Septiembre 12, 2004

Mar Adentro

El viernes, después de una semana extraña que parecía no querer acabar, había planeado ir al cine con unos amigos. Había perdido el metro anterior y tendría que hacer malabarismos para llegar antes de que empezara la película. En el andén, libraba una lucha a vida o muerte con el discman, intentando desenredar los cables que, por momentos, parecían los tentáculos de una bestia marina que pugnaban por asfixiarme. Inmerso en mi ridícula escena heroica no percibí un movimiento a escasos metros por mi visión periférica, por eso el sonido de una voz patosa casi me hace dar un brinco.
¬ Me gustaría ser tu amigo.
La voz de aquel pobre borracho se dirigía a una chica neumática que intentaba ignorar su presencia como lo habría hecho con un insignificante mosquito, ni siquiera se dignó a apartarlo de un manotazo. Entonces el mosquito centró su atención en mí y se acercó con pasos zigzageantes, dejando tras de sí el mismo rastro que dejaría una serpiente.
¬ Me gustaría ser tu amigo.
El dulce olor de un tipo de alcohol que no supe especificar casi me hizo tambalearme. Me tomé mi tiempo mientras simulaba apagar el discman (que no había conseguido encender) e intentaba librarme de la presa de los cascos.
¬ Me llamo José, y soy de Ecuador.
Evalué la situación y llegué a la conclusión de que lo mejor sería seguirle el juego a aquel pobre borracho. Detesto a los borrachos excepto cuando yo mismo lo estoy, y aquel chico había bebido por él y por todos sus compañeros (y por mí el primero).
¬ Yo soy Emilio.
Me tiende su mano como el que sostiene un filete y se la estrecho con fuerza. Él me mira con ojos vidriosos.
¬ Yo es que quiero ser español de pura cepa. De verdad.
Se me ocurren mil respuestas, pero opto por el camino de la metafísica, ya que los locos y los borrachos son lo más parecido a un visionario.
¬ Cada uno es de donde elije ser. Si quieres sentirte español, adelante. Prefiero pensar que todos somos ciudadanos del mundo y que no importa dónde hayamos nacido, sino donde estamos.
Le dirijo una mirada al discman esperando que me llame pedante pero, en su naturaleza de objeto inanimado, se conforma con enroscar sus tentáculos en mi cuello.
[y presionar]
¬ Ya, pero yo quiero ser español, español.
Quizá no me haya escuchado o, simplemente, no quiera escucharme. Pienso en venderle la idea de que el papel que él desea no es más que eso: un papel. Y recuerdo las caras de los inmigrantes que mueren en el mar cada día, que vienen buscando un papel y se hunden en aguas traicioneras. Las voces de los emigrantes españoles que hace décadas tuvieron que irse con lo puesto y que tuvieron que trabajar en lo que otros no querían, obedecer órdenes pronunciadas en idiomas guturales y, para ellos, ininteligibles. Y el reflejo en el espejo del desarrollo de esos mismos emigrantes que, en su imagen especular, son los inmigrantes que vienen aquí a trabajar en lo que nosotros no queremos. Y sé que no puedo venderle un sueño, por mucho alcohol que lleve en sangre.
¬ Yo en Ecuador era algo, yo tenía reconocimiento. Y aquí no soy nada. Quiero ser el más español de todos, quiero que me reconozcan.
Nos llega el silbido del tren desde la oscuridad de los túneles. Un silbido que parece despertar a José de sus divagaciones etílicas. Por un momento desaparecen las cortinas de sus ojos.
¬ Bueno, ya hablaremos en otro momento. Adiós.
¬ Adiós, encantado.
Giro sobre mis talones y avanzo por el andén. El discman se rinde al fin y consigo encenderlo mientras me pregunto si el encantado que pronuncié es como ese perdón que se pide sin que a uno le importe que le perdonen, esa disculpa automática que nos sale cuando pisamos a alguien.
Llego al cine casi echando el estómago por la boca, después de subir corriendo los cinco tramos de escaleras mecánicas de la estación, y entramos justo a tiempo para que el acomodador nos haga la photo finish mientras con la mano libre mutila nuestras entradas.
[acrobacias]
En la sala nos esperaba Mar Adentro, una película que prometía sonrisas y lágrimas, una película que me encantó. Me hizo recordar aquellas imágenes de Ramón Sampedro pidiendo una muerte digna, clamando por su derecho a la eutanasia. Recuero que, durante un tiempo, todo el mundo hablaba de ello, en todos los telediarios había algún apunte sobre el tema. Hasta que un día, como pasó con la guerra de Irak, con las armas de destrucción masiva y con el último romance de una famosa septuagenaria, se dejó de hablar de aquello.
[cortinas de acero]
Después de haber contenido las lágrimas (a excepción de algún torrente furtivo que se me escapó), la película se acabó. Nadie se movió de su asiento, todos permanecimos mirando los créditos, recuperándonos poco a poco. Y cuando las letras de Mar Adentro bajaron como un telón sobre fondo negro, me acordé de José y pensé que sus problemas empezaron mar adentro, al otro lado de un mar venido a más y que llamamos océano.


