Mis fantasmas revoloteaban sobre mi cabeza, emitiendo graznidos de satisfacción, ronroneos sibilinos. En la vida real me encontraba en algún lugar cerca de Segovia, pero esa era sólo mi representación física. Mi mente se encontraba en el vórtice de un agujero negro, lidiando con los malditos fantasmas.
Indecisión brincaba alternativamente sobre cada una de sus mil pezuñas y, en su cara maquillada como la de un arlequín, se dibujaba una sonrisa tan neutral como siniestra. Sus manos sujetaban dos naipes: la reina de corazones en la diestra y la sota de bastos en la siniestra. Y con cada paso de su coreografía me mostraba uno de los dos.
[éxito y fracaso]
Miedo me miraba desde su inmenso trono de obsidiana. En lugar de rostro tenía un espejo donde se proyectaba una película con los grandes fracasos de mi vida. Y en la base del trono un reloj de cuco del que colgaba un cuervo moribundo. Me miraba fijamente desde el fondo de sus ojos vacíos y repetía una y otra vez los nombres de todas las mujeres a las que una vez quise y ellas nunca lo supieron.
[errores por omisión]
Amor, un fantasma benévolo, deshojaba una margarita multicolor cuyos pétalos nunca se acababan. Con cada pétalo envejecía un poco más. Famélico y ojeroso, su mirada apuntaba al infinito, inmerso en un bucle sin fin ni principio.
¬ Te quiere, no te quiere. Le quiere o le odia. Se quiere o te desprecia. Te necesita o te ignora. ¿Te conoce? No, no te conoce. Lo sabe o se lo ocultas. Te quiere, no te quiere…
[alternativas]
Mi cuerpo reaccionaba a los estímulos del medio con el piloto automático puesto mientras mi verdadero yo, el que habita en mi mente, se retorcía de incertidumbre y buscaba el valor allá donde lo encuentran los héroes. Había decidido que no podía seguir esperando y que ella, la misma que me miraba con ojos vivos y sonrisa pícara, debía conocer todo lo que pasaba por mi cabeza. ¿Por qué me resultaba tan difícil besarla? Mi cerebro sólo debía dar una serie de órdenes rutinarias al resto del cuerpo:
mírala a los ojos-gira la cabeza quince grados en sentido horario-abre ligeramente la boca-deposita tus labios en los suyos-cierra los ojos-detén el tiempo
Pero algo dentro de mi cabeza se resistía a dar la orden y el tiempo jugaba en mi contra.
Los segundos parecían horas. En mi cabeza se dibujaban frases sin sentido con el único objeto de ganar un poco más de tiempo mientras el valor acudía en mi ayuda:
¬ ¿Oye, qué era eso del imperativo categórico?
Miedo reía a carcajadas y Amor se tiraba de los pelos, maldiciéndome por mi estupidez. Indecisión detuvo su baile y me mostró la sota de bastos a modo de advertencia.
Entonces se produjo el milagro. De las simas más profundas de mi cerebro emergió Valor con sus mallas ajustadas y su capa amarilla. Aunque maltrecho por las batallas que había tenido que librar durante años de cobardía, aún se mantenía en pie y tenía fuerzas para gritarme al oído:
¬ ¡Deja de decir sandeces y díselo de una vez! Es una orden.
La maquinaria declarativa se puso en marcha, haciendo funcionar engranajes que creía oxidados. Pronuncié las palabras de forma torpe y casi sin voz a través del desierto en que se había convertido mi boca:
¬ Llevo dos días intentando bersarte y aún no sé cómo hacerlo.
[obvio pero suficiente]
Sin quererlo me había deshecho de un peso tan grande que creí que me elevaría hacia el cielo en una experiencia mística y estrafalaria. Mis fantasmas se retiraron a sus aposentos y yo me convertí en el sol que giraba en torno a su cintura. El encuentro cósmico y los eclipses posteriores son otra historia que, ójala, merezca ser contada.
Y entonces rodeé el mundo con mis brazos y besé el mismísimo big bang.
[el comienzo de todas las cosas]
Archivo para ‘ Filosofía casera ’ (categoría)
El mundo es una mujer
by miliooct 30 2007
Sopa de letras
by milioago 31 2004
//indecisiones//
No entiendo por qué me dices A cuando quieres decir B. Y, cuando pasa el tiempo, cambias A por B y dejas entrever que lo que realmente quieres es C. Y yo me siento en el diván de las reflexiones e intento solucionar una sopa de letras que termina en jaque ahogado, dejando la partida en tablas.
[empate técnico]
Te diré que no te entiendo, que si no me dices lo que te pasa jamás podré averiguarlo por mi cuenta. Pero tú aplicas el catenaccio y te cierras en banda:
¬ Tú sabrás.
Y no, yo no sé nada. Como decía una canción de cuyo nombre no quiero acordarme, repito mentalmente aquel axioma de lo-único-que-sé-es-que-yo-no-sé-nada y completo la sopa de letras con divagaciones absurdas que me llevarán siempre al principio y me alejarán aún más de la respuesta.
[tu respuesta]
Luchando contra molinos de viento que en tu imaginación son gigantes.
[o quizá en la mía]
Sepulto la sopa de letras bajo una montaña de hojas de papel donde alguien garabateó preocupaciones más concretas, exentas de jeroglíficos y dobles interpretaciones. La hipótesis no tiene demostración, el teorema cae siempre en el absurdo, me falta una variable.
Hasta que un día abres tu mente y me dices que en realidad no existen ni A, ni B, ni C, y que D no es más que un producto de mi imaginación. Que si te conociera habría descubierto que aquel día que te dije X y tú contestaste Z, no era eso lo que querías decir, sino G.
