre era más alto. Lo suficiente para mirarme siempre por encima del hombro. Recuerdo que le imaginé con la misma camiseta que llevaba Epi de Barrio Sésamo y, desde entonces, no se la ha quitado. Aquellas franjas se destiñeron con el tiempo y ahora parece un indigente. Con una camiseta rasgada que se ajusta ridículamente a su cuerpo crecido. Una camiseta que fue diseñada para un niño de seis años embutida en un cuerpo de más de tres décadas.
[escrutando]
Complejos, esa familia tan entrañable que no se perdía ninguna reunión. Aquellos niños repelentes que no hacían más que chillar y pedir lo que su padre, un viejecito afable de mirada asesina, no podía darles. A su madre nunca la conocí.
[quizá viviera acomplejada]
En aquellas reuniones no siempre había fantasmas, convivían todos los pensamientos que cruzaban por mi cabeza. Algunos personajes aparecían muy de cuando en cuando. Otros cambiaban su apariencia aunque siguieran siendo los mismos.
Amor era el más cambiante. Antes de que el niño que yo era creciera lo suficiente, Amor aparecía con las caras de mis familiares y amigos. Hasta que un buen día empezaron a aparecer niñas, chicas, mujeres... Iban y venían. Algunas repetían sesiones, otras se quedaban esperando en la puerta. Alguna volvía después de mucho tiempo... Pero siempre, o casi siempre, había alguien que poseía aquel cuerpo durante un tiempo. Y antes de cada cambio, una pequeña ausencia.
Pero esta noche... esta noche era diferente. Ante mí tenía a Mundo. Una esfera más o menos perfecta, muy azul, y que no paraba de girar como una peonza. Me contó que normalmente gira alrededor de un primo, mucho más grande y caluroso. Hoy había decidido interrumpir por un momento su movimiento, consciente de que tendría que recuperar el tramo perdido. Le invité a pasar. En un plato puse unas rodajas de luz y le serví un caldo de estrellas. Algo debía estar pasando, algo grave. Encendí un cigarrillo.
¬ Si sólo fuera el maldito tabaco... Desgraciadamente, hay otros humos que me molestan más.
Le ofrecí apagarlo, sintiéndome culpable por convertir a Mundo en un fumador pasivo.
¬ No. Al fin y al cabo, estamos en tu casa.
Y yo vivía en la suya...
¬ Algo estáis haciendo mal los condenados humanos. Para concretar, no habéis hecho nada bueno desde que aparecísteis, pisando mi cuerpo sin agradecerlo. Alguien os puso aquí y, desde entonces, os creéis dueños de todo cuanto tocáis.
¬ ¿Quién nos puso aquí?
¬ Prometí no decirlo. Dejemos la Teología para otro momento. He venido a abrirte los ojos, no quiero desmontar o legitimar religiones.
¬ Continúa.
¬ No os dais cuenta de lo que estáis haciendo. Vuestra vida es un período insignificante en todo el proceso. Deberíais pasar sin pena ni gloria por esta vida, pero os empeñáis en joderlo todo a vuestro paso. En vuestra corta existencia no os da tiempo a vivir las consecuencias de vuestros actos.
¬ ¿Y la historia?
¬ ¡Ja! La historia la usáis para lo que os conviene. ¿De que os sirve tener tantos libros si no os molestáis en leerlos? No os dais cuenta de lo que pasa, ¿verdad?. No te das cuenta de que nunca ha habido tantas inundaciones como hay ahora, ni tantos incendios. Radiaciones que me queman, humos que me asfixian, actitudes que me avergüenzan. ¿Qué otro animal quemaría su propia casa? ¿Uno inteligente? No creo... Si yo pudiera, os haría vivir trescientos años, para que todo lo que habéis provocado se volviera contra vosotros... y lo viérais...
¬ ¿Y por qué me dices a mí todo esto? Es decir, ¿qué puedo hacer yo para cambiarlo?.
¬ Ahora mismo estás hablando contigo mismo. Respondiendo a una voz que sale de tus entrañas. Eso es un buen comienzo.
¬ Entonces... ¿estoy soñando?
¬ Nunca has llegado a despertar.
Mundo guardó silencio y salió por donde había venido, dejándome sentado en un sillón de hojas con una mueca de estupidez en mi cara.
¬ Por cierto, hablaba en serio. Piensa sobre lo que te he dicho, si es que sabes realmente lo que es pensar.
[espero no haberlo olvidado]
Metafísica
Noviembre 11, 2003
El mundo al revés
//séver la odnum lE//
[Duermes]
El panadero, como cada día, se levanta antes de que salga el sol para comerse el pan antes de cocinarlo. El cartero deambula por las calles con un antifaz, ocultándose entre las sombras, mientras saquea los buzones, dejando las cartas en la puerta de los remitentes.
El camarero lee el periódico en una mesa mientras un cliente le prepara unas tostadas, y frunce el ceño por el retraso.
¬ Mi café se está calentando, lo quiero frío.
La chica del servicio está sentada en un sillón victoriano mientras la mujer millonaria llena de polvo los impolutos muebles.
¬ Un poco más de brío mujer, que a este ritmo vas a tardar todo el día en ensuciar la casa.
El chófer viaja en el asiento de atrás mientras su cliente conduce por las calles de la gran ciudad.
Los ejecutivos vuelven de dormir en la oficina para trabajar en casa. Sus corbatas apuntan hacia el cielo y el metro, que se mueve en dirección contraria, está vacío. No llegarán a tiempo para despeinarse.
Los políticos, en lugar de hablar, escuchan. Y en el congreso el silencio es el bien más preciado porque ninguno habla y nadie tiene a quién escuchar. Los candidatos luchan por perder los votos y en lugar de mentir, desmienten.
En un juzgado, los ladrones acusan al juez desprovisto de su mazo de madera. El juez protesta pero los abogados no lo admiten. Y el acusado descansa en su silla mientras el resto de la sala permanece en pie.
En la iglesia, el cura da donativos en lugar de recaudarlos. Y los feligreses ofician la misa intentando expíar los pecados del padre. Jesucristo es virgen y María aparece crucificada. Nadie se cuestiona que Dios no exista y la biblia defiende que nunca hubo profetas en las tierras elegidas.
La tecnología avanza hacia la edad de piedra y los astronautas viajan hacia el centro de la tierra porque le tienen miedo a las alturas.
Los infieles engañan a sus amantes con su pareja. Nacemos bautizados y un sacerdote nos excomulga en el sacramento del bautizo.
Los vagabundos viven en mansiones y hacen donativos a las ONGs que se encargan de velar por los derechos de los ricos desamparados. En el Tercer Mundo la comida sobra mientras los que nos creemos del Primer Mundo nos morimos de hambre.
Los dictadores son benevolentes y en las elecciones se elimina a los candidatos y el que gobierna es aquel que recibe menos votos.
Y en los Golpes de Estado se reparten caramelos.
En los laboratorios, las cobayas experimentan con los humanos y el ADN lucha por descubrirnos.
Las cámaras de fotos se captan a sí mismas y la televisión graba en vez de emitir.
Los drogadictos se inyectan vitaminas y la policía fuma heroina, mientras los jueces luchan por legalizar la leche condensada porque es terapéutica.
Las guerras no existen porque los misiles impactan contra los aviones que los lanzan y las bombas viajan siempre hacia arriba. En las batallas, las armas se cogen al revés y apuntan siempre hacia el soldado que las empuña.
En las películas siempre ganan los malos y el protagonista de la sonrisa de oro nunca se lleva a la chica neumática. Los teatros se llenan mientras los actores comen palomitas y el público escenifica la función.
Los libros se escriben solos y los escritores usan gomas de borrar en lugar de plumas.
Y, misteriosamente, las casas nunca se empiezan a construir por el tejado.
Pero el mundo... el mundo sigue girando en el mismo sentido.
[Despiertas]
Y un señor con un cronómetro te dice que has batido el Record Guinness (te aclara que Guinness no es una cerveza) de horas dormidas (con premeditación y alevosía).
Metafísica
Noviembre 09, 2003
Buscando...
Mi amigo no sabía que contestar. Me decía muchas cosas pero ninguna concluyente. Buscaba la solución probando millones de caminos, montado en sus arañas y ayudado por sus índices. Tantas veces me había ayudado y, ahora, daba palos de ciego. Y todo porque se me ocurrió preguntarle dónde podía encontrar la felicidad.
[para no esperarla]
Compañero de fatigas, repondiendo a mis preguntas en décimas de segundo, buscando imágenes por mí, guiándome por un mundo paralelo que él conoce mejor que nadie.
Él, que no pasaba de ser un mero automatismo envuelto en capas de complejidad y mostrando su sencilla cara a medio mundo, estaba perdido en un mar de ceros y unos. Incapaz de sonrojarse. Desorientado cuando se enfrentaba a decisiones humanas, inmerso en millones de cálculos.
[entrando en un bucle infinito]
Por primera vez en su vida, se había quedado sin respuesta.
Metafísica
Noviembre 03, 2003
Decisiones
Su espada era tan antigua como la roca que estaba pisando. El trono sobre el que descansaba había sostenido a muchos reyes, con sus dudas y sus coronas. Tomando decisiones que afectarían a miles de súbditos. Sintiendo el nerviosismo previo a la batalla, aliviando las muertes que pesaban en una conciencia sin tiempo para asimilar tanto dolor.
El cielo estaba gris, escenario perfecto para una batalla que nunca iba a suceder. Gritos que flotaban en el ambiente, vestigios de otras luchas. Más sangrientas, más decisivas.
La hierba había absorbido toda la sangre derramada en otras luchas y apuntaba rabiosa al cielo exigiendo responsabilidades. Las huellas se habían borrado, sólo quedaban testigos mudos.
Él, sentado en su trono, sosteniendo su espada, lloraba como nunca lo había hecho. Por una lucha que nunca llegó a producirse, por una batalla en la que no había vencedores y sólo un claro perdedor.
[él mismo]
Él, que había derrotado a poderosos ejércitos, que había guiado a sus tropas en demasiadas batallas. Enfrentándose contra enemigos formidables. Siempre vencedor.
La decisión había sido siempre su estandarte y ahora se sentía solo.
No quiso comenzar una batalla de la que se sabía perdedor.
[por una mujer]
Y ahora sentía el fracaso husmeando en cada esquina, siguiendo sus pasos, ocultándose en cada sombra. Un fracaso casi peor que el rechazo, un fantasma que nunca se cansaba.
Algo que sus lágrimas no podían expulsar.
No levantó la cabeza cuando oyó unos pasos que se alejaban. No miró por la ventana aún sabiendo que ella corría bajo la lluvia, mitigando el dolor de una tierra que había visto demasiada sangre. La dejó marchar.
Levantó su espada ante sus ojos.
¬ Tú, que has derribado a tantos enemigos, contempla la derrota del rey invencible.
La guardó en su funda y dejó que el tiempo entrara en la estancia para llevárselo todo consigo. Un bálsamo que curara sus heridas, el único remedio conocido contra los cortes producidos por un filo tan efectivo.