Aquí puedes leer el testamento de Ramón Sampedro.
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Julio 25, 2004

Fahrenheit Bill

Hacía años que no veía dos películas en el cine en un mismo día. No recuerdo ninguna de aquellas películas que proyectaban en el cine de mi barrio (un cine que luego fue discoteca y que, finalmente, se convertiría en casino) en sesiones dobles interminables. Los descansos, las palomitas, una tarde más que se iba por donde vino.
Llevaba un par de semanas pendiente del calendario para que no se me pasara la fecha del estreno de Fahrenheit 9/11. El viernes, finalmente, la espera llegó a su fin. Convencí Hablé con dos amigos para que me acompañaran al estreno para que no me pasara como me ocurrió con Bowling For Columbine, cuando acabé yendo sólo.
[a la sesión de madrugada]
Cuando entramos en la sala, la película ya había empezado; apenas nos perdimos unos segundos. Michael Moore es un especialista en transmitir ideas y sentimientos al espectador, sincroniza con él en una frecuencia cuya existencia muchos ignoran. Su voz sonaba con cierto tono sarcástico cuando decía: "¿Fue todo un sueño?". Entonces desfilaban por la pantalla las imágenes de los festejos de Al Gore en las elecciones del año 2000 por su triunfo el Florida, que le otorgaba la presidencia del país de las oportunidades. Efectivamente, parecía un sueño, pues a los pocos instantes otras cadenas (en especial la Fox), otorgaban el triunfo a George W. Bush. Así empieza la última película de Michael Moore.
[un torrente de ideas]
Con su peculiar e inconfundible estilo, Michael Moore nos conduce, durante las dos horas que dura la película, de las risas al llanto y del llanto a la perplejidad. Lágrimas de impotencia y, en algunas ocasiones, forzadas por una carcajada imposible de reprimir. Moore no necesita hacer de gracioso en la película, de eso se encarga Bush (y lo hace realmente bien). Los críticos de esta película argumentan que Moore fuerza las situaciones para hacer demagogia y transformar los hechos en lo que él quiere que parezcan. Hasta cierto punto pueden tener algo de razón. La misma razón que tendrían al esgrimir esos mismos argumentos contra un noticiario cualquiera de un canal de televisión cogido al azar. Los hechos estaban ahí y nadie, hasta ese momento, los había utilizado.
Cuando uno ve esta película no puede quedarse indiferente. Intentas ponerte en el lugar de un americano medio, asistiendo perplejo a las mentiras que su gobierno le ha hecho tragar en pequeñas y regulares dosis. Y te identificas. Yo, particularmente, recordé las manifestaciones contra la guerra en toda España, los informe falsos sobre las armas de destrucción masiva, las mentiras del 11M y el maldito trío de las Azores. Si a eso le sumas las imágenes de la guerra que ese americano imaginario verá por primera vez (porque en su país han pensado que lo mejor es no enseñar cómo la gente muere en una guerra), ya tienes el cóctel de sentimientos que se beberá ese americano imaginario al ver esta película.
[proyectar]
La película acaba con una secuencia que deja a Bush como un perfecto imbécil y, después, aparecen los créditos (Moore prefiere que la última sensación que experimente el espectador sea una carcajada). Todos nos quedamos un rato más sentados en nuestras butacas, esperando que Moore nos regalara algo más de su particular y afilada visión de las cosas, pero no fue el caso. Y al salir: unos tímidos aplausos y sensaciones contradictorias flotando en las cabezas de todos los que estábamos en esa sala.
[The End]

Salimos del cine cuando aún era de día, algo que no me pasaba desde hacía años. Ya que yo había arrastrado a mis dos amigos a ver Fahrenheit 9/11, uno de ellos pensó que era el momento de devolverme el gesto y llevarme a ver Kill Bill 2. Así es como tomaba forma la aventura de las dos películas en un día, un reto más duro de lo que puede parecer, pues no es nada sencillo aguantar las torturas a las que te someten las butacas del cine durante dos películas casi seguidas. Además, en el ambiente flotaba cierta rebelión (bueno, quizá sólo en mi mente), que me decía que si no se habían dignado a estrenar las dos partes de Kill Bill en España más o menos en la misma fecha que su estreno en el resto del mundo, no merecían que gastara mi dinero en ir al cine a verla. Pero al final, como seguidor de Tarantino, no pude resistirme y accedí.
Cuando llegamos a las taquillas, una chica nos llamó con voz tímida y nos preguntó que si no nos importaría comprarle dos entradas que ella había adquirido y, al final, se habían quedado sin ocupantes. Analicé la sonrisa de esa chica buscando algo que indicara que nos quería engañar y, al no encontrar indicios, accedí a comprarlas.
[casi a ciegas]
Al final resultó la aquella chica nos decía la verdad y pudimos ver la película sin contratiempos. ¿La película? Más de lo mismo. Algo que no tiene por qué ser necesariamente malo.
[me gustó]

