Marzo 23, 2008

Banquete

Arranqué mi piel, a tiras, para hacerte un vestido. Y de mis ojos salieron unos pendientes a juego.
Sentada en una mesa hecha con mis huesos degustabas una opípara cena que yo había preparado para ti, mientras lo que quedaba de mí se acurrucaba en la sombra interminable proyectada por tu odio.
[con la mirada fija en tus ojos vacíos]


Y entonces llegó el plato fuerte. Y con cada dentellada, con cada bocado que arrancabas de mi corazón, yo moría un poco.

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Diciembre 11, 2007

Mi Lugar en el Cosmos

Miedo huía despavorido por el laberinto de corredores construidos en el principio de los tiempos mis tiempos. Corredores que Cordura había derruido en parte, inmerso en la batalla sin fin por el control de mi mente.
Con ropas andrajosas y un sombrero que se caía a cada momento, Miedo miraba sin ver, con ojos vacíos, el camino que debía llevarle al destierro. El rey de mis fantasmas sentía, por primera vez en su existencia, la puñalada gélida del pánico.
Pero aún había una alternativa al destierro.

Caos sonreía a medias. Una parte de su rostro mostraba una mueca de satisfacción mientras que la otra se contraía en una expresión de rabia.
¬ Cómo se atreve ese infeliz...

Indecisión caminaba cabizbajo y cejijunto, rumiando delirios de grandeza que nunca se vieron realizados. Recordando momentos estelares que había truncado con un único pensamiento, con la ponzoña de reflexiones insidiosas entrevenadas magistralmente en una secuencia de ilusiones.
¬ Maldito inconsciente...

Amor, el fantasma tímido y de apariencia benévola, rugía de rabia y desconcierto en la cima de un túmulo funerario. Bajo sus pezuñas yacían los cadáveres de amores olvidados, algunos muertos violentamente, otros por desgaste.
El camino que serpenteaba en las laderas del desengaño, por el que solían peregrinar los idilios en estado terminal, estaba vacío y descuidado, invadido por las malas hierbas.
[cementerio de elefantes]
El ciclo se había roto, otra vez.

Desidia descansaba bajo la sombra de un ciprés. Sus manos, cruzadas sobre el pecho, temblaban ligeramente. Un sombrero de paja ensombrecía sus ojos con la proyección de la luz mortecina de un sol moribundo. Sabía que las cosas habían cambiado y que pasaría mucho tiempo ocioso.
[bostezó]
¬ ¿Qué es una temporada en comparación con toda la eternidad? Iluso.

Memoria se mesaba su larguísima barba blanca con aires reflexivos. Sentado en un tajo de madera, con la melena gris descuidada y dispersa a su alrededor, revisaba sus apuntes con atención. Algunos eran tan antiguos que llevaban años sin considerarse siquiera recuerdos. Otros tan recientes que aún estaban siendo escritos. Le había costado mucho esfuerzo reunir vivencias tan dispersas de la gran biblioteca sin catalogar de la mente-sujeto.
Y quizá estaba cometiendo el mayor error de su existencia. Había sido una decisión arriesgada y tendría que asumir las consecuencias. Debía poner fin al período de turbulencias que había convertido su existencia en un sinvivir plagado de momentos miserables. Tanto caos le estaba matando.
Ya estaba hecho. Los recuerdos habían sido dispuestos en el orden apropiado y la conciencia del sujeto había sido bombardeada con armas de racimo. Sólo quedaba esperar. Y la paciencia le sobraba.

En una cafetería al azar, tomando el enésimo café del día, encontré el camino hacia la trascendencia. Recuerdos recientes e imágenes que creía ya olvidadas aparecieron mágicamente ante mis ojos.
Aprendí de mis errores pasados y pude predecir algunos del futuro. Aposté por el caballo perdedor para probar hasta donde llegaban mis limitaciones. Soñé con un futuro oculto en una niebla de improvisación. Decidí recobrar el control de mis actos y luchar por cosas que merecieran la pena, sin medir las consecuencias de resultados inesperados.
Y entonces, sólo entonces, encontré mi lugar en el cosmos. La voz de un poeta me confirmó que no estaba equivocado:

"Vivir a la deriva
sentir que todo marcha bien"
1

[cogí el timón]