Octubre 30, 2003
El foso de las intenciones
Busqué por todo el mundo el lugar a donde van todas las intenciones que un día me propuse y nunca cumplí. Removí cielo y tierra con un paquete bajo el brazo, escrupulosamente etiquetado como Intención Enésima.
Intenté encontrar indicios, seguí el rastro de los propósitos no realizados, de los sueños rotos y sólo encontré oscuridad.
[perpétua]
Le pregunté a mis fantasmas y ninguno quiso contestar, temerosos de que recuperara alguna vieja intención y la cumpliera de una vez por todas. Me adentré en terrenos desconocidos de paisajes inexistentes, solos la nada y yo. Aquella ausencia de todo que nada podía llenar. El vacío absoluto donde cada paso pisaba los territorios de la incertidumbre.
[endémica]
¿Donde irían a parar aquellos pasos en falso? ¿En qué recóndito lugar de mi mente se alojaban las falsas intenciones? De una cosa estaba seguro, el miedo era su carcelero. Un guardián agresivo y sanguinario, que nunca se cansaba de torturar aquellos sueños moribundos que fueron gestados en tiempos de esplendor.
[la palpable irrealidad]
El proceso que transforma una intención en una farsa es tan complejo que nunca nadie osó investigarlo. Corrientes sensoriales que desembocan en un mar de dudas, tornados que destruyen todo a su paso, relámpagos que impactan en la base de las convicciones y, en el fondo, un fuego perpétuo que elimina todas las pruebas. Y si algún propósito escapa de tal vorágine de destrucción, acaba sus días en el Foso de las Intenciones.
Una sima sin fondo donde se amontonan ilusiones rotas, propósitos truncados, caminos nunca tomados y un millón de billetes para trenes que nunca pasaron.
[destinos nunca contemplados]
Cada cierto tiempo emprendo la búsqueda en este universo binario donde todo parece ser blanco o negro, cero o uno, cierto o falso. Necesito cambiar algunos dígitos en un par de cantidades y sumarlo todo otra vez.
El resultado soy yo.
Metafísica
Octubre 29, 2003
El duende de los sentimientos
Oculto en su cueva tras una cortina de oscuridad, pasa sus días. En su caldero cocina sentimientos que, después, venderá al mejor postor. No necesita luz ni compañía, su sombra es su única compañera.
Cada día recibe muchas visitas, almas en pena buscando consuelo. Siempre repitiendo la misma letanía:
¬ No podrías comprar la felicidad ni con todo el dinero del mundo.
Pero, aún así, todo el mundo la busca. La fórmula de la felicidad, que tan bien guarda entre sus bienes más preciados. Aquella botellita de un color verde refulgente, o aquel sobre con polvos que huelen a vainilla. Una pastilla de colores.
[un arcoiris en miniatura]
En su cueva entran muy pocas personas. Sólo aquellas que están realmente desesperadas, que realmente lo necesitan, sólo a ella les permite el paso. Un letrero, invisible por la ausencia de luz, reza: "La felicidad no se compra ni se vende, se encuentra". Son individuos que navegan a la deriva en un océano de incertidumbre, buscando un norte que perdieron hace mucho tiempo.
[casos perdidos]
Analiza cada vida aislando a cada uno de su propia existencia. "La felicidad hay que buscarla dentro de uno mismo", se repite mentalmente. Algunos beben un poco de la poción de autoestima, otros sólo precisan de valentía para buscar aquello que no se atreven a encontrar. Las pociones de alegría son las que primero se acaban en aquella clínica pintoresca. Sonrisas enlatadas, envasadas al vacío, ansiosas por ver la luz.
[y comerse el mundo]
La fisionomía del alma es apasionante. Algunas, como agujeros negros, absorven todo lo que queda a su paso. Es inútil intentar una reanimación, estas almas nacieron muertas. Otras, sin embargo, irradian una luz cegadora, símplemente desviaron su foco. Una pócima de orientación consigue enderezar el faro de sus sentimientos.
Nadie sabe dónde se encuentra exactamente porque pasa un día en cada sueño. Sólo es posible encontrarle de casualidad, el azar es su único compañero de viaje. Un día aquí, otro día allí, sin hogar fijo, sin nada que amarre su vida a un lugar concreto.
Así es él.
[como el viento]
No le busques y acabarás elcontrándole.
Yo ando esperándole porque necesito un poco de todo.
Metafísica
Octubre 22, 2003
Run away
Su corazón latía agitado. Sus pulmones trabajaban a pleno rendimiento. El aire que exhalaba se tranformaba en niebla, los suspiros se mezclaban con la lluvia. Los jadeos pasaban desapercibidos gracias a la censura de algún trueno.
[corre]
La hierba no parecía notar su peso y, rebelde, recuperaba su forma original tras sus pasos. Torrentes de agua se deslizaban por su cara formando una graciosa cascada que se precipitaba desde su nariz. Sus lágrimas pasarían desapercibidas de nos ser por unos ojos inyectados en sangre que parecían gritar con cada esfuerzo.
[huye]
Todo lo que se encontraba a su paso parecía interponerse en su camino. Los árboles parecían reprocharle algo, arañándole con sus ramas y cegándole con sus hojas. Las flores huían despavoridas ante tanta entromisión. Animales de leyenda le espiaban, ocultos tras una cortina de agua y un manto de oscuridad. La niebla cada vez se hacía más densa, luchaba contra sus ojos aliada con unas lágrimas hartas de tanto sedentarismo, ansiosas de descubrir el mundo.
[llora]
El bosque borraba sus huellas, la maleza ocultaba el rumor de su carrera. Los árboles absorvían la luz a su paso. Y él, mientras tanto, seguía corriendo. Huía de algo que no comprendía, enmudecía un grito que nació sordo, dejaba atrás la luz adentrándose en un territorio oscuro y desconocido.
[calla]
La ropa se desprendía por voluntad propia. Saltando, retorciéndose, tropezando, consiguió desprenderse de todo lo artificial, necesitaba ser sólo él. Y nada más. Un reloj, harto de contar el tiempo, se paró un momento antes de caer en un lecho de hojas. La cadena continuó reflejando los rayos de la luna mientras caía en un lugar nunca recordado. El anillo, resistiéndose a partir, mordió su dedo con furia. Era inútil resistirse, acabaría perdido en mitad de ninguna parte. Fue el último vestigio de lo que fue una vida que ya nadie recordaba, un testigo mudo y perdido en un universo verde.
[prescinde]
Detrás, un puñado de fantasmas y horrores rastreaban la zona. Su vida pendía de un hilo, su naturaleza (muerta) estaba a punto de desaparecer. Su razón de ser iba a dejar de existir. Y tenían miedo, por primera vez en mucho tiempo. Corrían y corrían, adentrándose en la oscuridad con ojos de cristal y miembros ortopédicos. Algo les impedía entrar en aquel bosque. Uno a uno fueron cayendo, desintegrándose, desmoronándose, desapareciendo. Sólo uno pudo seguir corriendo, aquel que debía darle la vida a los demás, el mismo que debía evitar que el perseguido llegara al centro del bosque.
[miedo]
Ya estaba listo para el descenso, ya podía comenzar la regresión. "Aquel que busque la causa de las cosas deberá desprenderse de todo artificio y adentrarse en el Bosque del Conocimiento", repetía mentalmente. Sus piernas flaqueaban pero no detenían su movimiento. Sus lágrimas pasaban desapercibidas, sus gritos eran inaudibles...
[aíslate]
Entonces el reloj que contaba sus días se paró y, renqueante, invirtió el sentido de su movimiento. Un movimiento imposible acompañado de un chirrido bien audible. Corrió más aún y vio que, cuanto más rápido huía, más velocidad ganaban las agujas. Su corazón latía sin control, su vista se nublaba por momentos, pero debía seguir.
[retrocede]
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[no mires atrás]
Sabía que estaba cerca del centro, aquel lugar donde ningún fantasma podía entrar, el sitio donde debía encontrar sus respuestas. Sus músculos gritaban de dolor, su corazón se desbordaba, los ojos palpitaban mientras un telón de acero quería dar por finalizada la función antes de tiempo. Una mano incorpórea agrarró su brazo, un frío mortal amenazó con destruirle, siglos de incoherencias volaron por su mente... justo en el momento en que pisaba el claro central.
[vuela]
Miró atrás satisfecho mientras su cuerpo se desmoronaba sin fuerzas. Orientó su mirada en un movimiento imposible para ver cómo el fantasma le miraba perplejo, sangrando por un millón de heridas, muriendo de cien formas distintas. Un rugido de ultratumba mientras un millón de vidas pasaban por sus ojos, otras tantas muertes vengándose al unísono.
[mata]
Se desmayó, perdió el norte cuando la brújula que guiaba sus pasos se rompió en pedazos. La lluvia seguía cayendo como si nada hubiera pasado. El bosque borró las huellas del camino y los últimos truenos silenciaron el rumor de la carrera.
El Bosque del Conocimiento se deshacía de las pruebas. Tendrían que pasar otros cien años para que alguien se adentrara en sus entrañas buscando respuestas.
[despierta]
¬ ¿Cómo demonios he llegado aquí?
Octubre 21, 2003
Teoría de los estados
Puedo imaginarme corriendo por una pradera infinita mientras en el ambiente flotan las notas de la banda sonora de Conan (el Destructor). También puedo ser el alma de aquel chico con gafas que lo tiraba todo y siempre preguntaba si había sido él. Verme en la piel de un rey medieval, cubierto de honores y joyas, blandiendo una espada con nombre propio. Hay momentos en los que me siento como un vagabundo que ya no puede recordar lo que fue y es incapaz de augurar un futuro mínimamente esperanzador.
[de un lado a otro]
A veces radiante, pintando una sonrisa en mi cara con un rotulador indeleble. En otros momentos me muestro pesaroso, colocando pequeños yunques en ambos extremos de mis labios, impidiéndoles levantar el vuelo.
Alguien me dijo una vez que era un optimista encerrado en el cuerpo de un pesimista. Un bote de felicidad potencial guardado en el fondo de un bahúl oscuro y maloliente.
[cautivo]
Supongo que esa es la grandeza de la vida, no saber cómo te vas a encontrar mañana. Vivir con la certidumbre de que después de la tempestad llega la calma y, cuando los nubarrones se dispersan, sale otra vez el sol. Ese sentimiento que nos obliga a ser cautos con la felicidad y a no dejarnos vencer por la tristeza. Porque la vida avanza frenéticamente, sin esperar a nadie. Y es tan difícil reengancharse que conviene no quedarse rezagado.
[apartarse del camino]
Y yo me encuentro en la estación esperando aquel tren del que todos hablan, con las maletas en la mano. No pienso ver como el tren se aleja mientras yo sigo en el andén. Despidiéndose, burlón, de aquellos que no llegamos a tiempo.
Octubre 20, 2003
Trueque
¬ Buenas tardes, quería un sobre.