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Junio 29, 2004

El Sentido de la Vida

«Una figura oculta tras una capucha revoloteaba ligeramente, como una pluma, por la estancia. Una habitación inmensa de paredes blancas, sin ventanas ni techo, un espacio abierto al cielo. En una de las esquinas había un escritorio que alguien debió colocar ahí por azar. Parecía como si nada en mundo fuera capaz siquiera de inmutarla. La túnica que vestía rasgaba el aire con suaves silbidos y la guadaña, que llevaba siempre encima, refulgía con el brillo que le había prestado el sol. Un sol que estaba en su punto más alto, fundiendo con sus rayos los ánimos de todos los mortales. Mortales que, por otro lado, no había en esa estancia. Muerte era una más en aquella empresa atípica, una vieja gloria venida a menos en un mundo donde las acciones de la vida han caído en picado. Muerte, que casi nunca erraba un golpe, solía visitar una vez en la vida a sus pobres víctimas y, en la mayoría de las ocasiones, éstas ni se enteraban.»
[sorpresas]
«Desde el principio de los tiempos había dado caza a las almas que expiraban. Antiguamente todo era más profundo, rozando el misticismo. Pero ahora, de un tiempo a esta parte, trabajaba como en una cadena de montaje: en serie. Cortes certeros a un conductor ebrio y las cuatro víctimas inocentes que había dejado en la carretera, sicaria de un asesino a sueldo que con sus balas zanja un ajuste de cuentas, cómplice de un marido venido a menos que justifica con sus golpes lo que no podría hacer con la razón.»
[porque no tiene]

«Un Demonio se pasea de un lado a otro de la estancia agitando la cola y sonriendo con muecas maliciosas: está practicando para meterse en el papel. En su escritorio descansa el sobre con la última paga, que ni siquiera abrió, y unos papeles revueltos de pleitos con la santa Iglesia. Cuentan quienes lo conocen que en tiempos remotos se dedicaba a vivir una vida despreocupada y feliz, sin meterse con nadie, disfrutando de su inmortalidad en legendarias orgías. Hasta que un buen día a alguien se le ocurrió darle su imagen al malo más malo que una mente humana (y católica) podía imaginar, entonces se acabó su chollo. Ahora subsiste asustando a fervorosos creyentes ansiosos de la protección que da el miedo a lo desconocido, lo mismo que su religión satanizó como perverso. No nació siendo malo pero desde hace unos siglos estaba aficionándose por el lado oscuro que delimita la moral religiosa.»
[doble]
«Apoyado en la silla con ruedas descansaba un tridente. Un objeto curioso a la par que ridículo pero que tenía que llevar por exigencias su trabajo. Antes de continuar vagando por la estancia se detuvo un instante a pasar la hoja del calendario, para cerciorarse de que, efectivamente, ese día estaba marcado en rojo.»

«Un ángel cuyo cuerpo sin hormonas aún no habría llegado a la pubertad de tenerlas, cerraba meticulosamente un sobre poco abultado. Miraba con desprecio el ridículo arco que colgaba de la pared con un clavo que parecía iba a caerse en cualquier momento. Si hubiera podido maldecir lo habría hecho sin dudarlo pero, en su mente sin maldad, lo más parecido a una maldición era quedarse en blanco. El espejo de mano que llevaban todas las mesas de serie estaba hecho añicos. Lo había roto él mismo porque odiaba contemplar su ridícula apariencia, una figura que alguien debió perfilar en un día de borrachera. Puso los pies sobre la mesa, satisfecho, sin darse cuenta de que en su movimiento mandó al suelo una placa que rezaba: "Sr. Cupido".
[encasillado]
Hoy iba a ser un gran día.»

«En el resto de la sala se amontonaban personajes que, aunque secundarios, son igualmente importantes. Fantasmas del pasado y del presente conviviendo en armonía, personajes temidos y amados a la vez, figuras que sólo existen en nuestra imaginación. Muerte que, cuando quería, podía ser tan silenciosa como una sombra, se acercó disimuladamente a la pared. Desde otro ángulo apareció el Demonio que, cogiendo impulso, saltó sobre la espalda de Cupido, que ya estaba listo para emprender el vuelo. Sus pequeñas alas no podían remontar el peso de Demonio hasta superar la pared, ese era el lugar donde encajaba Muerte en todo el plan: como punto de apoyo. Una vez arriba Demonio rompió la barrera invisible que los mantenía confinados en aquella cárcel y, finalmente, ayudó a Muerte a llegar hasta arriba.»
[eran libres]

«Poco tiempo después, tres figuras descendían por una pradera charlando animadamente:
¬ Tengo que buscarme un vestuario nuevo, esta túnica con capucha no me favorece nada — dijo Muerte mientras tiraba la guadaña a sus espaldas.
¬ Y no te vendría mal un poco de piel, más que nada para pasar desapercibido. Quizá podrías hacerte segador, con el manejo que tienes de la guadaña... — Demonio intentaba contener su risa.
Muerte estalló en una carcajada sincera y de felicidad.
¬ Tienes suerte de que haya tirado mi guadaña. Y tú, renacuajo, ¿qué vas a hacer?
¬ ¿Yo? Bueno, supongo que pagarme una de esas operaciones en las que te implantan un pene, estoy harto de no tener sexo.
Y así, perdidos en conversaciones sin sentido pero reconfortantes, las tres figuras se perdieron en la noche. Y nunca más se supo de ellas.»
[se esfumaron]