Los fantasmas desaparecen cuando son desterrados y sólo una situación específica, como si de un ritual se tratara, puede devolverlos a la vida. Miedo sabía que su destierro era inminente y que sólo le quedaba una alternativa: pedir un indulto al Innombrable.
El que vivía en los confines de la nada, antes de la luz que marca el final del camino, lo esperaba en su trono de obsidiana. Aquel al que los sólo temerarios y los borrachos llamaban por su nombre verdadero sin estremecerse: Muerte.
Miedo arrastraba sus pies cuando llegó al último peldaño de la escalera negra. No necesitó levantar la vista para saber que Él le estaba mirando con los ojos, de tenerlos, inyectados en sangre, evaluando si debía destruirle en ese momento o después de escuchar lo que debía decirle. En su cabeza retumbó una voz profunda:
¬ Sé lo que buscas y conozco lo que has de encontrar. La respuesta a todo vendrá con el tiempo. El cuándo será tu incógnita, no oses preguntarlo. Vuelve a tus dominios y espera el momento apropiado.
Tras un largo silencio Miedo se dio la vuelta y, cuando ya se marchaba, la voz volvió a meterse en su cabeza:
¬ Nada dura para siempre. Todo muere, algún día.



1 Parte de Quemando tus recuerdos de Extremoduro, del disco Somos unos Animales.
by milio a las 01:34 AM | Comments (5) | Enlace Permanente

Mayo 06, 2004

Impaciencia

Impaciencia rodea mi cuello con su brazo mientras me susurra mentiras con su lengua viperina. Observo las sobras chinescas que proyectamos en la pared y sólo puedo ver una figura apunto de ser estrangulada por una serpiente. Busco una manzana que le dé tintes bíblico-proféticos a la escena pero no la encuentro.
¬ ¿Y qué harasssssh? Te quedan sólo dos horasssssh. Tendrash que pensar en algo, ¿no?
Al mismo tiempo que formula su monólgo va girando con sus dedos expertos la manecilla de un pequeño artilugio. Esa máquina infernal que tiene la capacidad de acelerar los acontecimientos mientras alarga cada instante hasta el infinito. El reloj se para y por cada segundo que pasa, tres se pierden para siempre.
¬ ¿Qué vash a decir? Pequeño infeliz...
Busco en la base de datos de mi experiencia compuesta por recuerdos inútiles, lecciones no aprendidas, frases hechas y alguna enseñanza extraída de viejas series de televisión. Procesando datos, buscando en aquel inmenso almacén de vivencias inservibles alguna pauta de comportamiento que me asegure un éxito que aún no sé si quiero para mí.
[desconcierto]
No se da por vencida. Impaciencia se mueve de un lado a otro de mi habitación, planeando como un ave carroñera, buscando puntos sensibles y atacando en cada pasada.
¬ Dime, ¿qué harasssssh? Piensa, piensa en algo. No, no piensesh en nada. ¿La misma situación? Quizá. ¿Un Déjà vu? No creo...
Me llevo las manos a las orejas, inyecto mis ojos con sangre y grito a pleno pulmón:
¬ ¡Nada! ¡No voy a hacer nada!
Entonces se produce el silencio e Impaciencia salta por la ventana y desaparece. Antes de perderla de vista creo adivinar una sonrisa de satisfacción en sus labios.
[ha conseguido impacientarme]

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by milio a las 06:45 PM | Comments (2) | Enlace Permanente