¬ ¿De qué tamaño?
¬ Uno en el que quepan un par de estrellas.
¬ ¿Tienes para pagarme?
¬ Un poco de humo.
Metafísica
Octubre 10, 2003
Soul Seeker
Amanecía en la gran ciudad. El viento rugía, enfurecido con aquel Sol que osó sacarle de su sueño invernal. Stress despertó como cada mañana: con prisas. Debía hacer muchas visitas antes de completar su jornada.
¬ Sin mí, esta ciudad no despertaría.
Su despacho comenzaba a salir de la penumbra. Los rayos del Sol, aún medio dormido, regaban la estancia con su luz blanquecina. Había sido una noche dura y aún quedaban muchos casos sin resolver.
[nunca le faltaba el trabajo]
Una vida ajetreada, un destino incierto. Las manos apoyadas en la nuca, la espalda descansando sobre el respaldo, la mente en un mundo remoto aún por descubrir.
¬ Otro día más y sigo vivo, que no es poco.
Un haz de luz consiguió atravesar la resistencia de la oscuridad iluminando un letrero que yacía sobre su mesa: Buscador de Almas.
Alguien llamó a su puerta...
Cada amanecer era distinto, cada día que pasaba se sentía más lejos de lo que una vez fue. No era desdichada, no había decepción en su mirada. Simplemente se sentía distinta.
¬ ¿Qué es lo que fui?
[no podía recordarlo con exactitud]
En algún recóndito lugar de su memoria, en una habitación llena de recuerdos viajos y moribundos, se escondía alguien que nunca había dejado de sonreír.
[cerró la puerta con llave]
Quizá fuera ley de vida. Quizá el destino había erosionado su verdadero yo con los vientos de la responsabilidad. Puede que el fantasma de la rutina hubiera ahuyentado a su alma asustadiza.
Pero hoy era un día distinto, hoy empezaba la cuenta atrás. Eso es lo que sentía mientras sus nudillos golpeaban aquella puerta produciendo un sonido hueco.
¬ Quiero recuperar lo que fui, encontrarme a mí misma.
¬ Coge esta botella de oxígeno, la necesitarás cuando te sumerjas en el océano del olvido. Yo iré contigo.
Octubre 01, 2003
Maybe Someday

Salió del cine como una sombra, inmerso en unos pensamientos que horas antes no existían. Se despidió de sus acompañantes, iniciando el tedioso camino de vuelta. Un camino en el que no estaba sólo: luchaba con sus pensamientos. Sentado en un vagón de metro de matrícula desconocida, mirando su reflejo en el cristal mientras se dejaba llevar por la música.
La lluvia ejerció de compañera de viaje mientras en su cabeza parpadeaba furioso un cartel con la inscripción: Things To Do Before I Die. La muerte siempre está ocupada estudiando cada vida, buscando el punto de rutpura, el momento exacto para cortar la línea con sus tijeras.
¬ La vida son dos días.
¬ Sí, pero yo sólo he consumido unos minutos.
Apresuradamente, se desvistió mientras se vestía. Todos dormían. No necesitaba luz, el mapa lo conservaba en su memoria. A tientas cogió todo lo necesario, se sentó en una mesa de cristal, encendió una ténue luz dorada y conectó el portátil. Las ideas bullían en su cabeza sin orden ni concierto, una caótica masa de pensamientos imposibles de organizar.
Desde su ventana se veía el mundo entero. Arriba el futuro, el presente era la fina línea que marcaba el horizonte y el pasado yacía enterrado bajo la línea de visión. Encendió un cigarro esperando que el humo ordenara sus ideas mientras su mirada se perdía en la contemplación de un punto inconcreto a medio camino entre la nada y el infinito.
Se puso los cascos y se dejó caer en la silla. Buscaba una canción, sabía lo que debía estar sonando en ese momento. Había encontrado una banda sonora para su película particular. Las notas de Maybe Someday (The Cure) rasgaban el silencio mientras sus labios subvocalizaban cada estrofa:
i'll see you smile as you call my name
start to feel, and it feels the same
and i know that maybe someday's come
maybe someday's come...
again!
Siempre asoció cada canción a un momento de su vida y cada vivencia, a una canción. Ahora lo tenía claro, ya sabía qué banda sonora debería sonar en esta etapa: Maybe Someday
[¿y por qué no?]

Septiembre 21, 2003
La calle del olvido
El cartel del hotel chillaba con su chasquido eléctrico. Luces azules que buscaban las miradas casuales de cualquier curioso que, a esas horas tan intempestivas, caminara por una calle cuyo nombre ya nadie recuerda. Cuando murieron los ancianos del lugar, aquellos que guardaban sus vidas en las bolsas de sus ojos, el nombre de la calle desapareció del recuerdo. La llamaban la calle del Olvido. Un día el letrero cayó al suelo y, desde entonces, nadie se preocupó de ponerlo.
Ella, después de una de las noches más extrañas de su vida, se encontraba bajo aquel cartel presuntuoso, de tamaño desproporcionado y brillo deslumbrante. Hotel Olvido, rezaba el luminoso. Después de todo lo que había experimentado aquella noche le parecía el lugar idóneo para pasar lo que le quedaba de vida.
[huyendo del recuerdo]
Eran las doce de la noche, una hora bastante extraña para recibir visitas. Su trabajo, si podía llamarse de alguna forma, era adivinar el futuro. Ella lo consideraba un don, pues podía asomarse al futuro por la puerta de atrás y sin llamar. Podía, además, bucear en el pasado sin necesidad de respirar bajo el agua.
[se encontraba en su medio]
Desde que era una niña había aprendido a leer en las mentes de la gente, a descifrar aquella retorcida escritura con tinta trasparente.
[las líneas del destino]
Llovía en la calle, con tanta intensidad que los cristales vibraban con cada impacto. El timbre sonó tímidamente, sin intención de molestar, con el tono entrecortado y sin producir eco. Abrió la puerta y se encontró a una mujer joven y completamente mojada.
¬ Quiero que me lea el futuro. Le pagaré lo que me pida, sólo busco respuestas.
Sintió un impulso muy fuerte de cerrar aquella puerta, algo en aquella mujer le transmitía malas vibraciones.
[pero permitió que pasara]
Cogió su mano y cerró los ojos, como hacía siempre. Sumergió su cabeza en las aguas del pasado, pero sólo vio oscuridad. Nunca había visto nada similar. Se dio la vuelta y abrió, tímidamente, la puerta del destino. No vio nada, sólo la misma oscuridad que lo llenaba todo. Asustada, abrió los ojos y la miró fijamente.
¬ ¿Qué ve?
¬ Oscuridad, olvido... muerte. Nunca digo esto a mis clientes, pero con usted es una sensación demasiado fuerte. Quizá, en el fondo, no exista.
No necesitaba más detalles. Sus sospechas eran ciertas. Había pasado por la vida sin ser nada, la gente no la recordaba, no aparecía en ningún papel, no era ni un recuerdo. No era nadie.
¬ O quizá... quizá usted misma haya olvidado lo que fue.
Comprendió en ese momento que su vida se acababa y se marchó sin despedirse, dejando casi todo el dinero que llevaba sobre la mesa.
¬ Vaya a la calle del Olvido, quizá allí recupere sus recuerdos o se es esfume para siempre...
Y se dirigió a la calle del Olvido, dispuesta a terminar con aquella farsa.
Aquella noche, cuando una vida que la naturaleza se olvidó de contabilizar expiró para siempre, media ciudad perdió sus recuerdos más lejanos. Cerca del epicentro el olvido fue total, hasta tal punto que los vecinos de esa calle olvidaron la mitad de su vida. No era la primera vez que pasaba y pasaría muchas más.
[en la calle del Olvido].
Septiembre 17, 2003
Out of this world
Desde la lejanía, más allá de los límites que marca la imaginación en sus dominios, llega un sonido. Parece el soplido del viento.
Los tallos se curvan, las flores intentan sincronizar su movimiento con lo que les pareció, sería, el viento. Las hojas pensaron que se les venía encima un rayo de luz y se abalanzaron en su busca.
El paraje, antes muerto, recuperaba la vida cada vez que comenzaba la canción. Aquella sinfonía que se repetía una y otra vez y que recordaba a todos que la vida empezaba con la primera nota y acaba con un silencio duradero.
[i wonder...]
En poco más de seis minutos cada criatura debía crecer, reproducirse y morir. Una vida concentrada, una vida que no podemos concebir, demasiado corto y tan intenso que no lo soportaríamos.
Los recuerdos se fueron un día, quizá para no volver nunca más. Se retiraron a este mundo de leyenda donde nacen, viven y mueren. Un ciclo infinito que sólo interrumpe la muerte total, el silencio perpétuo.
[where we belong]
El sonido se acerca, como el viento, haciendo que la hierba húmeda postre sus rodillas a su paso. Levantando la cabeza para aspirar un poco de vida. Animales imposibles crecen con cada nota, envejecen un poco más con cada acorde. La vida se abre paso entre tanta oscuridad. El sol se transformará en luna y la luna hará el requiem por todos los caídos.
Así es y así ha sido siempre.
Este es un mundo sin preámbulos, las miradas nunca se cruzan con falsos objetivos, aquí cada par de ojos encuentra los complementarios. Parejas que crecen mientras se besan y envejecen cuando ríen, porque el tiempo no perdona y, aquí, los besos duran lo mismo que en la vida real.
[where we belong]
Las carcajadas son siempre sinceras y el brillo de unos ojos dura tanto como una vida. En este plano los recuerdos pasados y futuros se difrazan de personas y se buscan entre ellos, buscando al complementario. Así, la vida acaba encontrando a la muerte, el desengaño travestido de amor busca incesante al amor disfrazado de desengaño, la cordura observa con sus ojos objetivos cómo la locura ejecuta su baile. Todo sentimiento tiene su opuesto, todos nacerán, todos dejarán de existir. Una y otra vez.
[will we forget the way it really is]
Cuando una voz rasgada y melancólica entona la letanía que da nombre a la canción, todo se paraliza. Por un instante todos son uno y cada uno es un poco de todos. No hay distinciones, sólo palabras, sólo música, simplemente emociones.
[why it feels like this and how?]
Sólo un personaje sobrevive a cada ciclo, a todos los cambios. Es él quién ve con sus ojos al mundo cambiar. Recuerda todos y cada uno de los despertares, posee el secreto de la explosión de vida. En cierta forma él es el responsable: él gira las manecillas del reloj, es el tiempo.
Ha visto cómo todo desaparecía...
[yeah another time]
...para volver a emerger de sus cenizas
[to feel another time...]
Una y otra vez, un millón de vidas. Consciente de su destino, saboreando el placer y el castigo de la inmortalidad, el único filósofo entre tanta agitación.
Y un ojo que todo lo mira, observando a través de un descosido en el cielo con forma de triángulo. En un mundo sin tiempo para religiones, él es el único Dios.