FIN

¬ Vale, muy bonito. Pero, ¿qué tiene esto que ver con el sentido de la vida?
¬ No sé, anoche estuve viendo El Sentido De La Vida, de los Monty Python. Me apetecía llamarlo así.
¬ Bueno.... vale, ya te llamaremos.
[piiiiiiiiii]

by milio a las 11:13 PM | Enlace Permanente

Mayo 08, 2004

La censura en el país de las oportunidades

Si no hace mucho el pecho de Janet Jackson sacudía los cimientos del puritanismo americano (mientras medio mundo pasaba de la carcajada al asombro y del asombro a la incomprensión), ahora los tentáculos de la censura amenazan con vetar la última película de Michael Moore: Fahrenheit 9/11
Mis primeros contactos con Michael Moore comenzaron con la genial película-documental Bowling For Columbine en la sesión golfa de un cine madrileño. Salí del cine con la cabeza convertida en una coctelera de ideas contradictorias maravillosamente contadas: la realidad tal y como es y no como algunos nos la quieren contar.
A partir de ese momento intenté conseguir algunas de sus películas, como Roger&Me que, aun siendo buena, no llega al nivel de Bowling For Columbine, y devoré sus dos últimos libros. Me quedó claro que este señor tiene la cabeza muy bien amueblada y que no se calla nada.
Pues bien, después de una larga espera, parecía que por fin íbamos a poder presenciar su última película en nuestras pantallas...
[pero entonces llegó Disney]
La productora de Fahrenheit 9/11 es Miramax que, a su vez, es una filial de Disney. Parece que a los chicos de Disney no les ha parecido bien que una película tan polémica y que acusa frontalmente al presidente infame del país de las oportunidades llegue al público estadounidense y han optado por vetar su emisión en el territorio americano. La película, entre otras cosas, habla de la relación del clan bush con la familia Bin Laden, narrando hechos como la evacuación de algunos de los Bin Laden del territorio americano después del 11-S. También, al parecer, es muy crítica con la actuación del gobierno americano antes y después de los atentados.
¿Y por qué a Disney no le interesa que esta película se proyecte en América? Parece ser que las bonificaciones fiscales que recibe en Florida (donde gobierna, casualidades de la vida, Jeb Bush) podrían irse al traste si el clan de los bush decide tomar represalias...
[poderoso caballero es don dinero]
Así las cosas, parece que en los cines europeos se proyectará en la fecha elegida para el estreno, sin que el gigante animado pueda (o quiera) hacer nada por impedirlo.
Dejaré que sea Michael Moore, y no yo, quien cierre esta entrada con palabras sacadas de su propia web:

"[...] Some people may be afraid of this movie because of what it will show. But there's nothing they can do about it now because it's done, it's awesome, and if I have anything to say about it, you'll see it this summer -- because, after all, it is a free country."



Un editorial del New York Times referente a esta noticia: Disney's Craven Behavior
La noticia en castellano la puedes ver aquí: Disney impidió la distribución del filme de Michael Moore donde critica a Bush.
Y, por supuesto, la web de Michael Moore: MichaelMoore.com
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Cosas que pasan , Miradas de cine
by milio a las 02:22 PM | Comments (3) | Enlace Permanente

Octubre 01, 2003

Maybe Someday

El cine estaba solitario. La ausencia de gente se podía notar. El taquillero bostezaba aburrido, rodeado de una densa nube de humo con la que intentaba mimetizarse. Su mirada vacía contaba las monedas con lentitud exasperante, como si a cada momento se le fuera a acabar la energía y su cuerpo, sin sustento, se fuera a derrumbar pegando su cara al cristal e invitándole a realizar un recorrido descendente. [contra el cristal] El mutilador de entradas, cansado de tanta masacre, reposaba sobre su banqueta. En sus ojos se podía leer la hora, como dos atentos relojes de arena. Ni siquiera le miró mientras cortaba su ticket. La puerta aislaba los dos mundos, separando un conjunto de otro como un pequeño cordón umbilical. Buscó un asiento al azar pues las entradas eran de naturaleza caótica y liberal. La sala estaba prácticamente vacía, sólo unas pocas personas ocupaban un sitio. Aún se podía sentir el eco de la sesión anterior. Las lágrimas aún no se habían secado. Quizá alguna permaneciera siempre húmeda como recuerdo de que una persona la derramó a conciencia. Alguien que la dejó ahí con un propósito, esperando que otra se fijara. La pantalla se tornó negra y los altavoces se aclararon la voz. Los bajos calentaron con sus baquetas y los agudos compitieron con un silbato. Las imágenes, descompuestas en haces de luz, entraban por sus ojos. Su cerebro, trabajando más rápido de lo que nunca fue capaz, las modificaba a su antojo, adaptando lo que veía a la plantilla de su vida. Un prisma único y común. Una concepción poco pretenciosa de las cosas que se fueron y las que están por llegar. Una línea delgada marcaba el presente, tan fina que los recuerdos impactaban en su caída de la montaña del futuro, en dirección al pozo sin fondo que es el pasado. Sus ojos se hinchaban por momentos, el corazón a veces quería salirse de su caja, torácica y protectora. Por un momento intentó cambiar los roles. Cogió a la protagonista y se puso en su lugar. Sintió un déjà vu impensable, con recuerdos que no eran suyos, viviendo una vida de ficción que nadie le había regalado. Sus ojos, quizá por el magnetismo inducido por aquella lágrima perdida, querían llorar. [pero no lo hicieron] Todo transcurrió como la lógica indicaba y el alma se negaba a aceptar. Un final esperado pero trágico. Las cosas no pueden cambiarse a la ligera. La línea del destino muchas veces avisa de su final, cuando ya es demasiado tarde. [un camino de no retorno] La pantalla volvió a ennegrecerse mientras una mano invisible escribía: Mi Vida Sin Mí (My Life Without Me).

