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Inside out

¬ ¿Ve algo doctor?
¬ Sí, tenemos que operar…
¬ ¿Operar de qué?
¬ De olvido…

Personal Jesus

Si Jesús levantara la cabeza seguramente se cubriría con la sábana santa y se echaría a dormir, no sin antes pasarse a visitar el Cristo de la Esperanza de Málaga. Y es que a este popular (entre quienes lo conocen) Cristo tiene la peculiaridad de contar con un brazo totalmente robotizado para bendecir mejor.
[los efectos especiales de la Iglesia]
Tal como lo veo, ya puestos, podrían haber aumentado la inversión y dotar al Cristo con un par de sistemas más. Ahí van mis ideas que gustosamente cederé a cualquier cofradía interesada:
* Mecanismo de habla simulada: incorpore a su Cristo la capacidad de mover los labios y dótele, por un módico precio, de un Jose Luis Moreno1 a medida.
* Precisos bailes regionales: gracias a un sistema revolucionario, su Cristo será capaz de ejecutar el baile regional de su elección. Por muy enrevesados que sean sus pasos, el sistema DancingChrist® hará que su Cristo los siga a la perfección. Puede optar, además, por una oferta de 3×2 en la compra de los paquetes de bailes regionales.
* Variado surtido de gestos con las manos: su Cristo ya no sólo será capaz de bendecir, sino que podrá gesticular cualquier cosa. ¿Necesita un Cristo que salude en las procesiones e, incluso, haga reverencias? Lo tenemos. ¿Quiere que su Cristo lave los pies de cualquier feligrés siguiendo las pautas de la famosa cita bíblica? Podemos conseguirlo. ¿Nunca ha pensado en la afluencia de fieles y almas impías por convertir que generaría un Cristo capaz de darse paseos por el templo saludando a la parroquia? No lo piense más, estará en buenas manos.
* Inteligencia artificial: sorprenda a sus visitas, a sus feligreses y a todo hijo de vecino con el revolucionario Cristo Interactivo®, también llamado Personal Jesus®. Un Cristo que aprende solo con un pequeño entrenamiento, un Mesías a medida de sus exigencias. Puede mantener hasta tres conversaciones a la vez, leer pasajes de la Biblia e, incluso, escenificarlos. Viene acompañado con una cruz con cargador incorporado para su batería de Ión Litio y una funda para transportarlo. También se incluye un conciso manual de instrucciones de cuatro mil quinientas páginas y un programa base que introducirle a elegir entre los siguientes: Kung-Fu Christ® (similar al que puso ver en las películas de la saga Matrix), Monólogos Sacros®, Cantos Gregorianos XP®, Corporativismo en la Iglesia I: Malversación de Fondos®, Corporativismo en la Iglesia II: Encubrimiento de abusos sexuales®, Diálogos Incendiarios I: El aborto®, Diálogos Incendiarios II: Métodos anticonceptivos® y un largo etcétera.
Lo que yo me sigo preguntando es: ¿dará buenas h ostias ese cristo (con y sin h)?
[seguro que sí]



José Luis Moreno1 es un famoso Ventrílocuo español.