Él, yo... Somos la misma persona. Me gusta rasgar la cubierta de este pequeño universo para asomarme a mirar. Dejar que la música fluya y que se inicie la eclosión. Mi pequeño reino, el mundo de mis recuerdos. Puedo identificar perfectamente a cada personaje, puedo ver las imágenes que yo mismo almacené.
Cuando la canción acaba, la oscuridad sustituye al mundo.
[always have to go back to real lives]
Y entonces, sólo entonces, me doy cuenta de que estaba mirando dentro de mí mismo.
Aún resuenan en mi mente las últimas palabras de la canción:
one last time before it's over
one last time before the end
one last time before it's time to go again...
The Cure - Out Of This World
// un mundo //
Metafísica
Septiembre 14, 2003
Yo-me-mí-conmigo
Vueltas y más vueltas en la ruleta de la vida. Recuerdo lo que un día pensé para no olvidar mis recuerdos. Intento cambiar el prisma colocado en mi ventana, desde donde veo la vida pasar. Mirar la vida sin artificios, con una lente sin aumentos, la cruda realidad antes de pasarla por la plancha del hastío.
[vuelta y vuelta: una vida]
Levanto la vista y fijo la mirada en mí mismo cuando contaba la edad de la inocencia. Una inocencia condenada a la destrucción progresiva, lenta pero inminente. Un niño jugando, una chispa en la mirada. Mi mira, me sonríe de esa forma que sólo conoce un niño: con el alma.
Nos sentamos en un banco de la avenida de los recuerdos. Sus ojos, ansiosos de conocimiento, se fijan en los míos.
¬ Señor, yo a usted le conozco, ¿verdad?
[demasiado]
Le miro atónito, sin contestar. Conteniendo un flujo de palabras en el cielo de mi boca. ¿Acaso tenía yo tanta fuerza? ¿Podía mi mirada atravesar otras? Quizá este inventando a mi antiguo yo a partir de retales de mi niñez, añadiendo cosas que yo nunca tuve y quizá siempre deseé tener.
Me miró, observándome como nadie lo había hecho jamás, rompiendo todas mis defensas con una mirada. Si le hubiera dejado habría hablado con mi alma.
Él tenía una imagen mental de cómo sería cuando pasaran los años y yo intentaba recordar mis orígenes. Los dos nos estábamos reinventando mutuamente.
¬ Nunca seas como yo.
¬ ¿Y quién eres tú?
¬ Nadie.
Septiembre 12, 2003
Miradas
A veces pienso que las cosas no son siempre iguales. Que los objetos, inanimados por su propia condición, despiertan cuando ninguna mirada se encuentra con ellos y, perezosos, cambian su apariencia. Basta un pequeño detalle para que el todo parezca distinto.
Edificios que parecen estar guiñando un ojo cuando te miran. Carreteras que modifican sus curvas como queriendo expresar su estado de ánimo. Luces que ajustan su intensidad según su conveniencia. Sonidos que aparecen en el momento justo y desaparecen al instante siguiente.
[expresión estática]
He pasado miles de veces por las calles cercanas a mi casa y siempre me transmiten una sensación distinta. Un atardecer que trasfiere tonos dorados a las fachadas, como si estuvieran en un gigantesco horno, gratinándose poco a poco. El sol reflejando sus rayos en las blancas paredes, cegándome con su resplandor blanquecino.
[la luz del cambio]
Luego me paro a pensar. Obligo a mis neuronas a que se sienten, se relajen y vean las cosas como son, sin prisa, observando cada detalle. Entonces me doy cuenta de que todo lo que pasa por mi retina se transforma sutilmente al llegar al área de mis sentimientos.
[alterando la realidad]
Cuando rezumo alegría todo es blanco, todo refleja la luz del sol. Las paredes me hablan, las farolas me susurran cuando leo por la calle.
¬ Ten cuidado, no vayas a chocarte conmigo.
Pero, cuando estoy triste...
Cuando las cosas no van bien la oscuridad que se adueña de mí traspasa el plano de lo ficticio y se mezcla con mi realidad. Las fachadas me amenazan, se vuelven oblícuas y me siguen con su mirada. Las plantas se apartan de mi camino temiendo que les robe la luz que es su vida. Incluso el sol se esconde tras una nube de humo, espesa como los malos recuerdos, impenetrable como una midada de odio. El teclado se mueve imperceptiblemente, confundiendo mis palabras y creando vocablos que no existen ni en la imaginación del más osado.
Por mucho que queramos, nunca podremos mirar las cosas sin cambiar un poco su esencia, sin hacerlas nuestras y obligarlas a pasar por el prisma de nuestros sentimientos. El día que vea las cosas como son, sin alerarlas, será porque haya perdido la capacidad de sentir.
[la ceguera del alma]
Metafísica
Septiembre 01, 2003
Una estrella
Compré una escalera que me llevara hasta el cielo. Quería coger una estrella que alumbrara la oscuridad de mi habitación cuando tú no estuvieras.
[quién quiera que seas]
Subí un peldaño tras otro, superé mi miedo a las alturas y creí que podía volar.
Le alquilé sus alas a un ángel caído aunque me avisó de que no siempre funcionaban. Abroché el cinturón de las ilusiones y me puse un medallón que me dió un sapo convertido en príncipe.
¬ Guárdalo para cuando quieran convertirte en algo que no eres. Yo lo encontré tarde, pero a ti quizá te funcione.
Robé una gallina que ponía huevos de oro. A solas con ella prometió ayudarme a luchar contra la especulación y darme un hogar tarde o temprano.
Llamé al rey Midas porque no me fiaba de la gallina.
[nunca se sabe]
Busqué a Cenicienta para que me contara el secreto de su calabaza. Pregunté en cada esquina por Caperucita cansado de que tanto lobo disfrazado de hombre matara a tanta mujer enamorada. Quería saber lo que nunca nadie preguntó.
Recorrí las calles de la razón buscando una explicación para tanta sinrazón. Vi en cada esquina una historia, leí un libro impreso en cada piedra, un charco de sangre me habló de la maldad del hombre y un ramo de flores me dijo todo lo contrario.
Espié a las parejas de enamorados, inmersos en un mundo propio de felicidad y falsas apariencias.
Recorrí los pasillos de un hospital nueve meses después para ver cómo la vida ponía una alfombra roja en una sala de partos, preparada para recibir a un nuevo ser. Leí las miradas e intenté someterme a una regresión voluntaria sin resultado.
Vi cómo, a la vez que llegaba una nueva vida, expiraban muchas otras. Observé a las almas errantes desde mi ventana y me despedí de todas ellas con la mano. Mi cabeza estuvo a punto de explotar cuando todas ellas me transmitieron su historia, un legado que no debía perderse en la ciénaga del tiempo.
¬ Serás mi cronista.
¬ Tú escribiste tu propia historia.
Me desvanecí, como una sombra, entre las lápidas de cualquier cementerio. Para observar sin ser visto, para no interferir en el dolor de la gente. Las lágrimas me gritaron al oído y sentí cómo la tierra me sepultaba bajo toneladas de dolor. Y, al final, sólo sentí tranquilidad. El silencio y la fragancia de unas flores frescas que no tardarían en marchitar, mutiladas y moribundas.
Y entonces usé mi escalera, una noche de verano copada de estrellas. Le pedí permiso a la Luna y me obsequió con una sonrisa.
¬ Coge una estrella si puedes cuidar de que su luz nunca se apague. Nunca le hagas daño, nunca la abandones. Si no eres capaz de amarla baja por donde has subido, con las manos vacías y tan negras como tu corazón. Muchos han subido aquí, todos con la misma escalera. Muchas estrellas he perdido y pocas más son las que quiero perder.
Bajé por donde había subido, con una estrella bajo el brazo y una sonrisa en los labios. La instalé en mi habitación, me tumbé en la cama para finalizar mi viaje. Entonces me pregunté si realmente conocía a los humanos, si me conocía a mí mismo.
La estrella brilló más que nunca y me dijo:
¬ No esperes conocer lo que estás ansioso por descubrir. Deja un hueco para la sorpresa y confórmate con los pequeños detalles que te regale la vida. Comprenderás tu vida el mismo día en que se acabe, un instante antes de que tu respiración se corte para siempre. Entontes, y sólo entonces, me iré para que otro pueda recogerme. Brillaré durante una semana y después te olvidaré, porque así funciona la memoria de las estrellas. Cada día que mires al cielo y veas una estrella brillar como nunca lo había hecho, sabrás que está recordando a su antiguo compañero, cerrando un ciclo para comenzar otro nuevo. Eso es lo que los humanos llamáis inmortalidad.
Esa fue la última vez que escuché su voz. Muchos años después, cuando mi vida se acababa, recordé sus palabras y sonreí. Tenía toda la razón del mundo.
¿Qué descubrí? Eso ya nadie lo sabe.
[lo olvidé una semana después]
Metafísica
Agosto 30, 2003
La gruta de los sueños perdidos

Cuatro noches he soñado, cuatro veces se escapó un recuerdo fugitivo, cuatro veces me hizo soñar con algo que aún no entiendo. ¿Puede la sola presencia de un recuerdo justificar un sueño? ¿Por qué no puedo interpretar mis propios sueños?
[¿alguien puede?]
"Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."
// Pedro Calderón de la Barca - La Vida Es Sueño //
[escalofrío]
Metafísica
Agosto 18, 2003
Olvido
En el pueblo el tiempo se detuvo hace demasiado. El futuro pende de un hilo más o menos estable que se tambalea con cada ráfaga de viento. Vientos que mueven recuerdos de un pasado mejor.
Romanos que poblaron este valle inmersos en el fragor de la batalla. Visigodos que lo hicieron próspero. Espadas que cortaron cabezas, cabezas que inventaron espadas. La niebla que todo lo cubrió. Una espesa nube de olvido que hizo de la desidia sus dominios.
[los recuerdos del olvido]
Palabras que volaron un día y que, hoy, llacen sepultadas bajo sedimentos que se desprendieron del curso de la historia.
Detalles que quieren pasar desapercibidos por su propia naturaleza. Testigos mudos de un tiempo en el que no existía el olvido. Crecimos con los rumores, inventamos palabras que ahora suenan sordas. Escribimos en libros que ahora cubrimos de polvo.
[perdimos nuestra memoria]
La noche difumina los contornos, la niebla borra los detalles y la rutina oculta pruebas de otra época. Murallas que separaron la tierra y el cielo, castillos que desafiaban con su mirada. Humo, viento, fuego.
La vida concebida como un fin y no como medio. El existencia como un fragil cordel en manos de un niño con unas tijeras.
[oxidadas]
Y un día decidimos olvidar, imaginamos que la historia sólo se escribe en pasado y no supimos leer entre líneas. No nos paramos a pensar que, realmente, el futuro se escribe con las palabras del pasado. Seremos lo que fuimos porque somos lo que el pasado hizo de nosotros.