Salió del cine como una sombra, inmerso en unos pensamientos que horas antes no existían. Se despidió de sus acompañantes, iniciando el tedioso camino de vuelta. Un camino en el que no estaba sólo: luchaba con sus pensamientos. Sentado en un vagón de metro de matrícula desconocida, mirando su reflejo en el cristal mientras se dejaba llevar por la música.
La lluvia ejerció de compañera de viaje mientras en su cabeza parpadeaba furioso un cartel con la inscripción: Things To Do Before I Die. La muerte siempre está ocupada estudiando cada vida, buscando el punto de rutpura, el momento exacto para cortar la línea con sus tijeras.
¬ La vida son dos días.
¬ Sí, pero yo sólo he consumido unos minutos.

Apresuradamente, se desvistió mientras se vestía. Todos dormían. No necesitaba luz, el mapa lo conservaba en su memoria. A tientas cogió todo lo necesario, se sentó en una mesa de cristal, encendió una ténue luz dorada y conectó el portátil. Las ideas bullían en su cabeza sin orden ni concierto, una caótica masa de pensamientos imposibles de organizar.
Desde su ventana se veía el mundo entero. Arriba el futuro, el presente era la fina línea que marcaba el horizonte y el pasado yacía enterrado bajo la línea de visión. Encendió un cigarro esperando que el humo ordenara sus ideas mientras su mirada se perdía en la contemplación de un punto inconcreto a medio camino entre la nada y el infinito.
Se puso los cascos y se dejó caer en la silla. Buscaba una canción, sabía lo que debía estar sonando en ese momento. Había encontrado una banda sonora para su película particular. Las notas de Maybe Someday (The Cure) rasgaban el silencio mientras sus labios subvocalizaban cada estrofa:
i'll see you smile as you call my name
start to feel, and it feels the same
and i know that maybe someday's come
maybe someday's come...
again!

Siempre asoció cada canción a un momento de su vida y cada vivencia, a una canción. Ahora lo tenía claro, ya sabía qué banda sonora debería sonar en esta etapa: Maybe Someday
[¿y por qué no?]

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Metafísica , Miradas de cine
by milio a las 02:30 AM | Enlace Permanente

Septiembre 26, 2003

Comerse el mundo

De su infancia le quedaban aquellas fotos viejas, arrugadas por los años y con los bordes amarillentos. Aquella sonrisa no desaparecería con el paso de los años. Aún podía verse en el cuerpo de aquella niña, sentir cosas que había olvidado. Fotos dispersas en una mesa llena de recuerdos. Imágenes cuyo nexo se encontraba en un recóndito lugar llamado olvido.
[ancladas al pasado, presente y futuro]
Contaban los que la conocían que el destino se había enamorado de su sonrisa y, por eso, la trataba tan bien. Aunque las cosas siempre se ven de distinta forma desde la lejanía. La vida le hizo una proposición: te trataré bien si me regalas una sonrisa de vez en cuando.
Ahora, al recordar aquellos tiempos, se sentía como un peón viviendo en su mundo bicolor, esclavo de un tablero de ajedrez donde se le permitía un único movimiento: hacia delante. Viendo pasar por su lado sensaciones que quiso, pero no pudo, recoger.
Las clasificaciones no estaban hechas para ella, pues rompía todos los moldes. Nadie podía meterla en un cajón pues bebía de varias fuentes. Nadie podía encasillarla porque aún buscaba la libertad.
[era una paloma]
En su cabeza, una cámara grababa continuamente. Directora de su propia vida. Una película donde todo se hacía al revés. El guionista, lejos de inventar, se convertía en el cronista de una historia que se reinventaba a cada instante; los actores no aprendían textos, improvisaban. Ella había nacido para contar historias, transmitir sensaciones impresas en una película.
[cámara en mano, ciento volando]
La música formaba parte de su vida, pues no concebía una existencia sin su melodía. Canciones para cada momento y situaciones para cada canción. Siempre encontraba una letra que describiera lo que estaba viviendo. A veces, cuando las cosas no iban bien, enchufaba su discman y se dejaba llevar por las notas, adentrándose en un mundo de sensaciones conocidas pero brillantes. Era en esos momentos cuando su imaginación volaba lejos del mundo que conocemos y se adentraba en el universo de los sueños. El único momento en el que dejaba de sonreír.
Cuentan las leyendas que cuando su sonrisa desaparecía, en el mundo reinaban las tormentas.
Un día se dio cuenta de que estaba harta de vivir para los demás y decidió mirar por ella.
[empezó a vivir]
Cogió su coche como cada mañana, encendió el cassette con una cinta que alguien rotuló con letras apresuradas como Varios y encontró su canción: My Sharona. Se puso sus gafas de sol y repitió un pensamiento en voz alta:
¬ Voy a comerme el mundo.
[nunca más volvieron las tormentas]

