Enero 16, 2005

Requiestat in Pace

Tengo una pantalla en blanco y no sé cómo empezar... Tengo tantas imágenes en la cabeza que soy incapaz de ordenarlas. Con el cerebro entumecido nunca pude pensar con claridad. Y siento como miles de alfileres se clavan bajo mis uñas, haciendo jirones lo que me queda de lucidez.
Creo que nunca olvidaré la voz de mi hermana cuando me comunicaba por teléfono que mi abuela se había muerto. No hacía falta usar eufemismos, la muerte prefiere que la llamen por su nombre.
[lo impone]
Viajaba camino del barrio gótico de Barcelona en un coche que hacía escasos minutos rebosaba risas y esperanzas. Siempre te imaginas cómo reaccionarás ante algo así, si llorarás desconsoladamente o simplemente te encerrarás en un silencio sepulcral. Mi cerebro se sacó de la manga cientos de placebos y alguna que otra receta magistral, dejó que el estado de shock se extendiera como una nube pestilente.
Me llevó cinco minutos decidir algo tan sencillo como si ir a casa de mi amiga a hacer la maleta o si ir al aeropuerto a cambiar el billete, provocando que diéramos un par de vueltas a la misma manzana. Intenté aparentar tranquilidad y no sé si lo conseguí.
Aquel fin de semana, que debería haber sido idílico, se había convertido en una pesadilla de la que es imposible despertar. Me recuperé de esos dos primeros minutos de indecisión y con la inestimable ayuda de mi amiga, que me guió mientras yo daba palos de ciego, conseguí recoger mis cosas y encaminarme al aeropuerto para que me cambiaran el billete.
El avión despegó con retraso y yo me encogí en mi asiento de clase turista con restricciones dejando que mi mente volara hacia el pasado, proyectando momentos que creía olvidados de una vida que ya no parecía la mía. Fue una hora escasa en la que tuve mucho tiempo para pensar, una hora para sentirme la persona más miserable sobre la faz de la tierra.
Mi abuela llevaba un mes en su nueva residencia y yo aún no la había ido a visitar. Siempre aplazaba la visita pensando que cualquier momento futuro sería mejor, y ahora conocía la verdadera razón de mis ausencias: soy un cobarde.
[el rey de los cobardes]
Cada vez que la imaginaba en aquella silla de ruedas, que le compramos cuando dejó de caminar, se me caía el alma al suelo. Algo dentro de mí no quería recordarla como aquella anciana que no podía valerse por sí misma, como aquella pobre falsificación de una persona que había sido tan importante en mi vida. Y ahora había pasado casi un mes desde la última vez que la vi, y me di cuenta de que jamás la volvería a ver.
Y lloré. Lloré por dentro mientras de mis ojos no escapaba una sola lágrima. Pasados unos minutos decidí serenarme porque me esperaban dos días muy duros, reponer fuerzas con la comida que me había preparado mi amiga. En el momento intenté convencerla de que no tenía hambre, que no me preparara nada, y ahora, en el avión, le agradecí en silencio que lo hubiera hecho.
Arrastré mi cuerpo como buenamente pude hacia el metro, una vez que el avión hubo aterrizado. Encendí un cigarro en una zona de apestados (esos recintos minúsculos del aeropuerto donde nos hacinamos los fumadores porque el vil tabaco nos asalta con su adicción) y puse mi mente en blanco.
Mi abuela había fallecido a las cinco de la tarde en los servicios de la residencia. El forense hizo su trabajo y después se puso en marcha la maquinaria comercial de la muerte. Una maquinaria que hizo una parada en el tanatorio, lugar en el que entré a formar parte del macabro sistema.
¬ Al menos no ha sufrido -dijo alguien.
¬ Ya se esperaba... -argumentó otro.