Cogimos las riendas sin mirar atrás. Intentamos girar el timón demasiado rápido, sin tener en cuenta que el rumbo de la historia no cambia por hechos aislados, pues los detalles, los fotogramas en las crónicas escritas durante siglos, no son más que la consecuencia de todo lo anterior. El caldo de la historia se cuece a fuego lento.
Y un día gritamos horrorizados. Nos sentimos desconcertados porque no éramos capaces de mirar hacia atrás. Perdimos el norte porque no recordábamos dónde estuvo siempre el sur.
[rompimos la brújula]
Repetimos nuestra historia porque nunca nos molestamos en conocerla. Bucles centenarios de un recorrido que nos resulta demasiado familiar.
Nos enseñaron que cada época es una reacción a la anterior pero fuimos incapaces de ubicarnos. Nos desorientamos.
Ahora esperamos ansiosos el siguiente cambio, la siguiente vuelta de tuerca, la próxima estación en la era de los cataclismos. Deseamos volver a la normalidad sin saber que en la normalidad no existiríamos.
¿Y después?
Otros mil años de olvido.
Metafísica
Agosto 06, 2003
Caos
Tengo el poder de reducirte a cenizas. Puedo destruir el mundo tal y como lo conoces, sembrar mi semilla en los cinco continentes. Hacer que las ciudades se desmoronen y se las lleve el viento.
Puedo ocultar tus ilusiones y disfrazar tus complejos de ambiciones. Puedo hacerte poderoso, darte alas o mandarte al foso de un zarpazo.
Manipular tu mente para adaptar tus sueños a mis anhelos. Puedo moldearte como si fueras arcilla hasta conseguir una escultura a tu imagen y mi semejanza.
[amén]
Puedo ser eso que tú llamas Dios y comportarme como tu temido Diablo. Tengo la habilidad llevarte al límite de tu propia ambición.
Puedo destruirte.
Y también soy capaz de cubrirte de gloria. Hacer que tu nombre figure en los libros de historia con letras doradas o con trazos sangrientos. Serás recordado, querido y odiado. Levantarás pasiones, a nadie dejarás indiferente.
Puedo hacerte renacer.
Manejar los hilos del destino es mi fuerte. Torcer las rutas del progreso hacia donde me conviene. Vosotros me creásteis y yo os di la vida. Sería tan fácil eliminaros de un plumazo...
Unos contra otros, la ley del más fuerte, el cánon del talión. Sois criaturas débiles, fácilmente corrompibles. Mis montones de arcilla...
Tú me llamaste, tu codicia me buscó y tu ira me encontró. Juntos somos invencibles, aunque pueda prescindir de ti en cualquier momento. No vales nada pues todo lo que vales lo represento yo.
Yo soy el Caos y tú has llamado a mi puerta. ¿Quieres poder? Lo tendrás, pero a qué precio...
Iniciarás cruzadas contra enemigos inexistentes, buscarás la riqueza por todo el mundo, robarás lo que puedas. Eliminarás toda resistencia sin vacilar. Serás un ser superior en tu mente y poco a poco te alejarás de la realidad. En tu mundo serás el rey, y en la tierra sembrarás el Caos. Eres mi sirviente, no lo olvides.
[o morirás]
No eres el primero ni serás el último. No citaré todos los nombres pues tu ignorancia es suprema. Yo cometí el genocidio, yo tiré la bomba atómica, yo maté a millones de indígenas, yo eliminé a cientos de especies, yo maté a Salvador Allende, yo he sido todos y cada uno de los dictadores que conoces, yo destruiré tu mundo.
Y tú eres una herramienta más, un eslabón en la cadena de destrucción. Los hombres sois así, enemigos de vosotros mismos.
Metafísica
Agosto 03, 2003
La gran evasión
El calor domina las calles. Con su látigo de fuego fustiga la espalda de todos los infelices que osan pasearse por sus dominios. El cuerpo responde a medias, quejándose de cada esfuerzo extra, buscando el agua y la sombra, huyendo de un sol de justicia.
[sudando]
La gente desaparece gradualmente, huye del calor de la gran ciudad. Es un éxodo estival. Dejan atrás la rutina, aparcada en el garaje de la costumbre, despidiéndose con una sonrisa dibujada en los labios.
¬ Os veré en Septiembre, infelices.
Las carreteras parecen gusanos, serpenteando agónicamente por la geografía española. Coches que se detienen, bocinas que entonan una sinfonía estridente y repetitiva. La carretera, juez implacable, se lleva la vida de algunos que osaron desafiarla. Imprudencias, casualidades, mala suerte. Un instante de inflexión, marcando un antes y un después. Un grito, un frenazo, un golpe seco y mortal. Sirenas, ambulancias, sangre. Cuerpos tendidos sobre el asfalto. Rostros que expresan dolor, ojos que gritan con sus lágrimas. Silencio, oscuridad.
[vacío]
Estadísticas, porcentajes, números que representan vidas. Cifras vacías y tenebrosas, titulares en periódicos sin noticias. Recuerdos y maldiciones. Incomprensión y frustración. Suspiros de alivio y llantos de dolor.
La muerte, cercenando vidas con su guadaña motorizada.
El alivio de los que salieron airosos, la sonrisa de los que se salvaron por poco. La risa histérica del que comenzó una nueva vida.
[el que volvió a nacer]
Túneles oscuros con una luz al final del camino. Ejercicios de regresión, traumas espirituales. Ruegos fervorosos de agnósticos convencidos. Clavos ardiendo a los que agarrarse. Décimas de segundo para reaccionar, milésimas para perdonar, toda una vida que recordar ...
[y juzgar]
... y ni siquiera un segundo para despedirse.
Ojos que ven lo que no querían ver. Imágenes que se graban donde no puedan ser olvidadas. Lecciones aprendidas a la fuerza.
La carretera.
Metafísica
Julio 23, 2003
Catatonia
Parece mentira lo que uno puede alargar los días con la ayuda de un miserable virus. No duermes por las noches porque tu nariz te lo impide. Se revela y decide hacer una huelga de insomnio. Por más que intentas convencerla de que no llegará a ninguna parte, ella sigue siendo terca por sistema y no accede a tus deseos.
Das vueltas en la cama y, resignado a no dormir, le das unas capas de pintura a tus recuerdos. Pintarás los buenos recuerdos de blanco para que reflejen toda la luz. Intentarás quitar el color negro de los malos, aunque te cueste mucho trabajo. Absorven tanta luz que llenan de oscuridad todo lo que tocan. Pintarás con pintura fluorescente aquellos errores que cometiste en el pasado para que, cuando pasees por tu memoria, no pasen desapercibidos. Si el hombre es el único animal que tropieza tres veces en la misma piedra, tú eres más humano que nadie porque nunca recuerdas qué piedras te hicieron caer.
[de bruces]
Miras el reloj y te das cuenta de que las agujas no se han movido desde la última vez que miraste. Luego recuerdas que ese reloj no tenía pilas y te pones un post-it mental para recordar cambiarla al día siguiente. Lanzas un brazo en la oscuridad buscando el móvil, fiel compañero de fatigas, nunca duerme porque nunca lo apagas. Estableces una referencia mental sabiendo que, cuando lo mires otra vez, sólo habrán pasado unos minutos que a ti te habrán parecido horas.
[odio el insomnio]
Poco a poco entras en el mundo de los sueños. Guiado por el cansancio, dando la mano a la monotonía, que precede tus pasos por un sendero donde cada fase del sueño está precedida por un cartel. Miras a ambos lados del camino y puedes contemplar tus sueños, fantasías que al día siguiente no recordarás. Tus miedos visten ropa andrajosa y te llaman con su voz de ultratumba. Los anhelos están al otro lado del camino, sonriendo amablemente, vestidos con sus mejores galas. Te cruzas con tus preocupaciones, que te saludan efusivamente. Algunas son nuevas, otras de sobra conocidas.
Te adentras en el desfiladero de la desidia, donde todo está por hacer, donde nada está completo. Casas a medio construir, cimientos llenos de telarañas. Te invade una sensación de eternidad y tus pasos se hacen más lentos. Todo emana un aire de grandeza perdida, de proyectos que se quedaron en el tintero de la vida, ideas brillando eternamente en sendas bombillas colocadas al azar. Unas están rotas, otras apenas lucen.
El amor viaja en su Cadillac rosa. Colores estridentes para un motor que suena demasiado. Empalagoso como una película de amores imperecederos. Vistoso como el reclamo sexual de un animal en celo. Espectacular como una avenida copada de luces de Neón. Suplicante como un oasis en mitad de un desierto. Perdido como una apuesta en una ruleta trucada. Las dos caras del amor, con su máscara de arlequín, que responde a las miradas como mejor le convenga.
Entras ahora en el caótico territorio del sinsentido. El surrealismo campa a sus anchas. Paisajes creados por ti que ni siquiera recuerdas. Imágenes de todas y cada una de las etapas de tu vida, mezcladas sin orden ni concierto. El camino puede subir mientras tú bajas. Los árboles crecen hacia abajo y siempre llueve hacia arriba. El viento no sopla, succiona. Genialidad o locura, lucidez o falta de sentido. No eres quién para juzgar el mundo de los sueños. Las cosas han sido así desde el principio.
[hay cosas que no cambian]
Abres un ojo deseando no estar despierto. Esperando que todo sea parte del mismo sueño que acabas de inventar. El sol no ha despertado aún. Miras el reloj del móvil y suspiras. Jurarías que han pasado veinte minutos pero eres incapaz de recordar la referencia que te marcaste anteriormente.
¿Y si fuera un sueño? Te da igual, no vas a molestarte en comprobarlo. Cierras los ojos y ocupas tu lugar en el mundo de los sueños.
Te has alojado en Catatonia.
Metafísica
Julio 09, 2003
One Year Ago...
¿Acaso la vida mide el tiempo como nosotros? ¿Tiene algún significado la palabra año para ella? Yo creo que no. La vida sólo entiende de inicios y finales, de etapas que comienzan, ciclos que se cierran, épocas que acaban antes de empezar. Mezcla todo eso sin orden ni criterio y obtendrás el sentido de la vida. Porque, al final, todo se reduce a saltar de ciclo en ciclo intentando no caer en el fango de la desidia.
Entonces, si la vida no cuenta el tiempo en los mismos términos que nosotros, ¿por qué me atormenta hoy con su abanico de recuerdos? Exactamente un año después. Cuando ya nada importa, cuando es demasiado tarde para cambiar hechos que existieron para no ser cambiados, almacenándose para siempre en el cajón de los reproches infundados. ¿Por qué ahora? Porque no quiere que olvide.
[nunca]
A hurtadillas, sin llamar la atención, distrayéndome con sus juegos, ha conseguido sumergirme en su mundo de realidad virtual. Una sala de cine en lo más recóndito de mi memoria. Donde yo soy el único espectador. Unas palomitas rancias, un refresco aguado y la película de mi vida.