by milio a las 02:46 AM | Enlace Permanente

Agosto 08, 2003

Las castañas de Charlie

Ayer fue uno de esos días en que necesitas hacer algo. No puedes quedarte en casa viendo las horas pasar. Necesitas abandonar esas cuatro paredes que te retienen, ese gran horno que llamas habitación.
[una franquicia del infierno]
Hablé con un amigo y decidimos ir al cine. En principio íbamos a ver Se montó la gorda (no quiero saber cuál es el título original, mi amigo sugería el de The Fat One Riding Herself) pero cambiamos la elección en el último momento. Entre los dos habíamos visto las pocas películas interesantes que había en la cartelera, así que podíamos elegir al azar entre las demás, que no nos llamaban mucho la atención.
[niños, no hagáis esto en casa]
La elección fue Los Ángeles de Charlie. La película es un claro ejemplo de lucimiento de las protagonistas. Bikinis, pantalones ajustados, sonrisas cándidas y (h)ostias como panes. Todo aderezado con altísimas dosis de fantasía. Estas señoritas se saltan las leyes de la física en más de una ocasión (si Einstein levantara la cabeza...), hasta el extremo de provocar risa. Cuando ves a una de ellas subirse en plena caída a un helicóptero, arrancarlo, pilotarlo y rescatar al resto de la gente (todo ello en diez segundos y precipitándose al vacío) te da por reirte (por no llorar).
[es como un videojuego]
Vamos, que James Bond es un mierdecilla al lado de estas féminas.
Creo que a los directores de hoy en día se les está acabando la imaginación y se respaldan en los efectos especiales para hacer películas vacías y preciosistas.

Al salir del cine paramos en el Vips a cenar (creo que nos van a hacer clientes honoríficos) y a estrenar mi flamante tarjeta Oro del Club Vips. Es un paso más, mi primera tarjeta con el calificativo Oro. Quizá la siguiente sea una VISA, quién sabe...
Montas en el metro esperando que el viaje sea como el de todos los días: un puro trámite.
[hoy te equivocas]
Primero se te acaban las pilas del discman. Te preguntas por qué siempre se gastan en el momento más inoportuno, en la mejor canción, antes del viaje más largo. Mi vida parece una constante demostración de las Leyes de Murphy. Te encajas en tu asiento como un Lego y te dedicas a observar a la gente con disimulo. Un borracho que se tambalea y recita una letanía que sólo él conoce, una pareja practicando el canibalismo amoroso y gente haciendo lo mismo que yo: observando.
Y, de repente, como surgida de la nada, aparece ella. Aquella chica que inspiró unos párrafos de estas cartas, aquella que hablaba con el silencio. Tuve que fijar la mirada en ella, no podía apartarla. Intentando descifrar lo que sus manos expresaban. Realmente el tiempo se detuvo.
A la salida no miré atrás. No quise comprobar si ella se bajaba en la misma estación o si seguía su camino en aquel gusano de metal. Quizá sea por esa odiosa costumbre de no mirar nunca hacia atrás aunque tu mente te lo suplique. Quizá fuera por mantener el misterio de mi anónimo amor platónico. Quizá sea porque soy imbécil.
Y yo me pregunto: ¿existen las casualidades?
[y no obtengo respuesta]

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by milio a las 01:37 AM | Enlace Permanente

Julio 31, 2003

Terminator 3

¿Qué le pasa al cine ultimamente? En los últimos dos meses no he visto una película decente, a excepción de 28 días después.
¿Para qué hacer una secuela decente si la anterior ya triunfó?. Terminator 3 no es una mala película, simplemente se deja ver. Un amigo decía hoy que es una película puente, es decir, que la han hecho para enlazar la segunda parte con la cuarta (en la que no creo que salga Arnold Schwarzenegger, cuyo nombre he tenido que buscar en Google porque no soy capaz de escribirlo de memoria).
Para el amigo Arnold no pasan los años. Y menos para el modelo que representa en la película. En cada saga aparece un enemigo más potente, más fuerte, más guay. Pero Arnold, como si de una metáfora del afán de superación norteamericano se tratara, siempre vence. Da igual que lleve pistolas, lanzamisiles, escopetas o aviones, siempre gana. Incluso armado con una batidora y un tenedor de comer pescado vencería al más osado androide-robot-cyborg-tostadora.
[viva la minipimer]
Aunque claro, si consigue ser el gobernador de Arkansas (no sé si es Arkansas, pero es siempre el primer estado que me viene a la mente cuando piendo en EEUU, ese y Wisconsin) no creo que le venga bien aparecer en una película repartiendo (h)ostias (con o sin consagrar, con y sin h) en una película. Le vendrá mejor aparecer en cualquier hospital sonriendo a las cámaras mientras saluda apáticamente a cualquier enfermo.