Marzo 15, 2004

Destinos inciertos

Después de la resaca electoral y de una noche de celebraciones agridulces cargadas de sentimientos encontrados, dejé que el sueño me meciera durante un par de horas. En ese caos horario en que se convirtió el pasado fin de semana, la razón ha experimentado momentos difíciles. Demasiadas tensiones para que los finos hilos de la cordura aguantaran. Mecanimos de autocontrol que han ido cayendo, uno a uno.
[inexorablemente]
Suena el despertador pero no quiero oírlo. Sueño con un mundo donde no existen las bombas pero sí la maldad inherente a la naturaleza humana que los católicos bautizaron como Pecado Original, creando uno de los mecanismos de coacción más duraderos, prometiendo redención a cambio de creencia dogmática y sectaria. Un mundo donde las armas no son de destrucción masiva, donde no existen los eufemismos que provocan guerras y donde nadie miente aún cuando la verdad pueda ser peor que una mentira piadosa. En ese mundo nos matamos, pero a menor escala. Y, por supuesto, no existen los daños colaterales. El cielo es rojo y los océanos no son azules, no existen dioses que nos sometan a su voluntad con promesas de vida eterna.
[porque nadie quiere alargar la suya]
Y el sol no sale nunca porque siempre está ahí, oscurecido por una espesa niebla de mentiras y promesas que nunca se cumplirán. Un mundo donde nadie inventó al coco porque nunca hizo falta; nadie mejor que nosotros para atemorizar a nuestros semejantes, elevando el miedo a la categoría de arte.
[refinándolo]
Soy consciente de que mi mente está volviendo a asumir el control de mis miembros entumecidos por el sueño, de que poco a poco recupero la consciencia, voy despertando con cada golpe sensorial. Estoy sudando y tengo la respiración agitada. Intento regresar al mundo que había creado en mis sueños con la esperanza de cerrar su puerta para siempre y, con suerte, hacerlo implosionar. Pero no, las huellas se han borrado y no puedo encontrar el camino.
[de no retorno]

Son las cuatro de la tarde cuando mis pasos me llevan a la estación de cercanías de Delicias. Camino absorto en mis pensamientos, ejecutando unos gestos que he repetido hasta la saciedad. Saco metódicamente el abono transportes de mi cartera y atravieso los tornos. Dejo que las escaleras mecánicas cumplan su función (he perdido el tren y no tengo prisa) y saco El País de mi mochila mientras recuerdo que nunca fui capaz de leer un periódico sin mancharme los dedos de tinta resucitada, y jamás conseguí pasar las páginas con soltura. En el andén, el reloj me avisa de que en cuatro minutos pasará otro tren, así que decido encender un cigarro que dejaré por la mitad. Mientras el cigarro empieza a arder me doy cuenta de que necesito mantenerme ocupado, no puedo dejar de hacer cosas para mantener mi mente lejos de los recuerdos recientes. Niego con la cabeza pensamientos nunca pronunciados, intentando que desalojen mi mente por la inercia del movimiento, que se vayan para siempre.
[sin dejar rastro]
El tren llega al andén y me da la impresión de que la cara que es la cabina no sonríe, su expresión es de pesar. Monto en el tren, insólitamente vacío y desangelado, escogiendo un asiento cualquiera donde hundirme en la miseria. Me siento mal, muy mal.
Intento sumergirme en el periódico, pero las letras vadeadas por la corriente se hacen demasiado peligrosas en esa peculiar sopa de letras, algo tira de mis ojos, una fuerza intangible, una ansiedad que me obliga a mirar por la ventanilla.
[llamando a mis recuerdos]
El tren se acerca a Atocha. Inconscientemente me cambio de asiento para no dar la espalda a la tragedia, quiero verla con mis propios ojos, no puedo girarme y hacer que nunca ha pasado nada. Algo en mi cerebro le dice a mis ojos: "No lloréis"; pero ellos no quieren hacer caso. Mientras mis ojos se humedecen, al borde de provocar un riachuelo que difumine mis rasgos, la escena se dibuja ante mí. Sólo veo un tren, parado en una vía cercana. No puedo ver desperfectos o, quizá, mis ojos me niegan la realidad. La mente trabaja frenéticamente para reconstruir unos hecho que nunca he contemplado. El espacio se dobla sobre sí mismo mientras una mortífera onda expansiva avanza, como las ondas en un lago tranquilo perturbado por una piedra en su caída. El olor, ese olor, se cuela por mi nariz, mis oídos estallan y el silencio se adueña de todo. Y la oscuridad, velada. Grito por dentro aunque mis labios no se muevan, tengo que salir de ahí. Entonces una voz neutra y casi metálica me saca de aquella pesadilla:
¬ Próxima estación, Atocha. Correspondencia con todas las líneas de cercanías y...
¿He llegado? Miro hacia todos lados buscando alivio en las caras de los escasos viajeros que me acompañan y veo en sus ojos lo mismo que siento: angustia, alivio, tristeza, horror, indignación y una pequeña dosis de determinación (casi moribunda). Desvió la mirada hacia el andén mientras borro de mis ojos las lágrimas contenidas y veo el ramo de flores que yace en el suelo inscrito en una circunferencia de velas. Una velas que me recuerdan que muchos tuvieron menos suerte que yo: no llegaron a su destino.
Esa sensación de pesar me acompaña todo el viaje hasta que, finalmente, acabo mi trayecto en Nuevos Ministerios. Después sólo quedará el vacío.
[existencial]