Unas gomas tiran de mis párpados, manteniendo abiertos mis ojos mientras un goteo infinito los humedece. Cada fotograma es una prueba para mis sentidos. Cada decisión, una tortura. Cada detalle, un mundo. Pero no puedo cambiar nada, tengo que resignarme con el desarrollo de una historia cuyo final conozco demasiado bien. Un final donde no ganan los buenos, donde el malo no se sale con la suya, donde la princesa no es salvada, el lobo se come a los tres cerditos y la gallina no pone huevos de oro.
Hace un año me encontraba muy lejos.
[en todos los sentidos]
Metafísica
Mayo 30, 2003
The Village
Un mundo de piedra y madera. Calles tan antiguas que no queda hombre capaz de datarlas en sus recuerdos. Caras que armonizan con las piedras agrietadas. Los años pesan en el ambiente, intentando transmitir un sentimiento imperecedero. El caño de la fuente continúa con la tarea titánica de horadar la piedra, como lleva haciendo durante tantos años. Las calles, enrevesadas, dibujan el camino más largo entre dos puntos, suben y bajan, hacen giros imposibles, parecen tener vida propia.
Un gato mira confiado desde su atalaya, acostumbrado a lidiar con las mismas miradas, tanto que perdió la vergüenza.
Los rayos de sol dibujan pacientemente el paisaje, con su juego de luces y sombras. Enfocan lo que quieren mostrar. Son la única prueba de que el tiempo no se ha detenido.
[para siempre]
Un hombre sentado sobre la roca pulida que gobierna su puerta. Las manos apoyadas en su bastón, los brazos ligeramente flexionados, la barbilla descansando sobre sus manos. Aprovechando cada rayo de sol, parece una gárgola sentada en su trono. Sus ojos no ven la pared, sus ojos miran como lo harían todos sus antepasados, un torrente de experiencias, una inmensidad de recuerdos. Una expresión congelada, un rostro indescifrable.
La campana hace vibrar el aire con su sonido milenario, forzando al tiempo a sumarse uno.
El sonido rebota un millón de veces en las paredes de la iglesia, paredes que han visto enfrentarse a un país, que han visto el triunfo de unos y la persecución de otros. Paredes que sobrevivido a muchos y que temblaron bajo las bombas...
[hace mucho tiempo]
... que vieron nacer y morir a generaciones, que dieron sentido a los cánticos religiosos.
Un castillo en continuo asedio por un viendo que no entiende de historia, que siempre ha estado ahí. Recuerdo de tiempos gloriosos, recuerdo de otras épocas. Testigo de la evolución, del crecimiento, del olvido. Dando sombra a un cementerio donde se amontonan los restos de los que una vez aquí vivieron, velando por sus almas.
Una juventud hastiada, con miles de sueños en la cabeza y pocas expectativas de cumplirlos. Viviendo con la resignación que sus padres grabaron con fuego en las paredes de su casa, quemando sus ilusiones en la chimenea que construyó su abuelo.
Familias infinitas, fotos en blanco y negro de antepasados que no quisieron abandonar la casa. Una mirada seria que te dice:
¬ No olvides tus raíces.
Naturaleza relativa. Prisión para unos, refugio para otros.
[un templo centenario]
Metafísica
Abril 24, 2003
Paralelismo
Miles de personas al día cruzan su mirada en el metro. A veces pienso cómo será la vida de toda esa gente. Entro en el vagón, intento coger un sitio...
[si no hay alimañas a la vista]
... y, simplemente, observo. Robo las miradas de la gente y las hago mías por un momento, lo suficiente para divagar sobre su vida. Algunos acumulan tristeza en sus ojos, puedo verlo en su mirada. La tristeza de la rutina, el peso de una vida que cada día se hace más difícil de soportar. Caras marcadas por los surcos que hace el paso del tiempo con su cincel.
[del que todos huímos]
Es curioso sentirse sólo en medio de una masa de cuerpos que intentan correr más que las manecillas de su reloj, pero yo siempre me siento aislado. Demasiadas historias para ser contadas en tan poco tiempo, demasiados recuerdos, demasiadas vidas.
La mirada cansada del obrero que cumplió sus doce horas de trabajo, la chispa que enciende los ojos del enamorado, la nube que nubla la vista del frustrado, las lágrimas que luchan por salir en los ojos del que acaba de ser engañado.
Conversaciones vacías, diálogos por compromiso, apasionados debates. La concentración del que lee, el concierto del que escucha música, la cara de circunstancias del que se ha pasado de parada.
El sueño de la bella durmiente, que cerró los ojos porque su cuerpo se lo pedía después de una noche de estudio, dejándose llevar hacia su destino, confiando en que su organismo despierte tres paradas más adelante. Las preguntas y respuestas que se plantea el estudiante nervioso ante un examen. El que disecciona el plano para encontrar el camino más rápido a su destino, meticuloso en todo lo que hace, buscando un camino en el metro que nunca encontró en la vida.
[la línea recta]
El turista despistado, atado a su cámara réflex que mira inquieto a todas partes, enfocando con sus ojos lo que su cámara no quiere captar. La risa nerviosa del que acaba de hacer el ridículo, buscando el suelo con su mirada con la esperanza de que éste le engulla. La banda sonora que proporciona el que siempre lleva la música demasiado alta, buscando que alguien se identifique con él por sus gustos musicales. La mirada sin expresión del que está drogado, mimetizándose con su asiento hasta desaparecer.
[muriendo en vida]
El ruego lastimero del que pide limosna, recitando mil estrofas que todos conocemos, gritando o con un hilo de voz, con un niño en brazos o con un cartel. Y las distintas sensaciones que produce: lástima, rechazo, solidaridad, odio, superioridad...
Las estrofas raídas por el uso del espontáneo cantautor. Las notas metálicas de un viejo amplificador, el sonido melancólico de una armónica o las vibraciones del acordeón. Los sonidos exóticos de instrumentos con nombres impronunciables, el rasgar de las cuerdas de una guitarra, la voz desgarrada de un solista aburrido. Muchas monedas (demasiadas de cobre) y ningún billete. Y al terminar, una carrera al siguiente vagón.
La mirada perdida de un loco que piensa en alto cosas sin sentido. El asombro, las risas, el rechazo de los que le rodean. Pero él sigue en su mundo, ajeno a todo lo que pase en el exterior, inmune a las intenciones de la gente.
La mirada inocente de un niño ajeno a todo este mundo de aislamiento, inmerso en sus juegos, captando toda la atención.
La mirada anónima del ciudadano desconocido, el que quiere pasar desapercibido en el vagón como siempre ha hecho en su vida. El espía que no puede desengancharse de su trabajo y lee el periódico más cercano con disimulo. El que te mira fijamente, luchando por que esquives su mirada. Los ojos que miran tu reflejo en el cristal, practicando sus conocimientos de geometría...
[un pitágoras en nuestros días]
El sueño de un antropólogo.
Metafísica
Abril 22, 2003
Fé
Cuestión de fé. Creer o no creer. Pero, ¿en qué? Nací agnóstico y mis padres me bautizaron (como no podía ser de otra forma) y, a partir de ese momento, fui uno más en las filas de una religión que yo no había elegido.
Colegio de monjas, mis queridísimas monjitas...
[sarcasmo]
Una educación en un colegio de monjas nunca te deja indiferente: te hace agnóstico o fervoroso creyente. Es difícil quedarse en el término medio. Aún recuerdo las misas (por dar un nombre) en una capilla que no era mucho más grande que el salón de mi casa. Las canciones, las oraciones, el himno del colegio.
"Colegio de nosotros tan querííííííídoooo..."
[manda huevos, con perdón]
Reclutamiento de futuros misioneros desde una edad temprana y escuela de creación de repreimid@s como no he visto otra igual. Convivencias con curas casposos que se las daban de progresistas y que reprimían deseos inconfesables, charlas dudosamente educativas donde se nos exponía una visión castrada de la realidad. Nos dieron prismáticos trucados, no querían que viéramos dónde pisábamos. ¿Para qué? Si ellas indicaban el camino....
[su camino, su verdad y su vida]
Y creces y te asaltan las dudas, las preguntas, el ansia de conocimiento en la escuela de la vida... pero había cosas que no podías preguntar. Uno tenía que buscarse sus fuentes por otros medios (arriesgándose a que te excomulgaran o, peor aún, al exorcismo).
[vade retro alma impía!]
Fue en esa época en la que desarrollé una habilidad innata para desaparecer de las clases. Cuando sabía que se iba a celebrar oficiar una misa (a veces no avisaban las muy pícaras) hablaba con mi madre:
¬ Mamá, hoy hay misa, no voy a clase. Hazme un justificante...
[evasión o victoria]
Y así, de paso, encontré la excusa perfecta para no ir a clase. Mi madre debía pensar que el colegio era lo más parecido a una iglesia. Y las pocas misas sorpresa las aguantaba estoicamente, perfeccionando mi estilo de playback con los sagrados cantos, recitando mis pensamientos en lugar de los rezos, aguantando el asedio cristiano.
Y la comunión se acerca y tú, como niño que eres, quieres celebrar esa fiesta, quieres regalos, quieres jolgorio, quieres protagonismo. Ese día tus profesoras (aquellas a las que había que llamar hermanas aún siendo las esposas de cristo, ¿no era más apropiado cuñadas?) se mostraban radiantes y posaban en todas las fotos que podían, y te repetían los salmos, y te limpiaban el rosario...
Dejas el colegio, no sin antes recibir una charla sobre sexualidad impartida por dos tertulianos lobotomizados que, seguro, no eran de este planeta (quizá raelianos?). Ver a una pareja jóven defendiendo la más absoluta castidad (los genitales como adorno) me pareció tremendamente triste. Pero lo respeto, cada cual que haga con su vida lo que quiera. ¿A cuántos infelices convencerían?
Y sales del colegio y la religión te persigue, aunque tú corres más.
¬ ¿Quieres confirmarte?
¬ Sí, te confirmo que soy ateo y, si me apuras, agnóstico.
Tengo Fé. Fé en que cumpliré mis sueños...
[soñador]
... Fé en que viviré el tiempo suficiente ...
[apurando la vida al máximo]
... Fé en que encontraré la felicidad.
[iluso]
Todos necesitamos creer en algo, algo que para muchos es el motor de una vida entera. Cada uno que crea en lo que quiera, yo sé muy bien en qué debo creer.
Metafísica
Abril 10, 2003
Comercial de sueños
Duerme...
Comencemos el viaje por el mundo de tus sueños. Yo te guiaré, no tienes nada que temer. Símplemente déjate llevar.
Has cerrado los ojos? Bien, ese es el primer paso. Abandónate poco a poco, siente cómo tus párpados pesan cada vez más, deja que tu respiración se estabilice.
Buscaremos en tu subconsciente, recorreremos el pasillo de tus anhelos, huiremos de tus temores. Yo te guiaré, aunque tus ojos no puedan ver donde pisas, confía en mí.
[siempre]
Qué tenemos aquí? Una puerta. La abriremos despacito, no hay prisa, el tiempo aquí es infinito.