Y cambiando un poco de tema, hoy me ha hecho un guiño el destino, con su gran ojo que todo lo ve. Cuando volvía a casa me he encontrado con unos vecinos y les he saludado. Seguía yo andando cuando he pensado en una chica de mi barrio que hacía mucho que no veía. Una chica que me atraía mucho hace unos años. Entonces, al girar la esquina, la he visto. Ha sido como un dejà vù pero al revés.
[¿tengo poderes?]
Hemos mantenido la-típica-conversación-de-hace-mucho-que-no-te-veo, hemos tirado el comentario de a ver si nos tomamos algo al saco donde se almacenan las promesas que no se cumplen y nos hemos despedido.
[fugaz pero intenso]

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by milio a las 01:33 AM | Enlace Permanente

Julio 19, 2003

28 Days Later

Ayer no era un día para salir. Al menos para mí. Estaba cansado y me apetecía algo tranquilo. Así, cuando un amigo me propuso ir al cine, acepté sin dudarlo.
La película elegida fue 28 days later. Una película que, aunque por el título me recordaba a un anuncio de compresas, resultó ser una película de terror.
Fuimos a comprar las entradas y, como teníamos una hora, decidimos comer algo. Con las entradas nos habían dado un vale de dos por uno. Si pedías un crêpe (o como se escriba) te regalaban otro de precio igual o menor. Nos sentamos en una mesa, ojeamos la carta y, por fin, nos decidimos.
¬ Buenas noches, ¿qué van a tomar?.
¬ Tenemos este vale.
Se lo damos para que lo compruebe...
¬ Perdón, es que esto sólo vale a partir de las doce o de lunes a jueves.
[¿por qué nunca leo la letra pequeña?]
Nos miramos el uno al otro mientras pensábamos:
¬ ¿Cinco euros por un crêpe?
Así que nos fuimos aguantando una carcajada. Peor no se puede quedar. Al final acabamos en el McDonald's.
[comida de rancho servida por un payaso]
Después de ocultar convenientemente las coca colas en la mochila, entramos al cine.

Dos horas y pico después salíamos del cine con esa sensación de haber visto una buena película, de no haber tirado los cinco euros y medio de la entrada a un contenedor de basura. Una película que te permite echar a volar la imaginación. Una de esas películas que te dan juego para una buena conversación post-sesión.

¿Y hoy? Como dice Burn en uno de los anuncios televisivos más casposos que recuerdo:
¬ A FULL!
[ridículo]

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Julio 11, 2003

Summer Night

Si el título de este post lo tradujera el mismo que traduce los nombres de algunas películas, lo llamaría Luces y Calor en Madrid. Total, será por cuestiones de marketing.
Anoche salí con unos amigos porque una amiga y compañera de trabajo de uno de ellos venía de Barcelona y queríamos enseñarle Madrid por la noche. Aunque el centro de Madrid, en una noche de verano, parece más una conferencia de las Naciones Unidas, un potpourri de nacionalidades, un libro de antropología abierto por la página central.
Aparte de hiperactivo, ayer estaba especialmente patoso. Hay una norma no escrita que dice que si la última vez que has ido a una cafetería has pedido un café que no te gustó, lo pedirás la siguiente vez que vayas. Mirando la carta me detuve en la sección de Cafés Combinados.
¬ Claro, le ponen ese nombre porque combinan unos cafés con otros.
[idiota]
Y pedí un Tropical que evocaba pensamientos de playas de agua cristalina. Miras los ingredientes y, aunque no sabes qué es la Grappa, piensas que no puede ser tan malo.
[sin remisión]
Sin duda es el peor café que has probado. Y es que, ¿quién iba a imaginar que la Grappa es un licor asqueroso y que lo de cafés Combinados indica que llevan alcohol?. Después de pagar religiosamente cuatro euros y medio por un café que te bebes y que no volverás a pedir en la vida, utilizas tu poder de convicción para que la noche no se acabe ahí.
Siguiente parada: pub irlandés en el centro de la ciudad. Siguiente gazapo: tirar una pinta de Guiness encima de la mesa y empaparte tú y al resto de la gente.
Pienso que hay veces que deberían colgarme un cartel de Peligro en la espalda.
Al menos las meteduras de pata se acabaron ahí. Ni el búho (autobús nocturno) se estrelló contra una tapia, ni me atracaron de camino a casa ni me tropecé con las escaleras.