by milio a las 08:49 PM | Comments (3) | Enlace Permanente

Enero 22, 2004

En la cama

Abro un ojo, tímidamente, temeroso de encontrarme tu recuerdo danzando entre mis sábanas, una imagen que acaba de expulsarme del mundo de los sueños. Lentamente giro la cabeza, esperando encontrarte a un lado. Aún durmiendo, con los ojos cerrados, inmersa en una aventura de la que despertarás prematuramente, tus andanzas en el exilio de las pesadillas. Sé que me encontraré con esa media sonrisa que adornaba tu cara mientras dormías, con aquel gesto despreocupado que aparecía cuando tu cerebro abandobana sus quehaceres y dejaba que tu cuerpo actuara de forma autónoma. Era entonces cuando tus piernas parecían querer independencia, arrastrando a tus finos brazos por un camino de piedras.
[donde el fin justifica los medios]
Si alguna vez despertaba en mitad de la noche me dedicaba a estudiar tu curiosa forma de dormir, como una X sobre un lecho de flores. Y luego volvía a dormirme, sin haber dado con el secreto de tan curiosa e inconsciente conducta.
Consigo girar mi cuello en un ángulo poco aconsejable. Un esfuerzo innecesario porque sé que no estás.
[hace mucho que te fuiste]
Y es entonces cuando de entre las sombras surge un fantasma sin rostro que se ríe de mí. Aún no tiene nombre, no lo necesita para atormentarme. Un escalofrío recorre mi espalda lentamente, siguiendo una trayectoria en zig-zag para prolongar su momento de gloria.
¿Y si ese fantasma llevara tu nombre?
[habría que quemarlo]
Y así, perdido en mis cavilaciones circulares, vuelvo al mundo de los sueños.
[¿o estaba ya allí?]

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by milio a las 09:55 PM | Enlace Permanente

Noviembre 28, 2003

Tiempo

Tiempo me miraba curioso mientras mis dedos volaban sobre el teclado. De un lado a otro, adaptados a un medio que conocen demasiado bien. Llevaba un rato observándome, sopesando las palabras que iba a decir.
[tiempo al tiempo]
Se acomodó sobre mi hombro derecho y siguió observando. Y es que Tiempo nunca se precipita, dice lo que debe y cuando es preciso.
¬ Es curiosa la forma que tenéis los humanos de planificar vuestro tiempo.
Detengo mi frenética actividad y le miro gravemente. La gusta subirse en mi hombro porque sabe que no podré mirarle directamente a los ojos.
¬ ¿Por qué lo dices?
¬ Pues porque os pasáis la vida haciendo planes que llevan a otros planes. Planificáis para volver a planificar y nunca llegáis a disfrutar de los resultados, porque estáis demasiado preocupados planificando el siguiente reto.
¬ ¿Qué insinúas?
¬ Nada, cosas mías...
De un salto llegó al suelo. No se giró para mirarme mientras salía de la habitación diciendo:
¬ Humanos... No sabéis lo que queréis y no queréis saber nada. ¿Tiempo al tiempo? ¡Ja!

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by milio a las 07:48 PM | Enlace Permanente