Mi personalidad caótica se permitió un momento de respiro, un pequeño guiño de humor negro con ciertas dosis de ridículo. En la cafetería del tanatorio me encontré con algunos familiares y amigos que estaban descansando mientras tomaban un café. Me puse a besarlos a todos sin darme cuenta de que, cuando acabé con el grupo de conocidos, le di dos besos a un hombre que no venía con nosotros. Él se quedó mirándome como un niño al que descubren robando dinero del monedero de su madre, pero no me dijo nada. Al menos ahora soy capaz de reírme un poco de mi torpeza.
En el velatorio me sumí más en mis pensamientos, sentado en un sofá de piel entre conocidos que habían ido a acompañar a la familia en aquel espectáculo dantesco en que se convierten los velatorios, que yo tanto odio. De entre todas las personas que había en aquella sala, más de la mitad sobraban. Eran todas aquellas que iban por cumplir y que, a los cinco minutos, habían olvidado el propósito de todo aquello.
[consolar]
La gente se fue marchando poco a poco y, los que quedábamos, intentamos dormir un poco en aquellos sofás. Una cabezada, una ducha en casa y vuelta al infierno, el orden del día de aquel circo de los horrores.
Estaba planeado que el coche fúnebre partiera a las once de la mañana hacia el pueblo natal de mi abuela, encabezando una macabra caravana. Mirara donde mirara siempre veía aquel coche fúnebre. En aquel viaje no había paisajes ni cielo, no había monumentos, sólo ese coche negro que no era más que la muerte motorizada.
En el pueblo nos recibió un frío polar que intentaba congelar un dolor que creía por momentos. Recordé el entierro de mi abuelo y pensé que aquello sería más de lo que podía soportar, que debía aislarme del mundo y ascender a un estado superior de catatonía.
[los dominios de la catalepsia]
En la plaza ya se había congregado un grupo de personas que fue desfilando ante nosotros con las fórmulas de cortesía que acostumbran las más arcaicas reglas de comportamiento en un funeral. Había familiares y amigos, pero el grupo más numeroso era el de aquellos que van a los entierros por cumplir, como el que va a un club social. Recibí las condolencias como un autómata mientras el nudo que había en mi estómago crecía hasta alcanzar dimensiones colosales. El cura se acercó al féretro y, tras un par de rezos, nos hizo señales para que lo introdujéramos en la iglesia, donde entré por despedir a mi abuela como ella habría esperado, aunque todas mis creencias (o la ausencia de ellas) me decían que era estúpido participar en un ritual en el que no creías.
[pero entré]
No repetí las salmodias del sacerdote y me limité a levantarme y tomar asiento cuando lo hacía el resto de los parroquianos. La voz del cura llegaba hasta mis oídos como el sonido monótono de un arroyo. Miles de pensamientos intentaban romper el estado de catalepsia en que me había refugiado y no supe si sería capaz de aguantar el envite...
La ceremonia concluyó y nos dirigimos hacia el cementerio. Me temblaban las piernas y mis ojos, rojos como el mismísimo infierno, suplicaban al cerebro su permiso para llorar. Mi mente seguía cerrada en sí misma y no atendió la petición de llanto.
Apoyado en una pared vi en primera persona cómo el sacerdote dirigía la pequeña ceremonia de sepultura.
Una lágrima silenciosa resbaló por mi mejilla cuando el albañil de turno colocaba el primer ladrillo en el nicho. Cuando el sacerdote dio por concluido el enterramiento fui consciente de todo lo que había pasado en apenas veinticuatro horas. Un ciclo que había empezado antes de que mi madre naciera y que ahora estaban cerrando con una pared de ladrillos, yeso y cemento.
Cuando todos abandonamos el cementerio dentro sólo quedó el frío. Un frío perpetuo que, aún hoy, sigue congelando mis entrañas. Los muertos no leen bitácoras pero, si mi abuela leyera esto, se enfadaría si no me despido de ella cuando se marcha.
¬ Adiós.
[intentando no llorar]