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Abril 26, 2003

Bowling For Columbine

Desde que me hablaron de este documental esta película las ganas por verla se hacían más y más grandes. Por un cúmulo de sucedidos más o menos aleatorios he acabado yendo al cine sólo y a la sesión de la una, la llamada sesión golfa. Nunca había ido al cine sólo, siempre he intentado ir acompañado por, al menos, una persona.
[alguien que me aguante]
No me gusta la soledad en ninguna de sus variantes.
El miedo. La dosis de miedo que cada americano recibe al día, esa dosis que se distribuye en cualquier cadena de televisión del país de las oportunidades, es el causante de tantas muertes. Su historia es la historia del miedo.
Los comentarios que salen de la boca de algún personaje interlocutor te hacen reír a carcajadas (por lo ridículos que son). Te das cuenta de que es un país tan diferente... Y te alegras de no vivir allí, no en la cultura del miedo.
Un país donde la gente compra armas porque se toma la justicia por su mano, un país donde se teme al vecino, el país más rico del mundo.
Un país donde la gente, después del trabajo, se dedica a practicar su puntería con sus armas preferidas, dónde puedes encontrar una pistola debajo de cualquier almohada. Allí tu vida no vale nada.
[bienvenido al país de las oportunidades]
Mientras ellos se matan, su presidente lanza bombas en cuanquier lugar fuera de sus fronteras. Lugares que el americano medio no sería capaz de situar en un mapa con al menos diez mil kilómetros de margen. El país de los telepredicadores, la teletienda, el telemarketing, la telebomba....
[el teleesperpento]
Yo me quedo con lo que tengo, porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

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Marzo 01, 2003

Las Horas

Día duro de trabajo. Llegas a casa cansado y te encuentras con que no tienes llaves (las has olvidado, algo normal en ti).
Confías en que haya alguien (como suele ser normal) pero hoy, amigo, no vas a tener esa suerte. Llamas a todas las vecinas preguntando si han dejado una llave. Algunas no contestan y otras dicen no tenerla.
[ley de murphy]
Después de una hora a solas con tus pensamientos, sentado en el frío mármol de las escaleras, escuchas como se abre una puerta (la de la vecina que no contestaba).
¬ Me ha parecido oirte. Me han dejado tus llaves aquí.
[cojonudo]
Considerando que la velocidad del sonido es de 340 m/s y que ha pasado una hora desde que llamaste, piensas en las siguientes opciones:
a) La puerta está a varios kilómetros del salón de tu vecina.
b) Tu vecina ha tardado 60 minutos en procesar que alguien llamaba a la puerta desde que tocaste el timbre.
c) Tu vecina ha tenido una revelación y, sin oír el timbre, ha sabido que estabas fuera.
Como no te apetece pensar coges la llave y entras en casa.
[hogar, dulce hogar]
Casa-Ducha-Autobús-Cine
A tí la película que han escogido (Las Horas) no te motiva mucho, pero aún así, entras al cine. Las dos horas siguientes serán las dos más largas de tu vida. En la butaca del cine y después de degustar un bocata del Pans&Company (tu toque trangresor del día) pruebas todas las posiciones que se te ocurren. Miras el reloj en intervalos de cinco minutos y te consuelas pensando que la película no puede durar eternamente, que alguna vez tiene que acabar. Es tan lenta que se te ocurre que podían haber comprimido la película en algo más de media hora y haber contado lo mismo...
Cine-Cerveza-Metro-Casa-Blog

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Febrero 08, 2003

Mortadela y Filetón

El día prometía... Día de trabajo de lo más movido, de esos en los que no te llegas a sentar en tu sitio, de esos en los que estás de un lado para otro, de esos en los que acabas hasta los cojones (un conocido -y odiado- anuncio de compresas diría: "de esos en que te encuentras choff"). Comes tarde y con prisas y, después, la orgía de consumismo.
Un amigo nos ha llevado a una tienda donde hacían 2x1 en la mayoría de los artículos y, claro, si uno tira de tarjeta eso puede ser tu muerte financiera...
[y de hecho lo ha sido]
Pero sabes que a las ocho y pico vas a ir al cine, y además te vas a reír (más bien se reirá de ti la taquillera por timarte seis euros por semejante película).
Concretemos, reirme me he reído. La película tiene sus momentos pero, en general, es mala. Y en estos tiempos que corren ir a ver una película mala jode más por lo que te cobran por la entrada.
Lo mío con los hermanos Fesser fue un flechazo, amor a primera vista. Fue con el mítico corto El Sedcleto de la Tlompeta, aún puedo tararear las canciones, veinte minutos de risa asegurada. Luego El Milagro de P. Tinto no estuvo mal, pero podía mejorarse... Pero lo de Mortadelo y Filemón ya ha sido demasiado.
Si tenéis ocasión de ir al cine a verla, pensadlo dos veces porque os arrepentiréis.
Hoy tocaba cine...
Y después del cine, cena en el Gino's. Ya se sabe, lo de siempre...

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by milio a las 04:12 AM | Enlace Permanente