Julio 29, 2003

Miedo

Miedo me mira pacientemente desde su silla. Sostiene un cigarro entre su dedos amarillentos.
Calada-pausa-calada
Sabe que noto su presencia pero intento que no lo parezca. Le ignoro como otras veces he hecho con el resto de mis fantasmas. Tose mientras me dice que dejaría de fumar si tuviera vida propia. Hoy está un poco inquieto y, me temo, se ha puesto metafísico.
[e insoportable]
Pensé que habíamos hecho un trato, pensé que se había ido de vacaciones.
¬ Me aburro mucho, ¿sabes? Rutina no para de mandar, quiere hacer siempre lo mismo. Desengaño siempre está la mar de pesimista y Desidia no se levanta del sofá en todo el día. Autocrítica está en plan dominguero con sus hijos: tus complejos, y Muerte es un cenizo. Así que me dije: me vengo contigo y así te martirizo un poco.
¬ Qué considerado...
Le miro por primera vez y me sonríe mostrando una hilera de dientes amarillentos. Termina su cigarro y lo tira al suelo. A medio camino desaparace. Está un poco inquieto hoy, más aburrido que de costumbre.
¬ Bueno, ¿por dónde empezamos? Te podría decir que no vas a ser nada en la vida pero me dirías lo de siempre, que cerrara el pico.
¬ Exactamente.
¬ Creo que me estás perdiendo el respeto... En fin. Podría decirte también que no acabarás nunca la carrera, pero veo que te importa un carajo. Y si te cuento que la vida son dos días y que nunca se sabe cuando se va a abandonar este mundo me ignorarías...
¬ Como siempre. Cada día tienes menos argumentos.
¬ Bueno, si tú lo dices. Quieres aparentar apatía y aislamiento, pero a mí no me engañas. Siento tus miedos, son parte de mí. Por algo me llamas Miedo. Aunque claro, cuando eras pequeño era más fácil. Apagaba la luz y te cagabas. Un ruidito por aquí, un golpe seco por allá, todo en mitad de la noche, y eras todo mío. Ahora te haces el fuerte.
¬ Ya no tengo diez años.
¬ Además, no te has comprado un piso así que no te puedo pinchar con la hipoteca. No tienes novia para atormentarte con historias de rupturas e infidelidades. ¡Joder, es que no tienes ni el carnet de conducir!
Le miro condescendiente, como a un abuelo que quiere contar sus historias raídas por el paso de los años.
¬ Lo más que te puedo atormentar es con el miedo a la muerte...
¬ No tengo miedo a la muerte.
¬ Cuéntame otro cuento abuelo... Todos los humanos teméis a la muerte en mayor o menor medida. Sois unos hiopócritas cuando decís lo contrario. Tú tienes miedo a no dejar un buen recuerdo. Te he pillado muchas veces imaginando como sería el día de tu funeral. Creo que hasta te has planteado hacer una lista de invitados...
¬ Qué sabrás tú...
¬ ¿Y si te cuento una de esas historias de espíritus que tanto miedo te dan? Sonidos en la noche, lamentos eternos, cuerpos translúcidos. Leyendas urbanas, crímenes atronces... ¡Uhhhh!
¬ Jajaja, nunca cambiarás. Creo que necesitas esas vacaciones. Vuelve con el resto, relájate y ven a mí con nuevos argumentos. Al final te despiden por baja productividad...
¬ Vete a la mierda.
Me giro nuevamente hacia el monitor y pongo el piloto automático en mi sistema auditivo. Oigo sin escuchar. Es un truco que siempre funciona, al final se aburrirá y se irá a otra parte.
Y es que un verano en Madrid es tan aburrido que uno habla hasta con sus fantasmas.
[hablar por hablar]

* Algunos personajes de mi microuniverso:
I. Dungeons & Dragons
II. Cierra la puerta cuando salgas
III. Baile binario
IV. Si amanece nos vamos
V. Stairway to Heaven
VI. Mis Fantasmas
VII. Después de la tempestad viene la resaca
VIII. Duelo de titanes
IX. Complot
X. Tranquilidad
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by milio a las 03:09 AM | Enlace Permanente

Junio 26, 2003

Tranquilidad

Anoche, mientras dormía, sentí un ruido y abrí perezosamente un ojo. No moví ni un sólo músculo que no interviniera en el acto de entornar los párpados. Contuve la respiración y me dediqué a observar.
Ahí estaban casi todos mis fantasmas, iniciando una singular procesión. Todos habían empaquetado algunas de sus cosas y estaban formando una singular procesión, un éxodo estival. El último de ellos colgó un cartel en su madriguera que decía Cerrado por vacaciones.
Rutina se llevó consigo un único folio que pretende ser el guión de una vida.
Despecho se llevó las pocas fotos que evocaban recuerdos lejanos y, a la vez, tan próximos.
Miedo cogió su máscara de odio casi por accidente, como si hubiera estado a punto de olvidarla.
Uno a uno desfilaron todos mis complejos, algunos desconocidos, otros casi como hermanos. No llevaban equipaje, ellos eran el equipaje en sí mismos.
Pobreza arañó lo que pudo de mi maltrecha (y desgastada) tarjeta de crédito, cogió su rotulador rojo y aprovechó para dejarme un mensaje: "A ver si no sacas siempre los billetes más pequeños".
Y el resto salieron tan apresuradamante que no pude distinguir sus caras. No sé dónde irán a parar, pero espero que tarden mucho en volver. Quizá estén planeando un ataque conjunto para fastidiarme el verano.