Bien, abre los ojos, aquí comenzamos nuestra andadura. Estamos en la antesala de los sueños. Dónde quieres ir primero?
Me dejas elegir a mí...
El primer beso, uh, veo que lo guardas en una cajita de cristal, cerca de una ventana donde siempre le dé la luz. Aún lo recuerdas verdad? Ahora experiméntalo otra vez como si fuera hoy aquel día. Lo sientes? Esto no es nada, nos queda aún mucho camino por recorrer.
Cierra los ojos otra vez, deja que te guíe, entremos en una viaje recursivo. Pon la mano aquí y empuja suavemente.
Abre los ojos otra vez. Ves todas esas camas? En todas duermes tú, son todos los sueños que has tenido en tu vida, de algunos te acuerdas, de otros no, pero aquí están todos.
Para repetir el sueño no tienes más que acostarte en la cama, en la que quieras. No, no sigas por ahí, no ves cómo se agita? Eso es una pesadilla. Que no tienes miedo? Entonces entra, te despertaré en un momento, no quiero que sufras, no aquí, en tus sueños.
[nunca]
Ves a esa niña? Esa eres tú con cinco años. Observa cómo esa sonrisa no se borra de su rostro, fuiste feliz. Quieres saber con qué está soñando? Sí? Sólo tienes que desearlo y tumbarte con ella en la cama.
Las paredes no existen en esta habitación, las camas llegan más allá de lo que puede abarcar la vista, el cielo es el único techo y bajo tus pies hay una nube. Mira quién está en esa cama, eres tú esta misma noche, soñando que entras en tus sueños. No es increible? Ese es el único sitio que no puedes pisar de esta habitación. Ya, ya sé que te encantaría entrar, lo veo en tu sonrisa.
No podemos estar más tiempo en la habitación de tus sueños, es demasiado arriesgado. Dónde quieres ir? Podemos navegar por tus recuerdos, por todo aquello que creías olvidado. Veo que te entusiasma la idea. Dame la mano y cierra los ojos. Por qué? Porque no debes conocer el camino, es peligroso que entres tú sóla. Pero no te preocupes, siempre que me llames vendré.
Abre la puerta suavemente. Eso es, ahora puedes abrir los ojos. Sí, hace tiempo que no entra nadie aquí verdad? Está todo lleno de polvo. Aquí se almacenan los primeros años de tu vida. Mira, esta es la primera vez que viste la luz y, ahora, puedes sentir lo mismo que experimentaste en ese instante. Sorprendida eh? Esto no es nada.
Gira un poco la manivela, pero no mucho, adelanta apenas unos meses. Ves? Son tus primeros pasos. Es increible poder experimentar lo mismo otra vez. Te sentías feliz, pletórica, viva. Observa la cara de tus padres, casi están llorando de la emoción.
Aquí está impreso tu pasado, tu presente e, incluso, tu futuro. Sí, has oído bien, tu futuro. Qué? Que quieres verlo?! No te dejaría nunca. Si ves tu futuro ya no será tu futuro, será una historia que querrás cambiar y, entonces, se desmoronará. Y no, no te dejaré ver el día de tu muerte. Ya sé que no me lo has preguntado, pero lo hacen siempre, todo el mundo tiene curiosidad por saber cómo será el día en que deje este mundo. Ni siquiera yo lo he visto, y no lo quiero ver, porque ese día una parte de mí morirá contigo y nunca podré volver a velar tus sueños.
Ves estas alas? Sólo puedo usarlas aquí dentro, fuera no soy nadie. Fuera de esta mente soy una persona anónima, alguien con quien quizá nunca llegues a cruzarte. Además, tengo otra forma, no me reconocerías. Y yo no podría decirte nada, son las reglas.
Creo que hemos tenido suficiente por hoy. Además, va a sonar tu despertador en un momento. Es más, seguramente no recuerdes este sueño, nunca lo recordáis.
Volveré por aquí otro día, nos queda mucho por ver. No me esperes, aparezco de improvisto y me voy antes de lo que desearía. Aunque no me veas, siempre cuido de ti mientras duermes.
Quién soy?
Nada y todo a la vez. Un viejo amigo anónimo, el hijo que nunca tuviste, la madre que nunca te engendró, el hermano nonato que siempre quisiste tener, la media naranja que murió antes de que tú nacieras.
Soy tu Comercial de Sueños.
Metafísica
Abril 04, 2003
El mundo lo rige una corbata
Para bien o para mal, el mundo lo rigen las corbatas. Hombres (por suerte, cada vez hay más mujeres) encorbatados, ceñidos en su traje, ajenos a todo lo demás. Criaturas del asfalto, engendros de la gran cuidad. Lejos de ser un complemento inocente, la corbata intenta controlar tu mente. Por la mañana te mira con su sonrisa burlona y cuando te la pones te estrangula. Si ella quisiera te dejaría sin respiración en un instante.
Maletines, bolsas de piel, mochilas de diseño, todo vale. Las preocupaciones en la cabeza, el stress en el bolsillo, el móvil sufriendo ataques epilépticos continuos, vivir la vida como una carrera donde lo más importante no parece ser participar.
¬ Tenemos que dar una imagen.
... y después podremos apuñalar por la espalda, porque no nos ven venir...
y te fijas, reflexionas, y te das cuenta de que la gran mayoría de los presidentes, reyes, cónsules, emperadores, dictadores y demás, llevan corbata. Ya sé que es una estupidez pensarlo, pero, y si el mundo lo dominaran las corbatas?
[estupidez]
¬ Yo al mío le tengo dominado, no dice ni mu.
¬ Eso no es nada, yo cuando el mío se encabrona, le aprieto la nuez y no veas que suave se queda.
¬ Bah, yo conseguí que el mío iniciara una guerra sólo porque un día me desperté encabronada.
¬ Sí, y el mío te siguió, gracias a mí, como un perrito faldero. Hasta ha adoptado tu acento.
[sí, es una estupidez]
Miro hacia atrás inquieto, buscando con la vista mi corbata para comprobar que no se mueve, que no habla. Ahí está, impasible en su percha de metal. Suspiro, al menos la mía aún no se ha vuelto loca. Y cada mañana todas se exhiben para mí, quieren salir a la calle. Lo que no saben es que no tengo gusto para las corbatas y que si las conjunto bien es fruto del puro azar...
Vuelvo a mirar a la pantalla mientras pienso que debería poder volar y transportarme instantáneamente a cualquier parte del mundo, jugar con las distancias, con el espacio. Moldear el planeta como si fuera plastilina. Cambiaría muchas cosas.
Metafísica
Marzo 26, 2003
La corchea de la vida
Siempre he pensado que cada momento de la vida se puede asociar a una canción. Mi memoria está enlazada con las melodías de mi vida. No conservo apenas recuerdos de mis primeros años de vida, quizá algún fragmento, algún matiz, pero poco más. Pero si en el momento en el que llegué a este mundo sonaba una canción, esa era Born to be wild.
Mi infancia no la rigió una partitura. Transcurrió tranquila, sin sobresaltos. Una infancia normal y anónima, una transición hacia el maravilloso mundo de la edad del pavo. Las canciones que escuchaba eran aquellas con las que las monjas (aquellas que crearon a este pobre diablo) me martirizaron. Aquél mítico padre nuestro (que no pienso escribir en mayúsculas), el himno del colegio... en fin, esas repelentes canciones de capilla. He llegado a pensar, con los años, que todo aquello que intentaron meterme a presión ha conseguido el efecto contrario.
Y cuando llegó la adolescencia yo la recibí con los brazos abiertos. Libertad, divino tesoro. Fueron años de rock, fueron tiempos de Highway to Hell. Nos revelamos contra todo aquello que nos quisieron imponer, intentamos cambiar muchas cosas, nos enganchamos en los vicios sólo por parecer mayores (y ahora queremos volver a ser pequeños), avanzamos a pasos agigantados hacia la madurez sin saber que algún día desearíamos todo lo contrario. Nos quejamos de nuestras familias, de los padres que a nosotros nos parecían dictadores. Nos reimos de las charlas de sexo que nos daban las pobres monjitas (que de eso no sabían nada), fuimos crueles con nuestros semejantes. Quisimos ser líderes de algo que no existía, tener poder en un grupo que, de por sí, no pintaba nada en el mundo. Vivimos los primeros amores platónicos que nunca olvidaremos, nuestros primeros besos. Intentamos vivir la noche durante la tarde, nos revelamos por el toque de queda que nos impusieron nuestros padres, nos dimos a la bebida como una liberación, fumamos nuestro primer porro como transgresión. Vivimos intensamente aquellos años. Y al recordar esta etapa mis neuronas entonan el mítico Smells Like Teen Spirits.
Crecimos...
...y entonces nuestra virginidad se esfumó sin decir adiós. La echamos. Las monjitas (las pobres e hipócritas monjitas) se cansaron divagar sobre el sexo, de lobotomizarnos con el miedo a la justicia divina. Mi virginidad se despidió de ellas con una sonrisa. Nos quedamos con aquella mirada, suspendimos el momento en el infinito, y desamos que la siguiente vez fuera mejor... Y, de paso, matamos a la cigüeña todopoderosa que traía a los bebés con un pan debajo del brazo. Las notas de Satisfaction retumban aún en mi cabeza.
Antes o después (los que tuvimos suerte) conocimos el amor. Intentamos explicar que se siente al estar realmente enamorado, pero no supimos. Acaparamos todas sus miradas, guardamos un pedacito de sus labios y soñamos. Nos cambió la cara, nos cambió la voz, nos adaptamos. Nos sonrojamos, reímos como nunca y deseamos poder volar. Nos sentimos vivos. Cantamos Alive.
Tarde o temprano llegó el desengaño. Sueños rotos en mil pedazos, espejos astillados por la cruda realidad, aquella nube negra que nos seguía a todas partes. Experimentamos la incomprensión, nos marchitamos lentamente. Sufrimos imsomnio, perdimos la sonrisa e imaginamos que no nos podría pasar nada peor. Sonó el triste lamento de Last Kiss. Y después vino la rabia, las ganas de pelearnos con el mundo, de dejar las cosas claras. Decidimos luchar y nos sentimos heridos, nos habían hecho demasiado daño. Desgarramos nuestras cuerdas vocales con Mudshovel.
Estudiamos, trabajamos, entramos por la puerta pequeña en el mundo. Planeamos una vida que nunca viviríamos, reimos histericamente con nuestro primer e ínfimo sueldo, y tarareamos If i were a rich man.
Seguimos nuestros principios, nos encaprichamos con nuestros ideales. Luchamos por lo que siempre quisimos y nunca nos quisieron dar. Hicimos oir nuestra voz, dijimos las cosas como las pensábamos. Y nos manifestamos. Recorrimos las calles con pancartas, nuestros recuerdos con una linterna y nuestro futuro con unos prismáticos. Nos unimos, reivindicamos, pensamos como uno sólo y dijimos basta. No nos escucharon, nos dimos cuenta de que no pintábamos nada, nos desilusionamos. Volvimos a casa cabizbajos. Despertamos y seguimos gritando, intentamos detener los misiles con nuestras voces, pero pesaban demasiado. Intentamos quitar una absurda ley de desenseñanza pero no nos dejaron. Quisimos quitar el fuel con nuestras manos, pero apenas nos lo permitieron. Quisimos correr la cortina, ver que había detrás de todo aquello, pero se rieron de nosotros. Nunca nos alejamos de lo que buscábamos, nunca dejamos la senda. El ruido de la batalla no silenció nuestras voces cuando cantábamos Sunday Bloody Sunday.