Atrapado en una esfera

Cuando naciste nadie se encargó de avisarte que en esta vida no venía todo hecho. Nadie se acercó a ti cuando comenzabas a asomar la cabeza para advertirte. Quizá hubieras querido volver a la oscuridad de tu primer hogar.
[primigenio]
Después, como reafirmando el engaño, te lo dieron todo hecho. Cuando te asaltaba el hambre no tenías más que buscar el pezón de tu madre, un restaurante de lujo que nunca cerraba y donde jamás debías pagar la cuenta.
Creciste más rápido de lo que tu madre quería y demasiado lento para tus ansias de grandeza. El mundo estaba a tu alcance, siempre y cuando alargaras el brazo para coger tu porción.
Te estableciste en una cómoda rutina de la que no querías salir. Eras demasiado pequeño para todos mientras que tú te sentías preparado para afrontar cualquier desafío. Sabías tanto que no te preocupaste de leer el manual de la vida que alguien dejó sobre tu almohada en una noche sin estrellas. Y, por eso, viviste dando tumbos.
[como una pelota contra la pared]
Perder el norte es imposible cuando uno nunca conoció los puntos cardinales. ¿Para qué orientarte si ya lo hacían los demás por ti? Marioneta complaciente, títere dicharachero, desgraciado pero simpático. El dinero irrigaba ese órgano latiente que era tu cuenta bancaria como caído del cielo. Nunca te preocupaste por eso, otros ganaban un sueldo por ti.
[delegados]
Y entonces un día, sin saber cómo, te rodeaste de un séquito de sanguijuelas. Entraste en el lado de la abundancia y saliste con el cuerpo moteado. Te agasajaban con sus palabras mientras que su mano se deslizaba dentro de tu bolsillo. Ladrones de guante blanco.
[y sucio]
¿Y tú que hiciste? Nada. Disfrutabas con esa amistad artificial y forzada, te engañaste tejiendo eufemismos de colores para palabras grises y funestas mientras vivías un sueño surrealista, apartado de la realidad por lentes mal ajustadas y demasiado sucias. Estuviste demasiado ocupado escuchando alabanzas para darte cuenta de que los vientos del cambio estaban arruinando tu costoso peinado.
[alborotando]
Entonces llegó la tu tragedia.
Aquella fuente de la que manaba el dinero se agotó. Quizá hubieran sido las inversiones arriesgadas que hicieron tus corredores de bolsa instigados por tus ansias de ganar mucho y más rápido. ¿Y si papá se cansó de mantenerte? ¿Un golpe de mala suerte? ¿Una racha pasajera? No quisiste enfrentarte con la realidad hasta que fue tan evidente que insultaba a tu inteligencia. ¿Por qué no te diste cuenta cuando tu séquito se redujo drásticamente? ¿Acaso no pudiste ver cómo los buitres volaban en círculos sobre el tu cadáver financiero?
[in god we trust]
Entonces te diste cuenta de que la caída puede ser más rápida de lo que imaginas. El pastel es muy pequeño y hay demasiadas manos ansiosas de coger su porción. “Si no puedes coger pastel, más vale que te apartes”, parecían decir todas las miradas. Dejaste de recibir llamadas triviales con fines inescrutables para sumirte en el silencio telefónico, que en tu mundo era sinónimo de aislamiento. ¿Dónde estaban aquellos supuestos amigos? ¿Dónde quedaron aquellas sonrisas hipócritas?
[¿qué fue de las sanguijuelas?]
Y comprendiste, aunque fuera demasiado tarde, que en tu vida no había existido nada más que soledad y mundos artificiales. Universos tan livianos que un día se los llevó el viento, al mismo lugar al que fueron a parar tus billetes con retratos ilustres.


En mi mano sostengo una pequeña cúpula de cristal con un microcosmos en su interior. Uno de esos adornos que no pegan con nada y que se convierten en juguetes improvisados para los niños, que disfrutan agitándola para que en su interior caigan copos de nieve. Despierto de mis ensoñaciones y fijo la mirada en el centro de la esfera, donde alguien levanta sus brazos clamando al cielo con un grito en la garganta que no alcanzo a oír. Y sé que, cuando dejen de caer copos, se acabará esta historia y, quizá, empiece una nueva.
[o no]

Rockstar


Después de un fin de semana con un resfriado bastante molesto, hoy pensaba salir a cenar con dos amigos a un buffet al que nunca había ido y del que me habían hablado muy bien. El resfriado, de por sí, no es malo pero, cuando se junta con la resaca, puede ser devastador. El sábado estaba catatónico y no fui capaz de salir en todo el día. Eso sí, aproveché para finiquitar el diseño de la web y dejarla como la veis ahora.
[esperanzadora]
Pues bien, teniendo estos planes en mente, me he metido en la ducha. Siempre repito el mismo ritual:
1.- salgo de la ducha enfundado en una toalla cualquiera…
[escandalizando a un hipotético observador]
2.- pongo la música a todo volumen…
[provocando a veces la furia de vecinos y familiares]
3.- y me visto mientras canto.
[o lo intento]
Hoy, emocionado en una de las estrofas de The Nobodies (de Marilyn Manson), cantando a viva voz el estruibillo:
We are the nobodies
Wanna be somebodies
We’re dead, we know just who we are