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by milio a las 11:52 PM | Enlace Permanente

Mayo 23, 2003

Duelo de titanes

En algún lugar de mi subconsciente:
En ninguna película del Oeste que se precie olvidarían sacar un arbusto rodando sobre la carretera, dando brincos como un niño feliz con su mejor juguete. Y ésta no iba a ser menos.
¬ Cuenta cincuenta pasos forastero, entonces llegarás al lugar donde vas a morir. Despídete de los tuyos por el camino, piensa en lo que has sido y lo que eres, en tus sueños y en tus frustaciones. Evalúa todo lo que has conseguido en esta vida y, quizá, laméntate de no haber hecho todas esas cosas que se quedaron en el tintero de tus ambiciones.
¬ Hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir.
[siempre he querido interpretar esa escena]
Espalda contra espalda, comenzando el ritual que traería la muerte uno de nosotros, la destrucción total de la figura que alguno de los dos representamos. Tú, mi mayor fantasta. Yo, un ser lleno de ilusiones.
Lentamente caminamos, contando cada paso como si nos fuera la vida en ello. No me giré, no sé si tú lo hiciste. Mi corazón latía con fuerza, es uno de tus trucos. Mi mente bloqueada por el más ferreo mecanismo de defensa, esta vez no vencerías.
Cincuenta pasos, media vuelta. Te miro a los ojos y, aunque no soy capaz de distinguirlos, sé lo que sientes. Tienes miedo. Miedo de, por primera vez en tu vida, quedar desterrado. Miedo a la derrota, miedo a la muerte. Quiero alejarte para siempre. O tú o yo, no podemos vivir los dos en la misma mente.
Los músculos en tensión, el revolver cargado. Las manos luchando por lanzarse desesperadamente hacia la culata, deseando acabar con esto de una vez. Pero no podía ser el primero en ceder, te concedería ese dudoso honor.
Sombreros que ocultan miradas, máscaras que esconden expresiones. Polvo que desvía la mirada, ruidos que tapan otros ruidos. La nada invadiéndolo todo. ¿Cuánto tiempo estuvimos así? Yo diría que un par de siglos.
Y por fín atacó. El cañón se quejó, no podía contener tantas emociones. Su metal se iba fundiendo con el paso del proyectil. Un último disparo cargado de sonrisas, besos en un atardecer cualquiera, miradas a la luz de una luna que nos hizo insignificantes, esas palabras al oído que retumbaron en mi mente durante siglos. Y en la punta: tu sonrisa.
Ese bala me habría matado en cualquier otra circunstancia. Habría provocado tal torrente de sentimientos, tal cantidad de recuerdos, que me hubiera vuelto loco, sólo serviría para ilustrar una carta del tarot.
[el loco]
Pero hoy no. Aquellos cien años de soledad me habían llenado de fuerza. Había comprendido por fin dónde debía meter todos esos recuerdos que me martirizaban: en una urna de cristal ocupando un lugar privilegiado. ¿Por qué esconderlos? ¿Para qué avergonzarme de los mejores momentos de mi corta vida? No, no debía esconderlos, debían estar en la sala de exposiciones que no es más que antesala del salón dorado. Allí dónde una vez entraste y donde siempre estarás. El puzzle cósmico por fin estaba formado, la gran incógnita estaba despejada, la ecuación de mis sentimientos resuelta para siempre.
Y esa fue tu perdición. Acogí la bala en mis entrañas y te la devolví amplificada. Multiplicada por mil, maximizada hasta el infinito, elevada a la máxima potencia y todo ello en un sumatorio infinito de todos los buenos recuerdos que habías generado.
[atravesé tú cráneo]
Cámara lenta como en una buena película. Blanco y negro, plano de rotación en el que tú eres el sol. Tu muerte en fotogramas. Y al caer, un ruido sordo.
¬ ¿Cómo? -es lo único que salió de tus labios.
¬ Nunca lo entenderías, eres demasiado obtuso. Esta es la suerte que correréis todos vosotros. Este es el destino de los perdedores.
[rest in peace]