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by milio a las 07:51 PM | Comments (10) | Enlace Permanente

Agosto 08, 2003

Las Cinco Del Viernes (V)

Esta vez las preguntas son un poco esotéricas. Ahí vamos.
I. ¿Eres supersticioso? ¿Sigues supersticiones como tirar sal por encima del hombro, no abrir el paraguas dentro de casa o no pasar por debajo de una escalera?
La verdad es que no soy supersticioso, aunque a veces necesite (como todos los humanos) echarle la culpa a la mala suerte. En esos casos sí puedo ser supersticioso. Es más, me gusta hacer lo contrario de lo que marcan las reglas de la superstición. Así, cuando veo una escalera paso por debajo siempre que puedo.

II. ¿Lees el horóscopo? ¿Te lo crees? ¿Qué piensas de la astrología?
¿El horóscopo? No me lo creo porque es imposible creerse semejante falsedad. El horóscopo es un suceso totalmente aleatorio. Es obvio que no todos los Tauro nos comportamos igual ni vamos a tener la misma racha de buena o mala suerte, de mucho dinero y de no comernos una rosca sólo porque lo diga el horóscopo. Por otra parte hay muchas posibilidades de que, lo que dicen, se cumpla en al menos un caso dada la diversidad de individuos que compartimos el mismo signo. Entonces, ¿es o no es cuestión de azar?.

III. ¿Alguna vez has pagado a alguien para que te adivinara el futuro? ¿Qué sistema utilizó (las cartas, las líneas de la mano, la bola de cristal... las verduras...?
Nunca he pagado a nadie por eso. Lo que sí es cierto es que más de una vez me han echado las cartas (amig@s todas las veces). Nunca he querido que me digan el futuro, pero sí que muchos me han dicho cosas de mi pasado y de mi personalidad. Algunas veces con acierto, otras no.

IV. ¿Tienes algún amuleto? ¿Funciona?
Mi único amuleto soy yo mismo.

V. ¿Alguna manía que no puedas evitar, sea supersticiosa o no?
No usar el ratón del ordenador y manejarlo sólo con las teclas. Fumarme los cigarros de después de (aplicado a cualquier cosa). Canturrear cuando me concentro.

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by milio a las 09:13 PM | Enlace Permanente

Julio 11, 2003

Las Cinco Del Viernes (IV)

Otra semana más (y van cuatro) me apunto a la propuesta de Las Cinco Del Viernes. Esta vez son los sueños los que nos interrogan desde dentro de nuestro subconsciente. Así que si no tienes un weblog o no te apetece contestar en el tuyo, puedes usar los comentarios para responder a estas cinco preguntas. Y sin más preámbulos, vamos con las preguntas.

I. ¿Cuando sueñas, puedes acordarte perfectamente de lo que has soñado?
Muy pocas veces. En ocasiones recuerdo fragmentos al abrir los ojos, guardo alguna sensación del sueño pasado y puedo saber si lo que soñé me gustó o no. Al instante siguiente cierro los ojos y quedo sumido en un nuevo trance.
Suelo soñar despierto cuando las circunstancias lo permiten. En esos casos sí recuerdo lo que he soñado, pues es un sueño a medida, comprado al canal Pay Per View de mis recuerdos con la VISA de las ilusiones.

II. ¿Alguna pesadilla recurrente?
Por suerte las pesadillas se acabaron. Sólo recuerdo haber tenido una pesadilla en mi corta vida, pero me acompañó durante un mes. Tendría ocho o nueve años cuando soñaba que caía de un puente colgante (como el Golden Gate pero en pequeñito) que hay cerca de mi casa, y nunca llegaba al suelo. Me despertaba cubierto en sudor y me agarraba a lo primero que veía con la intención de detener una caída que sólo existía en mi imaginación.

III. ¿Sueñas en blanco y negro o en color?
La verdad es que pocas veces puedo recordar los sueños con tal nitidez, pero juraría que de vez en cuando sueño en blanco y negro. Bueno, o al menos en technicolor, que el presupuesto no da para más.