Seguiremos luchando.
[siempre]
Metafísica
Marzo 15, 2003
Imagina
Imagina que el mundo se detuviera, que el tiempo dejara de fluir... menos para ti. Observar un instante (infinito) en toda su plenitud.
Imagina una sonrisa congelada para siempre, unos ojos traviesos en mitad de una pícara mirada. Dos enamorados congelados en un beso, para siempre. Un orador subido en un cajón en cualquier parque de Londres, congelado en mitad de su discurso. Un partido paralizado en el descuento, miles de personas en mitad de un grito de ánimo.
Imagina las balas detenidas en mitad de una batalla. Podrías leer un mombre en cada una de ellas y saber a quién van dirigidas, podrías borrarlos todos y convertirlas en balas perdidas. Misiles detenidos en pleno vuelo. Qué fácil sería cogerlos y dejarlos suavemente en un lecho de hojas secas.
Una mujer paralizada en mitad de un parto, llena de ilusiones y esperanzas. Un primer llanto congelado, una primeda inspiración. Una nueva vida.
Un entierro perpétuo. Llantos congelados para siempre, una vida que se extinguió. Una rosa detenida en mitad de su vuelo. Un rayo de sol que se refleja para siempre en la inscripción del sepulcro: Perdonen que no me levante.
Unos amantes congelados en una colina desde donde se ven las estrellas. Un niño cogido de la mano de su padre mientras le mira con esa chispa en los ojos, a punto de preguntarle algo que su padre no podrá responder.
Un primer beso que no acabará nunca. La ilusión representada en una mirada. Ojos entreabiertos, dos labios juntándose. A punto de generar una descarga inolvidable, dos corazones preparados para latir como nunca lo han hecho. Dos memorias listas para guardar donde no se pierda tan singular recuerdo. Una fiesta de los sentidos a punto de comenzar.
Una ciudad detenida, con su bullicio, su strees, sus miserias y sus grandezas. Qué fácil sería meter todos esos humos en una cajita y enterrarla para siempre.
Un robo detenido en el tiempo, el ladrón con una mueca de agresividad, la víctima rebosando miedo. Qué fácil sería cambiar la pistola por una flor.
Un discurso de un presidente en el congreso de los diputados, un bigote en suspensión para siempre. Qué fácil sería colgarle una chapita en la solapa del traje que dijera: No a la guerra.
Un marino mirando impotente al mar donde vivió su vida, donde creció, donde aprendió a navegar, un mar que le dio el sustento para los suyos, un mar negro. Melancolía y furia a la vez, un puño apretado, un músculo en tensión infinita. Una mirada vidriosa y en sus labios unas palabras: Nunca Mais.
Una tribu en mitad del amazonas, repitiendo un instante que podían haber vivido hace cientos de años, viviendo su vida. Y, a cien metros, el malvado hombre con sus máquinas dispuesto a deforrestar media selva. Qué fácil sería poner coches de juguete en lugar de aquellos monstruos de metal.
Un estudiante en mitad de un examen. El sudor corriendo infinitamente por sus mejillas, la tensión asaltando para siempre su pobre cabeza, la duda que no cesa. Qué fácil sería dejarle una pequeña ayuda.
Un violador apunto de cometer su crimen. Una mujer muerta de miedo, un hombre en el que ya no cabe ningún buen sentimiento. Cómo disfrutaría poniendo una pistola en la mano de la víctima, cambiamdo el arma del violador por una brizna de hierba.
La luna suspendida, lanzando sus rayos por siempre sobre la tierra. Y las estrellas detenidas en su peculiar código, mandando siempre el mismo mensaje. Alargar la noche para siempre.
Un niño de cualquier país pobre del mundo, suspendido en un llanto imperecedero. Sin nada que comer. Sin nada que hacer, muriendo lentamente. Qué fácil sería equilibrar la balanza.
Una mujer a punto de suicidarse, mirándose en el espejo por última vez, a su corazón no le quedan más fuerzas, ya no puede llorar más, se le han agotado las lágrimas. Cambiar el cuchillo por una carta, decirle lo mucho que vale, que no se dé por vencida, que vendrán tiempos mejores, decirle que no se rinda.
Un mundo detenido para siempre, neutral por un momento y sin que sirva de precedente. Un mundo mejor.
Nunca pierdas la capacidad de imaginar.
Metafísica
Marzo 13, 2003
Dungeons & Dragons
El despertador suena a las siete, puntual como siempre. Dejas que suene un ratito, que haga su trabajo. Abres un ojo parcialmente y ahí lo ves, vibrando frenéticamente sobre la mesa (no hay que pensar cosas raras, mi despertador es un móvil con vibrador). Te levantas y lo apagas. Cuando has repetido este proceso con las cinco alarmas que te pones (sí, es que si no, no lo oigo) decides retrasarlas (las cinco), y dormir diez minutos más. A veces repites el proceso un par de veces, sólo par darte el gustazo.
Al fin consigues despertar del todo y vas directo a la ducha (la maravillosa ducha, la que tantas veces te ha ayudado, la que te ha sacado de tantas resacas...). Y en el metro te conviertes en una sardina, enlatado sin piedad en un féretro de metal. Siempre he pensado que el metro es la gran escuela de la vida. Debes usar tu inteligencia y tu astucia para conseguir un asiento, tu cortesía para saber cuándo debes cederlo (cuando no lo haga el que tienes a tu derecha), tu paciencia para no mirar mal a la señora de cuarenta años que te acaba de quitar el sitio y tu estómago para no marearte con la mezcla de olores: Chanel Nº5 con extracto de sudoración, qué gran contraste. Sales del metro disparado, se puede decir que el vagón te escupe vilmente, y te diriges al trabajo.
Aguantas estoicamente la jornada y sales disparado cuando es la hora (si no te enganchan para que te quedes). Ahora podemos decir que es la oficina la que te escupe.
Y en ese momento empiezas a vivir tu tiempo. Esperas los fines de semana con ansia y los despides con tristeza, con resignación.
Cuando todos los días se parecen tanto que es imposible distinguirlos, cuando todas las alegrías parecen las mismas, cuando la tristeza se confunde con la normalidad, cuando los logros parecen pequeñas anécdotas... es en esos momentos cuando revolotean los dragones por encima de mi cabeza. Pero no debo dejar que me cacen, son más pero yo soy más fuerte. ¿Y cómo me deshago de ellos? Haciendo que cada momento sea intenso, que no se parezca nada al anterior, poniendo todo mi empeño en cada cosa que hago, saboreando las alegrías como se saborea un buen beso, minimizando las tristezas con el gran ratón que es mi alegría...
[metáfora informática]
... y, sobre todo, sonriendo. Los dragones no atacarán si vives cada momento de tu vida como si fuera el último. Y eso hago yo.
Dedicado a quién los dragones atacan cada día, para utilice su sonrisa como arma contra ellos. Escrito acompañado de dos cálidos besos cibernéticos
Metafísica
Febrero 11, 2003
Soy como soy
A veces desearía volar, pero nunca acabo de despegar. Estar en todas partes y no estar en ninguna. Ser etéreo y no preocuparme de los obstáculos del camino. A veces pienso que no es bueno pensar tanto, y acabo reflexionando, buscando el porqué de cada cosa que se me ocurre.
Suelo imaginar cómo sería mi vida sin gravedad y no me doy cuenta de que mis pies están anclados al suelo. Muchas veces me refugio en las nubes, en el cielo de los malos y el infierno de los buenos. ¿Por qué? Porque me gustan los contrastes.
Soy capaz de emocionarme con una sonrisa, con una mirada, o con una voz que me dice: "Millo!". Puedo soñar despierto y dormir de pie.
Soy capaz de imaginarme en un escenario cantando ante miles de personas, pero ni siquiera puedo entonar una mísera nota sin avergonzarme. Mi mente puede simular un estado de shock psicotrópico, pero a veces no es capaz de desconectar de la realidad.
Confío en que todos nacemos sabiendo volar, pero lo olvidamos. Y busco por todas partes el norte, sin saber que viajo hacia el sur.
Puedo emborracharme con un beso o enfermar por una mala mirada. Nunca olvido unos ojos aunque nunca sepa a quién corresponden.
Intento recordar sabores, aunque los mezclo con sensaciones. ¿A qué sabe la felicidad? ¿A qué huele el fracaso? Hay quien busca el Sol antes de que amanezca, mientras yo intento encontrar la Luna a medio día. Y pienso que me han robado la noche, y que cada día puede ser el último.
Intento disfrutar de las pequeñas cosas porque las grandes me saben a poco. Aprovecho esos pequeños momentos porque el tiempo no perdona. Aprendo día a día cómo olvidar lo que planeo para que todo me sorprenda.
Busco el amor pero huyo del compromiso, añoro el compromiso pero huyo de las ataduras.
Así soy yo ahora, en este momento. ¿Quién sabe como seré mañana? Nunca pierdo la capacidad de sorprenderme, ni siquiera conmigo mismo.
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Febrero 05, 2003
Vuela arriba, vuela alto

Un día conocí a una paloma. Blanca, radiante, libre. Me enseñó a volar, me ayudó a orientarme y, en ese momento, supe cual iba a ser el norte en mi vida. Lo supe y nunca lo olvidé. La tempestad se la llevó muy lejos, tan lejos que perdí su pista, me desorienté y no encontraba el norte.
Deambulé por los senderos del destino, no volé porque lo había olvidado. Por olvidar, casi olvidé a mi paloma mensajera.
Y un día apareció tan repentinamente como se fugó y trajo consigo a alguien que jamás olvidaré. Fue un torbellino. Estaba herida, no podía volar, alguien le rompió las alas. Y juntos aprendimos a volar. Y volar y volar. Desde arriba todo se ve más pequeño, más insignificante. Volar es soñar despierto.
Pero un día llegó la tormenta (o fue la llovizna la que nos fue separando poco a poco?) y se fue, llevándose mi norte con ella.
Y ahora, de vez en cuando, la veo volando por los tejados, la veo a lo lejos y ella me mira como queriendo decir: no me olvides.
Y no te olvidaré, mi paloma mensajera.
Hoy he hablado con ella, emprende un viaje en breve. Una nueva etapa de su vida, lejos del sangriento cazador, lejos de la urbe asesina, lejos de los malos humos... y lejos de mí.
Sólo te puedo decir una cosa compañera: vuela arriba, vuela alto y hasta siempre.
[Si leyeras esto sabr&ia