La realidad tal y como nos la pintan:
Valencia. Me cuesta pronunciar esta infame palabra sin recordar. El final y el principio de una era. Buenos y malos recuerdos. La semana que nos mató, el lugar donde vivimos nuestros últimos días...
[juntos]
La realidad duele y yo me tenía que encontrar con ella hoy. He tenido miedo de que llegara este momento incluso antes de saber que se produciría. Miedo de una voz que adoré, miedo a una sonrisa que me llenó, miedo a una mirada que me enamoró. Miedo a no controlar mis sentimientos. No podía seguir temiéndote, tenía que enfrentarme a la realidad.
[existes]
Hoy nos íbamos a encontrar en Valencia, donde volaste huyendo del aire viciado de la capital, donde quisiste comenzar una nueva vida. El trabajo, la vida, la muerte, el mundo, todo era indiferente para mí hoy, todo giraba en torno a nuestro encuentro. Dos viejos amigos que tienen mucho que contarse. Había muchas cosas que superar, mucho dolor que desterrar. La marca que grabaste en mi espalda a fuego lento relucía hoy en la oscuridad. Controlaste el tiempo desde tu templo.
Apareciste con esa sonrisa, y congeniamos como congenian dos amigos de toda la vida. Recordamos un pasado común entre risas, horchatas y gofres. Una cena genial, un reencuentro con gente a la que aprecio. Una época de mi vida rememorada en un presente incierto. Dentro de mí la tempestad, un duelo contra el fantasma más poderoso de todos, aquel que representaba lo que fuiste para mí, aquel que me impide olvidar, aquel que se empeña en sazonar mi vida con tus imágenes.
Y vencí. El órdago soñado por todo jugador de mús, la apuesta por la que lucha todo jugador de póker con buena mano. La emoción del riesgo y la revancha de tanto resentimiento. El fantasma al que di la vida, mi Frankenstein particular, creado de tus retazos. Aquel que se empeñaba en no mirar al futuro. Una sombra en todas las noches, una nota en cada canción, un fotograma de cada película. Una parte de mí.
Y hoy, por fin, he reorganizado mis pensamientos, te he instalado en la habitación que te corresponde y he sonreído satisfecho.
¿Y me preguntas qué es amistad? Amistad eres .
Y el amor, ¿dónde se quedó? En letargo, convertido en una mera posibilidad pero siempre presente. Esperando por si algún día quieres abrir su caja con la llave que llevas colgada del cuello. Viviendo como una posibilidad (una deliciosa posibilidad) pero no como una obligación.
Hoy no dormiré sólo en la frialdad de este hotel, viajarás conmigo al país de los sueños. Una gran historia en la que se olvidaron colgar el cartel de "Continuará...".

by milio a las 01:53 PM | Comments (2) | Enlace Permanente

Mayo 11, 2003

Mis Fantasmas

Todos tenemos nuestros fantasmas. Entes incorpóreos que habitan en lo más recóndito de nuentras mentes, acechando, buscando el momento oportuno para atacar. Preparados para traspasarte la piel con su toque incorpóreo, penetrar en aquellos lugares de tu mente que cerraste a cal y canto y tiraste la llave al mar.
Los míos han despertado hoy. Poco a poco han salido de su letargo y han decidido atacar.
[guerra de guerrillas]
El sol lucía radiante, lanzando rayos de optimismo para el que los quisiera coger. El cielo, tan azul, tan distante, quería observarlo todo desde su posición privilegiada.
Sólo faltaba el detonante. Un lugar, una situación, un recuerdo. La mecha se encendió y yo no pude verlo. Y, de repente, el flash. Un pensamiento viajando la velocidad de la luz, atravesando mis maltrechas defensas, saltándose todos los controles, rompiedo las barreras.
[un recuerdo kamikace]
Y el mayor déjà vu que he tenido jamás. Una sonrisa unida irremediablemente a una cara. Una voz fundida para siempre con unos labios. Una mirada incontestable. Hipnotizando, persuadiendo, obligando a recordar.
[hundiendo el puñal]
Una reacción en cadena, un hongo nuclear en mi cabeza. Pensamientos que inducen a otros pensamientos, recuerdos que despiertan otros recuerdos.
[basta!]
Poco a poco he conseguido lidiar con los fantasmas, alejarlos de mis dominios y encerrarlos. Tengo que mantenerme alerta porque, tarde o temprano, volverán a escapar.
[es ley de vida]