IV. ¿Tu sueño más divertido/agradable?
Contaré el más divertido, que hace gracia por ser tan tremendamente surrealista. Me arriesgo a que, cuando acabe el post, vengan los loqueros a mi casa y me lleven entre camisas de fuerza y palabras tranquilizadoras.
Lo primero que recuerdo es que me encuentro en una extensión infinita de terreno, una pradera. De lejos escucho unos timbales y veo cómo una comitiva se acerca. Los timbales resuenan más y más fuerte. Cuando se acercan los distingo con claridad (o casi). Son unos porteadores vestidos de arlequines que portan un trono de madera. A la persona no la puedo ver.
El siguiente recuerdo es que me encuentro en mi habitación con un bicho inmenso y una silla en el centro de la estancia. Suena una musiquita como de un organillo y, el bicho y yo, empezamos a jugar al juego de la silla, ese en el que cuando para la música hay que sentarse y el que se quede sin silla pierde. Pues a eso jugaba yo con el típico mónstruo de película serie B.
[manda huevos]
Ya no recuerdo más. Cuando desperté al día siguiente tuve que organizar todos los detalles del sueño para no olvidarlos.

V. ¿Si te despiertas a mitad de un sueño agradable, eres capaz de vovler a dormirte y obligarte a seguir soñando con la misma historia?
Sí. Te despiertas jodido por haber interrumpido un sueño tan bueno. Al final, aunque te obligues a soñar con lo mismo, acabas despierto y dándole vueltas al sueño. Y, si te duermes, no confíes en soñar con lo mismo, porque no pasará.

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by milio a las 05:53 PM | Enlace Permanente

Julio 05, 2003

Las Cinco Del Viernes (III)

I. ¿Cuáles eran tus juguetes favoritos de pequeño?
Como de pequeño tenía tanta imaginación, mis padres, hartos de contestar a mis irreverentes preguntas, me regalaron unos muñecos. Eran un poco patanes porque no tenían articulados ni codos ni rodillas. Por lo tanto andaban siempre como si estuvieran escocidos. Aún así eran los juguetes que más me gustaban. Podía pasar horas jugando con ellos, inventando diálogos y luchas por salvar o dominar el mundo. Todo desde la perspectiva de mi alfombra.

II. ¿Cuál fue el juguete que siempre quisiste, y nunca conseguiste?
Un Scalextric. De hecho mis padres llegaron a comprarme uno de oferta con obstáculos y todo (STS 4x4). Aún recuerdo la ilusión que me hizo...
[felicidad]
... y el chasco que me llevé cuando, a la semana, dejó de funcionar.
[y frustación]
Aún acumula polvo perdido en algún rincón del inmundo trastero.
Pero un día llegó mi primer ordenador y surgió el amor...

III. ¿A que juegas ahora?
La verdad es que no me queda tiempo para mucho. Cuando saco un rato me reuno con unos cuantos amigos y echamos una partida de rol. Ese juego satanizado por los medios, algo que engendra la misma cantidad de violencia que una partida de parchís.

IV. ¿A que juegos tradicionales jugabas? ¿Cuál era tu favorito?
Yo he sido el peor jugador del mundo en lo que a juegos tradicionales se refiere. Aprendía tarde y mal. El puesto de farolillo rojo en las carreras de chapas siempre llevaba mi nombre, perdía más canicas de las que tenía. La selección española siempre perdía cuando yo era el entrenador (y los jugadores condensados en unas tristes chapas) y no supe bailar la peonza hasta que llegué al último curso del colegio. Eso sí, al kioskero que las vendía le pagué la mitad de su apartamento en la playa, y las deudas de las canicas que apostaba tendrán que pagarlas mis nietos.
No tenía favorito, los odiaba todos.

V. ¿Jugabas a algún juego típico sólo de tu zona, o que os hubierais inventado los amigos?
La verdad es que nosotros no inventábamos mucho. Como en todo barrio que se precie, adaptábamos las reglas a lo que nos parecía. Así, cuando rivalizábamos con los del otro barrio (no, en ocasiones no veo muertos...) la disputa derivaba en una discusión sin fin sobre las reglas. Hasta que la voz atronadora de la madre de un amigo lo llamaba para cenar y dábamos por finalizado el juego.
[no es como un debate sobre el estado de la nación?]