Añado todas estas variables a la ecuación y suspiro al pensar que todo habría sido más fácil si no hubieras supuesto que soy un ser superior y que, por ciencia infusa, puedo adivinar lo que se te pasa por la cabeza.
[el punto G]
Teoría de los estados
by miliooct 21 2003
Puedo imaginarme corriendo por una pradera infinita mientras en el ambiente flotan las notas de la banda sonora de Conan (el Destructor). También puedo ser el alma de aquel chico con gafas que lo tiraba todo y siempre preguntaba si había sido él. Verme en la piel de un rey medieval, cubierto de honores y joyas, blandiendo una espada con nombre propio. Hay momentos en los que me siento como un vagabundo que ya no puede recordar lo que fue y es incapaz de augurar un futuro mínimamente esperanzador.
[de un lado a otro]
A veces radiante, pintando una sonrisa en mi cara con un rotulador indeleble. En otros momentos me muestro pesaroso, colocando pequeños yunques en ambos extremos de mis labios, impidiéndoles levantar el vuelo.
Alguien me dijo una vez que era un optimista encerrado en el cuerpo de un pesimista. Un bote de felicidad potencial guardado en el fondo de un bahúl oscuro y maloliente.
[cautivo]
Supongo que esa es la grandeza de la vida, no saber cómo te vas a encontrar mañana. Vivir con la certidumbre de que después de la tempestad llega la calma y, cuando los nubarrones se dispersan, sale otra vez el sol. Ese sentimiento que nos obliga a ser cautos con la felicidad y a no dejarnos vencer por la tristeza. Porque la vida avanza frenéticamente, sin esperar a nadie. Y es tan difícil reengancharse que conviene no quedarse rezagado.
[apartarse del camino]
Y yo me encuentro en la estación esperando aquel tren del que todos hablan, con las maletas en la mano. No pienso ver como el tren se aleja mientras yo sigo en el andén. Despidiéndose, burlón, de aquellos que no llegamos a tiempo.
Mi vida sin mí
by milioago 5 2003
Cogiendo prestado el título a una película empezó mi divagación de hoy. Imaginando cómo sería la vida que ahora conozco si yo no existiera, si yo nunca hubiera nacido.
Pequeños e imperceptibles cambios, detalles, matices. Sucesos sin importancia para un todo, un mundo que no se rige por individualidades, un mundo que hace caso a las masas que lo sustentan (y lo destruyen).
Aún no he hecho nada en esta vida que pueda considerarse digno de recuerdo en la memoria histórica (y no creo que lo haga).
Si yo no hubiera existido en mi casa tendrían más sitio, mis vecinos quizá vivirían más tranquilos y la factura de la luz sería considerablemente más baja.
[¿y qué?]
Mis amigos nunca me habrían conocido, no echarían de menos mi existencia. Las novias que he tenido (suerte de plurales, indefinidos e inexactos, plural puede ser dos o mil) ni me amarían ni me odiarían, simplemente no existiría ni en su recuerdo. No recordarían los buenos momentos, no se lamentarían de los malos.
Mis padres habrían seguido buscando el niño, mi padre no habría llorado el día que nací, después de dos intentos femeninos. Quizá habría otra persona suplantando mi vida, un gemelo ficticio al que no le importaría ser o no como yo.
[un impostor]
Dicen que a las personas las hace la educación y el ambiente, que nacen siendo un comodín, una masa de arcilla que modelamos entre todos hasta conseguir una figura más o menos humana. Pero, ¿y el azar? ¿Dónde quedan esas pequeñas alteraciones del curso del destino que nos hacen ser cómo somos?
[únicos]
Así que puedo consolarme pensando que si yo no hubiera existido no habría nadie en mi lugar. Nadie ocuparía mi posición, nadie me suplantaría. Al menos nadie como yo (para lo bueno, para lo malo, en la salud y en la enfermedad).
Sapingo
by miliofeb 20 2003
Nunca te acostarás sin saber algo más. Hoy he recibido una avalancha de conocimientos. Grandes verdades que a uno le enseña la vida pero que por mi edad no me ha dado tiempo a aprender. Experiencias de dos viejos lobos de mar. Un amigo cubano y otro español. Diferente procedencia, mismas experiencias.
En mi cabeza una mezcolanza de ideas y sentimientos. El cerebro analiza y asimila… y saca conclusiones.
No tengo novia, pero recuerdo las experiencias pasadas como si hubieran pasado ayer. Recuerdo los besos, recuerdo las caricias, recuerdo las palabras, añoro los recuerdos. Tantos recuerdos, tantas palabras, demasiadas sonrisas. Demasiado para olvidar.
Pero ya está bien. Ya está bien de martirizarme, ya está bien de recordar. Uno no puede vivir siempre del pasado, porque el pasado consuela pero destruye. Vivir en el pasado es anular el futuro. La paloma voló y ya nada se puede hacer, más que borrar la estela de su movimiento y no buscarla en el cielo nunca más. Borrar el miedo escénico de la cabeza.
Hoy he aprendido que el nacemos con el no asegurado. Y nunca, nunca jamas, debemos pensar en el y si (y si hubiera hecho esto, y si hubiera dicho aquello). La vida es corta y al final haremos balance. Y todos aquellos y sis que recordemos pesarán como un lastre en nuestras conciencias.
Estoy viviendo un punto de inflexión en mi vida. Quizá sea la convicción, quizá sean las cervezas, pero creo que ya es hora de desterrar las incertidumbres.
No esperes la felicidad, búscala. Si no lo haces, sin duda serás, como dicen allá en Cuba, un Sapingo.