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Marzo 13, 2003

Cierra la puerta cuando salgas

¬ Cuando salgas de mi vida, haz el favor de cerrar la puerta, no quiero que entre corriente.
Pero no la cerraste y a cada momento tengo acercarme y darle un pequeño empujón.
Miro las paredes y todas parecen del mismo color (de hecho, lo son) y, poco a poco, me van atrapando. El techo parece bajar cuando no miro. Mi habitación está jugando conmigo. Me siento como Indiana Jones en medio de una mazmorra, apunto de ser aplastado por una ingeniosa trampa. Pero yo, como él, cogeré el sombrero antes de salir.
Llevo todo el día encerrado en casa. No sé por qué, quizá sean las vacaciones. No aguanto estar ocioso, no si en mi cabeza bullen recuerdos que quiero apartar.
Tengo una semana hasta que empiece en mi nuevo trabajo y todos los días me parecen iguales. Debería aprovechar para salir de Madrid y, de hecho, lo voy a hacer. Intentaré irme al pueblo, ese lugar del que tantos recuerdos tengo (la mayoría de indiferencia, algunos buenos). Me tumbaré a ver las estrellas, a disfrutar de la bóveda maravillosa como hace tiempo que no hago. En Madrid no soy capaz de contar más de diez estrellas.
Miraré la Luna y me sentiré allí por un momento. Me consolaré pensando que quizá, en algún lugar de este mundo, alguien estará mirando la misma estrella que yo.
Y me alejaré de la puerta de mis recuerdos, no quiero saber si está abierta o cerrada, viviré a solas con mis estrellas.
Y al volver conversaré con la melancolía, la echaré de mis dominios, que se ausente por unos días.
Kilómetros y kilómetros de carretera, paisajes que vuelan ante mis ojos, distintas conversaciones que convergen en mis oídos para formar un delicioso murmullo.
Me olvidaré hasta de que existo para así poder reencontrarme. Pensaré en lo maravillosa que podría ser esta vida si no me asaltaran los recuerdos. Brindaré por Freud y su psicoanálisis, que tanto practicaré a la luz de las entrellas.
Haré sitio en mis sueños para todas esas cosas que siempre he querido hacer. Soñando viajaré por todo el mundo, me quedaré con las sonrisas y evitaré los llantos, robaré una mirada y la archivaré en mis recuerdos. Volaré.
Este viaje por mis entrañas me ayuda a ver que las paredes no se mueven, que el techo no baja y que debo disfrutar de estas vacaciones. Recargar las pilas para cuando comience mi nuevo trabajo.
Buscaré la felicidad debajo de las piedras.

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Febrero 05, 2003

Vuela arriba, vuela alto

Un día conocí a una paloma. Blanca, radiante, libre. Me enseñó a volar, me ayudó a orientarme y, en ese momento, supe cual iba a ser el norte en mi vida. Lo supe y nunca lo olvidé. La tempestad se la llevó muy lejos, tan lejos que perdí su pista, me desorienté y no encontraba el norte.
Deambulé por los senderos del destino, no volé porque lo había olvidado. Por olvidar, casi olvidé a mi paloma mensajera.
Y un día apareció tan repentinamente como se fugó y trajo consigo a alguien que jamás olvidaré. Fue un torbellino. Estaba herida, no podía volar, alguien le rompió las alas. Y juntos aprendimos a volar. Y volar y volar. Desde arriba todo se ve más pequeño, más insignificante. Volar es soñar despierto.
Pero un día llegó la tormenta (o fue la llovizna la que nos fue separando poco a poco?) y se fue, llevándose mi norte con ella.
Y ahora, de vez en cuando, la veo volando por los tejados, la veo a lo lejos y ella me mira como queriendo decir: no me olvides.
Y no te olvidaré, mi paloma mensajera.
Hoy he hablado con ella, emprende un viaje en breve. Una nueva etapa de su vida, lejos del sangriento cazador, lejos de la urbe asesina, lejos de los malos humos... y lejos de mí.
Sólo te puedo decir una cosa compañera: vuela arriba, vuela alto y hasta siempre.

[Si leyeras esto sabrías que hablo de ti, pero dudo que alguna vez lo leas]

... y la canción que estoy escuchando...

by milio a las 10:25 PM | Enlace Permanente