Las Cinco Del Viernes propone cada jueves unas preguntas para que, quién lo desee, las conteste en su weblog. Pincha en el link si quieres saber más.
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by milio a las 02:56 AM | Enlace Permanente

Junio 27, 2003

Las Cinco del Viernes (II)

I. ¿De qué color pintarías la última naranja del cesto?
Supongo que estamos hablando del maravilloso cesto de la lechera, el mismo que llevaba mientras fantaseaba sobre su futuro. En ese caso la pintaría de amarillo fluorescente con la esperanza de que pudiera servir de aviso a la desdichada lechera a punto de tirar sus ilusiones en un cesto sin fondo.

II. ¿Con qué mirada esperarás que baje un ángel negro de la última nube del día?
El Ángel Caído le llamaban. Su mirada sería de odio contenido, sus ojos echarían fuego y en ellos habría un pequeño y casi imperceptible brillo de codicia.

III. ¿Con qué cuchillo clavarías la mirada de tu enemigo?
Me sentaría en el suelo con las piernas cruzadas, en un trance místico. Moldearía todas mis ilusiones para adaptarlas al filo, engarzaría los diamantes de la felicidad en la empuñadura. Después me levantaría tranquilamente y clavaría el puñal en el epicentro de todos sus odios.

IV. Dime el color de los ojos que no te miran
Podría imaginarlos azules como un océano, podría querer navegar en ellos y sumergirme en la profundidad de una mirada. Pero, por estadística, tengo que pensar que serán marrones (como los míos).

V. ¿Por qué el cigüeñal de mi motor no tiene un nido para que puedan viajar sin cansarse las cigueñas de mi pueblo?
Porque la natalidad está muy baja y las cigüeñas se están quedando en el paro. Dicen las malas lenguas que se disfrazan de transeuntes y hacen cola en las puertas del Inem. Pero esto, amigos, es otra historia.


Bueno, a preguntas surrealistas, respuestas más surrealistas...
[rozando el límite de la estupidez, que tan bien se me da]

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by milio a las 05:44 PM | Enlace Permanente

Junio 20, 2003

Las Cinco del Viernes

Me uno a la iniciativa, ahí van las primeras respuestas (el que quiera puede responder a estas preguntas en los comentarios, si no tiene weblog).

I. ¿Si pudieras hablar con algún personaje literario, con cuál lo harías?
Me sumergiría en el mundo de cien años de soledad y me dejaría lleva por el bucle del tiempo.

II. ¿Con qué personaje cinematográfico te irías de cena?
Depende de la cena. Una cena entrañable con Dustin Hoffman en Rain Man. Cena cachonda con los Monty Python al completo en su Flying Circus. Una mística con Sor Seiscientos. Y si es romántica con Calista Flockhart.

III. ¿Y si pudieras conocer a un personaje de la historia?
El Cid Campeador, con quien comparto apellido (y nada más, ahí se acaban mis aires de grandeza). También me gustaría conocer a un Neanderthal (pero a uno de verdad, no como los que conozco).

IV. ¿En que película o serie te meterías a vivir una temporadita?
Los Vigilantes de La Playa (que uno no es de piedra) a bote pronto. Pensándolo un poco más (aunque tampoco mucho), en Ally McBeal. Y no me olvidaría de pasar una temporada en Friends.

V. ¿Con que músico te irías de gira?
Recorrería el mundo con Marilyn Manson, España con Héroes del Silencio (que, como es una fantasía, se juntarían sólo para que yo me fuera con ellos) y mi barrio con la banda de las fiestas (que no vale ni para tocar los genitales).

Hasta aquí las cinco de este viernes. Dentro de una semana más (y espero que mejor).

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by milio a las 10:28 PM | Enlace Permanente