… he escuchado movimiento cercano. Y, al girarme… al girarme me he encontrado a mi hermana mayor con el teléfono pegado a mi boca, deleitando con mi concierto a una sufrida amiga suya. Después de echarla gentilmente de mi habitación he pensado que si su amiga algún día pensó que yo estaba cuerdo, habrá descubierto la verdad al oirme cantar.
Y yo me pregunto, ¿le habrá gustado?.
[espero que toda la estupidez le tocara a mi hermana en el reparto]

Dos tristes pilas

Mientras dormía, Modorra observaba paciente el panorama. Sueño dormitaba en una silla, luchando por mantener sus ojos abiertos y sus sentidos medianamente despiertos.
La noche anterior, escrupulosamente, yo había puesto el despertador (el ordenador programado, los cuatro satélites y el subwoofer preparados para gritar). Esperaba no dormirme, saltar como un resorte cuando vibraran los altavoces.
[iluso]
Cuidadosamente, Sueño colocó unos tampones en mis oídos mientras intentaba contener la risa. Una broma muchas veces malgastada y una lección nunca aprendida.
[9:00]
Suena el despertador. Levemente, como en sueños, escucho una música ligera, tanto que parece un susurro. Como un autómata me incorporo, apago los altavoces y vuelvo a la cama (reconstrucción de los hechos). Sueño me acaricia la cabeza mientras canta una nana.
¬ A veces el mundo no se merece que abramos los ojos.
Y yo, fulminado bajo una manta que debe pesar toneladas, me adentro en el mundo de la oscuridad sin sueños mientras el eco del despertador aún rebota contra las paredes.
[11:45]
El móvil, con su tono polifónico y pesado, entona la música de Rocky (la de la película). Sueño, cogido por sorpresa, improvisa una estrategia. Las calderas del subconsciente rugen ante tanta actividad. Las cavernas de los sueños, antes iluminadas por una luz ténue, ahora brillan como si el sol se hubiese colado entre sus paredes. Sueño está fabricando ilusiones, cambiando la realidad que llega en una cinta transportadora, cercenando sensaciones, creando paradojas.
¬ Shhhhhh. Es un sueñooooooo…. shhhhhh.
Cuando se trata de despertar, mi voluntad es nula. Feliz porque sea un sueño vuelvo a las profundidades.
[otra vez Rocky]
Incapacitado para reaccionar, Sueño emprende la huída, desapareciendo entre las sábanas. Modorra me pone la inyección de parsimonia y se marcha satisfecho, sabiendo que habrá perdido una batalla, pero la guerra es larga.
¬ ¿Sí? – voz de ultratumba.
¬ ¿Cómo que sí? ¡¿Sigues durmiendo?!
¬ Bueno… ahora mismo no.
Modorra se ha encargardo de ralentizar mis acciones por lo que no puedo más que arrastrarme hasta la ducha esperando que un chorro de agua fría me despeje.
[mano de santo]
Bajo a la calle protegiendo mis ojos del exceso de luz. Compro tabaco y al salir, algo se me cae. Un sonido consigue vencer la resistencia de los cascos, pero no lo suficiente como para identificarlo. ¿Será una moneda? No, están todas. ¿El tabaco? Lo tengo en la mano. ¿Una extremidad? No me duele nada.
Sigo mi camino mientras el discman hace de maestro de ceremonias.
Chino-Metro-Guzmán el Bueno
Salgo del metro apresuradamente y escucho otra vez el sonido de algo impactando contra el suelo. Miro y veo una pila rodando alegremente hacia las vías. Aquella situación tantas veces imaginada en la que se me cae algo al andén se reproduce ahora ante mis ojos. En mi mente muchas posibilidades, mis piernas ancladas en el suelo.
Cloc!
[demasiado tarde]
Durante unos segundos mantengo el rictus de estupidez, me doy cuenta de que es la segunda pila que pierdo en el día, que todos los aparatos que uso llevan un número par de pilas y que, además, estas pilas son muy baratas (aún siendo recargables). Me giro y continúo mi camino.
[reducción al absurdo]
Curiosamente, el día me iba a deparar otras sorpresas. A la vuelta, en la misma estación, camino ensimismado, viviendo en mi mundo interior donde puedo ser lo que dice la letra de cualquier canción. Dos trenes llegando, un tonto en el andén equivocado, alguien al que le toca esperar otro tren.
[astuto lector, has adivinado a quién]
Y, por si fuera poco, las pilas del discman se acaban a los cinco minutos.
Definitivamente, debí dejar que Sueño ganara la partida.